viernes, 25 de octubre de 2019

La iluminación teatral

Por Giovanny Cruz Durán

La iluminación teatral

Keraunoscopeion del teatro griego
Los primeros indicios del aprovechamiento de la luz en el teatro llegan de Grecia. Al construir sus anfiteatros los griegos procuraban que el sol quedase en las espaldas de los espectadores y frente a los actores. Sobre un trasto (keraunoscopeion) color negro pintaban rayos para que, al moverlos, produjeron destellos “mágicos” que anunciaban las llegadas de dioses. También utilizaban espejos cóncavos para producir incendios sobre el escenario.

Casi todo el teatro de la Edad Media giraba en torno a temas sacros. Como se realizaba en templos las luces de los cirios eran las que iluminaban. Se utilizaba la descomposición de la luz a través de vitrales para producir efectos visuales.

Serían los artistas de Renacimiento los primeros en lograr las primeras transformaciones de la luz en escenarios.

En 1501, Italia, ocurre el primer gran evento teatral con absoluto despliegue de recursos de iluminación. Mantigua, en Mantova, da un uso a las luces descrito como espectacular y riquísimo. Esto, por la cantidad y forma de los candelabros utilizados.

Pero la primera representación iluminada con luz artificial fue “La Calandria”, del cardenal Bibiena, espectáculo montado por Baldasarre Peruzzi en 1515 para el papa León X.

Bastiano da Sangallo creó dos dispositivos para “Comodo” (Florencia en 1539): una linterna de madera para usar en arco y un sol de un brazo de altura con cristal lleno de agua, detrás del cual había dos fuegos. Esto acentuaba la perspectiva y el sol se movía desde el amanecer hasta el atardecer mediante un dispositivo.

Sin embargo, el mayor desarrollo de la iluminaria ocurre en 1580, en el teatro Olímpico de Vicenza: utilizaron velas y lámparas de aceite en el interior de los pasillos escenográficos.

Leonardo Da Vinci crea las primeras luces de colores: esferas de vidrio llenas de agua coloreada y con un cilindro en el interior, dentro del cual colocaba candela. También se habla de reflectores para producir una luz fuerte y concentrada: una pieza pulida que reflejaba la luz de una antorcha como esplendor de sol. Igual producía efectos de relámpagos tirando polvo de barniz sobre la llama de una vela dentro de una caja detrás del decorado.

Durante el Barroco la iluminación da un salto espectacular. Para la representación de “Psyché”, en 1703, se utilizaron 11 arañas de 12 velas cada una, además de 600 velas en el escenario. Más tarde sustituyeron las esferas llenas de agua y se experimentó con cristales, espejos y vidrios para producir sobre los actores reflejos de colores.

En 1782 Argand inventó la lámpara que lleva su nombre, funcionaba con petróleo o aceite. Esta lámpara proveía mayor luminosidad y, además, tenía una llama estable. Quinquet inventó también una lámpara que era una variante de la otra. En los teatros estas lámparas se instalaban en varas con un tul delante para producir luz de color. Lavoisier es quien sugiere el montaje de varios quinquets en una vara horizontal suspendida detrás de la escenografía.

En 1817 los teatros Lyceum y Drury Lane, Inglaterra, incorporan la iluminación escénica a gas.

En 1863 aparece una variante francesa con los mecheros invertidos y aire comprimido para mantener la llama hacia abajo y hacerla más luminosa. La ventaja estaba en la seguridad que ofrecía, ya que si una ampolla se rompía el aire comprimido apagaba la llama. El color se obtenía con vidrios de colores. En 1867 J. H. Chute experimenta un sistema para el color: cilindros de vidrio coloreado que descienden sobre los mecheros, cambiando el color en un instante.

La revolución en la iluminación escénica se debió a la luz eléctrica. En 1849 se realizó un efecto luminoso con luz eléctrica: un amanecer producido por una lámpara de arco dentro de un reflector parabólico durante la representación de “El Profeta”, de Meyerbeer, en la Ópera de París. No obstante, este recurso fue utilizado sólo como un golpe de efecto ya que la iluminación eléctrica llegaría 30 años después.

El escenógrafo suizo Adolphe Appia fue el primero, 1895, que tuvo consciencia del carácter plástico de la luz en escenario. Su objetivo era solucionar el problema de la contradicción visual que se producía al articular un elemento escenográfico pintado en dos dimensiones y el actor tridimensional.

Entre 1954 y 1957 se dio el gran desarrollo de la electrónica y surgieron los tiratrones, que luego serían reemplazadas por los tiristores, corazón del regulador electrónico moderno: el dimmer

Con la llega de las computadoras en teatro comienzan a utilizarse las consolas de memoria: 1974. Hoy contamos con memorias hasta para los llamados focos robots.

Carlota Carretero (La Magdalena), luces de Bienvenido Miranda.
Giovanny Cruz (El Vestidor), luces de Lillyanna Díaz.
Aquí tenemos recursos muy avanzados de iluminación. Empero, estos no sirven de mucho si no se cuenta con directores de iluminación profesionales. Para mi exigente demanda lo mejor que tenemos es Lillyanna Díaz.

