lunes, 13 de septiembre de 2010

La carta de Teo


Teo Terrero (que en vano intento de disputarme lo de semidiós se hace llamar el semiteo) me ha escrito una interesante carta en la que se refiere a la última entrega de La Pasión Cultural. Las opiniones que emite el amigo Teo nos lucieron tan trascendentes que hemos optado por publicarlas. Él es un actor de larga data. Perteneció al bien recordado y aplaudido grupo Gratey. En ese grupo estaban, en su momento estelar, Miguel Bucarelly, Puchy Ginebra, Yanela Hernández, Mario Lebrón, el propio Teo; entre otros. Gratey realizó montajes verdaderamente espectaculares y logró internacionalizarse. Sus integrantes eran talentosos, estudiosos, serios y comprometidos con el Arte. En estos momento Teófilo Terrero y Mario Lebrón sacan adelante la compañía teatral Proa que presentó buenas credenciales con el El Método Grönholm.
Luego de la carta de Teo publicaremos, en esta misma entrega varias imágenes que Carlos Espinal nos ha enviado.

Con gran acierto haces las críticas. Hasta señalas tus contribuciones. Los consagrado, que como también en otras reseñas has señalado, no todos viven profesionalmente del teatro. Creo que hay que preguntarse ¿qué ha pasado para que esto sea así?

En la carta que le escribió Obama a su hijas dos días antes de asumir la presidencia, hay un párrafo que dice: "Quiero que nuestros niños acudan a escuelas donde desarrollen su potencial, escuelas que sean un reto, los inspiren y generen en ellos una capacidad de maravillarse  del mundo que tienen a su alrededor. Quiero que tengan la oportunidad de ir a la universidad, aunque sus padres no sean ricos. Y quiero que accedan a buenos trabajos, trabajos que paguen bien y os den beneficios como atención médica, trabajos que os dejen tiempo suficiente para estar con vuestros propios hijos y retiraros con dignidad" (Yo ennegrecí las finales)

De ahí, como de la reflexión tuya, puedo elaborar dos premisas. La primera: ¿quién ha de encargarse de que eso sea así? Evidentemente que el propio Obama, ha de propiciar con leyes, decretos, ordenanzas, instrucciones, organismos, estructuras, acciones... y sobre todo vocación para que así sea, lo cual significa sacrificio de lo personal en favor de una causa que en definitiva terminará favoreciendo a otros que tal vez ni siquiera conocerá, aunque también al mentor de la misma. La segunda: ¿quieren ellas asumir esa responsabilidad? Evidente que eso es sólo un consejo del cual ellas pueden o no llevarse y tratar de generar ese cambio que plantea su padre. De asumirlo serán entonces corresponsales de ese cambio y consecuencia de esto compromisarias con los esfuerzos y sacrificios que plantea el reto.

Todas esas personas que has nombrado, y otras que no, han asumido un reto personal, en cierto modo para mejorar ellos, para ellos ser mejores, para tener calidad, para poder valorarse y ser valorados a la hora de que les llamen a trabajar.

En la apertura del festival de teatro, un amigo común, Arturo López, hizo críticas sinceras a la escuela de teatro, en la que planteaba una absoluta y total renovación de la misma, convertirla en un reto para los estudiantes, para que de allí salieran verdaderos profesionales de las tabas; sin embargo, más que como un reto, interpreto que las mismas fueron recibidas como una agresión por los directivos.

Hay que hacer una transfusión ideológica; todavía personas como tú, Iván, Mario Lebrón, Chapuseaux, Carlota, Karina  cuando van con una propuesta profesional a un patrocinador, lo que dicen es vamos ayudar a Giovanny... ¡¡¡¡AYUDAR!!!

No compran o apoyan un trabajo profesional; sin embargo, cualquier megadiva, sin pasar por la escuela —lo cual no es condición para ser bueno o excelente— (Juan Bosch no se graduó en ninguna universidad) o cualquier compañero de la televisión, con tres días o más en el ejercicio, se embarca en una obra y aunque pudiera ser mala recibe el apoyo económico de muchos empresarios.

Es por eso que entiendo que cuando criticaste lo de la profesionalidad muchos se sintieron ofendidos. Ahora has dicho con su distancia que somos una partía de ignorantes y aculturados, osados consecuentemente, arrogantes, pantalleros, estereotipados, faltos de sentido y divatos.   Sin contar lo de la Generation Body que como sabes,  lo ha creado la industria vacía del modelaje y de la discriminación dominicana. Es preciso tener mucho talento, muy buenas conecciones, y por qué no, un poco de suerte, para poder profesionalizar los teatristas en nuestro país y además darles sentido de permitir el desarrollo de las nuevas generaciones, para que no tengamos siempre las mismas entelequieas en ciertos puestos directivos.

Con sincera estima.

Teo

sábado, 11 de septiembre de 2010

¿Profundidad en el actual Teatro Dominicano?


Dos sencillos acontecimientos motivan la entrega de hoy. 

El primero: Ayer, dos horas antes de iniciar los ensayos de "Obsesión en el 507", me reuní en la Sala de Orquesta del Teatro Nacional con el mexicano Raúl Cid. Este escritor e investigador anda por aquí con un proyecto que se me antoja vital en el momento cultural que vivimos: realizando un estudio bastante ambicioso sobre el Teatro Dominicano.

El segundo: Manuel Herrera, segundo al mando de aquel grupo teatral (T.A.E.) del que les hablé en una cuantas entregas anteriores, acaba de colocar en Facebook más documentos que consignan labores teatrales del grupo en cuestión.

En la reunión con Raúl Cid pasamos revista a nuestro teatro actual, luego de hacer una breve panorámica del fenómeno del teatro dominicano en la historia social, política y cultural del país.

En un momento, después de ponderar las virtudes de nuestro teatro, conversamos de sus carencias. Entre estas,  como señalé en un artículo recién publicado que enojó a ciertas personas, se encuentra la discutida profesionalidad de la mayoría de los artistas teatrales criollos.

Reflexionando sobre el tema planteé un vicio que ya he enfocado varias veces en este blog: la falta de profundidad de la actual generación teatral. Deficiencia que se expresa directamente sobre los escenarios dominicanos. 

La escacez de cultura de una mayoría escandalosa que hace teatro aquí es evidente e innegable. La inmediata consecuencia de esto es lo que estamos viendo en la escena: actuaciones y actitudes pueriles, banales y superficiales. En fin, actuaciones "pantalla", poco comprometidas, amaneramiento de estrella sin los méritos suficientes y construcciones de personajes sin base técnica.

Desde hace unos diez años, sin nadie pedírmelo, decidí convertirme en un especie de consejero y sensor de unos cuantos actores y actrices jóvenes de indudable talento; pero de escasa formación. Cada vez que he podido aconsejo formal o indirectamente (esa es la razón de ser de este blog) a artistas teatrales, que en algunos aspectos han progresado; empero, no han podido superar sus preocupantes lagunas culturales. 

He llegado al extremo hasta de elaborar a algunos un programa de lectura y estudio. Sin embargo, siento que en este punto he fracasado, porque no he logrado cumplir mis objetivos.

Sabemos que la ignorancia es atrevida y la estupidez osada. Ambas insisten, con arrogancia, en seguir en sus trece. Hacen teatro de pantalla y rinden culto al cuerpo material, hacen teatro de estereotipo y sueñan con aumentar el tamaño de algunos atributos, hacen teatro sin sentido y embadurnan las caras con sustancias para inutilmente alucinar con el divato

¿Recuerdan aquel artículo de hace meses titulado The generation body? Lo traigo a colación para que quede claro que he sido persistente en el tema y para que a nadie se le ocurra buscar oscuros arrebatos.

Es cierto que los griegos y los romanos se preocupaban y ocupaban de aspectos físicos, pero nunca descuidaban el alma y el intelecto. El cuidado del cuerpo se hacía, solamente, por conciencia clara de que su continente era el receptáculo del alma. El Arte y la Literatura eran el gran plan de vida de aquellos incomparables sabios de la Antigüedad

El de muchos jóvenes artistas de hoy parece ser continuar con la insipidez que cada día es más frecuente en el Facebook, en el Twitter y en otras pendejadas parecidas. Herramientas que bien usadas podrían convertirse en la expresión cultural de estos tiempos y dejar de ser la más grosera agresión contra el idioma o el lugar donde encontramos payasos... que me hacen reír.

Cuando vemos en escena a Iván García, Delta Soto, Rafael Villalona, Ángel Haché, Manuel Chapuseaux, Nives Santana, Augusto Feria, Carlota Carretero, Mario Lebrón, María Castillo, Carlos Espinal, Karina Noble, Claudio Rivera, Víctor Checo, Yanela Hernández, Manuel Herrera, Niurka Mota, Lidia Ariza; entre otros, se nota inmediatamente el nivel de entrega y sus calidades. Desde luego que eso es posible por sus indubitables talentos y cultura. Ambos son imprescindibles  para lograr la deseada maestría  actoral.

He citado consagrados y no a algunos jóvenes (existen, aunque escasos) cuyo formación nos luce promisoria, porque dejar fuera de la lista a ciertas personas resultará más irritante de lo que ya he previsto será esta entrega. Y temo que exageren la andanada de malquerencias que vendrá. He escrito hoy sabiendo las reacciones que se producirán. Pero  hay asuntos que deben en ser dichos, aunque moleste la soberbia y el ego de unos cuantos. 

