domingo, 21 de mayo de 2017

“Luis” y Archie a casa llena en Cannes

“Luis” y Archie a casa llena en Cannes
por Giovanny Cruz Durán.



Empiezo por aclarar que cuando asisto a ver una película, hago un esfuerzo serio por despojarme de mi supuesta condición de experto. El Arte no se hace para los especialistas, sino para el espectador general. Trato de ver  la obra de Arte como un público más. Es después que llego a mi casa cuando procuro reflexionar sobre lo presenciado. Si no hace así… ¿saben qué ocurre? se prejuician las consideraciones.

Me senté en la sala cuatro del Grey. Sentí algo de temor porque sólo había allí, conmigo, cuatro personas. Al poco rato estaba llena. Por supuesto que imaginaba que al final estaría por la mitad. Había ido a ver antes la película chilena “Los perros” y de los pocos espectadores que acudieron al final se había ido la mitad. No porque rechazaran necesariamente el film, sino porque otras urgencias fílmicas ocurren en Cannes. En el caso de “Luis”, productores y comunicadores habían advertido que nada más verían unos veinte minutos de la película. ¡Nadie salió nunca de la sala!

Ellos, igual que yo, quedamos atrapados por la historia, a la que juzgo contada con seriedad y eficiencia, sin que se llegue a la perfección.

Es una historia de un cine realístico. Es fácil caer con ese estilo en el facilísimo. No fue el caso. Me impresionó, entre otros asuntos, el uso de los planos argumentales y emocionales de la película. Resulta original que mientras se desarrolla la particular historia del coronel Rosario (Alfonzo Rodríguez) en la rudeza del cuartel, paralelamente se esté desarrollando la historia casquivana de su hijo Luis. Esas dos historias, a medida que avanza la realización, se van entrecruzando para, finalmente, producir todo el drama que nos están contando. Un amigo crítico me había comentado antes de yo ver “Luis”, que a él le parecía que se perdía algo de tiempo en esto. No es cierto. Lo que procuran es, precisamente, legitimar la historia; hacerla creíble. Y lo logran. Si no la llevasen de esta manera, se vería como un asunto traído por los pelos. Quizás el espectador simple la aceptaría; pero uno exigente entendería que le han artísticamente estafado. La historia se desarrolla en su “tempo”.

Cuando los dos particulares argumentos logran juntarse (en la muy bien y hasta delicada escena de la casi orgía), los guionistas están dando pistas maestras. Es allí, en ese encuentro, donde el deterioro vivencial de ambos personajes y sus particulares historias, nos avisan del drama final, cuya escena concluyente es de una belleza plástica, aunque cruda, extraordinaria y artística.
Hay que reconocer que el Cine dominicano ha resuelto un terrible mal que lo aquejaba: el aspecto técnico. “Luis” tiene muy buena fotografía, buen sonido, muy buena música, adecuado vestuario, buena dirección de arte, buenas locaciones; que la convierten en una aplaudible producción. Eso ocurrió con quienes la fuimos a ver en Cannes.


La actuación de Alfonso Rodríguez es buena, convincente, creíble y  emotiva. Pienso, no obstante, que no debió utilizar un lenguaje tan “tirao”, dado que su personaje es un militar académico, capaz de escribir hasta un nuevo sistema para la Policía. Hace algunos años encontrar un militar que hablase correctamente era muy difícil. Ahora es casi imposible encontrar un oficial superior que no lo haga. 
Esta ruptura léxica, en boga en nuestro cine actual, si se justifica en los tres jovencitos que constituyen el eje conductual de la película.

El personaje de Luis está bien llevado. Lo compro. Axel Mancilla, sin todavía ser un actor perfecto, me lució orgánico. Igual me pareció el personaje de Ibrahim (Sergio Echenique). Empero, Alejandro Rodríguez tendrá que ver pasar algún tiempo para despojarse de su evidente amateurismo.

