sábado, 13 de junio de 2015

Crónica de dos actores venezolanos en el siglo 19

Crónica dos actores venezolanos en el siglo 19
Oscar Acosta



Nota: el buen amigo, teatrero e investigador venezolano Oscar Acosta, acaba de publicar un artículo 
sobre José Ferrer y Cecilia Baranis que nos toca sensiblemente. Les recuerdo que estos dos actores venezolanos, como he documentado (http://lapasioncultural.blogspot.com/2013/07/actores-venezolanos-en-nuestra.html)  jugaron un rol  protagónico en el teatro que realizó aquí la Sociedad Dramática de Juan Pablo Duarte y sus trinitarios. Reproduzco el artículo de Oscar Acosta reiterando mi eterno agradecimiento a Ferrer y la Baranis, quienes no sólo fueron los protagonistas de las piezas representadas (e iniciadoras de nuestra Revolución Independentista), sino sus directores artísticos.


A la luz datos desconocidos sobre la escena venezolana
Artistas criollos participaron en Independencia Dominicana
José Ferrer y Cecilia Baranis, se dedicaron por décadas a los escenarios, conquistando la popularidad del público en las nacientes repúblicas caribeñas

Con la nueva Venezuela que surgió posteriormente al triunfo de Carabobo se abrieron  perspectivas culturales y artísticas transformadoras en el afán de imponer los ideales republicanos, contrarios a la añeja visión monárquica que imperó por más de tres siglos. El teatro ocupó un lugar importante en este proceso como medio de comunicación por excelencia, no solo por su indudable capacidad de transmitir de manera expedita y abierta los nuevos idearios, sino también por la amplia y masiva aceptación popular, sin importar el origen o la condición social de los espectadores, herencia de la tradición impuesta por la cultura colonial.
Una faceta poco estudiada de este período es  la actuación teatral. De las representaciones hechas en el pasado remoto nos quedaron como evidencias constatables los escenarios y las obras, así como una gran cantidad de referencias sociológicas e históricas del conglomerado espectador, pero muy poca o ninguna información de los actores, artífices principales y centro mismo del evento dramático, condenados al olvido por el carácter efímero y perecedero de su arte. Dos artistas dramáticos,  destacan en los albores del teatro venezolano: Cecilia Baranis y José Ferrer. Poco sabemos de ellos, a pesar de las  reiteradas menciones que encontramos en los documentos oficiales y prensa de la época. Las primeras referencias al dueto las hallamos a finales de los años 20 del siglo XIX, cuando formaron parte de la compañía  del segundo Coliseo caraqueño, ubicado en la esquina que lleva hoy el mismo nombre, adyacente a la estación del metro La Hoyada.
En la Gaceta del Gobierno (1), periódico oficial esos años, fueron publicadas en 1829, suscritas por un autodenominado “un amante del teatro”, exhortaciones a que José Ferrer y José María Ponce, empresario dueño del Coliseo, arreglaran sus diferencias por razones de ajuste salarial.   El anónimo conciliador expresa su queja por la ausencia de Ferrer en la “representación pasada” de una comedia titulada la “Escocesa”, en la que “ni aún la señora Baranis, lució en su papel por no encontrar quien compita con su habilidad”. Otro reclamo del mismo autor, hallamos una semana después en la Gaceta (2), esta vez en un tono  cómicamente desesperado: “Que vuelva Ferrer, Ferrer, Ferrer, y mil veces Ferrer”. De ambos escritos se deduce el favoritismo y la  popularidad de la cual gozaban los dos artistas entre el público caraqueño.
Las desavenencias entre Ferrer y el empresario no se resolvieron. Constancia de ello encontramos en un expediente que reposa en el Archivo General de la Nación (3), el cual arroja datos reveladores sobre el artista, quien solicitó licencia a las autoridades para dar funciones en el “Teatro provisional q.e tiene establecido la Sra. Romualda Rubí en la esquina q.e nombran de Beroes” (sic.) La solicitud es negada por el privilegio de exclusividad para las escenificaciones, decretado desde Bogotá en 1828 por el Libertador Simón Bolívar, a favor de los empresarios del Coliseo. En ese momento la compañía regente del único teatro caraqueño la dirigía el español Andrés Juliá García, otra importante figura dramática y autor del primer ensayo sobre el arte teatral publicado en Venezuela, en 1839.
