miércoles, 3 de junio de 2026

Sobre la “criollización” en el teatro dominicano

 Sobre la “criollización” en el teatro dominicano

Por Giovanny Cruz Durán.



Cada vez con más frecuencia estamos viendo en distintas producciones teatrales criollas un fenómeno que llama la atención, dado el mal uso que se está dando a ese recurso cultural: la criollización argumental y léxica.

Aunque el vocablo "criollización" todavía no ha sido oficializado por la Real Academia Española (RAE), hay otros términos estrechamente vinculados que explican este fenómeno: “acriollarse”. Es el verbo utilizado por la RAE para describir cuando un extranjero adopta los usos, costumbres y la cultura del país hispanohablante en el que reside.

La criollización es un concepto creado por Édouard Glissant (martiniqués graduado en filosofía y etnología en la Sorbona) y que engloba la idea de un “consciente de sí mismo”, desarrollado en sus obras Sol de la conciencia (1956), Poética de la relación (1990) y Tratado de Todo-Mundo (1997).

La tesis que sostiene Glissant es que el mundo se criolliza continuamente: “las culturas del mundo, en contacto instantáneo y absolutamente conscientes, se alteran mutuamente por medio de intercambios, de colisiones irremisibles y de guerras sin piedad, pero también por medio de progresos de conciencia y de esperanza”. 

Por supuesto que no me opongo a la tendencia casi inevitable de la “criollización” en la escena nacional. Donde veo serios problemas es en el mal uso dado a dicha tendencia. No se trata, solamente, de una natural adaptación.

Aunque decirlo parezca hoy extraño, la figura del productor teatral en nuestro país es mucho más reciente de lo que muchos pueden imaginar. Hago referencia al productor teatral profesional. Antes de su efectiva entrada a las tablas dominicanas, éramos los directores y actores quienes ejercíamos esa función. La llegada del productor trajo consigo una mayor calidad en las realizaciones nacionales; sobre todo, en los aspectos relacionados con escenografía, vestuario, iluminación, recursos sonoros y publicidad.

No obstante, procurando un buen retorno económico, el productor procura siempre hacer más populares sus producciones escénicas. Lo que jamás es un pecado. Cabe recordar que el gran William Shakespeare convirtió sus realizaciones teatrales en una fructífera empresa. El público inglés demandaba teatro y Shakespeare se lo brindaba en bandejas comerciales; pero nunca traicionando los principios del arte.

Aunque no pocos piensan que las adaptaciones constituyen degradaciones del texto teatral, este escritor acepta que, si son realizadas por escritores profesionales y cultos, pueden constituirse en aportes y lograr una mejor aceptación del texto original. Con frecuencia decimos en el teatro que cada visión de un director escénico es, en el fondo, una adaptación del texto que se ha decidido llevar al escenario. Se ha llegado a decir, y es un extremo inaceptable, que “todo texto es un pretexto”. ¡Jamás! Creer esto es escandaloso e imputable.

Igual lo es eso de “criollizar” las obras. Escuchar en un escenario dominicano, en una obra inglesa (para ilustrar con el ejemplo), que… “los dominicanos míster Anderson y lady Cecil van a su casa de Jarabacoa”, es aterrador. Y no solo por lo exótico de sus nombres. Hay asuntos psicológicos y sociales que tipifican a los personajes y que hacen imposible nacionalizarlos. Igual ocurre con el asunto argumental.

¿Cómo aceptar tranquilamente escuchar en una realización criolla… “el rey viajará a su castillo en Nagua”?

¡Por Dios! ¡Sacrilegio! ¡Sacrilegio! ¡Sacrilegio! Algunas veces, sentado yo en la platea, siento que voy a morir de un espanto.

No siempre es simple irreverencia o mercantilismo. Con frecuencia se trata de estulticia. Ya ha sido dicho que la ignorancia es atrevida y la estupidez, osada.

Recomiendo, como una salida al tema, que las adaptaciones hagan neutras a las obras. Si no deseamos decir que los personajes viajarán a Lyon, los Urales o Maryland, digamos que el señor Anderson irá a descansar a las montañas o a su hermosa villa campestre. A eso me refiero cuando hablo de hacer neutra la acción de la trama.

Otro asunto grave que ocurre dentro de nuestro teatro son los cortes a las obras. Supuestamente, procurando “agilizar” la realización, les hacen lo que llamo “cortes de tijeras”. El director (casi siempre) toma un marcador e, indiscriminadamente, comienza a cortar parlamentos o escenas que ha juzgado largas. ¡Sacrilegio! ¡Sacrilegio! ¡Sacrilegio!