La madre de Luis (Nancy Santelises), sin ser espectacular cumple el rol. Quizás su punto débil es la dramática última escena. No la logró.

Claudio Rivera está magnífico en su periodista tendenciado. Raymond Pozo, Miguel Céspedes y Cheddy García no resultaron la mejor selección para sus respectivos personajes. Son buenos actores. Y se nota. Pero la misma película nos grita cuál es la intensidad actoral que ella demanda. En este caso no la escucharon.

Manuel Aguiló cumple el cometido. El siempre talentoso Cuquín Victoria, en rol dramático, esta de maravillas. Ante él me inclino reverente. La actriz que hace el muy buen personaje de la Teniente (Dalisa Alegría) está de que los productores la demanden por ridiculizar su personaje. Ni se le asoma. Eddy Herrera está, sin trascender al estrellato, bien.

 Esta es la opinión crítica de un artista y escritor. Como tal, no tengo compromiso con ninguna empresa ni tendencia. Tampoco estoy obligado a denunciar defectos inexistentes que la condición de crítico parece obligar a encontrar.

Bertold Brecht decía que el Arte tenía que ser, primero, entretenido. “Luis” lo es. Pero, también es aleccionadora. Su realidad  social la hace trascedente. Esos son los elementos que constituye el Arte.


¡Corten! ¡Se imprime!

jueves, 18 de mayo de 2017

Todo listo en el Festival de Cannes


Todo listo en el Festival de Cannes
Por Giovanny Cruz Durán



En la mañana, como cabría esperarse, los preparativos finales del Festival de Cine de Cannes han comenzado en ese punto de tensión, que es como un ritual en eventos de esta magnitud.
He ido caminando hasta la zona, colindante al mar, en la cual ocurre el Festival. En el camino me encuentro festivaleros, delatados como yo por los gafetes de identificación que penden de sus cuellos y las coloridas mochilas que nos dieran los organizadores, casi corriendo hacia el cine Lumiere. Sin saber por qué yo también “casi” corría hacia el lugar. Al llegar comprendo cuál es el motivo de la prisa: están dando por concluidos los trabajos de la alfombra roja del más importante cine del Festival. No puedo evitar el arrobamiento. También yo he caído bajo el influjo de la magia que ya vive Cannes.

Luego he ido a la impresionante sala de la Marché de las películas. Allí exhibirán varias películas dominicanas. Unas seis. He conversado con varios de nuestros productores de cine que ya están en Cannes. Algunos han hecho contactos previos con productores y realizadores internacionales. Intentarán, y no tengo dudas de que habrá  buenos logros en ese sentido, vender proyectos y guiones.

Finalmente, voy a la zona  en la cual se encuentran los cientos de pabellones de cines de los distintos países participantes. Por supuesto que busco el nuestro. Ciertamente las películas constituyen el gran relumbrón del Festival de Cannes; pero es en los pabellones de los distintos países del mundo en los cuales el Festival se vuelve super trascendente. Es ahí donde todo este muy bien organizado esfuerzo se torna vital para el cine  universal. Es ahí donde los sueños se convierte en realizaciones, es ahí donde el talento encuentra la brecha de la oportunidad, es ahí donde los países convocados hacen la mejor inversión publicitaria.
Distraído, asombrado como es habitual en un cibaeño en tierras lejanas, he equivocado el camino hacia el muy digno pabellón dominicano. He llegado al final de los pabellones y el nuestro no aparece frente a mis ojos.

