Por Giovanny Cruz Durán.
La investigación histórica sobre el teatro independentista dominicano ha experimentado un renovado interés en los últimos años, particularmente en torno a las figuras de José Ferrer y Cecilia Baranis, quienes desempeñaron un rol estelar en las representaciones de “La Dramática”, la iniciativa creada por Juan Pablo Duarte y los Trinitarios para difundir el ideario independentista a través de la actividad escénica.
El hallazgo inicial
En mis investigaciones iniciales, publicadas en 2013 y consolidadas en conferencias dictadas entonces, tanto en República Dominicana como en Barcelona, identifiqué a estos actores como figuras de prestigio que colaboraron con el movimiento trinitario de Juan Pablo Duarte. Los documentos de la época, particularmente las crónicas teatrales venezolanas y colombianas (citadas en el ensayo) los presentaban como actores de filiación venezolana, consolidados profesionalmente en Caracas desde al menos 1828. La evidencia documental incluía:
* La referencia del cronista del periódico venezolano “El Liberal” (25 de julio de 1837), quien les atribuía "el inicio de la actividad teatral" profesional en Caracas, reconociendo que gracias a ellos "el público comenzó a interesarse por el teatro cuando vio actores que procuraban imitar los personajes que representaban, y que realmente los caracterizaban con alguna propiedad" [1].
* El registro de la “Ojeada histórico-crítica a la literatura colombiana” (capítulo XX), que documenta que en abril de 1841 se organizó en Bogotá una compañía dirigida por José Ferrer, que incluía a "Cecilia Baranis, primera dama, y el joven José Basa Cáceres" [2].
* La mención de Mariano Lebrón Saviñón en “Heroísmo e identidad”, quien los sitúa junto a Antonia Valdez como beneficiarios de funciones especiales vinculadas al movimiento independentista.
Nuevas hipótesis y perspectivas
Posteriormente, el investigador venezolano Oscar Acosta ha planteado una hipótesis que ayuda al debate académico: sugiere que tanto Ferrer como Baranis pudieron haber nacido en Cuba, desarrollando luego su carrera en Venezuela antes de expandirse por el Caribe. Este investigador sostiene que "como nativos de Cuba aparecen en varios documentos" y que en esa isla "desarrollaron la etapa inicial de su carrera".
Si bien esta afirmación carece hasta la fecha de la presentación pública de documentos primarios irrefutables (como partidas de nacimiento o bautismo cubanas), no puede descartarse por principio. De hecho, existe evidencia hemerográfica que sugiere la movilidad de la compañía entre islas caribeñas. Un registro de la “Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña” menciona una función en la que participaron "la primera dama doña Cecilia Varani [variante tipográfica de Baranis] y el actor don José Ferrer, pertenecientes a otra compañía llegada de Cuba" [3]. También hay referencia de ella en la “Gaceta de Puerto Rico” de 1825, que indican ya tenía un nivel profesional consolidado. Igual hay evidencia de giras suyas en Barcelona y Valencia.
Una síntesis posible
La aparente contradicción entre las fuentes venezolanas y colombianas (que los presentan como actores venezolanos) y la hipótesis nueva del origen cubano, puede resolverse mediante el concepto de "identidad histórica operativa". En el siglo XIX, la nacionalidad de un artista itinerante no se definía exclusivamente por su lugar de nacimiento, sino por el territorio donde ejercía su magisterio, consolidaba su prestigio y dejaba su huella institucional.
Es plausible que Ferrer y Baranis hubieran nacido o recibido formación inicial en Cuba, arribando a Venezuela alrededor de 1826-1828 (en mi conferencia-ensayo presento el dato de que varios años antes de integrarse a las producciones de “La Dramática”, ya se presentaban en Cuba).
Sin embargo, para 1837 ya habían sido adoptados por la sociedad venezolana como los fundadores del teatro profesional local, y para 1841 las crónicas colombianas los registraban como una compañía de arraigo venezolano en gira continental.
Esta trayectoria transnacional no solo no contradice su rol en “La Dramática” dominicana, sino que lo enriquece. Los sitúa como agentes clave del dinamismo teatral caribeño que alimentó los ideales independentistas de la región, aprovechando las redes de solidaridad entre los movimientos libertarios de Venezuela, República Dominicana y otras naciones hermanas.
El valor del debate académico
La controversia surgida en torno a estos actores demuestra la vitalidad de la investigación histórica. Lejos de debilitar los hallazgos iniciales y posteriores, el debate ha permitido profundizar en el contexto caribeño de estas figuras y comprender mejor la movilidad de las compañías teatrales en el siglo XIX.
Para la época en la cual situamos a esta actriz, no existía otra persona con su apellido en toda Cuba. Se menciona que la Baranis era de Santiago de Cuba; pero las búsquedas en censos, padrones eclesiásticos y archivos coloniales de la isla no arrojan ningún resultado que lo avale. Esta ausencia total de rastro genealógico es la principal razón, supongo, por la cual se han planteado dos hipótesis:
* Que se trataba de una familia de inmigrantes (probablemente de origen italiano, dado la morfología del apellido).
* Que "Baranis" fuera en realidad un nombre artístico o seudónimo escénico, una práctica extremadamente común entre los actores del siglo XIX para adoptar nombres que sonaran más exóticos o elegantes ante el público.
Es imperativo reconocer que toda hipótesis que se sustente en documentos verificables merece ser considerada, independientemente de su origen. La historiografía avanza cuando los investigadores comparten hallazgos con rigor y transparencia, sometiendo las conclusiones al escrutinio de la comunidad académica. En el caso de la Baranis, aunque me parece muy interesante su origen caribeño, todavía está la tarea pendiente de más comprobaciones documentales.
El legado de José Ferrer y Cecilia Baranis en el teatro revolucionario dominicano permanece como un testimonio del poder del arte para despertar conciencias y forjar naciones. Su historia, ahora más compleja y matizada gracias al debate académico, nos recuerda que la independencia dominicana no fue un fenómeno aislado, sino parte de un movimiento continental que encontró en el teatro una herramienta poderosa de concienciación política.
Notas:
[1] Leonardo Azparren Giménez, “Teatro en Venezuela: ensayos históricos” (1997), cita la crónica de “El Liberal” del 25 de julio de 1837.
[2] “Ojeada histórico-crítica a la literatura colombiana”, capítulo XX, sobre las representaciones teatrales de abril de 1841.
[3] “Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña”, serie I, números 76-77.

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