sábado, 5 de agosto de 2017

Procesando y construyendo personajes

PROCESANDO Y CONSTRUYENDO PERSONAJES

Por Giovanny Cruz Durán


Delta Soto, María Castillo, Karina Noble y Carlota Carretero: verdaderos monstres sacrés de la escena dominicana.

No muchos directores teatrales están dedicando el tiempo requerido para una adecuada construcción de los personajes que sus actores interpretan. Lo que el suscrito entiende es una de las más notables deficiencias que acontece en el teatro dominicano. 

¿Cómo podemos interpretar personajes si no conocemos sus personalidades y sentimientos? La experiencia nos cuenta que el instinto no es suficiente. Para la caracterización escénica es imprescindible estudiar, desde el punto de vista sicologista, a los personajes, la historicidad contenida dentro de las piezas, el camino literario que sigue y la sociología de la meta. Esas son herramientas obligadas en un trabajo teatral serio y consciente.

Desde la creación de este espacio cultural nos propusimos que, aparte de lo informativo, hubiese en él una gran cuota de didáctica.

Honrando ese objetivo, y aprovechando el exhaustivo proceso en el cual estoy reconstruyendo los personajes que realizaré en “Giovanny Cruz: entre máscaras y celuloide", les contaré la manera en la cual se deben construir los personajes antes del extraordinario riesgo que es llevarlos al escenario.

Para los hacedores de teatro serán datos importantes. Para los diletantes resultarán apasionantes y les servirán para hacerse más perspicaces al asistir a una representación teatral. Para los conocedores de "El método de las emociones" será una añoranza. Para otros los datos ofrecidos serán curiosidades. De todos modos, estaremos descifrando algunas de las marañas y misterios que hay en el teatro organizado y “científico”.

Obra "La boda"", dirección de Rafael Villalona. En escena Augusto Feria, María Castillo, Delta Sota y César Olmos.
El proceso:
Lo primero que pedimos de los actores es leer la obra en sus respectivas casas. Se aconseja leerla cuantos personajes tenga la pieza; aunque instruimos a cada actor darle por lo menos una lectura a la obra desde la óptica del personaje que va a encarnar. No importa que el personaje tenga mucho o poco texto, el “universo” existe a partir del él. Por eso un actor nunca juzga su personaje, simplemente lo comprende.

Las primeras lecturas:
Cuando reunimos a los actores hacemos lecturas panorámicas (ensayos de mesa). No debemos —¡Nunca! —comenzar a interpretar los personajes en esas primeras lecturas. ¿Cómo hacerlo con personajes que aún no hemos estudiado? Empero, esto es un vicio generalizado en el teatro dominicano.

Acotaciones y condiciones dadas:
Las acotaciones son todas las indicaciones directas contenidas en el texto literario que ha escrito el dramaturgo. Las condiciones dadas son indicaciones indirectas (contenidas dentro de los parlamentos: “¡Mira, Blanche, estoy sangrando!). Las dos son pistas importantes que nos ofrece el autor. Y no siempre están claramente definidas. Hacerlo es impostergable para el elenco. Desde ellas partiremos para conseguir el texto dramático.

Los hechos importantes:
En cada escena ocurren hechos que resultarán trascendentes para el desarrollo de la historia. Identificarlos cuidadosamente (con la intención de resaltarlos) es vital desde los primeros días de ensayos. Con ellos es que vamos a trabajar. De ahí partirán todas las acciones... Es decir: la teatralidad.

Carlota Carretero / Karina Noble y Giamilka Román / Carlota Carretero.

La sicología de los personajes:
Los personajes tienen pasiones, deseos, propósitos, actitudes, enfermedades, ansiedades, obsesiones, preocupaciones, celos, amores y desamores que los categorizan. Nosotros, en las distintas puestas en escena. dedicamos largas horas a este estudio. Y sólo es un antecedente necesario; porque luego acostumbramos a sostener varios encuentros con algunos siquiatras que conceptualizarán sobre los aspectos sicológicos y cuidarán la salud mental de las actrices y actores de las obras. Hay obras más demandantes que otra, por supuesto, y peligrosamente comprometidas en sus pasiones. En estas es muy conveniente tener un siquiatra siempre cerca. (La obra “Amanda” no hubiese podido realizarse sin la intervención y cuidado del doctor Vicente Vargas Lemonier, que frecuentemente funcionó como un oráculo).