Me siento turbado y preocupado. Me dirijo hacia uno de los uniformados empleados que hay a cada paso, con intención de preguntarle sobre el lugar que busco. Pero me doy cuenta que por todas partes hay casetas con mapas gigantes de cada lugar que corresponde al evento. Busco en el mapa nuestro pabellón. Es el 115. Raudo salgo para allá. Me encuentro en el camino los pabellones de países con industrias cinematográficas muy poderosas (Estados Unidos, Italia, Francia, México, Canadá y cien más). ¡Finalmente veo el nuestro! No voy a negar la emoción. Es la primera vez que asisto a este Festival. Ver nuestro pabellón de cine, que nada tiene que envidiar al de nadie, me ha sacudido. Entro. Inmediatamente veo personas procurando informaciones dentro del pabellón. Marc Mejía y dos hermosas asistentes de la DGcine, con la eficiencia que anteriores eventos les han proporcionado, diligentemente brindan las informaciones requeridas.

Las paredes de nuestro pabellón conforman un mapa de la actualidad del Cine Dominicano. Junto a los murales con carteles de las películas hay fotos gigantes de lugares turísticos que podrían ser de interés para el cine internacional. Casas, playas, mares, ríos, costumbres, monumentos y personas forman un extraordinario documento gráfico que ofrecemos a los concurrentes. También se otorga, gratuitamente a todos los interesados, una memoria digital con todo lo que es nuestra envidiable Ley de Cine, el quehacer de nuestros cineastas y los lugares turísticos del país.
Qué forma más extraordinaria y oportuna de ofertar lo mejor que tenemos.

Finalmente, al caer el día, arrancó el Festival. No fue el impresionante baile de tango lo que ha llamado la atención. No. No fueron las grandes figuras del cine del planeta allí presentes quienes lo hicieron. Fue el mismo presidente del Festival, Pedro Almodóvar, con su declaración en el discurso inaugural sobre que no premiaría una película que no sea llevada a la gran pantalla. ¿Escuchaste Netflix?

Mientras esperamos la bulla que vendrá, por ahora sólo atinaré a decir… ¡Corten… se imprime!

martes, 25 de abril de 2017

Notas marginales sobre el Festival de Cannes

Notas marginales sobre sobre el Festival de Cannes
Por Giovanny Cruz Durán



La Dirección General de Cine, en la voz de su titular Ivette Marichal, ha tenido la cortesía de invitarme a la 70ª versión del Festival de Cine de Cannes.

Para ir entrando en calor voy a publicar lo que he llamado "Notas Marginales sobre el festival de Cannes"; que nace entre curiosidades y pasiones y cuyo jurado es presidido en esta edición por la muy grande y hermosa actriz norteamericana Uman Thurman.



Este año la imagen promocional del festival corresponde a una famosa y casual foto (ella bailando sobre un tejado de Roma) de la CC: la sensualísima, en su mejor época, actriz italiana Claudia Cardinale. Dicha imagen ha estado provocando controversias en las Redes Sociales porque habría sido procesada para adelgazar a la actriz. Algo que cientos de cinéfilos no quieren perdonar. Les juro que a esas coqueterías actorales ni los años amainan.

Lo que hoy llamamos Festival de Cannes (cuya Palme d’Or fue propuesta por la ofebre parisina Suzanne Lazon y esbozada por el escritor, guionista y artista plástico Jean Cocteau) oficialmente se inauguró el 1 de septiembre de 1939 en la ciudad Costa Azul; que ganó la cede al ofrecer construir un espacio digno de las ambiciones de dicho festival, al que bautizaron como Festival International du Film. Al día siguiente, tristemente, se suspendió porque la Segunda Guerra Mundial había comenzado. Se retoma después de la guerra. Exactamente del 20 de septiembre al 5 de octubre 1946.


Decía que la historia de este hoy muy prestigioso festival de Cine tiene pasión y curiosidades desde su mismo inicio. Ocurre que la crítica francesa daba como un hecho que Jean Renoir ganaría el Festival de Venecia en 1938, con su película “La Gran iIlusión”. Pero la política intervino y no ocurrió lo esperado. La Coppa Mussolini  fue entregada ex-aequo (por igual) en esa ocasión a “Olimpia”, de Leni Riefenstahl (la documentalista y apologista de Hitler) y a “Luciano Serra pilota”, del italiano Goffredo Alessadrini. ¡Qué chisme tan grande!