Si hacer cortes es imperativo para una puesta en escena, recomiendo (insisto) buscar a un verdadero dramaturgo que haga eso. De lo contrario, se corre el riesgo de hacer cambios que desnaturalicen la obra original y alteren su ritmo interior. Algo que hasta es penado por nuestras leyes. Nadie puede alterar, sin permiso expreso del autor o su representante, una obra. Aquí hasta los títulos son cambiados muchas veces. Por supuesto que esto se hace para evitar que los autores se enteren de que están llevando al escenario sus creaciones literarias. Una clara violación a la Ley de Derecho de Autor.

Nunca es malo que haya retorno monetario en el teatro. Los directores, actores, técnicos y productores requerimos de recursos para comer, vestir y hasta para poder comprar un Ferrari amarillo de cuatro plazas (ja). Pero nada justifica que se alteren los códigos fundamentales del teatro. No hay manera de justificar la violación de leyes y acuerdos internacionales. Llevemos a las tablas producciones con la dignidad que se requiere. Los dioses teatrales y los jueces nacionales están ya pendientes de nosotros. Mientras detenemos la grosera tendencia, recurro al efecto de correr el siempre inevitable…

¡Telón!

 

 

 

 

lunes, 21 de julio de 2025

EL RETRATO DE OSCAR WILDE Y GIAMILKA ROMÁN

 EL RETRATO DE OSCAR WILDE Y GIAMILKA ROMÁN

Por Giovanny Cruz Durán.


 


El pasado viernes fui al estreno (algo que pocas veces hago) de la realización teatral “El retrato de Dorian Gray”; adaptación realizada por Manuel Chapuseaux de la novela de Oscar Wilde que lleva el mismo título. 

Es una producción de la actriz Giamilka Román, quien también estelariza la realización escénica. En escenario se hace acompañar de Jovany PepínJosé Roberto Díaz y Cindy Galán. Los artistas Génesis Brito y Raymal García son citados en el programa como Figuras 1 y 2, bajo creación coreográfica de María Emilia García.

¿Era el irlandés Oscar Wilde un buen escritor? Lo era, pero no exactamente genial, verdad que debe ser dicha. En su época se le tildó como un “dandi del libro”, siempre bien vestido, mejor plantado y que gustaba escandalizar en aquella sociedad de finales del siglo IXX. No obstante, la visión que tenían sobre Wilde (que incluía burlas en pasquines) cambia cuando en 1890 publica la novela, partiendo de un cuento suyo, en la revista norteamericana Lippincott's Monthly Magazine.  Esa publicación constituyó un tremendo escándalo, por supuesto; pero consolidó a Wilde como buen escritor. 

La trama era ligera; empero, el tratamiento es de corte filosófico. Aunque fue su única novela resultó de una narrativa extraordinaria; que ha mantenido obsesionada a la Román durante más de veinte años. Me consta.

 

Su trama en términos generales: 

Jovanny Pepín, José Roberto Díaz y Giamilka Román.
El joven y hermoso Dorian Gray, también dandi como Wilde, pide a un reconocido artista visual (Basil) que pinte un retrato suyo. Al ver la belleza contenida en dicha obra acaricia la idea de evitar que ésta nunca desaparezca y, en cambio, sea el cuadro quien refleje deterioro en el devenir de los años. Así ocurre. Dorian, sospechosamente, logra la eterna juventud mientras su retrato acusa las cicatrices del tiempo en el rostro pintado. Por supuesto que a nadie se le permite ver dicha pintura y llega hasta al asesinato para proteger su secreto. Fascinado y guiado por un cínico aristócrata (Lord Henry) no hay placeres y excesos que Dorian no experimente. Finalmente, decide interrumpir aquel proceso y el cuadro recupera la lozanía mientras Dorian envejece abruptamente.

Oscar Wilde, que sí era un consolidado dramaturgo, mantiene el buen humor en los diálogos de su gran novela, lo que hacía entretenida y fácil su lectura.

“El retrato de Dorian Gray” se ha adaptado varias veces para teatro y cine. En el teatro las obras narrativas difícilmente conservan el ritmo interior de la obra original. En cambio, en el cine el asunto es mucho más efectivo. En el caso de la novela que provoca nuestra atención, en la pantalla cinematográfica podemos apreciar mejor que en el teatro la evolución del personaje Dorian. Provoca mi alarma interior que siendo Wilde buen dramaturgo, nunca adaptara él mismo su novela para el teatro.