Gracias al petitorio que suscribe Ferrer en este expediente, sabemos que, ya en 1834, tenía muchos años representando funciones teatrales en Caracas y otros lugares de la República, así como que debía sostener a una “numerosa familia”, a la vez que reclamaba para si el haber mejorado “como es notorio el arte dramatico en esta capital, que se hallaba en el mayor atraso”. (sic)
Sea por su imposibilidad de dar funciones en Caracas, la principal plaza teatral del país, debido al monopolio del Coliseo, o  por el trashumar característico de los teatristas de esa época en busca del favor del público, en abril de 1841, la pareja de histriones lleva su arte a Bogotá. Así lo evidencia una nota publicada en el periódico neogranadino El Condor (4) que anuncia un nuevo contrato para representaciones por cinco meses, suscrito por “José Ferrer, director” y “la señora Cecilia Baranis, primera dama”, entre otros actores venezolanos, refiriendo los ventajosos informes de varias personas sobre “el mérito artístico  y la buena conducta” con que los habían visto “trabajar  en tránsito a la ciudad”. Suponemos, ya que la reseña  no da más datos, que la temporada fue programaba para el llamado Coliseo Ramírez, por muchos años principal escenario bogotano.
Aunque no hay absoluta precisión sobre la fecha,  José Ferrer y Cecilia Baranis participaron en la independencia de República Dominicana -poco antes o después de su estancia en Bogotá- donde fueron llamados  por los llamados Trinitarios, grupo de jóvenes líderes independentistas en ese país, para participar en la Sociedad Dramática que fundaron, a fin de difundir las ideas republicanas y autonómicas a través del teatro, aproximadamente en el año 1840. Tal episodio, con el Padre de la Patria dominicana Juan Pablo Duarte a la cabeza, constituye un capítulo único del teatro en nuestro continente, en el cual los actores -y entre ellos dos compatriotas- se convirtieron en  voceros protagónicos de los nuevos ideales de transformación. Las piezas interpretadas, escogidas por su contenido para incendiar el sentir político popular, ganaron categoría y profesionalismo con la participación de los actores venezolanos. Se conserva un afiche que anuncia un espectáculo en el que participa Cecilia Baranis. Así mismo, el historiador y ensayista dominicano Pedro Troncoso, apunta  la circulación  de un volante que anunciaba una función a "Beneficio de José Ferrer, galán alternativo de este teatro" (5).
Hay constancia de que la Baranis siguió activa en Venezuela en plan estelar hasta pasados los años 50. En 1850, protagonizó en Valencia (Edo. Carabobo) la pieza La víctima de la libertad o Policarpa Salavarrieta de Lisandro Ruedas, drama de carácter patriótico que recrea el sacrificio de la  heroína independentista colombiana, como notamos en el reparto referido en la primera edición de esta obra; así mismo son frecuentes las alusiones a sus interpretaciones en la prensa capitalina de entonces. Sobre Ferrer sabemos que, en 1853, retomó la actuación luego de años de ausencia, contribuyendo al éxito de la obra Matilde o las Cruzadas del español Francisco de Paula Lasso de Vega, representada en Caracas, según nota crítica aparecida en el Diario de Avisos y Semanario de las Provincias, que reza “el sr. J. Ferrer que apareció en las tablas después de muchos años de retiro”, tal como cita el investigador José María Salvador en su estupendo trabajo sobre la crítica teatral y musical  durante el gobierno de los Monagas (6) .
En República Dominicana, Giovanny Cruz, reconocido actor, director y  dramaturgo de ese país hermano, desde hace tiempo emprendió una cruzada a través de sus artículos y conferencias para desentrañar y enaltecer la memoria de estas figuras artísticas venezolanas. Tal es su entusiasmo que escribió un monólogo, aún inédito, titulado El último personaje de Cecilia B. Este redactor, compartió con él algunas impresiones y datos obtenidos en territorio nacional sobre el tema. Sirva el interés mutuo sobre el pasado teatral, para rendir homenaje a esta pareja de creadores  que contribuyeron a la profesionalización del arte latinoamericano y que merecen salir del olvido al que fueron relegados por el descuido de nuestra memoria histórica.