Las líneas del personaje:
Fiora Cruz Carretero y las máscaras teatrales.
Son dos: Linea Externa y Línea Interna. La primera es lo que el personaje viene “claramente” a hacer en cada escena. La Interna es su intención verdadera. Piensen en aquel doctor Merengue de las tiras cómicas. Él se paraba frente a una vidriera, por ejemplo, al lado de una madre con su pequeño hijo y decía: ¡Buenos días! ¡Qué niño tan encantador. (Línea Externa). Sin embargo, aparecía un difuso y etéreo personaje que salía desde su interior y planteaba: ¡Qué cara de delincuente tiene este niño! (Línea Interna).
Los seres humanos no somos “químicamente” puros. Siempre estamos sometidos a las condicionantes de la Dialéctica. Sobre eso que llamamos personalidad la etimología nos indica que es una careta, una actitud y frecuentemente una pose. Octavio Paz nos demostró que la gran literatura es aquella que nos presenta al ser humano no reconciliado consigo mismo sino con el alma hecha jirones. Los personajes tienen dualidades. Para interpretarlos debemos precisarlas claramente. Si no las tienen renunciemos a esa obra. Tengan en cuenta que deben procurar en el transcurso de la puesta en escena, que la Línea Interna “aflore” de cuando en vez. Esto lo hacemos para preparar al espectador para el desenmascaramiento final.

"Amanda" (Juan María Almonte y Karina Noble) y "Virginia sombra en el mar de los caribes" (Xiomara Rodríguez y Flor Polanco); de Giovanny Cruz
Las cinco preguntas elementales del personaje:
1- ¿Quién soy?
2- ¿Por qué soy o estoy?
3- ¿Dónde estoy?
4- ¿Cuándo estoy?
5- ¿Cómo estoy?
Con las cinco preguntas debemos tener mucho cuidado. Nunca es fácil contestarlas. Patean. Y patean duro. No se trata de inventar datos para luego justificarlos en los ensayos. No. Las respuestas están en la forma de pensar de los personajes, en los hechos importantes de la pieza, en las acotaciones y condiciones dadas. Si estudiamos la obra seriamente los encontraremos. Estos datos funcionarán como códigos, por lo tanto no deben ser muy largos. No se trata de hacer una biografía. Lo que procuramos es que estén dentro del cerebro de los actores y que estos, cuando comienzan a invocar las emociones, los puedan utilizar prácticamente de manera inconsciente.


La Acciones:

Lo que hacen los personajes en escena son acciones. Movimientos, sentimientos, miradas, actitudes, etcétera. Todas las acciones tienen que ir directamente hacia la Línea Argumental, o Línea Ininterrumpida, o Línea General. Si asistimos a un evento teatral y notamos que hay asuntos confusos en la historia, es casi seguro que esto se deba a que las Líneas de Acción no están alimentando a la Línea General. No seríamos, en ese caso, nosotros quienes no estamos entendiendo. Es la obra que tiene defectos. Las accionesdeterminadas y específicas, tienen que ser lógicas, coherentes y reales. Nunca olvidemos que el actor tiene que ganarse el derecho hasta de sentarse en una silla. Y no lo podríamos hacer si no lo justificamos. Lo hacemos porque estamos cansados, deseamos leer, nos duelen los pies, vamos a ver televisión, etcétera.