Ojalá, y es lo deseado, la ira que en ciertos casos producirá esta entrega, se convierta en un desafío y salgan a buscar informaciones para demostrarme que pueden hacerlo. Ojalá.
Aunque admitimos que ningún tiempo pasado, en términos generales, puede ser mejor; los documentos publicados por Manuel Herrera en Internet, hablan de una actividad teatral meritoria, sabia, culta y buena hace apenas unos años.

Agrupaciones como el T.A.E. pululaban por ahí como la verdolaga. Gayumba, Gratey, la Compañía de Iván García, Nuevo Teatro, etcétera; lograron un momento estelar en la escena dominicana. Por suerte aún esos grupos, y/o sus integrantes, forman parte de la actualidad teatral... para honrarla.

Después de este "jalón" de oreja reproduzco algunos de los documentos que previamente publicara Manuel Herrera, al mismo tiempo que solicito a las agrupaciones y artistas que he citado, enviarme fotos y documentos de su gran labor teatral para publicarlos en la lapasioncultural.blogspot.com, con la finalidad de ejemplarizar con esos datos.

¡Ya! ¡Suelten el truño! ¡Y tú, sécate las lágrimas! Todo esto es por un bien mayor.

(Para ver mejor las fotos pinchen con el mause)






viernes, 10 de septiembre de 2010

Wole Soyinca, Nobel de Literatura.



Carlos Castro, uno de esos tipos que se constituyen en amigos incondicionales, de los que no te pasan siquiera facturas sentimentales, de la extraña casta que prefieren llamarte y escribirte  para hablar de Arte y Literatura —¡jamás de chismes, rumores o situaciones baladies!—; me  ha enviado el link de una entrevista que Vicente Verdú hizo para El País al dramaturgo nigeriano y Nobel de Literatura Wole Soyinka
Sobre él aportamos que luego de los estudios universitarios preparatorios en 1954 en la universidad del gobierno en Ibadan, continuó en la Universidad de Leeds, donde, más tarde, en 1973, tomó su doctorado. Durante los seis años que pasó en Inglaterra, fue dramaturgo en el Teatro de la Corte Real de Londres En 1960, fue galardonado con una beca Rockefeller y regresó a Nigeria para estudiar drama africano. Al mismo tiempo, fue profesor de teatro y literatura en varias universidades de Ibadan, Lagos, y de Ife, donde, desde 1975, ha sido profesor de literatura comparada.  En 1960, fundó el grupo de teatro "Máscaras de 1960" y en 1964, la "Compañía de Teatro Orisun", en la que ha elaborado sus propias obras y ha participado como actor. Ha sido profesor invitado periódicamente en las universidades de Cambridge, Sheffield y Yale.


Parece el rey de una tribu. Su imagen desprende autoridad y dignidad. También su biografía y su obra. El primer Nobel africano de Literatura defiende el poder de la tierra y ataca la banalización de los valores.
Wole Soyinka nació en Beokuta (Nigeria) en 1934 y recibió el Nobel de Literatura, el primero para un escritor africano, en 1986. No solo le resta toda importancia a esta distinción, sino que, según sus declaraciones, le ha venido importunando sin tregua. Fuerte, apuesto, seguro de sí y curtido por numerosas peripecias que amenazaron su vida, sus palabras pesan como las de un ser humano que ha extremado sus fuerzas de supervivencia.

“conozco a mis hijos, pero no los cuento. da mala suerte contarlos”
“en la cárcel no me permitían leer ni escribir. recurrí a las matemáticas”
“Creo en las rocas y en los mares, pero no en los países” 
Pasó 22 meses incomunicado en una cárcel por su oposición al régimen dictatorial y militar que gobernaba su país. Ser un constante perseguido durante décadas ha construido una parte de su personalidad. La otra parte, además de la política, la componen sus novelas, sus poemas, sus ensayos y, especialmente, sus piezas de teatro, que él destaca como el mejor medio de comunicación.
En la actualidad, Soyinka, convertido en un símbolo de la democracia y de la liberación de las poblaciones oprimidas, viaja por todo el mundo e imparte clase regularmente en Los Ángeles, adonde marchó en 1997, tras ser acusado de traición por el dictador Sani Abacha, para refugiarse junto a algunos miembros de su familia.
Acostumbra a pedir dos dedos de aguardiente cuando empieza una conversación; así lo hizo en esta ocasión en Londres, aunque apenas bebió, solo tocaba de vez en cuando el vaso. Su figura recuerda, en cierto modo, la de un rey tribal, con sus pelos alzados, blancos e hirsutos y su mirada que podría penetrar la oscuridad. No en vano es un cazador casi perfecto.

Usted parece un hombre muy fuerte y un apasionado cazador. 

Sí. Es una forma que tengo de relajarme, de desaparecer.

¿Qué suele cazar? 

Cualquier cosa que sepueda comer. Yo no voy de caza para colgar trofeos. No cazo lobos ni animales así. Cazo animales tradicionales de caza con mi compañero o voy yo solo…

¿Solo?  

Sí. A veces. Pero normalmente, si quiero cazar jabalíes, voy con más gente.

¿En Nigeria? 
En Nigeria, siempre en Nigeria. Bueno, una o dos veces en Estados Unidos, pero no me gusta cazar allí. Está demasiado regulado.

¿Y cómo soporta esta intensa vida nómada que lleva, entre cursos, reuniones y conferencias por todo el mundo?  

Básicamente donde me siento bien es en casa, en mi país. Simplemente porque es aquello a lo que estoy acostumbrado. Allí nací y ese es mi entorno. A veces mi relación con el mundo exterior adopta la forma de una dialéctica entre lo extranjero y mi lugar, eso es verdad, pero como la mayor parte del tiempo lo paso fuera de mi entorno llego a sentir que no estoy ni aquí, ahora en Londres, ni en ningún sitio. Los seres humanos, sobre todo en la época moderna, son seres viajeros. Pero creo que si pudiera elegir, el 90% del tiempo lo pasaría en mi casa.

Pero ahora vive en Los Ángeles.  

Sí. Desde la época en que me exilié en 1997 y que yo llamé, de forma un poco eufemística, un “año sabático político”, es decir, seguir con mi lucha política del interior en el exterior.

Y da clase en la Universidad de Los Ángeles.  
Sí, ahora sí. Es interesante cómo llegué a instalarme en Los Ángeles. Cuando saqué a mi familia de Nigeria, al principio quería dar clases en Harvard, pero hacía demasiado frío para mí, así que mebajé a los trópicos, a la Universidad Emory de Atlanta. Cuando estaba en esa Universidad, el Gobierno nigeriano creó consulados en dos lugares de Estados Unidos: en Atlanta y en Houston. El Gobierno de mi país había identificado lo que consideraba los bastiones de la resistencia contra Sani Abacha y crearon un consulado en Houston y otro donde yo estaba, en Atlanta. Pensé que mi familia estaba en peligro y nos trasladamos al otro extremo de Estados Unidos.

En su experiencia personal, el aspecto político ha debido de ser una carga constante de su vida.

Básicamente, si tuviera que elegir, todo lo que haría sería escribir y enseñar; creo que tengo buen instinto para ser profesor. Me gusta dar clase en la universidad y abrirles la mente a los estudiantes; disfruto dando clase.

¿Cree que su vida en general ha mejorado tras el Nobel de 1986?  

No, no. Si hubiera podido elegir, si llego a saber lo que iba a significar, le habría rogado a la Academia Sueca que me dieran el dinero y le concedieran el premio a otra persona. Está claro que es imposible, pero yo les habría dicho: “Dadme el dinero sin que nadie se entere y que el Premio Nobel de este año se lo lleve otra persona”. Es un problema. Yo conocí a García Márquez en Cuba un año después de ganar el Nobel, a él se lo habían concedido unos años antes. Y me preguntó: “¿Qué tal te va, hermano?”. Y yo le contesté: “Es un infierno. Espero que acabe pronto”. Y me dijo: “No, no se acaba nunca”. Ojalá le hubiera creído en esa época, porque habría tomado ciertas precauciones. Pero pensé: “Está exagerando”. Y no exageraba. Tenía toda la razón.

¿Y ahora, casi 25 años después?  

Pasado un tiempo después de que me concedieran el Premio Nobel, me fijé una fecha para jubilarme. Ni se imagina lo pronto que era. Pensaba en jubilarme, dejar de dar clase, apartarme de la vida política, de todo, y sencillamente dedicarme tan solo a escribir. Todo el mundo tiene una visión de sí mismo, de lo que quiere hacer. Yo tengo la mía, así que me puedo jubilar. Eso pienso.

Pero no se jubila.  

García Márquez envió una nota a sus amigos y colegas con unas cuantas lecciones que había aprendido a lo largo de su vida en la que decía que se apartaba de la vida pública porque tenía cáncer, como sabe. Y ha acatado esa decisión al pie de la letra. Permítame, por tanto, que le diga algo que he aprendido de él aunque no esté de acuerdo con todo lo que decía en su carta: en los últimos meses he visto que cuando estás débil y expuesto al ataque de un cáncer, ya sea un cáncer fisiológico o político, ocupado en actividades que destruyen lo que realmente quieres hacer, es una cuestión moral y de voluntad decir: “Me retiro”. No hace falta esperar a sufrir un cáncer. Dices: “Hoy me retiro”. Y desapareces hasta que la gente se olvida de ti. Eso es lo que he aprendido de García Márquez. Y creo que trataré de imitarle.