En esta adaptación dominicana se mantiene el buen humor de la novela; pero, quizás buscando apego a la narración, hay demasiadas palabras y mucho menos acciones. 

Los personajes Lord Henry y Basil lucen mejor elaborados que el central, Dorian, de la obra en cuestión; que resulta en esta versión un tanto lineal. Probablemente el tema de los parlamentos de los personajes y el tratamiento psicológico de Dorian hubiesen sido mejor manejados si hubieran encargado la adaptación a un dramaturgo de oficio (Frank y Reinaldo Disla, Carlos Castro, Radhames Polanco, Haffe Serrule, Richardson Díaz, Elisabeth Ovalle; entre otros).


Empero, Giamilka Román suple todo esto con su soberbia caracterización. El trabajo corporal suyo es estupendo. Evita el clisé de muchas actrices cuando interpretan personajes masculinos: rudeza y brusquedad exagerada. Giamilka nos muestra el Dorian hombre que, por creído de su belleza, mantendrá siempre algún tipo de afeminamiento. La Román cuidó siempre la postura, la forma de sentarse, la manera de mirar, los ademanes, el ritmo y los tonos de sus parlamentos. Sólo en unos escasos minutos finales pierde un poco la voz del personaje. Su caracterización es proteica y, para este muy veterano hombre de teatro, entra a la historia teatral como icónica. Bien manejo de su línea interior.

En la escena final (bien llevada por su director), esta actriz logra un momento soberbio. Su cuerpo logra transformaciones memorables y ella se adapta con genialidad a las transiciones requeridas.

Jovany Pepín (a quien Giamilka asigna un montón de roles dentro de la producción), nos presenta un personaje creíble. Orgánico como un actor experimentado. Creo que en Pepín tenemos una gran promesa teatral. Deseo ser cauteloso con mis alabanzas. Esto, porque en teatro sabemos que alguien puede lograr unas buenas primeras actuaciones; pero mantener luego el ritmo del éxito actoral cuesta mucho. Jovany Pepín tiene una buena voz. Su cuerpo recibe órdenes del actor y responde. Se mueve con soltura en el escenario y no tiene miedo de romper clisés teatrales.

José Roberto Díaz tiene el personaje mejor elaborado por el adaptador. Lleva el buen humor de la realización. Lo que hace que se conecte bien con los espectadores. Su actuación es correcta. Su voz es correcta. Sus movimientos corresponden a los patrones convencionales establecidos. Y esos han sido los eternos problemas de este caballeroso y educado actor, que siempre ha tenido las herramientas e inteligencia para ser uno de los grandes; pero a mí me resulta demasiado formal. Le han dicho que el actor debe verse en el escenario y no hay manera que no pose frontalmente sus personajes. Las voces en teatro no pueden ser tan “locutoriles”. Los personajes en teatro y cine tienen “arrugas”. Sin embargo, él maneja bien la psicología del personaje. 

Cindy Galán es una gran actriz. Su personaje es muy breve. Pero nos demuestra el viejo dicho de que teatro no hay personajes cortos sino actores limitados. En el poco tiempo que está sobre el escenario logra una estupenda actuación. Maestría actoral.


Luces, escenografía,  vestuario y coreografía:

Las luces de Lillyanna Díaz se convierten, prácticamente, en otro personaje de la obra. Son hermosas. Llenas de poesía visual. Sus claroscuros me fascinaron. Acentúan la escenografía y aportan atmósfera para los personajes. Los resaltan. Sin tener que convertir el escenario en un estadio de deporte, nos permite ver siempre a los actores moviéndose en las escenas.  Mis aplausos.

La escenografía de Giamilka (que al parecer lo hace todo dentro de la obra) es hermosa, justa y diferente. No me hizo algo más. Los cuadros movibles constituyeron una nota ingeniosa. Sin aparatosidades logran recrear varios ambientes necesarios. En teatro esa siempre será una preocupación. En esta escenografía se procura romper con la limitación del espacio. Se logra.

El vestuario (asignado a Minerva Hernández y Lía Catedral) es otro logro de la producción. Los colores de los trajes son los correctos. Los cambios son los necesarios. El vestuario, sin ser muy creativo, contribuye a la atmósfera escénica. Fue factor importante para la caracterización física de Dorian Gray.

Los movimientos coreográficos creados por María Emilia García fueron excelentes. Mis aplausos. No estoy del todo seguro que entendí la necesidad de ponerlos, pero me resultó agradable el recurso utilizado por el director.