Críticos y cineastas franceses, disgustados con lo ocurrido en Venecia, convencieron entonces a las autoridades de Francia de hacer un festival que rivalizara con los de Venecia y Berlín. La primera ciudad, como ya explicamos, para escoger la muy éfimera primera edición del festival fue Costa Azul.

Luego seguiremos con otras notas; pero aporto ahora dos de sus curiosidades:


—¿Sabían que la sensualidad comienza a graficarse y publicitarse en el evento cuando la actriz francesa SS (Simone Silva) dejó al descubierto sus dos frondosos senos en una sesión fotográfica al lado de un asombrado Robert Mitchum?

Brigitte Bardot y Kirk Douglas

—También la BB (Brigitte Bardot), en los años 50, escandalizaba el festival con algunas travesuras en las playas de Cannes e invitaba a ellas a los periodistas para realizar allí sus conferencias de prensa en provocativa y sensual imagen personal. Ocurre que una mañana… la BB

¡Telón…! Perdón… en esta ocasión debo escribir: ¡Corten! ¡Se imprime!

lunes, 13 de febrero de 2017

Para el día de los enamorados

Te celebro
Te celebro cuando a la mañana se le ocurre
suspirar en su siempre asombroso
                                                     —¡y único!— 
rocío.

Te celebro en los rayos del sol
que penetran intersticios de paredes ahuecadas,
ellos son
             —finalmente lo sé—
duendes expectantes.

Igual te celebro en el haz que cruza mis ventanas,
descubriendo un venturoso Universo
sonriéndome en billones de mágicas partículas
                                                                          flotando en mis espacios.

Te celebro
en los roncos quejidos de amantes desenfrenados,
en sus fugaces e incumplidas promesas
que procuran perpetuar esos instantes
en los cuales pasiones y sudores
urgen convertirse en lenguaje articulado.

Te celebro
en las «Aguas Primaverales» de Turguénev
que acostumbro leer
cada vez que te descubro en la llovizna
                                                              agazapa en mis múltiples zaguanes,
entrando por la segunda puerta de mi cuarto,
vestida de fantasías y de estrellas,
recostada en un balcón
desnuda
llenándote de luna
o repitiendo tus dos palabras preferidas:
                                                         —las únicas que importan—
 ¡Soy tuya!

Te celebro en cada uno de los versos
que he querido robarle a Paul Éluard:
                                                          «Te amo por amar.
                                                            Te amo por todas las mujeres que no amo.»


Te celebro, me apasiono y río
en las alegres desvergüenzas de Milan Kundera
que inevitablemente encuentro en
                                                      «El libro de los amores ridículos».

Te celebro en las urgencias de aquel dios arquero
que perseguía en el bosque
a la negada doncella.

Te celebro en los candiles de escenarios antiguos,
en las fascinantes sombras chinescas que nos permiten ser el Otro,
en el extraño y legendario canto del grillo,
en los colores y las plumas del águila,
                                                            amada y temida por gusanos,
                                                            por nosotros
                                                            y los otros.

Te celebro
en los sueños del transmutante camaleón,
que sólo aspira ser
                          —en su singular mimetismo—
su único Universo conocido.

Te celebro
en cada pétalo de las fascinantes amapolas de Villa Trina,
que son como las furcias...
                                           dadoras de placeres.

Te celebro en las abejas que sustraen el polen de las rosas
para luego sembrarlo por ahí en otras flores,
también lo hago en el nectarívoro colibrí,
                                                                 extasiado siempre frente a los capullos,
en la expectante pantera
que se vuelve sombra ante tus infinitos esplendores,
en los sonajeros que cantan, encantan y bailan
casi tanto como tú.

Te celebro en las bufandas de tules añiles
y en los peplos bermejos que nunca debieron irse.