¿Así que no recomienda a la gente que intente conseguir el Nobel? 

No. No se lo recomiendo a nadie.

Y su mujer, ¿qué opina de sus constantes viajes y ausencias? 

Creo que debería haber un premio más para las mujeres de los que ganan el Premio Nobel. La Academia Sueca debería concederles un premio similar a la condecoración con la que se distingue a los heridos de guerra. Pero, bueno, mi mujer lo sobrelleva maravillosamente.

Usted es un hombre físicamente fuerte, ¿no? 

No crea, también tengo mis achaques. No me considero un hombre fuerte. Sencillamente, tengo suerte. Algunas personas tienen suerte por una razón o por otra. Yo no he tenido ninguna enfermedad grave. A veces me caigo cuando voy de caza, pero eso es casi todo.

Pero también es fuerte para viajar y escribir al mismo tiempo.

No creo que escribir sea fácil para nadie, lo que pasa es que aprendes a adaptarte al ritmo de escribir. Antes me enredaba muchísimo y eso hacía que estuviera casi siempre agitado. Mi idea, después, fue esconderme en mi estudio y escribir allí. Hace años no podía imaginar ninguna otra forma de escribir que no fuera recluido en mi estudio, pero luego llegó un momento en el que me convertí en un fugitivo permanente. Tuve que empezar a escribir allí donde estuviera…

En aviones, en taxis…  

En aviones sobre todo. Te aíslas del mundo. Puedo escribir en la sala de espera del aeropuerto, en el hotel, en cualquier parte. Y durante ese tiempo me siento totalmente apartado del resto del mundo.

Tiene buena capacidad de concentración. 

Sí, es lo que he comprobado. He tenido mucha suerte en esto.

¿También le ayudó cuando estuvo preso? 

Estuve 27 meses en la cárcel y otros 22 incomunicado. Lo más difícil de soportar fue que no me permitían ni leer ni escribir. Hacerle eso a un ser humano es atroz, sobre todo si es alguien que ama el mundo de los libros. En ese aislamiento tuve que dejar de lado cierta creatividad en favor de otros ejercicios mentales.

¿Cuáles?  

Lo primero es medir tu entorno físico, porque necesitas cosas físicas para escribir. A veces, cuando me acuerdo de esa época, me parece ridículo que una novela pudiera salir de una circunstancia así, pero yo soy bastante surrealista. Al principio escribía poemas muy breves que pudiera memorizar. Otras veces raspaba con una piedra las paredes para escribir.

¿No tenían papel ni lápiz? 

 Nada de nada. Está prohibido. Pero luego me dije: ¿Qué más puedo hacer para ejercitar el cerebro? Y pensé: matemáticas. En el colegio las odiaba. En cuanto pasaba de curso tiraba el libro de matemáticas por la ventana. Para mí eran una verdadera tortura. Pero en la cárcel pensé: Voy a retomar esa asignatura que tanto odiaba. Y no fue una tortura, sino que me resultó fascinante. Me di cuenta de algunos aspectos estéticos de las matemáticas que tanto me frustraban en el colegio.
¿Por ejemplo? 

La forma que tienen las ecuaciones y la relación de esas formas matemáticas, que traducen el triángulo, el rectángulo, el rombo, el círculo, etcétera, a meros principios matemáticos. Me pareció fascinante. Así que recuperé lo que me gustaba de las matemáticas, llegué a recordar todas las fórmulas, y me puse un montón de ejercicios, la ley de las permutaciones y combinaciones, ecuaciones algebraicas. Las ecuaciones de segundo grado no las podía hacer sin un libro, pero por lo menos llegué a dominar las algebraicas… Me llevó días recordarlas, así que el tiempo se me pasaba volando. Por ejemplo, me despertaba por la mañana e intentaba acordarme de la ley de las permutaciones, es decir, cuántas combinaciones puedes hacer con seis elementos distintos. Al trabajar sin ayuda, me llevaba días, y era siempre un proceso de ensayo y error. Dibujaba rayas en la pared, en el suelo… Todo ello me ayudaba a tener la mente ocupada. Más tarde conseguí hacer una pluma y tinta a base de café, y seguí experimentando con el papel higiénico y con el papel de los cigarrillos que nos daban. Al final construí un pequeño escondrijo donde ocultaba el rollo de papel higiénico; también hice un agujero en el suelo. Todo tipo de subterfugios que se me ocurrían y desarrollaba a través de un proceso muy lento.

Usted tituló el libro en el que cuenta su experiencia en la cárcel ‘El hombre muerto’. ¿Qué puede decir de eso?

Se refería a un acontecimiento real, porque el libro era una diatriba contra las dictaduras militares. Y el ejército de esa época mató a un asistente mío. Tuvo una herida muy grave y le tuvieron que amputar la pierna. El libro habla sobre todas las veces que pregunté por ese joven, hasta que un día llegó un telegrama que decía tan solo: “El hombre murió”. Y pensé que también a mí me pasaba algo parecido.

¿Se sintió morir?  

Sí. Sentía que el país había muerto, que había capitulado ante la dictadura. Yo a veces he comparado la situación de Nigeria bajo la dictadura militar con la experiencia española con Franco. La gente capituló, empezó a poner excusas, empezó a racionalizar aquello contra lo que había luchado y fue entonces cuando el hombre murió dentro de todos nosotros.

Nigeria ha sido una tragedia permanente en su vida.  

No puedo decir lo contrario, por desgracia. Me encantaría. He intentado olvidarme. Estuve varias veces en el exilio y me dije: Se acabó, tengo que dedicarme a mis libros. Ahora bien, en cuanto llegaba alguna amarga noticia desde allí se colaba entre mis defensas y me daba cuenta de que no me había olvidado en absoluto de Nigeria. Dicho esto, permítame que le explique una cosa. Yo no soy patriota, no creo en ese constructo llamado “país”. La palabra “patriotismo”, en mi opinión, tiene muchas connotaciones. A veces se utiliza de forma oportunista, como una excusa para imponer una definición muy cuadriculada de la humanidad y de uno mismo. Para mí, eso es lo que significa la palabra “país”. Pero le tengo aprecio a la humanidad, la humanidad con la que crecí, la humanidad con la que me identifico, la que forjó mi personalidad. Le tengo aprecio a los mares, a las rocas… Pero esa cosa que se llama “país”… Escribí un artículo una vez en el que dije: “Que se mueran los países”. Cuando hablo de Nigeria como país, no hablo de ese constructo artificial que incluso se nos impuso sin nuestro consentimiento cuando el Imperio británico dividió el continente. Y cuando la gente va a la guerra, como nosotros lo hicimos, para preservar las fronteras nacionales, la circunstancia es de lo más estúpida, porque matas y mueres por el constructo ideado por otra persona.

¿Usted tiene todavía familia allí?  

Mi familia está desperdigada por todo el mundo. Incluso uno de mis nietos trabajó para u n Gobierno al que odiaba, el Gobierno del último régimen. Es lo que pasa; yo elegí mi profesión, él eligió la suya. Somos independientes y yo les animo a que sigan su propio camino.

Usted viaja por todas partes, ha visto la crisis en diferentes países, los efectos de la globalización, todas esas cosas que nos han cambiado la vida. ¿Cuál es su opinión de este nuevo mundo?  

Pienso que la globalización es inevitable. Uno tiene que aceptar que la globalización ha formado parte del mundo desde que se empezó a viajar. La expansión de las religiones es una forma de globalización y el comercio ha transferido la cultura, las costumbres y las convenciones de un sitio a otro. Esto tiene a veces como resultado una colisión, y otras veces, una simbiosis. El cristianismo intentó globalizar el mundo. El islam, también. Y, en la actualidad, algunos aspectos del islam siguen queriendo globalizar el mundo. La cultura en sí, en términos generales, se está globalizando. El problema empieza cuando la globalización se vuelve peligrosa, cuando la salud económica de una zona se consigue a expensas de un lugar más débil en el que los bienes se exportan de tal forma que hace que otros países se conviertan en marionetas. Y así nos encontramos con esas empresas manufactureras en Filipinas que fabrican allí una sudadera que luego se envía a Europa, donde se vende muy cara, mientras que los trabajadores están cobrando el sueldo mínimo. Ese es el aspecto de la globalización que me parece negativo y degradante. Pero en cuanto a la circulación de bienes, si funciona no necesariamente con una igualdad absoluta, sino simplemente con respeto a los seres humanos que los fabrican y a su cultura, si ayuda a fomentar esa cultura, la globalización debe considerarse positivamente. Así que no es la globalización per se, sino la recolonización de otras partes del mundo a través de medios económicos, lo que es negativo. Es negativa la banalización de los valores, la creación del consumismo como menor denominador común. Mucha gente reacciona ante expresiones como “globalización” como si el diablo estuviera a punto de entrar en la conversación, pero yo veo la globalización como la consecuencia inevitable de que se hayan acortado las distancias. ¿Cómo puede no haber globalización si puedes estar sentado en un rinconcito de un minarete en Irán y comunicarte con el resto del mundo? Este hecho, a pesar de las tristes restricciones que aíslan a sociedades, ya ha englobado el mundo y, en cierto sentido, los países retrógrados y regímenes malvados como el de Irán reciben los efectos liberadores de la globalización.

¿Piensa que esta coyuntura no es solo una crisis económica, sino también de valores?  

