sábado, 19 de septiembre de 2015

Las flores que vió Carmen Heredia

http://hoy.com.do/siete-flores-con-aromas-en-un-bar/




Siete flores “con aromas” en un bar




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Giovanni Cruz, uno de nuestros más prolíficos dramaturgos, regresa a la sala Carlos Piantini del Teatro Nacional con su obra “Siete flores en un bar”. El gran aforo de la sala constituye un reto para cualquier montaje teatral.
Ciertamente, con esta obra Cruz no regresa del todo a ese teatro espectacular de sus primeras obras -“Amanda”, “La virgen de los narcisos”, “El sucesor” o “Calígula” -en las que convertía la escena en una vorágine visual, y que marcó un momento estelar de nuestro teatro-, pero al igual que la semana pasada, arrastró una gran cantidad de público que acudió durante tres noches y disfrutó de su teatro poco convencional.
El autor se inspira en un hecho real, ocurrido hace muchos años: el incendio de un teatro donde casi pierde la vida la gran actriz norteamericana Kate Claxon. Luego del trauma, la actriz vuelve a actuar, y en el hotel donde se hospeda ocurre otro incendio del que lograr escapar. La actriz es rechazada, convertida en símbolo siniestro, ave de mal agüero. El fuego, entonces, se convierte para el autor en una metáfora devoradora, una especie de leitmotiv, que marca el paso ineluctable del tiempo.
Con efectosvisuales impactantes se inicia la obra. El espacio escenográfico espléndido concebido por Amaury Esquea, nos remite a un bar argentino en Nueva York. Allí llega un escritor, taciturno, que seducido por la música de un tango, ejecuta con poca gracia unos pasitos de “ganchos” y “boleos”. Luego se dirige a una mesa a escribir, limitándose a pronunciar pocas palabras, y es en medio de su abstracción cuando el actor consigue imponer su presencia, con el silencio psicológico de la palabra reprimida, entre lo no-dicho y lo descifrable, formidable contraste dialéctico del actor Mario Lebrón. La llegada de cuatro actrices con nombres de flores inicia el juego teatral atemporal, donde narran sus vivencias, todo es pura afectación, aferradas a sus egos a sus pequeñas conquistas, a sus vaivenes morales, sin darse cuenta de que nadie las oye ni las ve, son solo espectros imágenes en extinción. Las actrices actúan, los diálogos se convierten en circunloquios, no logran romper el círculo reiterativo, y las expresiones –boluda, pelotuda– que en principios parecían graciosas, se tornan cansonas… Y justo cuando la fábula comienza a decaer, a alargarse, llegan otras dos flores, más bien parcas salidas del inframundo, que conducen a un tormentoso final donde todo explosiona. Así la aparente temática presa de superficialidad, se convierte en drama existencial.
Zoila Luna, Carolina Feliz, Judith Rodríguez, Karoline Becker, Karina Valdez y Aniova Prandy aportan, cada una, su aroma a sus respectivos roles, no obstante la superficialidad de las mismas y el movimiento, exacerbado por momentos, acercan algunas escenas al género de la farsa.
El final es escénicamente audaz, atractivo, verosímil, propio del dramaturgo y director Giovanni Cruz, que al asumir ambos roles logra transmitir su discurso textual a la escena, en su verdadera esencia. Todos los elementos para-teatrales son dignos de destacar: las luces, la música escogida, un verdadero acierto de Xavier Ortiz, así como el sonido, y el vestuario de época, muy apropiado, de Renata Cruz Carretero.

Esta obra de Giovanni Cruz, como todo su teatro, es controversial, jamás intrascendente.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Las flores que vio José Rafael Sosa

Exquisitas 7 flores en el bar:
teatro visto desde si mismo



Cruz  aporta una exquisita  experiencia escénica en Teatro Nacional. Elenco femenino pone un rico acento actoral

Un apunte

El montaje de 7 flores en el bar apela a efectos visuales que enriquecen el quehacer teatral criollo. El uso de proyecciones  super formato blanco y negro con los rostros de las actrices, queda como un aporte técnico que sorprendió la platea. Igualmente  el  cambio escenográfico y del tono del diseño lumínico, en torno a un sorpresivo cambio de rol de uno personaje que hasta ese punto era anodino,  selló con el sabor teatral de un trabajo respetable.