La Línea General (Línea Argumental o Línea Ininterrumpida).
Es, en término simple, lo que cuenta la obra, la historia de los personajes, el argumento de la pieza. Ella debe ser muy precisa. En ella está contenido todo el trabajo anterior y el que aún falta por hacer. Es lo que llegará a los espectadores. Es en ella donde estarán los cinco niveles de la presentación: El del público simple que va a entretenerse, el medio que perseguirá entretenerse y algún tipo de enseñanza, el que va a desafiar la capacidad del artista, el diletante que espera encontrar verdades humanas trascendentes y el intelectual que va en procura de ver y descifrar “los misterios de Eleusis”.
La Línea General comenzará como una pequeña bolita de nieve. Luego se irá incendiando hasta terminar como una gigantesca bola de fuego. Si logramos el procedimiento conquistaremos a los espectadores con la historia contada.

En Francia conocí el método de trabajo del director ruso Alexis Vassili que plantea dos vertientes en el estudio y trabajo de una pieza teatral, con las cuales obtendríamos mismos resultados: Estudiar y trabajar desde lo que él llama el Impulso Inicial de la Línea General o, en su defecto, al Impulso Final. Ambos nos darán la tónica a seguir. En el inicio de la obra están todos los avisos necesarios que nos conducirán a un resultado. En el Impulso Final podemos descubrir todo el devenir de la pieza. ¿Interesante, no? Sería como un método de capicúa.

Giovanny Cruz, Delta Soto y Ángela Herrera en distintos personajes.
La caracterización:
También hay dos: La física y la sicológica. La primera es la que determina el vestuario, el maquillaje, los ademanes, el movimiento del personaje, etcétera. La sicológica nos habla de las actitudes que asume el personaje, su comportamiento.

Aquí introduzco dos elementos novedosos dentro de la llamada “Técnica de las Emociones” que parte, desde luego, de Stanislavsky: El Gestus Social y el Gestus Fundamental. Resulta que los personajes no sólo importan cómo son, sino, también, cómo se proyectan hacia el conglomerado (Gestus Social). Pero también tienen comportamientos que son determinantes por aquello que provocan (Gestus Fundamental). En este punto (aporte brechtiano) solicito a mis actores dibujar el personaje en la manera que ellos piensan estos proyectan su caracterización, como los visualiza el artista escénico.

El “Si” Mágico:
Es tarea inútil tratar de convencer a nuestro subconsciente de que desplacemos al “Yo” y en su lugar coloquemos al personaje. Irrealizable  es este proceso. Pero si no nos comprometemos a dejar de ser Yo, interiormente, y convertirnos verdaderamente en ser Blanche Borgia. Lady Macbeth, Orestes, Segimundo, Julieta o Calígula el subconsciente se prestará a ayudar. Como no me exijo dejar de ser “Yo” sino a actuar como si yo fuera el "Otro", la rebeldía natural que me habita es desplazada por un sentido de entendimiento. Cuando me planteo la posibilidad del “Sí Mágico” (o “como si..” yo fuera tal personaje) partimos del “Yo” hacia la realización del “Otro”. Aseguro que esto funciona muy bien  ya que el "Si Mágico" actuará como palanca emocional y no es tan complicado como luce.

La memoria emotiva:
Para la creación de esta herramienta teatral se partió de la Catarsis, que procura revivir los episodios traumáticos en un punto del pasado para curar el mal actual. Con la memoria emotiva buscamos puntos emocionales de nuestros pasados para incorporarlo, dimensionándolos, al momento teatral actual. No ofreceremos muchos detalles teóricos sobre este tópico por lo peligroso que es a nivel sicológico. Con esto no se puede inventar sin la ayuda de un verdadero maestro. Prefiero ser consultado directamente por los interesados sobre este singular proceso. También podrían hacer lo mismo a María Castillo, Iván García y Carlota Carretero, directores que manejan muy bien esta delicada herramienta teatral.