Es una crisis de valores también, sobre todo aquellos que se pueden comunicar a través de la tecnología. Creo que algunas organizaciones, como la Unesco, lo reconocieron en un momento dado. La Unesco y otras organizaciones intentaron crear lo que ellos denominaban un “nuevo orden de comunicación”. Pero no he oído hablar mucho de eso últimamente. Y es una pena que una respuesta así acabe en agua de borrajas.

Ha sido un placer la charla. Le deseo mucha suerte en la vida.  

Muchas gracias. Pero ¿mi vida? Acepto mi vida, pero si tuviera alternativa, es muy posible que eligiera otra. Aunque sí, creo que he tenido suerte. Esta segunda vuelta de mis siete vidas, porque, como sabrá, se supone que un gato tiene siete vidas y yo he utilizado ya la primera vuelta, podría decirse que no está mal.

¿Se siente, pues, satisfecho?  

No sé si estoy satisfecho. La verdad es que no pienso en eso. Pero poder tomar decisiones es el aspecto más satisfactorio de una persona, y la mayor parte de mi vida he podido tomar mis propias decisiones, acertadas o equivocadas, eso da igual. Creo que la gente tiene que tomar decisiones, y eso es lo que nos distingue como seres humanos.

¿Usted no tiene ningún sentimiento de culpabilidad que le torture?  

¿Tortura mental? No, no la tengo. Intento vivir sin arrepentimientos. Si cometo algún fallo, si tomo una decisión equivocada, tengo que vivir con eso, estoy preparado para aceptar las consecuencias.

¿Qué tal la relación con sus hijos? 

 Con mis hijos la relación es muy buena. Es difícil, pero al final… Uno está dando clase en Estados Unidos, dos están en Inglaterra, uno está trabajando en algunaparte, otro está en Ghana. Se ganan la vida con profesiones muy distintas.

Usted se ha casado dos veces.  

No, me he casado tres veces. No salieron bien las cosas

Cuéntemelo.  

No me gusta mucho hablar de mi vida privada.

¿Dos de sus hijos son del primer matrimonio?

No los cuento. En nuestra cultura creemos que da mala suerte contar a los hijos, así que lo único que digo siempre es que los dioses han sido excepcional y misteriosamente amables conmigo en cuanto a los hijos. No los cuento, pero los conozco a todos. A veces, las tradiciones vienen muy bien.

Parece usted un hombre al que le ha resultado fácil seducir a las mujeres. 

 No sé. Eso lo tienen que decir las mujeres.

¿Pero cuál es su impresión? 

 No tengo ni idea. He de decir que con algunas mujeres tengo muy buena relación, y con otras, muy mala. Eso es todo lo que puedo decir. Estoy de acuerdo en que las mujeres son muy importantes en la vida. Estimulan la vida.

Y son una buena fuente de inspiración. 

Sí, eso sin duda. Y uno las necesita. Igual que pienso que las mujeres necesitan a los hombres. Por eso existen los hombres y las mujeres. Por la razón que sea, a algunas personas nos gusta mucho la soledad, nos podemos pasar días, semanas y a veces meses solos. Pero a pesar de eso, sabemos muy bien que las mujeres son una parte muy importante incluso de nuestra propia soledad.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Construyendo personajes


Tal y como les he contado, estoy desde hace varias semanas trabajando con Yorlla Lina Castillo (“La obsesiva que faltaba y la que en el escenario no es segunda de nadie.”), Fiora Cruz Carretero (“La gran obsesiva y la que en el teatro constituye hoy... la nueva historia.”) Mario Lebrón (“Un actor de peso y un hombre culto: el obsesivo mayor.”), Juan Núñez (Asistente de dirección), César Mella (Siquiatra), Renata Cruz (Diseñadora del vestuario de la obra), Carlos Francisco Elías (Asesor de la cinematografía), Lilyanna Díaz (Diseñadora de luces) y Ezequiel Taveras (Diseñador gráfico)  en la pieza teatral “Obsesión en el 507”; la cual tendrá su estreno mundial el 5 de noviembre en la Sala Ravelo del Teatro Nacional.

Escasos, muy escasos, directores teatrales aquí dedican tiempo a una adecuada construcción de los personajes. Lo que el suscrito entiende es una de las más notables deficiencias que acontece en el teatro dominicano.

¿Cómo podemos interpretar personajes si no conocemos sus personalidades y sentimientos? La experiencia nos cuenta que el instinto no es suficiente. Para la caracterización escénica es imprescindible estudiar, desde el punto de vista sicologista, a los personajes, la historicidad contenida dentro de la pieza, el camino literario que sigue y la sociología de la meta. Esas son herramientas obligadas en un trabajo teatral serio y consciente.

Desde la creación de este blog cultural nos propusimos que, aparte de lo informativo, hubiese en él una gran cuota de didáctica.

Honrando ese objetivo, y aprovechando el exhaustivo proceso de ensayo de “Obsesión en el 507”, les contaré la manera en la cual construimos los personajes.


Para los hacedores de teatro serán datos importantes. Para los diletantes resultarán apasionantes y les servirán para hacerse más perspicaces al asistir a una representación teatral. Para los conocedores de "El método de las emociones" será una añoranza. Para otros los datos ofrecidos serán curiosidades. De todos modos, estaremos descifrando algunas de las marañas y misterios que hay en el teatro organizado y “científico”.

Les adelanto que los artistas y técnicos con los cuales estamos trabajando están fascinados con el proceso que seguimos. El director-dramaturgo está contento (aunque esto no pueden comentarlo ustedes todavía a los actores) del resultado hasta ahora obtenido.

El proceso.
Lo primero que pedimos de los actores es leer la obra en sus respectivas casas. Se aconseja leerla cuantos personajes tenga la pieza; aunque instruimos a cada actor darle por lo menos una lectura a la obra desde la óptica del personaje que va a encarnar. No importa que el personaje tenga mucho o poco texto, el “universo” existe a partir del él. Por eso un actor nunca juzga su personaje, simplemente lo comprende.

Las primeras lecturas. 
Cuando reunimos a los actores hacemos lecturas panorámicas (ensayos de mesa). No debemos —¡Nunca! —comenzar a interpretar los personajes en esas primeras lecturas. ¿Cómo hacerlo con personajes que aún no hemos estudiado? Empero, esto es un vicio generalizado en el teatro dominicano.

Acotaciones y condiciones dadas.

Las acotaciones son todas las indicaciones directas contenidas en el texto literario que ha escrito el dramaturgo. Las condiciones dadas son indicaciones indirectas (contenidas dentro de los parlamentos: “¡Mira, Blanche, estoy sangrando!). Las dos son pistas importantes que nos ofrece el autor. Y no siempre están claramente definidas. Hacerlo es impostergable para el elenco. Desde ellas partiremos para conseguir el texto dramático.

Los hechos importantes.
En cada escena ocurren hechos que resultarán trascendentes para el desarrollo de la historia. Identificarlos cuidadosamente (con la intención de resaltarlos) es vital desde los primeros días de ensayos. Con ellos es que vamos a trabajar. De ahí partirán todas las acciones... Es decir: la teatralidad.

La sicología de los personajes.
Ni puedo entender cómo directores y actores logran obviar esto. Los personajes tienen pasiones, deseos, propósitos, actitudes, enfermedades, ansiedades, obsesiones, preocupaciones, celos, amores y desamores que los categorizan. Nosotros en la puesta en escena que construimos en este momento hemos dedicado largas horas a este estudio. Y sólo es un antecedente necesario; porque ahora ya los artistas están preparados para los varios encuentros que sostendrán con el siquiatra César Mella, el cual conceptualizará sobre los aspectos sicológicos y cuidará la salud mental de las actrices y del actor de la obra. En obras demandantes, como esta, y peligrosamente comprometidas en sus pasiones, es conveniente tener un siquiatra siempre cerca. (La obra “Amanda” no hubiese podido realizarse sin la intervención y cuidado del doctor Vicente Vargas Lemonier, que frecuentemente funcionó como un oráculo).

Las líneas del personaje.
Son dos: Linea Externa y Línea Interna. La primera es lo que el personaje viene “claramente” a hacer en cada escena. La Interna es su intención verdadera. Piensen en aquel doctor Merengue de las tiras cómicas. Él se paraba frente a una vidriera, por ejemplo, al lado de una madre con su pequeño hijo y decía: ¡Buenos días! ¡Qué niño tan encantador. (Línea Externa). Sin embargo, aparecía un difuso y etéreo personaje que salía desde su interior y planteaba: ¡Qué cara de delincuente tiene este niño! (Línea Interna).
Los seres humanos no somos “químicamente” puros. Siempre estamos sometidos a las condicionantes de la Dialéctica. Sobre eso que llamamos personalidad la etimología nos indica que es una careta, una actitud y frecuentemente una pose. Octavio Paz nos demostró que la gran literatura es aquella que nos presenta al ser humano no reconciliado consigo mismo sino con el alma hecha jirones. Los personajes tienen dualidades. Para interpretarlos debemos precisarlas claramente. Si no las tienen renunciemos a esa obra. Tengan en cuenta que deben procurar en el transcurso de la puesta en escena, que la Línea Internaaflore” de cuando en vez. Esto lo hacemos para preparar al espectador para el desenmascaramiento final.