José Rafael Sosa

Teatro en el teatro. Teatro nacido del teatro, pero no de la ficción de la escena, sino de la realidad, la cruel concreción de los hechos vinculados a la vida y hechos de quienes, enfundados en personajes e ilusiones, viven otras vidas.
El incidente en que se basa esta obra, ocurre el 5 de diciembre de 1886 en el Teatro de Brooklyn,  durante la función de la obra "The two orphans", y que representó el final de la carrera de la principal diva del teatro del momento, Kate Claxton.
Giovanni Cruz, por algún designio o voluntad asumida, ha estado vinculado al teatro por el prisma de las incidencias trágicas y las maldiciones innombradas. Desde Amanda, que costó el precio de un dedo a uno de los técnicos de montaje hasta estas 7 flores en el bar, que nos trae el sabor de la desgracia devenida de la escena.
Actoralmente, el peso de la pieza radica en el desempeño de Zoila Luna (Violeta), Judith Rodríguez (Azucena), Karoline Becker (Margarita) y Carolina Félix (Rosa), quienes exponen las vidas de estas mujeres en sus ánsias y desencuentros, su valoración por el rol como  dadoras del placer carnal o como referencias de una vida requerida de atenciones y afectos verdaderos.
Zoila Luna hace un éxitoso regreso dramático y Judith Rodríguez (a quien vimos hace poco en el Hamlet de Aramburu, Bellas Artes) evidencia que es una de las actrices jóvenes más destacadas. Tiene peso escénico y conciencia profesional.  Karoline Becker y Carolina Féliz, hacen lo propio y demandante de trabajar con un  dramatúrgicamente necio, como es el director del trabajo.  En un par de oportunidades, algunas gritan por encima del requerimiento del papel, en una sobreactuación innecesaria.
Mario Lebrón, sobrio y poseído de si mismo, cumple con dignidad la encomienda de personaje simbólico.  Xajier Ortiz, es la gran sorpresa masculina por las disposiciones de la retorcida imaginación de dramaturgo.
Los recursos de vestuario, tocados, peinados y escenografías son el principal recurso técnico. Impecables y  efectivos, estos elementos colocan nuestro teatro a cualquiera altura escénica imaginable en cualquier parte de mundo.
  

 El diseño de escenografía es de Amaury Esquea, y la realización de la misma es de Arte Nativo y Carlos Ortega, el diseño y la realización de las luces es de Roberto De León, la composición musical es de Xavier Ortiz, y la musicalización es de Giovanny Cruz. El vestuario fue diseñado por Renatta Cruz y Leonardo’s Formal, Diseño de joyas y tocados de Edgar López, y el maquillaje  y peinado de José Navarro, Utilería de Victor Alonso, Dramaturgia y dirección de Giovanny Cruz, Producción artistica de Amaury Esquea y Producción de línea de Victor Alonso.

jueves, 27 de agosto de 2015

Siete flores... en fotos
















miércoles, 12 de agosto de 2015

Breve inventario de mis bienes


 Breve inventario de mis bienes




Hago Literatura, hago Teatro, tengo tres hijos que cualquiera envidiaría, tres nietas y un nieto que ya quisieran tener, una madre a quien idolatro, los dos mejores hermanos del mundo, cinco sobrinos amados e irrepetibles y un montón de primos que comprometerían su vida por mí. No tengo enemigos... declarados



Tengo, también, amigos y contactos a montones, actores y actrices a quienes admiro, escritores a quienes aplaudo, algunas deudas por cobrar, cuatro hermosas ex esposas, algunas novias recordadas, otras novias olvidadas... y una amada actualizada a quien estoy a punto de gritar... "te quiero con todo lo que soy, incluyéndome a mi mismo". 