 

La dirección:

La dirección de Manuel Chapuseaux está, en este caso, directamente relacionada con la adaptación. Correcta, pero convencional. Se trata de una puesta en escena profesional no exactamente muy creativa. El concepto plástico, sin embargo, imprime belleza. Chapuseaux, que se ha convertido en una fábrica direccional, optó en este caso por el esteticismo. Y en términos generales funciona, aunque no me “asesina”.

“El retrato de Dorian Gray” es una producción profesional de bastante belleza. Ver a la Román en escena es encantador. El público (colmando la sala) reacciona muy bien a las diferentes escenas. Todavía responde mejor al buen final de la obra. Y eso siempre importa más que cualquier opinión de críticos y criticones. Como quedan varias funciones todavía, recomiendo ir a ver esta realización teatral antes que la concluyan con el siempre riguroso…

¡Telón!

 

miércoles, 23 de abril de 2025

¡SALVE, WILLIAM SHAKESPEARE!

Por Giovanny Cruz Durán.



Un día como hoy en 1564 nace el más trascendental dramaturgo que jamás ha existido: William Shakespeare. Escribió 37 obras de teatro. Cabe indicar que una de esas obras nunca ha sido publicada. Esta obra perdida, « The History of Cardenio », del llamado Poeta de Avon, se escribió a partir de una de las novelas intercaladas de « El Quijote »: « La historia de Cardenio ». No pocas personas aseguran hasta haberla tenido en sus manos. Se considera que dicha obra es el Santo Grial del canon literario. Esto, porque establece una conexión directa entre los dos más grandes escritores de la humanidad: Shakespeare y Cervantes. La mayor evidencia de su existencia la aporta el registro que se hizo de su presentación (por la compañía del propio Shakespeare, Kings Men) en las cortes inglesas en 1511 y luego en 1513. Esta obra habría sido escrita y representa cuando el dramaturgo tenía ya 52 años y se especula que entonces padecía del cáncer que finalmente tomó su vida. 

La vida de Shakespeare ha estada marca por el misterio. Precisamente, otro de sus grandes misterios se encuentra en la misma tumba del poeta. Se piensa que con él enterraron otras siete obras suyas. Nadie se ha atrevido a desenterrar esas obras. Esto, porque la tumba de Shakespeare, en la Iglesia de la Santísima Trinidad en Stratford-upon-Avon, tiene un epitafio que advierte contra perturbar sus restos. Dice: "Buen amigo, por amor a Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito sea el hombre que perdone estas piedras, y maldito sea el que mueva mis huesos".

Sobre Shakespeare ha habido grandes controversias. Sus obras tienen tanta dimensión literaria que grandes tratadistas niegan que él haya, dada su real formación, escrito las obras en cuestión. Varios escritores son citados como los verdaderos autores de esas obras: Francis Bacon, Christopher Marlowe, Edward de Vere, Henry Neville; entre unos treinta y cuatro más. También señalan como posibles Shakespeare” a tres mujeres: la reina Isabel I, la gran poeta y aristócrata María Sidney y Amelia Bassano Lanier, judía de origen italiano que escribió el primer poema publicado (1611) por una mujer en Inglaterra: Salve Deus Rex judeorum”. Prácticamente hoy se acepta, no sin algunas resistencias, que Amelia es la famosa dama negra” de los sonetos de Shakespeare. 

No obstante, reniego decidido de que Shakespeare no es al autor de las 37 obras que suponemos suyas y de sus sonetos. Ninguno de los escritores señalados, en obras sí publicadas con sus nombres, ha logrado la genialidad de Shakespeare. En mi condición de dramaturgo, actor y director teatral les aseguro que quien escribió las obras shakesperianas tenía un amplio conocimiento y entrenamiento en teatro. De todo el grupo, sólo William Shakespeare era actor y director teatral.

Estoy absolutamente convencido que Shakespeare fue el primer director teatral que existió o, al menos, el precursor directo de los directores teatrales. Antes de él sólo existían los llamados administradores escénicos. Empero, en la obra Hamlet”, este organiza una presentación teatral para los nobles. En una escena podemos ver que Hamlet da instrucciones direccionales muy apropiadas a sus actores. Desde mi punto de vista, así dirigía Shakespeare a los suyos.

