domingo, 14 de agosto de 2016

Historia de una fría

Historia de Una Fría
Por José del Castillo


Hillary en Puerto Rico disfruta de una fría

Nuestro querido y admirado amigo José del Castillo, es  uno de los intelectuales dominicanos de mayor prestigio y solidez cultural. Ha publicado un muy refrescante e ilustrador artículo titulado “Historia de una fría”. Por supuesto que todos sus artículos (prácticamente ensayos) constituyen una tarea obligada para quien suscribe. No obstante, este tiene una connotación especial para el “Bohemiato Dominicano" (similar al "Bohemiato de Sión"), en el cual me incluyo. Por esto he decidido publicarlo (sin autorización alguna) en La Pasión Cultural. Recomiendo leerlo luego de ir a un colmado y pedir una cerveza al mejor estilo dominicano: ¡Dame un Presidente ahí…! 
El primer intento por fundar una industria cervecera en el país fraguó a finales del s.XIX, con la New Jersey San Domingo Brewing Company. En 1890 el presidente Heureaux concedió derecho a Simon J. Flatow para establecer “una fábrica de cerveza, hielo y envases”, ratificado dos años después como “privilegio exclusivo” para la cerveza. Un grabado de 1893 muestra la fachada de la que fuera conocida como “La Cervecería”, ubicada en la calle La Misericordia, hoy Arz. Portes.

En La Sangre, ambientada en los 90, Cestero alude al consumo desbordado de cerveza en fandangos extramuros en los que se solazan “la juventud elegante y los funcionarios del gobierno”. En una boda se brinda “el vaso de cerveza espumosa” y el oficial civil “llena el pañuelo con un par de botellas de cerveza y un gran pedazo de pudín”. Tras una revolución, “Antonio rehúsa la botella de cerveza fría con que le invita un correligionario”. En el Teatro La Republicana, los muchachos de la cantina destapan botellas y corren de un lado a otro llevando bandejas con cerveza y dulces a los palcos”.

En 1896 el periódico El Teléfono publicó un cliché promocional de la Cerveza Nacional: “Ninguna cerveza la supera, y es la que tiene mayor expendio en toda la República y países vecinos, debido a las materias primas que en su fabricación se emplean”. Firmado por William J. Orr, Administrador Judicial, y J. de Lemos, Agente general. Otro aviso exhortaba a guardar las cajas vacías para su recompra por la fábrica. Finalmente, la empresa sucumbió ante las adversidades. A la muerte de Lilís en 1899, en el inventario de sus bienes figuraban 100 acciones de la compañía.

En 1901 un informe consular sobre el intercambio entre Alemania y el país indicaba que el tabaco y el cacao encabezaban nuestras exportaciones, mientras la cerveza embotellada era el segundo renglón de importación. En las dos primeras décadas del s. XX, consumíamos las marcas germanas Beck’s, St. Pauli Girl –mercadeada como Niña-, Daisy, Holsten y el emblemático extracto de malta Löwenbräu. En la capital se distribuían las norteamericanas Pabst  Blue Ribbon y la malta Nutrine de Anheuser-Busch. La danesa Viking tenía representantes en el interior, en tanto se publicitaban marcas alemanas castellanizadas: Machete y Boya, una pílsener envasada en Bremen.

Para entonces, las fábricas locales de ron y licores se habían generalizado. No sólo se trataba de Brugal y Bermúdez, en varias urbes operaban alambiques. En Santo Domingo Nicanor Martínez elaboraba los rones 69 y Estrella, así como licores de cajuil, piña y naranja. Font Gamundi, en La Vega, producía los rones Non Plus Ultra y Dos Negritos, ginebra y anisado.

Un giro se verificó en 1929 cuando el empresario newyorkino Charles H. Wanzer, junto a socios americanos y dominicanos, fundó la Cervecería Nacional Dominicana (CND) con un capital de US$350 mil. Administrada por el estadounidense H.B. Senior, contaba con el maestro cervecero alemán Henry C. Gronau, un veterano con experiencia previa en Puerto Rico en la Cervecería Palma Real. Sus productos pioneros fueron las cervezas Colón (1930), Reina (1931) y Maltina Reina, formuladas por Gronau. Con volumen de 500 mil litros al año, para un consumo per cápita de 0.4 litros.