Te celebro
en las vivenciales canciones de alabanzas,
en todos los secretos escondidos en la danza y la cintura
de aquella Salomé que bailaba para todos
aunque sólo quería besar a Jokanaán,
en el velo que Ivanova regaló a Samia Gamal
para que nos perdiéramos en el hechizo
de sus danzas orientales.

Te celebro y percibo
en la convicción de Aquel mártir
que no dejó de aclamarte
sabiéndose morir entre jugadores y ladrones,
ni aún cuando la feroz lanza penetraba
en la roja habitación donde dormías.

Te celebro en tu gesto sin rostro,
en tu nombre sin apodo ni apellidos,
en la ilusión de mis dedos reclamándote los labios,
en las seductoras miradas de doncellas que cruzan mis caminos,
en el taconeo repicado de casas encantadas y vacías,
en las faldas florecidas de aquellas que apenas te susurran,
en los que gozosos se aventuran a llamarte,
en aquellos que te piensan o presienten,
en los sabios que por siglos han intentado
                                                              —sin haberlo todavía conseguido—
atraparte o explicarte en el Vocablo.

Te celebro en todos los enigmas del fuego,
en el imperecedero movimiento del río,
en los lúdicos efluvios que salen de la tierra,
en las inacabables formas de las nubes del Sur,
en los labriegos que te cantan,
en el canto y la música ritual de atabaleros,
en nuestro único desierto,
en esos obreros venecianos que fabrican los espejos,
en todas las ciudades que me he propuesto conocer,
en todas mis noches de vino, poesías y nostalgias.
Allí te identifico
y te llamo alborozado por tu nombre convenido:
                                                                           ¡Amor!

miércoles, 11 de enero de 2017

¡Trumpadas también en la cocina!

¡Trumpadas también  en la cocina!
Por Giovanny Cruz Durán.


Dentro de unos días un tuitero llamado Donald Trump, que asombrosamente cuando no tuitea planifica a quien insultar, asumirá la presidencia de la nación más poderosa del planeta. ¡No es un chiste!

A él (Trump) le hemos llamado muchas veces payaso y nos hemos molestado, burlado y hasta reído de las insólitas... trumpadas del bellaco Donald.

Lo hemos visto pelearse con poderosos de la política, el empresariado y la prensa de su país. Lo hemos visto desafiar, o menospreciar, a muchos otros países. Lo hemos visto acusar a nacionales mejicanos de todas las diabluras posibles. Lo escuchamos decir que los peloteros dominicanos hieden mucho. Lo escuchamos decir barbaridades personales de Hilary. Lo escuchamos hablar de la menstruación de una comunicadora. También hemos escuchado a Trump insultar a varias ex reinas de belleza. Lo he escuchado detallar las cosas que le gusta hacerle a sus amantes. Y he visto totalmente en cueros a su actual esposa, que si hablara tendría muchos escabrosos asuntos para contarnos.

También lo escuchamos criticar, entre burlas, a un periodista minusválido. Ha poco leímos sus tuits insultantes a Meryl Streep por mencionar este terrible y vergonzoso asunto. Hasta cuestionó la condición de gran actriz que realmente es tan admirada dama.

Trump no le para mientes para seguir vociferando (¡aún después de electo!) contra sus rivales, contra el actual presidente norteamericano y contra los jerarcas de la inteligencia y seguridad de su país.

Ha amenazado a emporios nacionales e internacionales, siempre luego de salir electo, de la fabricación de vehículos.

Pero también tiene un chisme inmenso (¡lo que faltaba!) con dos chefs internacionales. 

Dentro de unos días deberá ir a un juzgado a “despotricar” (como suele hacer) contra el multipremiado chef español José Andrés, a quien quiere sacarle, el 14 de este mes, diez millones de dólares. 

Pero también tiene una disputa judicial con otro chef:  Geoffrey Zakarian.

 Es decir, que ni aquellos que cocinamos estamos libres de los insultos tuitiados o judiciales de este preocupante individuo.