1 “Teatro”, Gaceta de Gobierno,  15 de agosto de 1829, p. 3, 2a col.
2 “Teatro”, Gaceta de Gobierno,  22 de agosto 1829, p. 4, 1a-2a col.
3 Legajo de la Provincia de Caracas, año 1834, número 7.12.- Expediente que contiene la necesidad del teatro que dirige José Ferrer por no tener local propio. Año 1934.
4  “Teatro”, El Condor,  N° 4, 1841,  p. 16, 2a col.
5 Vida de Juan Pablo Duarte, p. 110. Instituto Duartiano, Colección Duartiana, V. XI, Santo Domingo, D.N., 2005

6  Mariano de Briceño, un crítico musical y teatral en Venezuela durante el dominio de los Monagas (1847-1858), p. 4, Ponencia presentada en I Congreso Venezolano de Musicología 2007, Universidad Central de Venezuela.

sábado, 23 de mayo de 2015

The body generetion


       The body generation
No negaré la buena dosis de nihilismo que hay en esta entrega y las serias dudas  y cuestionamientos que tiene este autor sobre aspectos fundamentales de la generación de estos tiempos. 
 Veamos si ella, al menos, resiste estas reflexiones de ninguna manera complacientes.

En 1966 el gran escritor puertorriqueño y buen amigo Luis Rafael Sánchez publicó su ensayo La generación O SEA; el cual podemos leer ahora en Internet. Este ensayo, no ausente de teatralidad, nos muestra la pobreza del léxico del estudiantado en Puerto Rico (pienso que en casi todo el Caribe) y, consecuentemente, la miseria espiritual del Ser regional. Imagino que si el narrador y dramaturgo puertorriqueño hubiera escrito el ensayo aludido en nuestro país nos hubiese llamado “La generación cosa"  o "La generación vaina." Conocidas castraciones lingüistas de estos lares.

Pasan los años y aquella reflexión de Sánchez sigue teniendo una no agradable vigencia.

La pobreza espiritual, a nuestro entender, se ha ido peligrosamente magnificando. Hemos llegado al extremo que nos hemos ganado, sin discusión alguna, el título de “Generation Body.” 


El culto al cuerpo por el cuerpo, con todo lo que entraña, parece ser hoy la tónica y única actitud importante asumida por la generación que puebla hoy (¿o nubla?) nuestro planeta, donde la vaciedad se ha vuelto una constante.

Alguien dirá que ya los antiguos griegos cultivaron sus cuerpos casi hasta divinizarlo. 


Ciertamente en la Antigua Grecia el amor de la gente por el cuerpo era muy grande. Pero jamás —¡Jamás— se descuidó la mente que funcionaba en esa materia elaborada que es el cerebro. Los griegos cultivaban el espíritu y el intelecto aún con más vehemencia que los tributos que rendían a sus músculos; los cuales finalmente son, cuando no comparten espacios con la Idea, un montón de carnes listo para podrirse.

Ha habido una inconformidad histórica del ser humano con los atributos físicos que lo sustenta. Por ello llegamos, en franca actitud de espejos, hasta inventar seres mitológicos de poderes inconmensurables. Por ello, en estos tiempos de personas menos dadas a las reflexiones profundas, nos inventamos los llamados súper héroes. Los cuales no son más que una proyección que hace la sociedad capitalista de un manifiesto deseo de su Hombre.

Es en ese contexto que se da, entonces, el culto al cuerpo que hemos aludido.



Esto ha llegado a un punto que hasta un apretón de manos es una aventura en estos días. Decimos esto porque al hacerlo no podemos estar seguros si la piel que tocamos es realmente la original de ese individuo. Cuando besamos unos labios no nos extrañemos al descubrir que estos (igual que los dientes y las encías) han sido radicalmente modificados, y hasta cambiados, atendiendo simplemente a requerimientos o estándares estéticos de los tiempos en los cuales vivimos. Cuando admiramos unos bustos, aunque no querramos, debemos reservar por si acaso aplausos para algún cirujano estético cercano (figura relevante y "divina" que camina siempre al lado de las personas que se pasean en calles y plazas). 
 
La Generation Body siente que está obligada a reconstruir siempre sus narices. Los ojos actuales se compran por centavos en farmacias. Cualquier pierna bonita es sospechosa, porque puede que haya sido modelada por el bisturí. Cinturas, nalgas, estómagos y caderas hoy son sometidas a un proceso llamado lipoescultura. Penes y vaginas de la Generation Body son convenientemente alterados. Hasta los hímenes son hoy reconstruidos. Ni citar tenemos los implantes de cabellos que hombres y mujeres se hacen normalmente. Miles de seres humanos optan ahora por hacerse en sus cuerpos  tatuajes tridimensionales que alteran permanentemente la piel. Es frecuente ya el uso de incrustaciones metálicas en la lengua, en los labios, en el ombligo, en el pene, en el ano y, desde luego, en la vagina.