Las cinco preguntas elementales del personaje.
1- ¿Quién soy?
2- ¿Por qué soy o estoy?
3- ¿Dónde estoy?
4- ¿Cuándo estoy?
5- ¿Cómo estoy?
Con las cinco preguntas debemos tener mucho cuidado. Nunca es fácil contestarlas. Patean. Y patean duro. No se trata de inventar datos para luego justificarlos en los ensayos. No. Las respuestas están en la forma de pensar de los personajes, en los hechos importantes de la pieza, en las acotaciones y condiciones dadas. Si estudiamos la obra seriamente los encontraremos. Estos datos funcionarán como códigos, por lo tanto no deben ser muy largos. No se trata de hacer una biografía. Lo que procuramos es que estén dentro del cerebro de los actores y que estos, cuando comienzan a invocar las emociones, los puedan utilizar prácticamente de manera inconsciente.

La Acciones.

Lo que hacen los personajes en escena son acciones. Movimientos, sentimientos, miradas, actitudes, etcétera. Todas las acciones tienen que ir directamente hacia la Línea Argumental, o Línea Ininterrumpida, o Línea General. Si asistimos a un evento teatral y notamos que hay asuntos confusos en la historia, es casi seguro que esto se deba a que las Líneas de Acción no están alimentando a la Línea General. No seríamos, en ese caso, nosotros quienes no estamos entendiendo. Es la obra que tiene defectos. Las acciones, determinadas y específicas, tienen que ser lógicas, coherentes y reales. Nunca olvidemos que el actor tiene que ganarse el derecho hasta de sentarse en una silla. Y no lo podríamos hacer si no lo justificamos. Lo hacemos porque estamos cansados, deseamos leer, nos duelen los pies, vamos a ver televisión, etcétera.

La Línea General (Línea Argumental o Línea Ininterrumpida).
Es, en término simple, lo que cuenta la obra, la historia de los personajes, el argumento de la pieza. Ella debe ser muy precisa. En ella está contenido todo el trabajo anterior y el que aún falta por hacer. Es lo que llegará a los espectadores. Es en ella donde estarán los cinco niveles de la presentación: El del público simple que va a entretenerse, el medio que perseguirá entretenerse y algún tipo de enseñanza, el que va a desafiar la capacidad del artista, el diletante que espera encontrar verdades humanas trascendentes y el intelectual que va en procura de ver y descifrar “los misterios de Eleusis”.
La Línea General comenzará como una pequeña bolita de nieve. Luego se irá incendiando hasta terminar como una gigantesca bola de fuego. Si logramos el procedimiento conquistaremos a los espectadores con la historia contada.

En Francia conocí el método de trabajo del director ruso Alexis Vassili que plantea dos vertientes en el estudio y trabajo de una pieza teatral, con las cuales obtendríamos mismos resultados: Estudiar y trabajar desde lo que él llama el Impulso Inicial de la Línea General o, en su defecto, al Impulso Final. Ambos nos darán la tónica a seguir. En el inicio de la obra están todos los avisos necesarios que nos conducirán a un resultado. En el Impulso Final podemos descubrir todo el devenir de la pieza. ¿Interesante, no? Sería como un método de capicúa.

La caracterización.
También hay dos: La física y la sicológica. La primera es la que determina el vestuario, el maquillaje, los ademanes, el movimiento del personaje, etcétera. La sicológica nos habla de las actitudes que asume el personaje, su comportamiento.
Aquí introduzco dos elementos novedosos dentro de la llamada “Técnica de las Emociones” que parte, desde luego, de Stanislavsky: El Gestus Social y el Gestus Fundamental. Resulta que los personajes no sólo importan cómo son, sino, también, cómo se proyectan hacia el conglomerado (Gestus Social). Pero también tienen comportamientos que son determinantes por aquello que provocan (Gestus Fundamental). En este punto (aporte brechtiano) solicito a mis actores dibujar el personaje en la manera que ellos piensan estos proyectan su caracterización, como los vizualiza el artista escénico.

El “Si” Mágico.
Es tarea inútil tratar de convencer a nuestro subconsciente de que desplacemos al “Yo” y en su lugar coloquemos al personaje. Irrealizable  es este proceso. Pero si no nos comprometemos, interiormente, a ser Lucrecia  Taylor, Blanche Borgia o Jorge Homero Borges, el subconsciente se prestará  a ayudar. Como no me exijo dejar de ser “Yo” sino a actuar como si yo fuera el "Otro", la rebeldía natural que me habita es desplazada por un sentido de entendimiento. Cuando me planteo la posibilidad del “Sí Mágico” (o “como si..” yo fuera tal personaje) partimos del “Yo” hacia la realización del “Otro”. Aseguro que esto funciona muy bien  ya el "Si Mágico" actuará como palanca emocional y no es tan complicado como luce.

La memoria emotiva.
Para la creación de esta herramienta teatral se partió de la Catarsis, que procura revivir los episodios traumáticos en un punto del pasado para curar el mal actual. Con la memoria emotiva buscamos puntos emocionales de nuestros pasados para incorporarlo, dimensionándolo, al momento teatral actual. No ofreceremos muchos detalles teóricos sobre este tópico por lo peligroso que es a nivel sicológico. Con esto no se puede inventar sin la ayuda de un verdadero maestro. Prefiero ser consultado directamente por los interesados sobre este singular proceso. También podrían hacer lo mismo a Rafael Villalona y a Iván García, directores que manejan muy bien esta delicada herramienta teatral.

Los puntos de vistas.
De la técnica zurciana, misteriosos códigos que hemos creado para hacer teatro, trabajamos con tres posiciones, o puntos de vistas, fundamentales (Triángulo Escénico):
1- PP (Posición del Protagonista): A partir de la posición que este tenga sobre la historia se inicia el conflicto.
2- PA (Posición del Antagonista): Es quien hará oposición al protagonista. Sus contradicciones construyen el núcleo del conflicto escénico. Ellos son quienes determinan la dialéctica teatral.
3- POE (Posición del Obrero Escénico). Es el punto de vista de el equipo que conforman los actores y técnicos que intervienen en la realización. La obra debe iniciarse con la posición de este equipo en segundo plano. Al final estará en primer plano, por aquello de que toda puesta en escena es una interpretación particular de sus realizadores.

Como un detalle quiero citar dos curiosidades. Para casi todo el mundo la protagonista de “La casa de Bernarda Alba” (La mejor obra de Lorca) es, precisamente, Bernarda. Nosotros planteamos que el verdadero protagonista es Pepe el Romano, personaje que aunque se siente nunca aparece en escena. Pero el objetivo de  la pieza, y su desenlace, ocurrirá por él. Pepe el Romano es la otra libertad que se persigue.
Lo mismo ocurre con la pieza de Albert CamusEL Malentendido”. En ella el personaje del Mozo (descubriremos que es Dios) solamente dice al  final: ¡No! Sin embargo, ahí mismo nos damos cuenta de que él, con esa negación, se constituyó en el Súper Objetivo.

¡Objetivo y Súper Objetivo! ¿Qué es esto?
El Objetivo es hacia el lugar al cual se  dirige la Linea General. Lo que se persigue con la representación de la obra teatral. Es a lo que los lerdos llaman “fondo” de la pieza.
El Súper Objetivo es el trasfondo. Es el propósito mayor, la mayor trascendencia, la exploración filosófica de la pieza.

La interpretación.
Sólo después de cumplir con todos estos requisitos, con estos predicamentos, permito a mis actores comenzar a interpretar. Desde luego que sentados en sus sillas hasta que dominen el texto. Nunca dejo que los actores ensayen de pies con sus libretos en las manos. Eso es, también, prostituir el trabajo teatral.

No pocos actores me preguntan: ¿Qué hacer cuándo los directores no siguen este proceso técnico? Por encima de ellos, actores y actrices, deben construir sus personajes con el rigor  requerido. Hay otra posición que puede asumirse, pero la ética teatral me impide decirla.

¡Telón!

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El Vudú en Dominicana (2 de 2)


Nota: Continuamos hoy con la segunda y última parte del gran trabajo intelectual realizado por Dagoberto Tejeda Ortiz. Particularmente celebro que se aborde con tanta honestidad el asunto de si el Vudú nuestro es una copia o derivación del haitiano; o si por el contrario procede directamente de las religiones africanas. En una ponencia nuestra, publicada hace varios meses en este blog, planteamos nuestra posición de que la religiosidad popular dominicana llega primero aquí. Dagoberto prefiere la cautela del investigador profesional al analizar el fenómeno. Veamos:

RELIGIOSIDAD POPULAR Y VUDÚ DOMINICANO.

Para poder comprender las expresiones espirituales, las creencias y las prácticas religiosas de las y de los dominicanos, es necesario, como en el caso haitiano, analizar, conocer su formación social, su composición étnica-cultural y su historia particular.

Como vimos anteriormente, la población indígena original de la isla, con todas sus expresiones singulares, tenía sus manifestaciones religiosas, las cuales fueron violentadas por las prácticas absolutistas y arbitrarias de los colonizadores y por los acontecimientos históricos de exterminio, razón por lo cual, estas no tuvieron trascendencia posterior en la formación de la religiosidad popular, aunque la presencia indígena está presente hoy en día con algunos caciques y cacicas, así como en la “División India” del Vudú Dominicano.

