viernes, 14 de agosto de 2009

La Dirección Teatral 5: La Historia


La historia del Director Teatral:

La figura del Director Teatral era prácticamente desconocida por los griegos, que dependían para sus producciones teatrales del arkon, que normaba las producciones dramáticas en los Festivales Dionisíacos y del corego o ciudadano acaudalado que corría con los gastos de la obra. Los griegos llamaban a Esquilo el didaskalos o maestro que instruía él mismo a los ejecutantes en los intrincados movimientos coreográficos de las realizaciones escénicas.














Superintendentes, Maitre y Administradores:

Todavía asombra que eran superintendentes quienes dirigieron, apenas en el 1547, La Pasión; con características muy parecidas al cuerpo de Regisseurs del gran Reinhardt en sus inicios y del equipo de administradores escénicos que Meyerhorl formó para dirigir sus producciones.
Estos lejanos superintendentes estaban, sucesivamente a cargo de la escenografía, uno; de la música, otros; de los efectos especiales, otro más, etcétera. Pero ellos fueron los precursores del Director actual.


En Shakespeare se sitúa al progenitor del Director moderno más reciente e inmediato. El "consejo" que Hamlet da a los actores es un testimonio de lo que aseveramos. Además, se sabe que el poeta isabelino acostumbraba a dar indicaciones a los actores y técnicos de sus obras. Esto lo acerca a él al Director de estos tiempos.

La función del Director de Teatro ahora es la de suplir, por medio de los principios unificadores de síntesis e interpretación, la ausencia de valores en una sociedad fragmentada. Tan diferente a los llamados maitre de jeu de antaño, que hoy encuentran mayor semejanza con nuestros directores de tramoya.

Entre nuestros más destacados precursores se cita a Jean Bouchet, que produjo en 1508 La Pasión de Poitiers con notable éxito.

Otra La Pasión (la de Mons) hizo que los antiguos espectadores pudieren apreciar el trabajo de otros especialistas: los hermanos Guillame y Jehan Delechiere, llamados conductores de secretos teatrales.

Los primeros pasos de la figura teatral que hoy nos ocupa hay que buscarlo a mediados del siglo XVI, en Leonne de Semmi, consejero teatral de la corte de Mantúa, cuyas expresiones parecen haber sido precursoras determinantes del Director de ahora. Revisemos a Semmi: “es más esencial obtener buenos actores que una pieza teatral buena. Mis actores deben estar listos para seguir instrucciones”. En él está hablando casi un Director Teatral.

Pero sería entre 1750 y 1850 que los más sobresalientes líderes del teatro en varios países preparaban gradualmente el tiempo teatral sobre el cual el Director tendría eventualmente absoluto control.


David Garrick, uno de los primeros autócrata teatrales, siendo administrador artístico del Druy Lane, convirtió la plataforma de la declamación en una escena pictórica rudimentaria, dedicó más tiempo de lo acostumbrado a ensayar, demandó una escenografía, se ocupó más de los actores secundarios y profundizo en la luminotecnia. Nos estamos acercando ya al Director. (¡Paciencia Rafael Villalona y María Castillo. Paciencia!)

El alemán Honrad Eknof en su "Academia de Actores" en 1753 indicó que “no se produciría ninguna obra sin haberse leído antes.” Llegamos aquí ya al ensayo de mesa y al análisis.

Friedrich Schroeder fue de los primeros administradores de dio clara indicaciones escénicas a los actores.

A la vuelta del siglo, Goethe, como supervisor del Teatro de la Corte de Weimar, perfeccionó muchas técnicas para el nuevo arte de la producción. Utilizó lecturas y ensayos rigurosos, estipulando que “uno no puede permitirse hacer nada en el ensayo que no podría hacer en la función”. El piso del escenario donde trabajaba estaba dividido en cuadrados y cada posición y movimiento estaba predeterminado. Cuentan que Goethe hasta usaba una batuta en los ensayos. (¡Qué buena idea!)


A William Macready, por poner énfasis en cuanto la necesidad de unidad en la puesta escénica, se le considera el precursor de los “regisseur”. Para él, el ensayo era sinónimo de terreno de prueba artística, no un mero correr de obra.


Charles Kean, llamado el Príncipe de los administradores escénicos, logró uno de los primeros trabajos que hoy podríamos llamar profesionales.
Se considera que su interpretación de El Rey Lear, de Shakespeare, fue memorable.
La ilustración que acompaña este párrafo es él interpretando el personaje citado.

Pero la consumación de todos los esfuerzos realizados por los administradores, meitre y regisseur, le corresponden al Duque de Saxe-Meiningen, un artista de la nobleza alemana.

En la historia del Director Teatral, el 1 de mayo de 1874, tiene un lugar singular. En esa fecha el Saxe-Meiningen llevó a Berlín su desconocida, hasta entonces, condición de Director Teatral. Mostró ensayos intensivos, actuación integrada, disciplinada, escenografía y decorados de gran fidelidad histórica para crear un cuadro escénico realista. Pero aún más: convirtió la figura humana en movimiento en una unidad pictórica de la escena y utilizo profusamente las llamadas acciones secundarias.

El mismo Duque diseñaba los decorados y la escenografía y ordenaba cuantos pliegues debía tener cada vestuario.

En los ensayos su autoridad e imagen de Director moderno quedaban claramente evidenciados. Él "unificaba las artes teatrales hasta convertirlas en una sinfonía visual de detalles llenos de una aura especial". Por primera vez todos los elementos teatrales estaban a disposición de los actores con suficiente tiempo para que, de ese modo, ellos pusieran perfeccionar su uso.

Cuentan que ensayando Los Pretendientes; de Ibsen, el Duque trajo colchones para que los actores ensayaran boca abajo con la finalidad de lograr que se escucharan a si mismos, procurando las voces gangosas que él demandaba para la interpretación de marras. El trabajo de este hombre sirvió de inspiración a dos de los grandes maestros de nuestros tiempos: Antoine y Stanislavsky.

Continuaremos...

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