Una persona común utiliza unas 300 palabras distintas. Alguien con un poco de mayor formación utiliza entre 500 a 800 palabras diferentes. Un escritor común escribe entre 3 y 8 mil diferentes palabras. En sus 36 obras dramáticas que sobreviven, Shakespeare escribió 884,647 palabras en total, 31,534 distintas, para construir con ellas 31,959 diálogos en 118,406 versos. Utilizó 138,198 comas y 15,785 signos de interrogación. En 2,259 veces sus personajes hablan de amor y sólo usan el término odio en 226 ocasiones. ¿Categoría? Genio absoluto.

Las obras de William Shakespeare fueron publicadas, seis años después de su muerte, en el libro titulado First Folio. Son las siguientes:

 



• La comedia de los errores

• Como gustéis

• La fierecilla domada

• El mercader de Venecia

• Las alegres comadres de Windsor

• Mucho ruido y pocas nueces

• El sueño de una noche de verano

• Noche de Reyes

• Los dos hidalgos de Verona

• El cuento de invierno

• La tempestad

• Medida por medida

• Timón de Atenas

• Cimbelino

• Bien está lo que bien acaba

• Todo es verdad

• El rey Juan

• Trabajos de amor perdidos

• Enrique IV, parte 1

• Enrique IV, parte 2

• Enrique V

• Enrique VI, parte 1

• Enrique VI, parte 2

• Enrique VI, parte 3

• Ricardo II

• Ricardo III

• Enrique VIII

• Coriolano

• Tito Andrónico

• Romeo y Julieta

• Hamlet

• Otelo

• El rey Lear

• Macbeth

• Antonio y Cleopatra

• Julio César

• Troilo y Crésida

 

 Hoy es un día muy especial. Voy a preferir que escuchen aplausos y no mi tradicional… ¡Telón!

 

sábado, 22 de marzo de 2025

¿Y cómo le explico a los duendes que Iván García se ha ido?

¿Y cómo le explico a los duendes que Iván García se ha ido?

Por Giovanny Cruz Durán.


Si. ¿Cómo se lo explico cuando fue siempre el rey verdadero de los gnomos?  El anciano de risa escandalosa para semejarse a un niño. Si. Ese Iván que introduce la vanguardia en la dramaturgia teatral de Hispanoamérica. Si. Ese duende gigantesco que enseñó todo y nos enseñó a tantos. Esto, porque nunca fue miserable con su inmenso conocimiento, con toda su cultura. Su biblioteca estaba siempre abierta. También su corazón. Desterró de su vida sentimientos mezquinos como el odio, la envidia y la tristeza. Su nobleza y bondad eran leyendas. Y no lo digo ahora para cumplir con los insoportables rituales de la muerte. Esos rictus terribles que han iniciado para que no tengamos ya dudas que Iván García se nos acaba de perder en un recodo ignoto del camino.

Como buen renacentista, no hay una sola disciplina del arte que no cultivase, ni pretendiera que todos asumiéramos. Nunca fue bueno bailando en los salones; pero sí pudo hacerlo en muchos escenarios. 

Ahora, sus súbditos en el reino de los elementales (gnomos, ondinas y silfos) tendrán que esperar se cumpla el proceso de la transición definitiva para que Iván sea el gran protector universal. Así, porque a donde quiera que en verdad trascienda (si acaso es cierto que lo hacemos) Iván estará, sin dejar nunca de reír, soplando buenos alientos a la tierra.  Un hombre de bien. De bondades absolutas. ¿Cómo explico a los actores y actrices que ya no podremos verlo o tenerlo entre nosotros? ¿Cómo llamo a Carlota,  María, Salvador, Lucía, Elvira, Lidia, Exmin, Giamilka, Amarilis, Fausto, Indiana, Lebrón, Paula, Augusto, Nilleny, Johnnié, Bonilla, Henssy, Robinson, Henry, Juan Carlos, Arturo, Disla, Clara. Canek, Xiomara, Claudio, Karina, Juancito, Isabel, Arturo, Ernesto, Yorlla, Vidal, Jorge Santiago, Teo, Amauris, Lillyanna, Kenny, Germana, Basilio, Francis, Micky, Chapuseaux, Yanela, Carlos, Dante, Orestes, Wilson, Félix; entre muchos, para decirle que a Iván García ya no lo podremos ver con vida? 

¿Quién, quién, quién será ahora tan valiente que irá donde Franklin Domínguez para informarle que Iván se ha escapado de este mundo? ¿Quién, quién, quién? Me ofrecería si pudiera hacerlo sin llorar.