Aunque solemos burlarnos de las trumpadas de Trump, deberíamos preocuparnos y quizás hasta alarmarnos de ellas. Esto, porque dentro de unos días, este mismo personaje (con todas sus características que indican estar requiriendo con urgencia tres muy buenos siquiatras) será el mandamás del imperio más poderos que existe en la tierra.

Hoy he leído que probablemente es chantajeado por Rusia, dado que allí tienen evidencias de algunos asuntos escabrosos del individuo. Hasta he leído que el habría participado en orgías con prostitutas en un lujoso hotel de Moscú.

Pienso que no sólo este Donald, de todas nuestras culpas, está urgido de tratamientos con profesionales de la conducta humana. También lo están aquellos que lo convirtieron en presidente de USA.

No me asombraría que todos nosotros, incluyendo sus electores, estemos sufriendo en breve peligrosas andanadas y grandes desmanes de este rico y poderoso señor.

Por mi parte, ya no voy a burlarme más de él. No lo haré. Sus iras manifestadas a lo que me obligan es una alarma total. Y cuando sea formalmente envestido como presidente, podría ser que llegue yo hasta el terror.


He intentado, para ofrecerlo aquí, conseguir el dato preciso de cuál es la dimensión del arsenal nuclear de los USA. No he logrado conseguirlo con exactitud. Pero sé que es muy, muy grande. 

Me asusta pensar que todo este poder destructivo estará a disposición de... ¿un paranoico delirante?


Desde luego que yo habría podido responder esa pregunta, pero no creo que tenga tiempo de hacerlo. Es que alguien ha ordenado, en un nuevo tuit, que me tiren un atómico... ¡Telón!

jueves, 5 de enero de 2017

La Princesa de Ukok y el pueblo escita

La Princesa de Ukok y el pueblo escita


En varias ocasiones he tocado el tema de los misteriosos escitas. Al parecer he sido designado por sus dioses (¿o acaso por sus muertos sepultados bajo el hielo y siempre mirando al sol?) para no dejar que entre nosotros su legado histórico perezca o se olvide.

Hace unos años se dispuso que la momia de una aristócrata escita, llamada Princesa Ukok, fuera meticulosamente traslada a Altái (Siberia Occidental, en la frontera con China), su lugar de origen, en una trayectoria lenta pero exitosa.

Durante 15 años se debatió la conveniencia o no del traslado a casa desde la ciudad de Novosibirsk.

Al morir, apenas tenía 25 años de edad. Ahora su momia, muy bien conservada, tiene unos tres mil años de antigüedad.

Muchas la llaman Princesa Kydym, venerada actualmente como una guerrera, bruja o chaman Kydim (pueblo antepasado de la actual Altái).

Fue hallada en 1993 en una tumba que fue rellenada con hielo, lo que hizo posible preservar su cuerpo, su manta de pieles, sus ropas de seda blanca finísima, sus joyas de oro, bronce y madera, armas rituales y lo que enterraron a su lado: seis caballos con bridas y sillas de montar, platos de carne de ovejas y caballos. Su hallazgo derrumbó el mito de que para la época en la cual vivió las tribus existentes no sabían procesar todavía metales.

Sus actuales devotos están convencidos de aún no se ha logrado descifrar un tatuaje extraño en su cuerpo, que contiene una información importante para la humanidad, porque todavía no ha llegado el tiempo para leerla. Afirman que interrumpir el sueño sagrado de la Princesa ha sido un crimen. 

Pero deseando que ella continúe su descanso (hasta el día que decida regresar), repasemos quiénes eran los escitas y algunos de sus misterios:

Guerreros escitas
Eran miembros de un pueblo nómada que hablaba una lengua irania y que aparentemente sin razón alguna emigró de Asia Central, ente los siglos VIII y VII antes de nuestra era.

El griego Herodoto dejó constancia de que estos nómadas procedían de las montañas del Altái, en la encrucijada de Rusia, Kazajistán y Mongolia.