Al hacer el amor ya uno no sabe con qué fenómeno o monstruo ha llegado hasta la cama. Seguramente nos encueramos constantemente con perfeccionados frankeinsteines.

Hace unos días solicitamos a una amiga (siempre bien informada en esto de las transformaciones corporales) que nos hiciera una lista de las alteraciones del cuerpo en boga. En menos de cinco minutos teníamos un listado verdaderamente alarmante sobre las operaciones o alteraciones que se hacen las personas de nuestro tiempo. Observen:


—Liposucción (succión de grasa y eliminación de la misma).
—Lipoescultura (succión de grasa y reutilización de la misma en otras áreas del cuerpo).
—Rinoplastia (cirugía de la nariz).
—Mamoplastia de aumento y de reducción (cirugía de senos).
—Gluteoplastia (aumento de gluteos).
—Abdominoplastia (reducción de abdomen).
—Aumento de pantorrillas.
—Otoplastia (cirugía de orejas).
—Blefaroplastia (cirugía de párpados).
—Malarplastia (Implantes para pómulos).

También, en cualquier esquina aparece alguien ofertando hacer: 
Recorte o aumento del mentón, aumento de labios (inyecciones de colágeno), cirugías del estómago (varias técnicas), implantes de músculos, implantes de huesos (hasta de metal se hacen estos), láser facial (para quitar arrugas e imperfecciones), láser depilatorio (para eliminar los vellos del cuerpo), endermologie (tratamiento para la celulitis), masajes reductores (para bajar de medidas en algunas partes del cuerpo), rejuvenecimiento vaginal (estrechamiento vaginal y reducción de sus labios), blanqueamiento dental, carillas dentales, deplación con cera (cejas, bigotes, piernas, axilas, área del bikini), uñas chinas, los hombres se hacen implantes y reducción de pecho, aumento de pene, cirugías plásticas radicales en las caras; etcéctera.

El asunto ha llegado a tal dimensión que ya podemos comprar hasta gotas de la eterna juventud. Esto se hace inyectándonos por vía muscular cuatro dosis (una por semana) de la ya popular vacuna antivejez.


Pueden los lectores suponer el nivel de distracción que esto entraña, la superficialidad que lo acompaña y la cantidad de recursos y tiempo que se le dedica a esto en las sociedades nuestras cada día más adoradora del gran dios llamado Consumo.

Queriendo ser el Otro nos sometemos a cualquier proceso en manos de especialistas que garantizan cambios parciales o absolutos en nuestros respectivos cuerpos. 

Desde luego que siempre será ésto una misión imposible y un tanto caricaturesca. Primero, porque sabemos que detrás de “perfectas” sonrisas construidas en quirófanos, están nuestras anteriores morisquetas. Y segundo, el quirófano todavía no puede hacernos un poco más inteligentes, ni inyectarnos cultura, ni volvernos artistas de repente; mucho menos ponernos unas cuantas pulgadas de talento. Nada de eso. 

Al alma, al espíritud y al intelecto no hay escalpelo que lo penetre, ni existe un masajista que lo altere. A los tres tenemos que cultivarlos desde adentro. 

Pero una pregunta formulada me causa terror ¿Le interesa a la Generation Body esto algo más que un pepino? Ni me atrevo a plantearme la respuesta.
No obstante las frivolidades asumidas como meta  por la generación que nos ocupa, el verdadero monstruo que deambula por nuestros espacios interiores siempre estará ahí, aunque cubramos con fantasmas los espejos.

¡Telón!

jueves, 21 de mayo de 2015

José Ferrer, Cecilia Baranis, Juan Pablo Duarte y Oscar Acosta



Mucho debemos a los actores venezolanos José Ferrer y Cecilia Baranis. ¿Quiénes son?

Hasta que logré datos concretos sobre ellos (para mi conferencia "El Teatro revolucionario de Juan Pablo Duarte"), poco sabíamos de estos dos actores venezolanos. Nuestros historiadores solamente los citaban como actores profesionales... "probablemente extranjeros..." contratados por los Trinitarios para las realizaciones escénicas que Juan Pablo Duarte ideó con el fin de crear conciencia patriótica en la isla, previo a nuestra revolución independentista. Empero, luego de una ardua investigación, pude determinar quiénes eran estas dos figuras del arte hispanoparlante.