Bien, tendrán todos esos duendes y hadas que aceptar, si fuese posible, que hoy no lo tenemos. Pero… ¿y mañana? ¿y luego de mañana? De esa angustia, al parecer, ya nunca nos vamos a librar.

Iván, el de “Interioridades, “Los tiranos”, “Un héroe más para la mitología”, “Un Quijote para todo el mundo”, “Andrómaca”, “Soberbia”, “La guerra no es para nosotros”, “La fábula de los cinco caminantes”, deja un profundo abismo en la dramaturgia del planeta. 

—Iván, si puedes escucharme todavía, dime dónde buscar tu adaptación de “Romeo y Julieta”. La he perdido y es la mejor adaptación que se ha hecho en nuestro mundo de esa obra de Shakespeare.

Divago. Lo reconozco. Es que todavía no sé por dónde comenzar a reunir las palabras para convencer a los actuantes que en los escenarios no tendremos uno de sus portentos. Así es. Quizás nunca puedo yo, parlante miserable, encontrar los vocablos para explicar a los duendes escénicos que Iván García ya no es uno en este plano de la existencia.

¡Cuánta tristura! ¡Cuánto angustia! ¡Qué desasosiego tan grande por el amigo que hoy ha cerrado su particular… 

¡Telón!

lunes, 9 de diciembre de 2024

Lo que noté en “Un cuento de Navidad”

 

Lo que noté en “Un cuento de Navidad”

Por Giovanny Cruz Durán.



Aunque no acostumbro ver estrenos teatrales, lo confieso, acudí el pasado viernes (casa llena) a la primera entrega de “Un cuento de Navidad”; basado en el texto de Charles Dickens, bajo la adaptación y dirección de Josué Hirujo, en el Teatro Lope de Vega (sin duda el escenario no oficial más completo y hermoso del país). 

 

El trabajo de Josué Hirujo me pareció impecable. Buen manejo de la plantilla actoral y todavía mejor el manejo de sus recursos técnicos. En esta puesta en escena, en tempo de teatro musical, Hirujo sortea, con inusual maestría en alguien tan joven, los distintos elementos que conforman su propuesta artística. El esteta francés Joan Doat define al teatro como “una síntesis de artes que exige un arte de la síntesis.” En muchos de los musicales que veo en el país, escenas y recursos lucen como parches o construcción de hojas sueltas. Esto, porque no siempre logran que todos los elementos que conformar la síntesis aludida, se conviertan en una obra de arte en si misma. Josué Hirujo y Fiora Cruz sí lograron hacerlo en este “Un cuento de Navidad”. Mi reverencia. 

 

Luces, vestuario, escenografía y demás elementos de producción jamás compiten con la célula madre del teatro: el actuante. Más aún: resaltan toda la belleza poética que tiene esta gran producción, en la cual se nota una notable inversión de recursos y ponderada imaginación. Nada dejado a la casualidad. Hay un momento especial en el cual el vestuario de Renata Cruz Carretero se vuelve “transforme”. ¡Espectacular! Lo aplaudí. 

 

Aunque siempre procuro en mis comentarios críticos nunca contar ciertos detalles, no puedo evitar resaltar la escena en la que colocan 18 velones (de 12 pulgadas cada uno) y sobre este marco lanzan copos de nieve: pura magia, pura poesía. Logrado. ¡Sobrecogedor!

 

Coreografía y música realmente profesional. No puedo dejar de citar un acertado recurso que reviven en esta realización: el de la Sombra Chinesca. Ahí hay toda una nostalgia.

 

Un siempe efectivo actor Exmin Carvajal, interpretando a Scrooge, logra sin duda la mejor actuación de su carrera teatral. Un trabajo en el cual Exmin luce comprometido todo el tiempo. Proteico. Buen manejo de  sus recursos vocales. El joven actor y cantante Guille Martín provocó la admiración sincera de este veterano hombre de teatro. En Martín tenemos un actor con un futuro enorme en nuestros escenarios. Indirita Acosta, también cantante y actriz, aunque sus mejores momentos ocurren cuando canta, en uno de los tantos personajes que realiza (especie de ángel blanco) logra una magnífica interpretación.

 

Este es un trabajo teatral de gran belleza que, dentro de los parámetros que permite el escenario, no renuncia a la espectacularidad y a sus emociones. Nada mejor para resaltar en una producción sobre las tablas la magia de todos los diciembres, a la que muy bien podría yo ir nuevamente, algo casi imposible lograr que haga.