Su migración los llevó a chocar con los cimerios (otro pueblo estepario) y a realizar incursiones en Asia Menor (atacaron Ninivé) e incluso Egipto.

Fueron unos extraordinarios guerreros a los que el gran Darío no pudo derrotar. En Satrapa I encontré una crónica sobre este fracaso de Darío del cual reproduzco un fragmento:
Dudo que exista nada en la Historia Antigua que se le pueda comparar pues, si hago memoria, no se me ocurre otro ejemplo similar en el que una gran potencia sedentaria se lance a la conquista y subyugación de un vasto territorio habitado por naciones nómadas, naciones que contaban además con numerosos y combativos guerreros de a caballo. Como era de prever, el intento del persa fracasó, y poco faltó para no ser él y su ejército exterminados por sus rivales.”

Guerreras escitas
Fueron los medos, otro pueblo que gobernó en Persia, quienes finalmente desplazaron a los escitas hacia el norte, más allá del Cáucaso, a las estepas de la actual Ucrania, desde donde alcanzaron también el Danubio.

A partir del siglo IV antes de Cristo, los escitas fueron desplazados por otros nómadas, los sármatas.

Los escitas se destacaron por su habilidad para la lucha a caballo (con sus flechas emplumadas de terrible precisión), su crueldad en el combate, su uso del cannabis, y, sobre todo, por su maestría para moldear el oro.

Grifo escita
Herodoto nos dice que los grifos (animales mitológicos con cuerpo de león, cabeza y alas de águila) custodiaban el oro enterrado de los escitas, no muy lejos quizás de la tumba de la Princesa de Ukoa, que se adornaba con collares de piedras del Nilo.

Los arqueólogos han encontrado tumbas de estos "centauros de las estepas" desde las costas del Mar Negro y el mar de Azov, hasta el bajo Dniéper; pero donde mayores hallazgos se han producido es en la cuenca del Kubán, entre el Volga y el bajo Don.

Los artesanos escitas dejaron auténticos tesoros de oro, plata y esa aleación de oro-plata conocida como electrum; con una especial obsesión de modelar animales reales como ciervos, caballos y pájaros, o imaginarios, como los fabulosos grifos.

Tumbas gélidas, en la alta Siberia, de miles de sus guerreros (montados en sus caballos con pecheras de oro), mujeres y niños, perfectamente conservados debajo del hielo, constituyen un misterioso secreto.

¿Por qué mueren mirando al sol?

¿Porque ese fue su real origen? ¿Acaso es su destino? ¿O será esperando la orden de regresar?

Encontré unas curiosas expresiones en el libro de Edouard Schure “Los Grandes Iniciados” que podrían... ¿iluminarnos? en el tema que nos ocupa:
Los Escitas y los Celtas encontraron los Dioses, los espíritus múltiples, en el fondo de sus bosques. Allí oyeron voces, allí tuvieron los primeros escalofríos de lo Invisible, las visiones del más allá. Por esta razón el bosque encantado o terrible ha quedado como algo querido de la raza blanca. Atraída por la música de las hojas y la magia lunar, ella vuelve allí siempre en el curso de las edades, como a su fuente de Juvencia, al templo de la gran madre Herta. Allí duermen sus dioses, sus amores y sus misterios perdidos.”
¿Por qué regresarían?
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El regreso de los escitas
Esa pregunta se ha asentado en mi cabeza con peligrosa obsesión. Después de miles de años de vida nómada, luego de ganar y perder cientos de guerras, luego de desarrollarse sorprendentemente, los enigmáticos escitas decidieron regresar al punto de partida. 

Muchas explicaciones he leído sobre sus motivos; pero confieso que ninguna satisface mi intelecto. 

Empero, antes que mis obsesiones me conduzcan a la locura, voy a solicitar convenientemente el ya familiar... ¡Telón!