Poseo una casa llena de poesía, tres perros y una atesorada biblioteca, que cuando me aleje de este mundo dispongo donar... sólo a mis hijos. Dispongo de algunos libros publicados, otros libros que están listos para publicar, poesías proclamadas y otras que aún no me arriego en proclamar.

Así como algunos se afanan en compartir desdichas y quejumbres, yo lo hago con algunas de mis proclamadas alegrías.

¡Telón!

viernes, 17 de julio de 2015

Un actor y cuatro actrices nuevos…


…en mi repertorio direccional.
                                                 Por Giovanny Cruz Durán.



Para cualquier director actoral constituye una apasionante provocación dirigir nuevos actores y actrices. A los que uno conoce sabe cómo “pincharle” para lograr que sus invocaciones emocionales sean efectivas. Pero a los nuevos hay que comenzar a explorarlos para que las emociones comiencen a fluir. Es, casi, como a una nueva amante con la cual debemos experimentar caricias y determinar cuáles de ellas serán las motivantes.

En “Siete flores en el bar” me he reencontrado con Zoila Luna, a quien dirigí en “Amanda” (hizo una brillante interpretación del personaje Niña, la servidora de misterios) y en “Calígula”, en donde caracterizaba con absoluta calidad a Cesonia, la amante de Calígula. También está Mario Lebrón, a quien he dirigido en “El Gato Negro”, “Obsesión en el 507” y “En el despacho presidencial”. Lebrón es un actor dedicado y de indiscutible calidad. Lo mismo puedo decir de Carolina Feliz. En realidad a ella no la he dirigido, pero he sido un testigo entusiasmado de lo que le he visto hacer como actriz.

Sin embargo, quiero resaltar en esta entrega a un actor y cuatro actrices que prácticamente no conocía profesionalmente: Aniova Prandy, Karina Valdez, Xavier Ortiz, Karolina Becker y Judith Rodríguez. 

No insistiré en convencerlos de que soy un director teatral muy exigente. Creo que eso es algo harto conocido. No deseo repetir que asumo con rigor el asunto direccional, apegado a cánones éticos, estéticos y técnicos demandantes. Reconozco que someto a mis actores y actrices a un intenso y agotador proceso de ensayos, investigación y construcción de sus distintos personajes. Tan difícil es ese proceso que no todos logran superarlos. Muchos de ellos se quedan en el trayecto.

Pues les cuento que hacía muchas jornadas teatrales que no me encontraba en un salón de ensayo con actores como los citados. Tenía un poco de aprehensión con ellos por las razones que he mencionado: nuevos en mi vida teatral, ajustes e intensidad en el proceso, desconocimiento de su disciplina actoral y desconocimiento de sus capacidades culturales.

Pues en estas tres semanas que llevamos de trabajo Aniova, Karina, Karoline, Xavier y Judith no sólo me han convencido, sino que me han maravillado. Admito que hacía tiempo que no me encontraba con un quinteto de tanta dimensión y talento.

Siete flores en el bar” es una obra demandante. Ella, la pieza, evoluciona desde la risa hacia la soledades particulares de los distintos personajes. He llevado a escenario casi un centenar de obras y admito que esta es la realización escénica que más me exige cuidar de sus detalles. Ya pueden imaginar todo lo que estoy obligado a pedir de mis actores. En este caso, ellos han demostrado que están dispuestos a tomar el reto y doblegar, peligrosamente, al toro asidos de sus cuernos.

Los personajes de Aniova, Karina y Xavier tenían en esta semana dos días de descanso. Los tres se han negado a tomarlos porque no quieren perderse un segundo del proceso.