Toda la historiografía y la literatura tradicional sobre la colonización, ha mantenido la afirmación de la hegemonía y la homogeneidad del catolicismo-cristianismo entre los colonizadores en cuanto a la religión se refiere, olvidando o ignorando adrede las  creencias y las supersticiones que trajeron de una España medieval, en cuanto a las brujas, duendes, fantasmas, mal de ojo, ánimas, salida de los muertos, etc. y de un fanático comportamiento en cuanto a escapularios como resguardos, la ganancia de indulgencias para asegurar el cielo, la peregrinación a determinados santuarios en busca de ayuda y sanación, ciega devoción a santos y vírgenes protectoras, miedo morboso a un infierno inquisidor, a un diablo caricaturizado, la pertenencia en las cofradías y un temor permanente a los anatemas de los representantes de la Iglesia Católica, que eran los jueces de las conductas y de los comportamientos de los fieles y de los creyentes, y que todavía muchos quieren seguir manteniendo.

Cuando se habla de las creencias, la fe, y la espiritualidad del africano en nuestro medio, debemos de tener presente la diversidad de sus lugares de origen, cultura, religión y posteriormente, como protagonistas de un proceso sincrético creador, el cual se dio al interior de los propios esclavizados, ya que era costumbre misturarlos a la hora de la compra por parte de los amos, como mecanismo preventivo tratando de evitar las rebeliones.  Este proceso se dio también en el cimarronaje, cuando por necesidad y para poder sobrevivir, tenían  que intercambiar conocimientos y practicas culturales particulares, elaborando respuestas colectivas, que poco a poco se convirtieron en patrimonios comunitarios.

La espiritualidad del africano se fue fraguando como resultado, como respuesta y como propuesta de un proceso de resistencia y de creatividad, en la lucha por la vida, en la redefinición de su existencia y en el afianzamiento de su identidad.

Para comprender esta espiritualidad como producto religioso, histórico, al “Vudú Dominicano”, a la religiosidad popular, debemos de tener presente importantes datos y acontecimientos histórico-sociales en la formación de la sociedad dominicana.  Entre ellos tenemos:

a).- Los esclavos que llegaron a la parte española durante la trata negrera vinieron de diferentes lugares de África, con culturas, idiomas, religiones diferentes, que abarcaban gran parte de la costa desde Senegambia hasta el Congo, y varios lugares del interior de este inmenso continente.  Carlos Esteban Deive, el investigador que ha trabajado más profundamente los aspectos de la esclavitud entre nosotros, considera que los negros esclavos provenían de 133 tribus y 87 etnias, entre las cuales encontramos, Bran, Biaforos, Zapes, Mandinga, Manicongos, Congos, Wolofs, Ibo, Mango, Ararás, Lucumí, Mina.

b).- En la historiografía tradicional y en la enseñanza oficial de la historia dominicana, el cimarronaje ha sido un acontecimiento ignorado, marginado, inexistente, invisibilizado adrede, el cual ha sido resaltado y revalorizado por algunos investigadores, entre otros, por Carlos Esteban Deive, Rubén Silié, Carlos Larrazábal Blanco, Franklin Franco, Hugo Tolentino Dipp, Emilio Cordero Michel, Carlos Andujar Persinal , Fradique Lizardo, Frank Moya Pons, Geo Ripley, Darío Solano, Blas Jiménez, Lusitania Martínez  y Dagoberto Tejeda Ortiz.

Desde el punto de vista cultural y religioso, el cimarronaje es importante como proceso sincrético creador a nivel espiritual, responsable de integrar los elementos básicos de los diferentes grupos étnicos africanos  para sobrevivir en manieles que tuvieron muchos años de vida, cuando lo religioso daba respuestas existenciales, hizo posible el surgimiento de nuevas propuestas  inéditas, diferentes a las que existieron en África, a las que trajeron de su lugar de origen, pero que en su nuevo contexto se tornaron patrimonios colectivos, cuando cimarrones haitianos pasaron a la parte española, como en el caso que dio como resultado  la fundación del poblado de los Mina, en las cercanías de la ciudad de Santo Domingo o el Maniel de Neyba, dando como resultado proceso inéditos de espiritualidad.

Las manifestaciones del cimarronaje en términos generales, se fueron enriqueciendo e integrando, trascendiendo a los propios manieles, en un proceso transformador de criollización que al final se redefinió en las dimensiones de la dominicanidad, pasando a ser parte fundamental de nuestra identidad nacional.

c).- Durante el proceso de colonización, cuando la conversión de los indígenas y de los esclavizados africanos al catolicismo era más que una intencionalidad religiosa, era estrategia política para que al aceptar al Dios del colonizador, aceptaran al mismo tiempo al sistema social que los explotaba, en u proceso de búsqueda de legitimización, donde pareciera “natural”, bueno y beneficioso, mientras que el esclavizado buscó en este contexto, espacios de resistencia, afianzamiento, integración e identidad, que le posibilitara sobrevivir, sin renunciar a su cosmovisión y a su identidad.

En este sentido, los espacios más importantes, desde el punto de vista religioso-cultural, fueron el de la integración y participación en las cofradías, en las procesiones, así como posteriormente en el carnaval, cuando muchos elementos simbólicos y de contenido mágico-religiosos, de su cotidianidad, pasaron a ser integradas en esta manifestación cultural.

Las cofradías, para el investigador dominicano Emilio Rodríguez Demorizi, eran “congregaciones o hermandades de personas devotas reunidas para ejercitarse en obras de piedad y de devoción cristiana, existieron en Santo Domingo desde los tiempos de Ovando, por el 1503”.  Además de las manifestaciones religiosas, las cofradías -sigue diciendo- tenían una dimensión social humanitaria que posibilitaban “averiguar y socorrer a los huérfanos y desvalidos o pobres desamparados, y socorrerse así mismos, en casos de enfermedad o de muerte”.

La primera de ellas, localizada documentalmente, fue “la cofradía de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora”, establecida en el 1503 en la ciudad de Santo Domingo, la cual funcionaba en la iglesia de San Nicolás de Bari, compuesta por las más distinguidas personas de la ciudad.

La composición fue variando y se fue particularizando en muchos casos.  Algunas cofradías, estaban integradas únicamente por españoles, otras por negros de diferentes étnicas, como en el caso de la Cofradía de Nuestra Sra. de la Candelaria, donde habían mandinga y biaforos, junto con españoles.

Habían cofradías que funcionan en base a la presencia de grupos africanos particulares, como es el caso, en la ciudad de Santo Domingo, de negros zapes, en la Cofradía de Santa María Magdalena o en la cofradía de San Cosme y San Damián, compuesta únicamente por negros ararás.

Estas cofradías funcionaban en diferentes templos católicos y posteriormente en sedes particulares, localizadas en diversos pueblos y villas de la isla.  Habían cofradías en La Vega, Santiago, Dajabón, Cotuí, Montecristi, Baní, la cuidad de Santo Domingo, Hincha, Bánica, Bayaguana, El Seibo, Esperanza, Hato Mayor, La Victoria, Los Llanos y Santo Cerro, de acuerdo con un inventario realizado por Demorizi, así como en otros lugares a nivel rural y urbano, no reportadas documentalmente.

Hoy, tenemos varias de ellas, como por ejemplo, la Cofradía del  Espíritu Santo en Cotuí y San Juan de la Maguana, la del Santo Cristo de Bayaguana, la de San Juan Bautista en Baní, así como la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella, que ha trascendido al contexto nacional, del Caribe y de América, porque ha sido declarada por la UNESCO en el 2001 como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

En gran parte de estas cofradías, los negros consiguieron espacios de resistencia, legitimización, integración e identidad, tal como vimos en algunos casos, camuflados con otros sectores, compartiendo actividades religiosas y sociales, siendo los protagonistas, lo cual les permitió la sobrevivencia, la permanencia y el afianzamiento de sus creencias  y manifestaciones culturales, en un secretismo creador.

En las celebraciones de las fiestas patronales y en las procesiones religiosas, en algunas tan solemnes como la procesión de Corpus Chisti, a través de las cofradías, los negros participaban con sus trajes, máscaras, cantos y danzas, tal como lo confirman Doña Flérida de Nolasco, Fray Cipriano de Utrera y Manuel Mañón de Jesús Arrendo, en lo que el antropólogo cubano Joel James ha llamado expresiones de un protocarnaval.

Algunas de las manifestaciones mágico-religiosas que sobrevivieron a través del tiempo, herencia africana, fueron incorporadas posteriormente al espacio del carnaval por los afrodescendientes como mecanismos de reinterpretación, afianzamiento, resistencia, integración e identidad.

d).- Por una serie de razones geopolíticas y antropológicas Haití ocupo la parte occidental de la isla, pasando la antigua parte española a ser parte de la misma, desde 1822 a 1844, cuando fue proclamada la Independencia Dominicana.  A pesar de que este acontecimiento ha sido profundamente traumático para ambos países desde entonces hasta hoy, ha sido el periodo histórico menos estudiado objetivamente, extremadamente distorsionado, increíblemente prejuiciado por parte de los historiadores de ambas naciones, a pesar del profundo impacto  y las transformaciones que se produjeron, sobre todo en las áreas de cultura popular y de espiritualidad.

Es increíble como los investigadores dominicanos hemos querido estudiar nuestras expresiones, nuestras creencias, nuestra identidad ignorando lo que ocurrió en este período. En un acto de honestidad intelectual, pienso que hemos sido tímidos, cobardes y cómplices de esta trama ideológica, discriminadora y racista, de esta conspiración histórica de silencio y de difamación, difundido por la escuela, los medios de comunicación social, los intelectuales y políticos trasnochados, al servicio de las élites y del sistema social vigente.