 

Salí contento del Lope de Vega. Pienso en la obra y sigo contento. Mientras la sigo aplaudiendo desde mi casa, debo dejar ahora que corra el necesario…

 

¡Telón!

 

lunes, 21 de octubre de 2024

Zafra y mi discurso del FENATE

Zafra y mi discurso del FENATE

Por Giovanny Cruz

 


Llegar a este momento, luego de casi dos años de planificación y trabajo, nos produce una gran satisfacción. Es propicia la ocasión para resaltar que llegamos al inicio de este octavo Festival Nacional de Teatro, gracias al trabajo de lo que sin duda es un equipo viceministerial espectacular que, encabezado por Rosa Elena Rodríguez y Yeny Jiménez, ha hecho esto posible y del total apoyo de todos los estamentos de nuestro Misterio de Cultura. Resalto el trabajo y acompañamiento de cada colaborador de la Dirección de Comunicaciones. Aunque pienso que el equipo de nuestro Viceministerio es envidiable, no lo voy a decir a boca llena para evitar los naturales celos. Así que, favor de borrar mi aseveración.

Todo evento cultural es trascendente. Pero, precisamente, esa eventualidad produce siempre un dejo de preocupación. Es imprescindible, para lograr la gran relevancia del evento dotar a este de contenido, formación y propósito duradero. Algo que no ocurre sólo con desearlo. Por eso, nuestros festivales de teatro no sólo ocupan los 10 u 11 días de rigor. No. Nuestros festivales tienen una duración de meses. Y es así, porque están llenos de una pedagogía que aporta mucho al desarrollo del sector y del país. Tanto en el Festival Internacional de Teatro como en este, hemos logrado resultados fascinantes con las enseñanzas en diseño de vestuario, escenografía, dramaturgia, musicalización, maquillaje, manejo del cuerpo del actor, luminotecnia, manejo del actor frente a la cámara de cine y la producción cinematográfica. Hemos logrado elevar los talleres a categorías de cursos. Es que en este exigente tiempo un simple taller resulta limitado e insuficiente. 



También resaltable es el rigor que se aplica en la selección de las producciones teatrales. Este año, esa complicada tarea recayó sobre Exmin Carvajal, Karina Noble y Augusto Feria. Siendo el profesor y actor Víctor Vidal presidente del jurado; con voz, pero sin voto por ser empleado del Ministerio. El director teatral y escritor Mario Lebrón ha hecho una magnífica labor como el vocero oficial de este FENATE.

Nuestros festivales son espacios para la comprobación, la reflexión y la exposición. Ahí radica su trascendencia y probada valoración.



La maestra de generaciones Lillyanna Díaz se ha puesto este año frente a la troupe de los artistas escénicos. Se ha convertido, de repente, en la compinche actual y peligrosa agitadora de tipas y tipos de aquí que se maquillan y disfrazan para desde cualquier escenario presentar conflictos, una dialéctica de escenario y lanzar consignas culturales. ¡Tamaño asunto! Lillyanna es una mujer tan peligrosa que ya ha logrado las complicidades de  artistas como Germana Quintana, Nileny Dipton, Francis Cruz, Clara Morel, Claudio y Dimitri Rivera, Xiomara Rodríguez, Fausto Rojas, Indiana Brito, Yanela Hernández, Vicente Santos, Maritza Reyes, los artistas de Anacaona Teatro, Lidia Ariza, Elvira Taveras, Manuel Chapuseaux, José Bonilla, Patricio León, Isen Ravelo, Licelotte Nin, Basilio Nova, Astrid Gómez, Rafael Morla, Dayme del Toro, Pablo Clark, Robeliza Pérez, Alexander Duval y 300 más que se adueñarán de escenarios, calles y medios de comunicación para expresar contenidos sorprendentes. Advierto a la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía que ellos no son censurables. Saben hablar, se han entrenado en movimiento y estrategia, conocen de luces y tramoya, se visten de acuerdo a las circunstancias y no son fácilmente identificables cuando se ponen esas máscaras corporales a los que llamar personajes, que procuran ser proteicos. 
Gente del DNI no pierdan su tiempo, porque no lograrán desenmascararlos. Son maestros del camuflaje. Sólo una cosa los podría evidenciar: actores y actrices no son buenos mintiendo. La gente de la escena ha sido diseñada para expresar emociones y no para esconderlas.




Lo peor es que logran, y no se sabe mediante cuáles artimañas, que la gente aplauda hasta el delirio la labor que hacen. Son peligrosos, pero imprescindibles. Proclaman ser dueños absolutos de la escena nacional. 