La muy hermosa Karoline Becker interpreta a una actriz porno (hemos puesto a la porno puertorriqueña Carmen Luvana en nuestro objetivo investigativo). En mis trabajos, la investigación externa es imperativa. Karoline ha asumido su rol con absoluta responsabilidad, sin importar el riesgo que esto conlleva y las aprehensiones que su formación personal determinan. Llega muy temprano al ensayo. No saluda porque entra ya con su personaje invocado. Cuando comienza a actuar nadie puede evitar maravillarse ante ella... y destirnallarse de la risa.

Karina Valdez y Aniova son hermanas en la pieza de marras. Pero son unas hermanas complicadas y hasta despiadadas. La trama de la obra gira en torno a una acción fundamental de ellas. Ninguna de estas dos actrices ha temido, o retrocedido, ante el reto que constituye ser el “tempo” de la pieza. Había recibido recomendaciones fabulosas de ellas dos. Pero no pocas veces me han asegurado que tal actriz es maravillosa y cuando llega a mis manos direccionales ha fallado. No es el caso.

A Xavier Ortiz (cantante clásico, compositor y actor) lo he tratado bastante. Pero tampoco me había encontrado con él en un salón de trabajo escénico. En esta pieza interpreta un personaje del cual es difícil, hasta para este autor, hablarles a ustedes sin descubrir la trama. En teatro procuro un equilibrio entre las acciones internas y externas de los personajes. No obstante, en el caso del personaje que interpreta Xavier, tal equilibrio no es factible. Desde luego que él tiene una caracterización física, pero la intensidad interpretativa es interior. Xavier también ha asumido con dedicación y pasión el compromiso y se encamina  hacia una actuación memorable en la escena criolla.

He dejado para último a Judith Rodríguez. La había visto actuar, por supuesto, en varias realizaciones teatrales. La he aplaudido en muchas de ellas. La he alabado en mis críticas. Pocas veces uno puede ser testigo de la combinación actoral perfecta: disciplina, talento, inteligencia, pasión y entrega.
Judith tiene todo eso. Para ilustrar con el ejemplo, les cuento que ella interpreta a Azucena, una actriz argentina. La Rodríguez se fue una temporada a Argentina a procurar las verdades de su personaje.
Ella es como una pantera feroz en cada ensayo. Tanto, que algunas veces tengo que procurar que administre su energía para que ella pueda llegar incólume al estreno.

Los actores que prefiero son aquellos que trabajan sus personajes en sus casas y llegan al teatro a comprobar sus asuntos frente al director teatral. Si este no está de acuerdo con la propuesta del día, el actor debe llevar al día siguiente nuevas propuestas. Cientos si fuese preciso en los meses de ensayos. Mis actores lo están haciendo.

Nos quedan todavía  unos cincuenta días de trabajo. Pero desde ya me veo obligado a aplaudir a mis actores y congratularme por tener la humilde oportunidad de dirigirlos en esta obra que presentaremos en la sala principal del Teatro Nacional. Es una sala difícil, es una obra demandante, es un evento del difícil teatro total, es una pieza que plantea novedosos recursos técnicos; pero, sobre todo, es una obra de actores. Estos deben ser, siempre, el elemento fundamental en cualquier realización escénica. Directores, autores, escenógrafos, vestuaristas e iluminadores son vitales en el teatro moderno. Pero ellos están ahí para servir a los intérpretes teatrales. En ese sentido creo estar muy bien protegido. Hacía mucho tiempo que no lograba reunir en una sala de ensayo tanto talento. Esto podrá ser comprobado cuando en septiembre mi regidor de escena, Amauris Esquea, grite que ya deben subir el…


¡Telón!

sábado, 27 de junio de 2015

El caso no es amar menos a César, es amar más a Roma



El caso no es amar menos a César, es amar más a Roma


Si revisamos el comportamiento político de Estados Unidos en este país, podemos observar que una táctica muy utilizada por su Departamento de Estado ha sido crear trulla en contra nuestra (y de otros países) cuando allá lo han juzgado oportuno. 

Un gobierno gringo es capaz de contratar sus ex presidentes (hasta del partido opositor) para traer "mensajes" (no me atreví a escribir chantajes o amenazas porque me dio miedo hacerlo) a nuestro país. Ha ocurrido comprobablemente varias veces.