(http://lapasioncultural.blogspot.com/2013/07/actores-venezolanos-en-nuestra.html)

Como ya he comentado en entregas anteriores, es casi seguro que José Ferrer y Cecilia Baranis, no sólo actuaron en las obras de los trinitarios, sino que las habrían dirigido. Sobre todo José Ferrer, del cual tengo documentos que prueban que dirigía piezas y proyectos teatrales en distintos países del Continente Americano. 

Les recuerdo que Duarte, que también era un artista, tenía tanto respeto por la actividad teatral profesional que decidió no actuar en las piezas, ante ciertas dudas de sus atributos escénicos (según los cánones de la época). Entonces, no iba el patricio a asumir la dirección escénica de su proyecto teatral. Mas, cuando tenía contratado a verdaderos artistas escénicos profesionales. Por supuesto que no. Esa responsabilidad, estoy convencido, recaería en José Ferrer y Cecilia Baranis.

Todavía investigo las circunstancias en las que Duarte contactó a José Ferrer (reconocido artista y masón venezolano) y la posibilidad de que estuviera relacionado con Ferrer y la Baranis cuando decidió vivir definitivamente en Venezuela. 

Como un dato curioso, aporto que Cecilia Baranis se ausenta de la historia teatral venezolana, por la misma época en la cual Duarte decide hacer vida comercial, cultural y política en Venezuela. ¿Coincidencia? Francamente no lo sé.

Oscar Acosta
Pero el asunto que quiero compartir con ustedes, es una colaboración que me ha enviado el colega venezolano Oscar Acosta, quien se ha apasionado con mi investigación historica-teatral y la ha sumido como suya.

Oscar Acosta tiene la creencia de que José Ferrer también estuvo colaborando con patriotas venezolanos: "Tengo una presunción que le sorprenderá: estimo que Ferrer fue el encargado de dirigir una obra en la cual participó José Antonio Paéz, para entonces jefe político y militar de Venezuela. Esto fue en 1829, en el primer montaje de Shakespeare del cual se tiene registro."

En sus investigaciones, Acosta encontró, en por lo menos dos distintos documentos, la firma autógrafa del actor, masón y patriota José Ferrer. Uno de los documentos es sobre un litigio del actor contra las autoridades porque no le permitieron abrir un teatro en Caracas.



Para los dominicanos este es un documento trascedente. Es la primera vez que tenemos algo así de esta personalidad. ¿Notaron los tres puntos masónicos de la firma de Ferrer?

Oscar Acosta sigue investigando y ahora está detrás de la firma de Cecilia Baranis, quien protagonizara las obras que aquí presentaron los trinitarios. Por lo menos una de ella (Roma libre), también se realizó por aquellos años en Venezuela.

El Teatro jugó en rol capital en nuestra lucha independentista. La Nuestra es la única revolución independentista de la historia del planeta, que sale de los escenarios teatrales. Es el deber nuestro ahora procurar que la memoria escénica y la consecuente deuda, se mantengan por los siglos de los siglos.

¡Telón!

miércoles, 20 de mayo de 2015

Sobre "Particle fever"

Particle fever

¿Por qué los humanos hacen Ciencia? ¿Por qué los humanos hacen Arte? Las cosas que menos importan para sobrevivir son las que nos hacen más humanos. (Savas Dimopuolos)

Savas Dimopuolos
Esta es la reflexión final, en el documental de Netflix (TV de paga que mi hija Fiora casi me obligó a contratar) titulado “Particle fever”, de unos de los físicos teóricos más importantes (Savas Dimopuolos) de aquellos que conceptualizaron sobre la llamada Partícula de Dios. Dicho documental, que recomiendo verlo con carácter de urgencia, narra todo el proceso que llevó a descubrir la partícula donde se inició realmente la vida: el Bosón de Higgs.

En entregas anteriores ya les he contado (http://lapasioncultural.blogspot.com/2013/10/sobre-la-creacion-de-la-creacion-de-luz.html) que lo irónicamente llamado Big Ban, en realidad se trató de una Singularidad o Curvatura del Espacio que duró millones de años en concretizarse. Luego de este largo proceso, el universo (o el multiverso) estaba formado por partículas subatómicas. Sin embargo, en algún instante cósmico, una de ellas, la Partícula de Higgs (bautizada así en honor al físico Peter Higgs, su identificador) logró que otras partículas pudieran organizarse para conformar el átomo; luego se formarían las moléculas; luego el universo y finalmente… nosotros.