Basta con detenernos en la ruptura de los controles e impedimentos existentes que implicó la realización de velaciones, nochevelas, cabo de año, bancos, realizaciones públicas de rituales, ceremonias y celebraciones, así como la existencia de centros ceremoniales, altares, permisiones de expresiones públicas de la existencia de brujos, curanderos y Servidores de Misterios, durante la ocupación haitiana.

En este período es importante destacar la llegada de negros libertos norteamericanos en Samaná en 1822, con expresiones culturales, herencias africanas, sincretizadas con las norteamericanas, que se repensaron con la cultura criolla y elementos haitianos, en un contexto nuevo para ellos.

Estos negros pobres, que llegaron a Samaná, con reminiscencias, creencias y prácticas religiosas africanas, que habían sido sincretizadas con las religiones protestantes, dieron como resultado  una espiritualidad que se expresaba en sus prácticas religiosas, en su música, sus danzas, y su visión del mundo, sobre la vida y la muerte.  El bamboulá, donde incluso se integraron elementos religiosos católicos y de vudú, así como a “fiesta de la cosecha”, son testimonios y sobrevivencias de este extraordinario proceso creador, inédito, convertido en enclave, dentro de la cultura dominicana de Samaná.  Este proceso sincrético fue único, rico, muy amplio, donde incluso se originaron elementos lingüísticos particulares, conocidos como “samanes”, perseguido por Trujillo, pero mantenido clandestinamente por el pueblo, hoy casi en extinción.

e).- En los inicios del mil novecientos, cuando se traslada el desarrollo y el auge de la industria azucarera para la Región Este del país, como resultado de la necesidad de mano de obras para su desarrollo, llegaron obreros de las islas inglesas del Caribe a trabajar a San Pedro de Macorís y a La Romana, los cuales fueron bautizados a nivel popular, con una connotación  despectiva, de “Cocolos”.

Eran negros, como los que llegaron anteriormente a Samaná, portadores de una herencia étnica-cultural africana, pero practicantes protestantes y con vivencias culturales colonizadas inglesas, los cuales para sobrevivir y adaptarse al medio, elaboraron espacios culturales, incluso con conciencia libertaria de identidad en función de sus ancestros, donde su espiritualidad, era coherente con su visión del mundo, de la naturaleza, de la vida y de la muerte, donde su cultura, con su música, sus danzas y sobre todo con sus representaciones artísticas, en un épico teatro callejero, popular, con temas bíblicos, pero con contenido ideológico, político, social, definían un rico proceso de creatividad para la sobrevivencia y la identidad.

Las expresiones culturales de estos negros han sido tan extraordinariamente trascendente, que la cofradía de los Congos de Villa Mellas, en el 2001, fue declarada por la UNESCO como patrimonio oral e intangible de la humanidad, al igual que el teatro danzante de los Cocolos de San Pedro de Macorís en el 2003. Posibilitando que nuestro país se convirtiera en el tercero de América y sexto del mundo, que obtiene esta doble distinción. Para ironía del destino, esto lo logran dos manifestaciones de herencia africana, donde es fundamental la religiosidad popular.

f.- El surgimiento de  un Mesías, que muestre poderes sobrenaturales y haber sido elegido por Dios, prometiendo transformaciones sociales, un mundo diferente al existente, de igualdad, amor y libertad, donde desaparezca el hambre, la miseria, la discriminación y la explotación, originará un movimiento mesiánico, el cual aparecerá cíclicamente y cuyo desarrollo conllevará a un enfrentamiento o a una asimilación con el sistema social vigente.

En la República Dominicana, durante la primera ocupación norteamericana (1916-1924), tenemos el caso trascendente de Liborio Mateo, un campesino, sacerdote popular, Servidor de Misterios, con sede en San Juan de la Maguana, en el Suroeste del país, con conciencia antiimperialista,  patriótica, proclamador de la igualdad, luchador de la justicia y amante de la paz, enemigo de la explotación y la discriminación, seguido por cientos de personas, fue asesinado por los marinos norteamericanos cuando sus predicas y acciones se tornaron “subversivas” y peligrosas para la estabilidad del imperio interventor.

Este movimiento mesiánico, cimarrón, expresión de la espiritualidad, trascendió a la ocupación norteamericana, al período Trujillista, y todavía hoy está vigente en la Región Suroeste, siendo Liborio Mateo, el personaje, presente a nivel nacional más importante de la religiosidad popular del siglo XX en el país.

En esa misma época de la ocupación norteamericana, se originó  entre Baní y San Cristóbal, también en el Suroeste del país, un movimiento mesiánico abortado, liderado por una mujer singular, Bibiana de la Rosa, presente todavía entre sus seguidores, cuya iglesia hoy renovada, es un centro permanente de peregrinación de la región.

Inmediatamente posterior al ajusticiamiento del dictador Trujillo, fundamentado en la figura y la dimensión mesiánica de Liborio Mateo, se originó en las cercanías de Las Matas de Farfán, en la Provincia de San Juan de la Maguana, también en el Suroeste, el “Movimiento Mesiánico de Palma Sola”, liderado por los Mellizos, el cual fue masacrado, en un ignominioso genocidio por las fuerzas represivas del sistema social vigente, donde sus responsables quedaron escondidos en la vergüenza de la impunidad.

En los tres casos, es fundamental que los comportamientos colectivos eran coherentes con las dimensiones de una visión del mundo, fundamentada en una religiosidad popular, que a pesar de la desaparición de sus líderes máximos y fundadores, todavía están vigentes, convencidos de su ayuda y esperando su regreso.  Eso implica, que estos personajes son centrales en su cosmovisión, considerados por ellos como protectores y que por lo tanto, otros seres sobrenaturales, pasan en su óptica a un segundo plano, variable que redefine las dimensiones del Vudú y que amplían el marco de la religiosidad popular dominicana.

g).- De manera particular, la necesidad de mano de obra para la industria azucarera trujillista, en sus últimas fases, racionalizó la presencia de haitianos, los cuales eran controlados, cosa que desapareció a la caída de la dictadura, cuando la trata de obreros haitianos se convirtió en un negocio para el sector público y privado, ampliándose cuando al terminar la zafra de la caña se trasladaban a los trabajadores a los campos agrícolas, las haciendas de café y posteriormente a la industria de la construcción en las principales ciudades del país.

Para algunos investigadores, la presencia de miles de haitianos, muchos de ellos con residencia permanente en el país, posibilitó el desarrollo de un Vudú hegemónicamente en base al modelo haitiano, pero que poco a poco, en la medida en que se fueron dando generaciones nacidos en el país y el intercambio con los dominicanos, fue criollizando una particular modalidad de esta expresión religiosa, que se fue enriqueciendo con el vudú haitiano, que ha sido definida como “Vudú dominicano”, estudiado, entre otros investigadores (as) por la antropóloga June Rosemberg, Fradique Lizardo, Martha  Ellen Davis, Carlos Andujar Persinal, Patín Veloz, Manuel Mario Miniño, José Francisco Alegría, Soraya Aracena, Julio Encarnación, Dagoberto Tejeda Ortiz y Geo Ripley.

Para otros, el Vudú traído por los haitianos, encontró  aquí una expresión paralela, donde se intercambiaron, se transformó, se enriqueció, en un proceso de criollización, redefiniendo este Vudú dominicano original.

Los haitianos que llegaron a trabajar a los bateyes, trajeron otros manifestaciones culturales y en este contexto, con limitadas expresiones festivas colectivas, sin estructuras institucionales comunitarias, inestables, posibilitaron también, como respuesta de sobrevivencia, el surgimiento de una estructura religiosa-espiritual permanente, de expresiones artísticas-culturales-sociales, que se explicitan públicamente al final de la Semana Santa, con el nombre de Gagá de herencia africana, el cual se ha ido criollizandose y convirtiendo en un “Gagá dominicano”, como lo demuestran los trabajos de June Rosemberg, José Francisco Alegría, Soraya Aracena, Fradique Lizardo, Carlos Andujar y Dagoberto Tejeda Ortiz.

Existen otras modalidades de Gagá en el país, como ha reportado el profesor José Castillo Méndez y el antropólogo Julio Encarnación en Polo, Barahona, en honor de DambalahMéndez y el antropólogo Julio Encarnación en Polo, Barahona, en honor de Dambalah, al igual que las manifestaciones que se realizan en Elías Piña, en un impresionante Gagá teatralizado, diferente al Gagá del batey y del de Polo, que contiene elementos comunes, pero que tiene sus particularidades de Gagá como lo han reportado Luís Minier, Dagoberto Tejeda Ortiz y José Castillo Méndez, las cuales estas dos últimas son pocos conocidas y menos estudiadas.

De todas maneras, tanto las expresiones del vudú de los bateyes, como las manifestaciones de Gagá a partir del proceso de criollización, diversifican, pluralizan el espectro de la religiosidad popular dominicana, haciéndola más amplia, diversa, rica, sincrética y con mayor identidad nacional.

h).- La popularización de la religión católica, que se mezcla con la religiosidad popular, redimensiona la cosmovisión de los creyentes, en la práctica de actividades religiosas en el contexto oficial de la religión católica, expropiada por el pueblo, como son las fiestas patronales y peregrinaciones a la Basílica de Higüey, al cerro de San Francisco, en Bánica; el Santuario de la San Martín de Porres, en las Tablas de Baní; la iglesia de las Mercedes, en Santo Cerro, La Vega.