Con el caso haitiano, estén seguros de eso, de todo ha habido. Y dado el comportamiento histórico, estoy convencido de que la cuenta telefónica del Departamento de Estado de marras, ha aumentado considerablemente en estos meses por la cantidad de llamadas internacionales que hacen a países "amigos" (no me atreví, también por miedo, a escribir espiados, alineados y chantajeados) para  "pedirle" opinión pública sobre nuestro país. 

Cuando un carajo se pronuncia en New York y otro lo hace por ahí, no crean que se trata de una pendejada aislada. ¡Noooo! Es una estrategia repetida en la historia. Revisen. 

Escribí la siguiente nota en las Redes Sociales. Inmediatamente la abogada y activista cultural dominicana, con residencia legal en España de casi 20 años, me aclaró puntos muy interesantes. Lean ambas notas, hasta aquellos que (por puro snobismo) se suman internamente a la campaña en contra de nuestro país:

Correcto el presidente Medina al calificar de campaña sucia los ataques al país por nuestro derecho soberano de manejar con estricto apego a nuestras leyes el asunto haitiano (como no soy presidente puedo decir que es campaña asquerosa). Aquí no rechazamos a los haitianos, como si hacen muchos de aquellos que en palabras (sólo en palabras) fingen defenderlos. Aquí no despreciamos a los haitianos como si lo hacen escritorzuelos oportunistas que procuran hacerse graciosos para vender libros. Aquí no estamos expulsando a los haitianos porque son negros. ¡Aquí no estamos, siquiera, expulsando a los haitianos... carajo!  Aquí la mayoría de los dominicanos somos negros o mulatos. Lo que ocurre es que aquí amamos nuestro país con igual intensidad que algunos babosos norteamericanos, franceses, canadienses y otros aman ( o fingen hacerlo) a sus respectivos países.  He leído hoy que el presidente de la Comunidad Europea rechaza la emigración ilegal e inapropiada en Europa. Nosotros también estamos en esa onda. ¿Por qué nos niegan, entonces, el derecho de hacerlo? Porque al parecer algunos se han quedado con el moño hecho de que nosotros asumamos al hermano país de Haití.  En nuestro país seguiremos luchando por el progreso político, social y económico definitivos de Haití; pero en Haití.  Por supuesto que tendremos los ojos abiertos por si acaso haitianos, españoles, gringos, canadienses, franceses (o de cualquier nacionalidad) creen que deben venir a procurar lo que entienden que sería su territorio.  ¡Esta vaina (bandera, territorio, playa, sol, cultura, arte, historia y patria) es nuestra, sin que importen un carajo aquellos que por eso se entruñen!
Esta fue la nota de Fior Metz Estevez (organizadora voluntaria de la Semana Cultural Dominicana en Barcelona):

Muy bien, las cosas como son. Una cosa es rechazar y otra es querer poner orden. Hemos nacido viendo como los extranjeros llegan, se quedan a vivir, trabajan sin la mera preocupación de regularizar su situación, se mueven libremente y nadie le reclamaba papeles, ahora que nuestro país quiere hacer cumplir la ley, entonces la Comunidad Internacional nos acusa de racista, nos amenaza.
Vivo en España hace muchos años y puedo decirles a todos que cuando un niño dominicano nace en este territorio, es dominicano, no español como muchos piensan, no le dan un DNI, sino un NIE. Para la obtención del  DNI (Documento Nacional de Identidad) , los padres deben tener la nacionalidad española.
NIE (Número de Identificación de Extranjero)Hago este comentario porque son muchas las mujeres latinoamericanas que estando ilegal en este país y sin consulta previa, que salen embarazadas creyendo que ese niño será español y que a través de el podrá regularizar su situación, pues no es así. Busquen por Internet la ley de extranjería de este país y verán la realidad. Cada vez más dura y nadie dice nada. Algunas organizaciones asociativas son las que protestan, pero la Comunidad Económica Europea se calla, porque la quieren endurecer más.¿Por qué tanta injerencia con nuestro país? ¿Por qué tantos dominicanos que viven fuera y que están conscientes de los cambios en materia de inmigración que está viviendo el mundo, se dan el lujo de ser los primeros en difamar al país en los medios de comunicación y redes sociales?Tiran piedras a su propio tejado. Recuerden que nunca seremos ni españoles, italianos, franceses, suizos, norteamericanos, etc. Para estos países nosotros y nuestros descendientes siempre seremos dominicanos.Así que, los que tenemos nacionalidad en cualquiera de estos países somos ciudadanos de tercera. Dejemos de soñar, nuestra casa es República Dominicana.
Aquí no pocos extranjeros se nos han convertido en una plaga. Como ciudadano exijo que los regularicen a todos: haitianos, cubanos, españoles, italianos, canadienses, gringos y de donde sean. Finalmente, el caso no es amar menos a César. Es amar más a Roma.