No fue una partícula o una voluntad inteligente quién hizo todo esto. No. Fue el resultado del choque violento de partículas de luces que creó al Bosón de Higgs, en un proceso de miles, de miles, de miles de millones de años. Y desde el Bosón.. se hizo la luz... y la vida.


Máquina donde comprobaron existencia del Bosón de Higgs
Cuando en el 2012 anunciaron el real comprobación física del la Partícula de Dios (en presencia del físico que la teorizó: Petter Higgs), me sentí emocionado. Comencé a sentir que me estaba comprendiendo a mi mismo, luego de tanta oscuridad, y ubicándome realmente en el cosmos.


Pues el asunto es que acabo de ver en Netflix un muy apasionante documental  (http://www.netflix.com/WiPlayer?movieid=70296323&trkid=13462047&tctx=0%2C3%2C4359192a-2c0a-4b3f-b7f4-03747509e990-55873003) la investigación de marras (más de 20 años de trabajo) que logró varias veces emocionarme. 

Como realización cinematográfica el valor del documental es extraordinario. Como documento científico se trata de una contribución insuperable. Para la humanidad este trascendente documental hace un aporte inmenso.


Búsquenlo inmediatamente. Mírenlo. (No pocos críticos ya están escribiendo sobre que esto es de lo mejor que se ha hecho en muchos años). Serán más inteligente después de esa experiencia y mirarán con mayor frecuencia hacia la Luz.

domingo, 17 de mayo de 2015

Telegrama abierto a Manuel García Cartagena

Telegrama abierto a Manuel García Cartagena:

Copia a Marcio Veloz Maggiolo, Diógenes Céspedes, José Mármol, Odalis Pérez, Basilio Belliard, Iván García, Tony Raful, José Rafael Lantigua, Miguel Ángel Fornerin, Mateo Morrison, Chiqui Vicioso, Andrés L. Mateo, Carlos Esteban Deyve, Clara Silverio, Ramón Ramírez-Báez, Martha Rivera, Marcallé Abreu, Osiris Madera y otros amigos escritores.


Admirado Manuel, leí varias veces entrevista de cierto tocayo. Lo hice para aprender del gran maestro de la literatura universal y mejor crítico que jamás ha tenido la humanidad (Di Ebony... ¿o Prieto?).
Decepcionado quedé. Él lució, a este artista de El Caimito de Moca, un tanto arrogante y más pintoresco que profundo. No sabía que sentenciar es criticar. Mucho menos que los “me gusta” y los “no me gusta” eran categorías estéticas o críticas. Es posible que ahora la degradación sea vista como crítica. Parece que los criterios han cambiado. Bajar a los mejores que uno, aprendí en El Caimito, es el oficio de los ascensoristas. ¡Qué tontos somos en El Caimito! (Te juro que esto no es falacia de conmiseración.)
Se, como me enseñó Durrenmatt, que cuando se es escritor o artista… “uno está expuesto a la crítica como a la gripe”; empero, también sé, como comentaba Kenneth Tynan, que en ciertos casos…  un crítico es un hombre que conoce el camino, pero que no sabe conducir el coche.”
Otro asunto, Manuel, hablando sólo de Arte Culinario: a mi no me agrada mucho la tayota; por eso no la como. Y como no es de mi agrado tampoco me ocupo de ella. Lo he hecho en el pasado solamente para congraciarme con los mismos que también la odiaban.
Ocurre que en el patio del coquí a muchos resulta gracioso que despotriquen contra los descendientes de Anacaona y Caonabó...  y…
Me interrumpo por temor alejarme, como hace cualquier Di Oscuro,  de la crítica y entrar en el chisme. Eso me convertiría en un resentido... “poco profundo”.
Pero volviendo al asunto primario, imagino que sobre el Di Oscuro en CoquiCity estoy equivocado. Es que después de todo… “Bruto es un hombre honrado…” ¿?
Espero que este telegrama luzca solamente irónico. Borges sería capaz, si fuese otro el caso, de regresar de la tumba para, agarrándome por el cuello, decirme: "Giova, el sarcasmo es el amaneramiento de la crítica."

Un abrazo de


Giovanny…