En 1930 un anuncio a toda página en Listín Diario llamaba a brindar “por la bebida perfecta”, identificando a la cerveza Colón como “una bebida pura y deliciosa a la vez que salutífera”. Además, “estimulante, aperitiva, refrescante, vigorizadora” –casi una Viagra refrigerada. Otra promoción la presentaba como “la bebida nacional”, elaborada “por un procedimiento secreto cuya fórmula nos pertenece, exclusivamente –madurada y sazonada en pipas de madera”. Se vendía en botella, para consumo en el hogar, y en barricas, detallándose “por vasos en los buenos cafés”.

Esta campaña, ilustrada con alegres y traviesos duendes cerveceros, hizo que algunas marcas extranjeras consumidas en el país replicaran reforzando su publicidad, tales los casos de las cubanas Tropical y Cristal Palatino.

A mediados del 31, CND anunció la salida de la cerveza Reina, “absolutamente pasteurizada”, designándola “el champagne de todas las cervezas”. En 1935, otra campaña empleaba a una joven en traje de Arlequín que resaltaba la pureza de sus ingredientes: “hecha de malta de Pilsen legítima y de lúpulo checoeslovaco genuino, sin esencias artificiales ni preservativos añadidos”. Para la época, la empresa promovía en conjunto a Colón y Reina, no sólo por el atractivo precio y su manufactura nacional, sino por la calidad “inmejorable”.

A mitad de 1935, CND, administrada por C.K. Schmidt y teniendo como maestro cervecero al joven Henry William Gronau, conocido como Jaime e hijo del anterior Gronau, lanzó al mercado una nueva cerveza, Presidente Especial. Cuatro años más tarde introdujo su extracto de malta Corona como bebida nutritiva y refrescante, siendo promovida junto a Maltina Reina por su poder vigorizante.

Para el Centenario de la República, en 1944, hizo su entrada triunfal Presidente Especial De Luxe, que alcanzó mayor aceptación. Una sobria publicidad mostraba su elegante botella siendo destapada por una mano masculina, ante una copa cervecera sostenida por otra de mujer, en un sugestivo “Intermezzo”. En los 50, se rediseñó la etiqueta desapareciendo el adjetivo Especial y cambiándose la tipografía. Se vendía a 45 centavos la botella y a 25 la media de 12 onzas.

Al iniciar los 40 la producción se había duplicado llegando a más de 1 millón de litros. Cerrando la década, esta cifra se sextuplicó, 6.7 millones en 1949. El consumo per cápita se situó en 3 litros. Indicadores elocuentes del impacto imparable que tuvo Presidente desde sus comienzos, hasta nuestros días en que su liderazgo ha permanecido incólume, ganando merecido prestigio internacional.

Los primeros 30 años de la CND transcurrieron bajo la dictadura de Trujillo. Como sucediera con otros negocios lucrativos, el dictador también incursionó en 1949 en el cervecero a través de la recién creada Sociedad Cervecera Antillana, fundada por Jaime Gronau con socios puertorriqueños y dominicanos. Que lanzó al mercado las marcas La Dominicana y Cibao, de sabores más suaves que la más amarga Presidente, obteniendo relativo éxito inicial entre los consumidores. Otro producto introducido en 1952 fue Pílsener, como último caballo de batalla.

Aún apelando a prácticas desleales de comercio –como presiones en la red de distribución a través del caliesaje-, la nueva empresa no pudo competir con la CND a mediano plazo, en cuanto a tecnología, calidad, precios y preferencia del público.

En la rica rumorología de la Era se afirma que Trujillo, quien había fijado su residencia en la llamada Estancia Ramfis, anterior propiedad del banquero y empresario azucarero Santiago Michelena y actual sede de la Cancillería, solía quejarse por tener enfrente las instalaciones originales de la Cervecería Nacional Dominicana. Alegando molestias ocasionadas por el ruido de las botellas en la línea de producción y el humo generado por las calderas, habría presionado para forzar el traslado de la fábrica.

Lo cierto es que este episodio de competencia se cerró en 1952, con la adquisición de la Cervecera Antillana por parte de la CND. La cual aprovechó las facilidades físicas y maquinarias de aquella, incorporando a su portafolio la marca Malta Morena, registrada por la empresa asimilada. Quedando Trujillo como accionista de la CND. Reinando Presidente, la Fría, por 81 años.



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