Uno de los tantos objetivos ocultos en el caso que nos ocupa, está en despojarnos de parte de nuestro orgullo como pueblo. Miren cómo ahora se insinúa que hasta dentro de nuestra Revolución Independentista existió un componente racista. Como si liberarse de esclavitudes negras, blancas, mulatas, azulitas, rosadas o del color de mono corriendo que quizás tengan los marcianos; fuera algo que se toma en cuenta para conquistar las libertades. Lo que tuvieron los febreritas fue decisión, autodeterminación, propósito como nación y coraje (¿debí escribir material colgante u ovario con vocación de libertad?).

Ahora: ¡ahí viene la bulla (¿o la cañonera patrocinada por los porta-regala-verdes?)!

¡Telón! 

lunes, 15 de junio de 2015

Aunque sea necio repetirlo: "te lo dije"

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Aunque es necio repetirlo: “te lo dije”

Por Giovanny Cruz Durán



Ha pocas noches me  reuní con unos amigos y algunas copas de tinto en el Boga-Boga. Luego de tomar las primeras dos de estas últimas, los contertulios (inusual en bohémicas noches) comenzamos analizar los convulsionados asuntos políticos del momento. Por supuesto que el tema principal giraba en torno al caso de la reelección presidencial.
Había reflexionado dos semanas antes que, dada su vocación de poder, el PLD resolvería su indudable conflicto interno y unificaría criterios.

Uno de los citados contertulios (por supuesto que abanderado al bando contrario a los morados peledeístas) había manifestado su total desacuerdo con el suscrito. Y aunque no compartí sus doctos juicios, acepté sus razones por ser este querido amigo un opositor.
No obstante, en la noche de copas de los tintos en cuestión, retomamos el tema, y como ya los morados se habían, “reconciliados”, cometí el tremendo yerro de decir el abominable (justo después de hacer otros vaticinios políticos)… “te lo dije”.

Mi usualmente comedido amigo, prácticamente, saltó de su silla y casi llegando a la grosería me dijo: “¡Esto no es un asunto de hechicería y manifestaciones agoreras…!”  (No estoy seguro si en ese momento él se sumaba a la fila que me asigna ciertas predilecciones por la mediumnidad).
Asumiendo el rol del tranquilo triunfador parlante, comenté comedidamente que cuando hacía vaticinios estos eran productos de muy profundas reflexiones (justo en es biblioteca personal en la cual escribo durante el día, para luego comentar, como confeso vampiro, por las noches).
Como era obvio que mi amigo estaba alterado por mi inconsecuente… “te lo dije”, luego de dos planteados argumentos más, decidí darle de lado al tema.

Cuando llegué a la casa, tarde en la noche, hice lo habitual: escribir… y rumiar con las palabras (pronunciadas y escuchadas) de la noche.

