jueves, 28 de julio de 2011

En el umbral del subconsciente.


Tal y como ya he informado estoy construyendo un personaje para la excelente obra teatral «Master Class»; de Terrence McNally. Dicha obra, dirigida por Carlos Espinal, es estelarizada por Cecilia García.

Carlos Espinal en «Drácula»
En un momento del demandante ensayo de ayer, Carlos Espinal, instruía al cantante lírico, y ahora también actor, Nelson Veras, sobre la actitud que debe asumir el intérprete teatral con el personaje. Por supuesto que al suscrito no sorprende que Carlos trabaje en los ensayos con absoluto rigor teatral. A todos mis ex discípulos, y luego colegas, he entrenado sobre la base de un teatro realmente académico. (No siempre en una aula teatral se imparten clases con esa categoría).

Uno de los aspectos fundamentales para lograr construir un buen personaje, ocurre en los llamados «ensayos de mesa». El albañil, igual que el actor auténticamente profesional, pondrá empeño cuando cava las rústicas zapatas. Igual que en el proceso de construcción de un edifico, el personaje se derrumbará estrepitosamente si no se cuidan las zanjas y los primeros bloques que allí se pongan.

Con los años que me visten diariamente me he vuelto, creo, más sabio y mucho más exigente. Por esto veo defectos terribles en el producto final elaborado por muchos actores y actrices dominicanos. Aquí muchos de los auto proclamados directores teatrales no son tales. Más bien son habilidosos engañadores de espectadores. Logran, y eso tiene cierto mérito, cubrir con artificios en sus puestas en escena las notables lagunas artísticas que aparecen en obras no dirigidas con el rigor teatral del que siempre hablo.

Carlota Carretero y Giovanny Cruz en «Dos Viejos Pánicos»
Frecuentemente amigos y colegas me preguntan, por curiosidad unos y por marcado interés de aprender otros, cuál sería la meta del actor con el personaje o hasta dónde llevarlo. 

No hay grandes enigmas en esto: el personaje debe colocarse, dentro del cuerpo sicológico del actor, en el «Umbral del Subconsciente». Ahí y en ningún otro lugar.

Si un personaje se queda en el espacio absoluto del «Yo» no habrá caracterización del personaje efectiva. Todo será pantalla y simple artificio. La personalidad expuesta en las tablas será, en ese caso, la del propio actor; que estaría entonces ejecutando lo que llamamos con justificado desprecio, el «estrellato teatral». Realizaciones teatrales así se quedan en los áridos terrenos del «Yo» y nunca lograrán una ponderable calidad artística.

Pero si en cambio, el actor o la actriz, permiten que el personaje entre en el infierno que es el terreno del Subconsciente, dicho personaje desplazará al «Yo Controlador»; es decir: al «consciente del actor», ocupará entonces en la compleja mente del artista el lugar del «Yo», de personaje pasará a ser persona y formará junto al Subconsciente una entidad independiente y totalmente incontrolable e impredecible.

Delta Soto en «Duendes y locos de las dunas»
En ese caso, Carlota Carretero, Delta Soto, Karina Noble, Rafael Villalona, Cecilia García, Iván García, Manuel Herrera, Vicente Santos, Marilú Acosta, Johnnie Mercedes, Fiora Cruz, Yorlla Castillo; entre otros, no aparecerán en la realización escénica presentada a los espectadores. ¡No! A quienes estos verán será a personajes con atributos y todas las condiciones humanas. 

Es a este fenómeno, y no a otro, a lo que verdaderamente se llama «sobre actuación». Lo que el vulgo llama así normalmente es, más que otra cosa, exageración teatral.

La «sobre actuación» ocurre cuando el actor se «cree» el personaje. Aunque debemos luchar para que esto no ocurra, si sucediera la solución es fácil: ¡despedir al actor! y enviarlo en una jaula a los doctores César Mella, Vicente Vargas Lemonier, Segundo Imbert y Guerrero Heredia.