Como no podemos evitar que ellos, y Lillyanna, atraviesen los telones y ocupen los escena-rios, me quito del medio, cedo del paso y los sigo, convertido yo en un sátiro, desde el final de sus filas como escolta de las musas Thalía y Melpómene, los dioses Dioniso y Apolo, Tartufo, el gallo, muñecas, cigarra y la abuela de un escorpión. ¡Zafra!


Zafra (Ballet Folklórico Dominicano) a casa llena en el Teatro Nacional

¡Corran! ¡Rápido! ¡Ya! ¡Conecten las luces! ¡Activen el sonido! ¡Preparen la tramoya! ¡Actores y actrices dominicanos son desde hoy… los verdaderos monarcas nacionales! 

¡Abran los telones que el espectáculo… va a comenzar!

lunes, 14 de octubre de 2024

¡El Cemí de Algodón regresa a su patria!

Por Giovanny Cruz Durán.

 

La ministra de cultura dominicana y su par en Italia firman acta de
entendimiento para que el cemí regrese al país


Nuestro cemí de algodón es una pieza única que salió del país a finales del siglo IXX y jamás ha regresado, a la que no pocos califican como nuestro particular Tutankamón. Este escritor e investigador cultural la califica como el más trascendente y valioso tesoro antropológico de las Antillas.  

Su partida de nuestro territorio siempre ha estado rodeada de misterios y conjeturas; que en este momento no tendría ningún sentido refrescar. La leyenda cuenta que fue encontrado por un campesino en las cuevas del Pomier, provincia San Cristóbal.  El periódico Corrierre della Sera, de Italia reseña que el cemí fue comprado por Giovanni Battista Cambiaso en 1882, y luego enviado a familiares en Génova. Ahí empezó un periplo inigualable. Destaco que el museo, al que luego sería donado, la registró como una pieza centroamericana. 


El primero en hablar del cemí  en cuestión, a nivel internacional, habría sido el antropólogo estadounidense Jesse Walter Fewks, quien en 1891 anunciaba su descubrimiento adjuntando un dibujo de un tal capitán Appleton, de Boston, en el que se representan dos cemíes (el de algodón y uno de madera)

En 1892, el pintor Rudolf Cronau visitó la isla y dibujó con detalles el cemí. Pero en 1903, cuando Fewks vino al país, ya el cemí no se encontraba aquí.

En el año 1999, en un encuentro del intelectual Tony Raful y yo, ante la inminencia del triunfo de Hipólito Mejía, juramos hacer todo lo posible por regresar el cemí de algodón a nuestra isla. Una vez juramentados Tony y yo como funcionarios de la Secretaría de Estado de Cultura, iniciamos las gestiones para recuperar el cemí de algodón. 

Dado que la pieza no salió del país en calidad de hurto y estando por donación legítima en un museo de Turín, las gestiones, aunque tesoneras, no dieron con el propósito añorado. Luego, me consta, gestiones similares encaminaron los exministros José Rafael Lantigua y José Antonio Rodríguez. Pero infructuosos resultaron sus esfuerzos.

Al llegar Luis Abinader a la presidencia de la República y ser Tony Raful designado como embajador extraordinario y plenipotenciario en Italia, éste retomó inmediatamente el viejo plan de recuperar al cemí. Aunque muchos llegamos a sentir que nunca podríamos recuperar la valiosa pieza antropológica, Raful nunca se dio por vencido. Y salvando obstáculos legales y protocolares nacionales e internacionales siguió con su lucha. En ese tenor, dio un significativo paso de avance cuando firmó un protocolo de intención con la Universidad de Turín, dueña del museo en el cual nuestro cemí es la pieza principal.

Pero no crean que luego de este acuerdo todo ya estaba resuelto. No. Tony, al que nadie logró apartarlo de su objetivo, involucró a la ministra Milagros Germán y al director general de museos, Carlos Andújar. Nuevos pasos legales y protocolares.

Finalmente, en espera de todos los últimos detalles, comparto con ustedes que hoy se ha firmado, entre nuestro ministerio de Cultura y su símil en Italia, el acta de entendimiento mediante la cual nuestro cemí, que se supone tiene dentro el cráneo de un cacique, vendrá en el 2025 al Museo del Hombre Dominicano. Adelanto que ese será el acontecimiento de cultura más relevante en toda nuestra historia.

Aplausos y… abran el telón… No… abran todos nuestros telones.