Entendía que, efectivamente, el nunca protocolar.. “te lo dije” no está exento de necedades, porque no deja de ser un blandir de la fortuna en la cara del pobre. La expresión tiene un dejo de “vaineo”, según lo interpreta el receptor de ella. Los críticos y criticones viven escribiendo que los verdaderos creadores del Arte y la Literatura, son intolerantes ante las críticas. Empero, les aseguro, que ningún escritor o artista es tan intolerantes como ellos ante cualquier tipo de imputación o corrección. Por eso, a los analistas no les agrada que les analicen, ni a aquellos que suelen “decirnos” sus amplias razones les gusta el terrible… “te lo dije”.

Luego de esta larga nota introductoria, adelanto la presentación de mis disculpa, pero tendré que recurrir una vez más al necio… “te lo dije”.

Con mis amigos y conocidos he conversado ampliamente sobre la creación humana. He comentado y escrito que venimos de una Singularidad y no de una mentalidad totalizadora.
¿Esto me define como A-teo? Por supuesto que no. Si aceptamos que el Espacio siempre ha estado ahí y que un día comenzó a curvarse para concluir en la Singularidad de marras que nos creó, dimos categoría eterna al famoso Espacio. Así las cosas, este tenía, en consecuencia, los atributos similares que los creyentes otorgan a Dios. Me diferencia estribaba, entonces, en negarle a esa masa de Espacio-Tiempo, la capacidad de razonar; aunque si le confería la hermosura poética de manifestarse.

Suelo escribir y conversar poco de asuntos religiosos, por lo irritante que estos pueden resultar. Pero, partiendo de la óptica de la Religión (entro en el tema de hoy), entendía que era un absurdo hablar de Infierno y citar a la Biblia (un libro con errores y horrores ampliamente analizados) como una fuente incuestionable del Saber.




Planteaba, que si los creyentes aceptaban a Dios como Omnipotente, Omnisapiente y Omnipresente; no había forma razonable que pudiera, entonces, aceptarse la existencia de un lugar en el cual hubiese ausencia de la Divinidad, ni una lucha durante siglos contra ella. Como tampoco pudiese darse el caso de que la citada Divinidad no supiera que se estaba conspirando contra ella. Bueno, tampoco podía entender de qué manera pudo darse el proceso de reconversión, en el cual seres perfectos (arcángeles, ángeles, querubines y santos) un día comenzar a tener imperfectas ambiciones.

En el caso de la Singularidad se explicaba solo porque esta siempre ha estado en evolución. Pero… ¿qué esto ocurriera en el los predios divinos? ¡Un absurdo!

El caso es que el papa Francisco acaba de sellar (¿?) el asunto al proclamar que el Infierno es una idea Literaria y que hasta asuntos como los de Adam y Eva son simplemente… anecdóticos.

Este papa, que a mi me gusta mucho, parece decidido a revolucionar los asuntos del catolicismo. Lo está haciendo ya, para ser justo con él. Tanto que ha dado avances espectaculares en temas de tolerancia religiosa y dogmas. El papa actual ha decidido extender una mano amiga a homosexuales, ateos, comunistas y hasta los sencillamente dudantes, como el suscrito.

Estoy tan entusiasmado con este asunto que creo que él (y el movimiento intelectual que lo sustenta dentro de la Iglesia) se encamina a unificar criterios científicos, políticos, ideológicos y religiosos que tradicionalmente muchos han visto como enemigos irreconocibles. Creo que unos complementan otros. 

Un problema que tiene la Ciencia, para este escritor, es que es sorprendentemente “deshumanizada”, aunque tiene tanta sabiduría. En cambio, la Religión está llena de poesía, aunque no siempre pueda asistirse del raciocinio. Sólo a las dos juntas habremos de entenderlas como Razón.

En algún momento habré leído que Dios y el Diablo se complementaban. Que uno estaba ahí para asumir los temas de dudosa reputación que el otro no podía, circunstancialmente, refrendar.

¡Pura Literatura!

En definitiva, y aceptando el riesgo una vez más de resultar grosero, te tengo que repetir que… “te lo dije”.