Todo gran actor y toda gran actriz, en algún momento dentro de su carrera teatral, habrá experimentado, al menos unos segundos, el fenómeno que acabo de describir. Hasta ahí es factible manejarlo. Empero, les aseguro que la sensación es angustiante para aquellos que la padecen dentro de un proceso teatral, aún sea brevemente.

Visto esto, el único lugar donde podemos permitir al personaje estar es en el «Umbral del Subconsciente». En ese espacio de nuestra mente no tendrá el personaje la despreciable frialdad de la «estrella» ni caerá al abismo incontrolable del Subconsciente, luego del desplazamiento de la personalidad ya citado.

Ahora ¿Cómo lograr esto?
Johnie Mercedes, Clara Lozano, Raeldo López y Yorlla Castillo.

Mucho lectores pensarán que alcanzar este  estadio es un asunto de gurú, que habría que resucitar a Karl Young y asignarle una silla en los ensayos. No es así.

Si intentamos ordenar a nuestras mentes que permitan nos convirtamos en Hamlet, María Callas, Julieta, Dafne Morrison o Lucrecia Taylor fracasaremos. Esto así porque la rebeldía natural que nos ocupa, como ya proclamó el genio de Dostojevski, evitará la «invasión» en nuestros laberintos interiores de un extraño llamado Prometeo, Orestes, Norko, Andrómaca, Antígonamota o Segismundo. Les aseguro que habría, si este fuera el caso, una resistencia tenaz que impediría nos «convirtamos» en el anhelado personaje.

Entonces ¿Cuál sería el sistema?

La estrategia es la de persuadir a nuestras mentes de permitir la citada «invasión» del personaje. Para lograr tal persuasión debemos comprometernos a no hacerlo, aunque suene paradójico. Esto se logra trabajando con lo que llamamos, los teatreros dotados con un efectivo método, el «Mágico Si».

En lugar de plantearnos «convertirnos» en el personaje, debemos plantearnos trabajar como «Si» lo fuéramos. En lugar de ser Calígula deberíamos tratar de actuar como «Si» nada más lo fuéramos. 

    —Yo no soy un emperador romano. Yo quiero actuar como «Si» lo fuera.
    —Yo no estoy sufriendo por la muerte de Romeo. Yo estoy como «Si» sufriera por la muerte de mi
       amado.
    —Yo no voy a matar a Homero Borges (como lo hizo en una de mis piezas Lucrecia  Borgia). Yo  
       solamente voy a actuar como «Si» lo hiciera.
    —No voy tratar de padecer la hipocondría de la Carlota Morrison de «Quíntuples». No. Voy a    
       actuar como «Si» la padeciera.
    —«Si» yo perdiera a mi hermana, «Si» esta fuera mi amante ¿Cómo yo actuaría?

Les aseguro, amables lectores, que el «Sí Mágico» aliado con el «Yo», actuará como una palanca emocional que nos llevará desde los linderos del Consciente a hasta los planos de Subconsciente, sin caer peligrosamente en sus terribles fauces. Una vez ahí, recurriendo a la «memoria emotiva», identificando las lineas externas e internas, planteando las acciones que alimentan la Linea Ininterrumpida, conociendo el objetivo y depués de planteado el súper objetivo podremos comenzar a invocar las emociones del personaje. El «poseso» se efectuará sin que el «caballo» de esos misterios haya desplazado completamente al «Ego». Por supuesto que sólo mediante estos «conjuros» lograremos actuaciones proteicas. Lo demás es pura paja. 


Dentro de muy poco tiempo los espectadores dominicanos podrán ir a comprobar lo que asevero. Cecilia García (en «Master Class»), primero, y Carlota Carretero (en «Quíntuples»), días después, se encargarán de realizar actuaciones convincentes y convencidas. Qué bueno que estaré cerca, muy cerca, para testimoniarlo y aprender un poco de ellas.

En estos momentos me siento como «Si» ¡escuchara la bulla!

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