Así mismo, la Virgen de la Piedra, en Nagua; la iglesia del Santo Cristo de Bayaguana, en Bayaguana; la ermita de San Gregorio, en Nigua; la Iglesia de las Maravillas, en Jibaná, San Cristóbal; la iglesia de Sabana Grande de Boyá, en Boyá; la ermita de Santa Elupina, en Sabana de la Mar; la agüita de Liborio y el santuario de Liborio, en San Juan de la Maguana; la iglesia de Bibiana de la Rosa, en Mana, San  Cristóbal; la Chorcha de Samaná, sobre todo en la celebración de la “Fiesta de la Cosecha”, el último domingo de octubre.

La fiesta de la Dolorita, el jueves antes de la Semana Santa; la fiesta del Espíritu Santo en el Batey, San Juan de la Maguana, Cotuí y en Villa Mella, así como la festividad de San Miguel, San Santiago, San Carlos Borromeo, Santa Ana, San Antonio, San Rafael, entre otras, que posibilitan una diversidad de respuestas religiosas y espirituales, que van más allá del vudú.

De esta manera, diferente a Haití, donde el Vudú, es la religión popular, en Dominicana, hay una convergencia de acontecimientos sociales-culturales-religiosos-políticos, donde el vudú, incluso el “Vudú Dominicano” es una de las expresiones, de las variables, que conforman a la religiosidad popular.  En nuestro medio, la religiosidad popular, es una respuesta y una propuesta espiritual más amplia, recreada, inédita y diversa que el “Vudú Haitiano”. 

Cuando hablamos de religiosidad popular, estamos contemplando las diferentes modalidades, como resultado de la convergencia de diversas expresiones, que no son contradictorias y que están integradas como totalidad, en la cosmovisión, la fe y las prácticas de los creyentes.  La diversidad y no la homogeneidad, es la definición y la caracterización de la identidad.

Por ejemplo, Rochi, Servidor de Misterios de Baní, excelente ser humano, realiza periódicamente una “fiesta “ a San Miguel o Ana Isa a casa llena, al tiempo que lo buscan como rezador o coordinador de una festividad de “Misterios”.  Durante el año, organiza caravanas de peregrinación para el Cerro de San Francisco en Bánica, el santuario de San Martín de Porres, en Las Tablas, Baní, en la iglesia del Santo Cristo de Bayaguana, para la Basílica de Higüey, para la iglesia de Bibiana de la Rosa en Mana, San Cristóbal.

Es miembro de la cofradía de San Juan Bautista, participa de las fiestas de la Sarandunga de Baní, es decorador de actividades religiosas y de espectáculos artísticos-religiosos, siendo el personaje central del carnaval banilejo, reconocido a nivel nacional e internacional como el Robalagallina de los Misterios. 

Gracias al amplio espectro de la religiosidad popular, el puede participar en actividades, incluso como protagonista del Vudú Dominicano, como Servidor de Misterios, organizador de peregrinaciones y participante como miembro de la Cofradía de San Juan Bautista, además de personajes y Jefe de la Comparsa de Robalagallina del carnaval banilejo.

De todas maneras, nos ha faltado la visión y el coraje intelectual, académico y científico para la realización de un proceso de discusión y de investigación entre investigadores haitianos y dominicanos sobre el vudú, incluso ha faltado la continuidad y la conclusión de una iniciativa tridimensional, iniciada por la Casa del Caribe de Santiago de Cuba y el Instituto Dominicano de Folklore, que incluye un estudio comparativo del vudú en Cuba, Haití y en Dominicana, para darle así una dimensión caribeña, a esta expresión de nuestra espiritualidad.

Nos ha faltado sinceridad honestidad intelectual para profundizar sobre los verdaderos  orígenes del vudú.  Han prevalecido los prejuicios.  Porque muy complacientemente, condicionados por la literatura universal, hemos aceptado y difundido de alguna manera “que el vudú tiene su origen en África, que llegó a Haití y desde allí a Dominicana, arrastrando todo el supuesto atraso, la ignorancia, el salvajismo y el oscurantismo de las selvas africanas”.

Como los intereses imperialistas, franceses y norteamericanos, fueron afectados y sus acciones colonizadoras de saqueo y explotación se fundamentaban en demostrar que esto era verdad, que los haitianos vivían en el nivel salvaje más increíble, presos a las tinieblas, a las barbaridades oscurantistas y vergonzosas más depravantes, en sus fases primitivas y que gracias a la acción humanistas de ellos superarían esta situación y entrarían definitivamente a la civilización y al progreso, cosa que después de saquear por años a Haití no ha sido posible, porque todo ha sido un fraude, una vil mentira, que hoy con mucha tristeza podemos ver que es el país más pobre del Caribe, de América y del hemisferio occidental.

Para justificar sus actividades en contra del vudú, los imperialistas, contando con la ayuda, como vimos anteriormente, de la iglesia católica, en su campaña antisupersticiosa, de carácter inquisidora medieval y fascista, orquestaron durante años una campaña de mala fe, racista, discriminadora, en la que se planteaba que el atraso de Haití, era responsabilidad de su origen africano y sobre todo, del vudú, culto diabólico, degradante a la dignidad humana, vergüenza para occidente y el mundo civilizado.

Por esa razón, los investigadores e intelectuales tradicionales dominicanos, dependientes, alienados y colonizados, con pocas excepciones, han planteado siempre que el vudú que aparece en Dominicana viene de Haití y han negado enfáticamente que exista un “Vudú Dominicano”, ya que el vudú es un símbolo de atraso y salvajismo y que en Dominicana, según sus criterios, no existen manifestaciones importantes de la cultura africana, sino española.

A pesar de que el investigador Carlos Esteban Deive plantea que “En realidad, está todavía por demostrarse, de manera categórica, que el vudú dominicano es un simple calco del haitiano, y no sería vano empeño tratar de averiguarse, efectivamente, si procede de la porción occidental de la isla o si, por el contrario, constituye una tradición paralela cuyos balbuceos iníciales hay que buscarlos también a partir del periodo de su formación, en el siglo XVIII."

Esta invitación a la investigación histórica-antropológica realmente no se ha realizado, está pendiente como un desafío, que tarde o temprano tendremos que enfrentar de manera objetiva.

En este sentido, el más valiente de todos nosotros, ha sido el folklorista Fradique Lizardo quien afirmó: “El hecho de que a nuestro territorio llegaron esclavos africanos con sus creencias religiosas mucho antes de la existencia de la colonia francesa de Saint Domingue  y por supuesto del nacimiento de la nación haitiana, echa por tierra la afirmación de que el vudú arribara a nuestro país procedente de Haití."

En este sentido es interesante, que la expresión más fuerte en el vudú haitiano, la División Petró, para algunos investigadores haitianos  tiene su origen en el lado Dominicano con Don Pedro.  Incluso, Peñolguín, Monclús y Manuel Tomás Rodríguez afirman, que para muchos haitianos, los brujos dominicanos “son más fuertes y tienen más poder que los haitianos”, cosa que también piensan algunos dominicanos de los brujos haitianos.

Yo creo que las líneas divisorias entre Haití y Dominicana, han tenido siempre un contenido fundamentalmente geográfico-político y que en sus primeras fases no existían y eran un mismo territorio, que posteriormente fueron conformando formaciones sociales diferentes, pero basadas ambas en la explotación colonial de la industria azucarera, como consecuencia de una presencia imperialista, con grupos étnicos-culturales  provenientes de África, en interacción permanente, conformándose respuestas con elementos comunes y particulares, que definieron sus identidades.

Haciendo una ruptura con la visión alienada y colonizada de nuestros intelectuales e investigadores, Enrique C. Henríquez, Carlos Esteban Deive, June Rosemberg, Martha Ellen Davis, Fradique Lizardo, Geo Ripley, José Francisco Alegría, Soraya Aracena, Dagoberto Tejeda y Carlos Andujar, han planteado y sostenido la existencia de un “Vudú Dominicano”, fundamentado en las tradiciones religiosas de los grupos fon de Dahomey y Yoruba de Nigeria, que tienen elementos comunes y elementos particulares con el Vudú Haitiano, con modalidades rurales, urbanas y de los bateyes.

A pesar de su existencia, algunos intelectuales e investigadores dominicanos todavía se ponen de acuerdo en cuanto a su denominación para identificar a esta expresión religiosa, donde algunos llaman de “religión de luases”, donde el antropólogo Luciano Castillo define como “Maní”, en alusión a un símbolo central ceremonial del vudú y donde el psiquiatra Abelardo Jiménez Lambertus prefiere identificarlo como “Vudú variedad oriental”, y que nosotros, junto con otros investigadores, a este vudú dominicano, lo colocamos como parte integrante de la religiosidad popular dominicana.

Sea cual sea el nombre, sea una expresión traída por los haitianos durante la ocupación del 1822-24, sea traída por los africanos o desarrollada en procesos paralelos entre Haití y Dominicana, lo cierto es que hay una manifestación popular religiosa en la República Dominicana, que tiene elementos comunes y aspectos particulares con el vudú haitiano, con su propia identidad, que hemos llamado de “Vudú Dominicano”, el cual es parte de nuestra cultura, de nuestra identidad y de nuestra espiritualidad. 


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