Iván García, Osvaldo Añez, Luis Dantes-Castillo y Pepito Guerra ("El Sucesor"; de Giovanny Cruz)/ Héctor Olivier, Arturo López, Sócrates Segarra y Carlos Espinal ("Calígula"; de Albert Camus)
Los puntos de vista:
De la técnica zurciana, misteriosos códigos que hemos creado para hacer teatro, trabajamos con tres posiciones, o puntos de vista, fundamentales (Triángulo Escénico):

1- PP (Posición del Protagonista): A partir de la posición que este tenga sobre la historia se inicia el conflicto.
2- PA (Posición del Antagonista): Es quien hará oposición al protagonista. Sus contradicciones construyen el núcleo del conflicto escénico. Ellos son quienes determinan la dialéctica teatral.
3- POE (Posición del Obrero Escénico). Es el punto de vista del equipo que conforman los actores y técnicos que intervienen en la realización. La obra debe iniciarse con la posición de este equipo en segundo plano. Al final estará en primer plano, por aquello de que toda puesta en escena es una interpretación particular de sus realizadores.

Como un detalle quiero citar dos curiosidades. Para casi todo el mundo la protagonista de “La casa de Bernarda Alba” (La mejor obra de Lorca) es, precisamente, Bernarda. Nosotros planteamos que el verdadero protagonista es Pepe el Romano, personaje que aunque se siente nunca aparece en escena. Pero el objetivo de  la pieza, y su desenlace, ocurrirá por él. Pepe el Romano es la otra libertad que se persigue. Lo mismo ocurre con la pieza de Albert Camus “EL Malentendido”. En ella el personaje del Mozo (descubriremos que es Dios) solamente dice al  final: ¡No! Sin embargo, ahí mismo nos damos cuenta de que él, con esa negación, se constituyó en el Súper Objetivo.

¡Objetivo y Súper Objetivo! ¿Qué es esto?
El Objetivo es hacia el lugar al cual se  dirige la Linea General. Lo que se persigue con la representación de la obra teatral. Es a lo que los lerdos llaman “fondo” de la pieza.
El Súper Objetivo es el trasfondo. Es el propósito mayor, la mayor trascendencia, la exploración filosófica de la pieza.


La interpretación:
Sólo después de cumplir con todos estos requisitos, con estos predicamentos y con este proceso permito a mis actores comenzar a interpretar. Desde luego que sentados en sus sillas hasta que dominen el texto. Nunca dejo que los actores ensayen de pies con sus libretos en las manos. Eso es, también, prostituir el trabajo teatral.

No pocos actores me preguntan: ¿Qué hacer cuándo los directores no siguen este proceso técnico? Por encima de ellos, actores y actrices, deben construir sus personajes con el rigor  requerido. Hay otra posición que puede asumirse, pero la ética teatral me impide decirla. Sólo me atrevo a informales que hay recursos de los que dispone un actor no satisfecho. Uno de ellos es acudir al siempre conveniente...

¡Telón!

jueves, 3 de agosto de 2017

El complejo viaje de un… «Te quiero…»

El complejo viaje de un… «Te quiero…»
Por Giovanny Cruz Durán.


Sólo algunos retazos me llegaron del suceso. Ocurre, que una amiga me entregó hace aproximadamente dos meses, un sobre amarillento al que el tiempo le estaba pasando por arriba. Mi amiga cometió el terrible error de decirme: Pa que escriba algo sobre esto. Y me contó muy escasos pormenores. Perennemente me siento incómodo cuando alguien me narra asuntos para que yo los convierta en literatura. Por eso dejé el sobre y la carta sin leer en una gaveta de mi escritorio antiguo. Hace unas noches, sin embargo, agotado de escribir, decidí descansar y hasta servirme una copa de un tinto catalán. Distraído, abrí la gaveta, vi el sobre en cuestión, me interesé y leí el contenido de su breve misiva. Hice unas cuantas investigaciones y he aquí parte de la historia:

«Ella, en Mónaco, recibió una carta del joven caribeño al que amaba. Se suponían enamorados (de esos, como diría Facundo Cabral, que nunca preocupan al bosque... porque los enamorados no matan mariposas). Por supuesto que no leería “su” carta en la vulgaridad del salón de trabajo en el cual se encontraba. Salió de allí y tomó las calles de la ciudad. Tampoco ahí la leería. ¡No! Esa esperada carta merecía ser enmarcada. El mar era el lugar habitual que la discretamente hermosa Loraine escogía siempre para hacerlo. Llegó hasta la playa y caminó un poco. Buscó, igual que otras veces, la sombra que proyectaba un arbusto. Se sentó y se quitó toda la ropa interior que llevaba puesta. No esperaba nada sexual en el contenido de la carta; pero despojarse de sus prendas íntimas era un ritual. Ocurre, que su “amor del Caribe”,  divertidamente atrevido todo el tiempo, le dejó esa costumbre en su paso por el Principado. La muchacha abrió el sobre, sacó la carta en él encerrada, la desplegó sobre la falda amarilla con floresillas moradas y dirigió su mirada hacía ella. Su "amor" nunca escribía el nombre de ella en el inicio ni el suyo al final de la carta; procurando de esa manera, decía, que la carta actual fuera siempre continuación de las otras.
Los músculos extraoculares se movieron inquietos para posarse inmediatamente sobre las dos primeras palabras, extraordinariamente convertidas en rayos luminosos para de esa manera presentarse ante el nervio óptico, sin realmente pedir permiso para iniciar desde allí su viaje hacia el encéfalo. Comenzaron, ambas, un complejo recorrido en la córnea, atravesaron el humor acuoso, pasaron luego a través de un lente ocular que llaman cristalino; posteriormente recorrieron el humor vítreo hasta tropezarse con la pared posterior del glóbulo ocular llamada retina, que está conformada por más de diez capas de diferentes tejidos identificados como cintillas ópticas; las cuales fueron infatigablemente rebasadas por las dos palabras de esta historia. Desde las cintillas “caminaron” hacia la hipófisis pasándoles por delante a la silla turca. Entonces, las dos en conciencia de su naturaleza, se aseguraron de convertirse en quiasma óptico antes de alcanzar su objetivo en el núcleo geniculado lateral, al que arribaron en la región llamada tálamo. Pero antes, desde los núcleos, salieron convertidas en un inmenso haz de fibras llamadas radiaciones ópticas, atravesaron el cerebro para llegar a la parte posterior: el lóbulo occipital; donde realmente, como información, terminaron de convertirse en “imagen cerebral”.
Dos de esas capas que he citado, contienen unas células fotosensibles en las que se aloja una sustancia llamada rodopsina, que inmediatamente se alteró químicamente en el movimiento de absorción de las palabras convertidas en luz concurrente. Esta alteración química produjo, en la ocasión que nos interesa, un cambio eléctrico destinado a llegar al cerebro desde el nervio óptico. Estando en el cerebro, estos cambios eléctricos de nuestras dos palabras fueron otra vez procesados para que produjeran las diferentes sensaciones que dieron al cerebro informaciones de tamaño, color, situación, textura, zonas transparentes entre las palabras y del movimiento de la carta entre las piernas de Loraine. Luego de este viaje, finalmente, el cerebro, procesó a las dos palabras de manera invertida; es decir: la imagen del lado derecho fue “vista” por el cerebro en el izquierdo y la otra exactamente en el lado opuesto.
Ya en este punto del proceso, Loraine estaba lista para asimilar a las dos palabras señaladas y se enteró, finalmente, cuáles eran: Te quiero. Se estremeció como si fuera sacudida de los hombros por un oso. No obstante, no podía perder tiempo en esas sensaciones porque ya su cerebro había procesado las otras cuatro extrañas palabras que seguían: la distancia nos complica…»

Había, todavía, una palabra más; pero no sé exactamente cómo esta encajaría, a esa altura argumental, desde el ojo hasta el cerebro, si acaso logró hacer el viaje. Tampoco me he enterado cuál fue la reacción de la hermosa monegasca, si la hubo. Pero si sé, porque lo acabo le leer, cuál es la última palabra de esta historia: ¡Telón!