Un buen iluminador debe entender que es parte de un complejo equipo técnico. Las luces están para coayudar al actor, jamás para competir con éste. El espectáculo no lo constituye el foco. Los teatreros decimos que iluminar una obra no es igual que hacerlo a un árbol de navidad. Un buen iluminador acude a docenas de ensayos, estudia el texto desde diferentes puntos, la sicología de los personajes, la época de las obras y la sicología de los colores.

Hay una vieja disputa entre directores teatrales y diseñadores de luces: ¿Cuál de los dos es el creador? El director indica; pero el luminotécnico, a partir de sus premisas, es el verdadero creador de la iluminación. ¡Fin del asunto!

Fuera luz y… ¡Telón!

domingo, 20 de octubre de 2019

Séptima premisa: los recursos "mágicos" del personaje

Por Giovanny Cruz Durán.

Debo admitir que el llamado “Método” (Stanislavski) ha sido el mayor aporte técnico a la actuación universal. Pero… ¿es lo único? De ninguna manera. Incluso pienso que aspectos de dicho sistema, hoy han sido profundizados y hasta superados. Es que el discurrir del hombre en el tiempo jamás se detiene.

No obstante, hay elementos del “Método” que siguen constituyendo recursos valiosos. En ese tenor, te muestro mi versión particular de: 

Monólogo Interior:

Es uno de los mejores recursos que tiene el actor para concentrar la atención y no salirse del personaje.

En escena no somos sordos y ciegos a asuntos que ocurren en la platea. No somos indiferentes a movimientos y expresiones del público. 

El recurso es, entonces, "distraerte" en el escenario con asuntos del personaje. Además, con el Monólogo Interior lograrás dimensionar las intenciones. ¿En qué consiste? 

Mientras hablas o te hablan debes decirte conscientemente lo que no se escucha en escenario. Es “hablar” para ti mismo, es seguir en palabras internas las situaciones de la escena. Es opinar interiormente sobre todo lo que ocurre. 

Cuando estamos en una reunión, internamente asumimos posiciones: “No me gusta el color del sillón, este tipo tiene los dientes feos, los zapatos están sucios, esta señora es tan hermosa que me gustaría besarla…”. etcétera. Algo similar debe hacer el personaje en escena. 

Enriqueces tu actuación si dejas aflorar alguna que otra vez, a través de acciones internas, tu Monólogo Interior.

Memoria Emocional:
Vivian Leigh y Laurence Olivier en "Macbeth", de William Shakespeare.
Trata de recordar sucesos de tu vida que tengan cierta equivalencia con situaciones de la obra.

Ejemplo: tu personaje ha sido violado; sin embargo, tú nunca has pasado por esa experiencia. ¿Qué hacer para llevarla a escena? Pensar lo más cercano que has estado a esa acción, recordar reacciones y emociones de lo sucedido y elevar sus intensidades hasta el nivel de la acción en el escenario. ¿No has matado nunca alguien? No importa. Un día mataste un lagarto, una cucaracha, un ave o quisiste que alguien muriera. Analiza tu comportamiento de entonces y elévalo a la categoría indicada. 

Este efectivo recurso, lo acepto, es un tanto peligroso y requiere entrenamiento y guía para ser utilizado.

Círculo Mágico:
"Círculo de tiza caucasiano"; de Bertolt Brecht.
Te preguntas, supongo, hasta qué nivel subir emociones y voz. Traza un círculo imaginario comprendido entre las puntas de los dedos de ambas manos luego de extender los brazos. Sólo necesitarás, entonces, proyectarte hasta las dimensiones de tu Círculo Mágico

Cuando adquieras conciencia de él, te acompañará por todos tus desplazamientos en las escenas. No requerirás algo más. Eso sí, mantenlo copado siempre. Es tu escenario particular.

Un detalle: ¿Te parece complicado actuar? No creas que es tanto. Recuerda que todos estos recursos técnicos, con el hacer, se volverán mecanismos interiores y automáticos. Sólo tendrás que dejarlo fluir.

El Mágico Sí:

La rebeldía en el Ser es intrínseca. Pero ésta adquiere mayor fuerza ante la imposición. 

Tres fuerzas motrices principales cohabitan dentro del actor: Mente, Voluntad y Sentimiento. Ellas oscilan entre el Consciente y el Inconsciente.

A partir de esos postulados puedo explicarte lo efectivo que es el uso del “Sí” Mágico: palanca emocional (todavía no profundamente estudiada) que te elevará desde los planos del Consciente hasta los linderos Subconsciente

—¡No pongas esa cara! Sé que me he puesto demasiado teórico y complicado. Simplificaré mediante la explicación.

Si dices a ti mismo (en realidad sería al Inconsciente) que debes dejar de ser tú y convertir en la Julieta de Shakespeare, el Calígula de Albert Camus, la Bernarda de Lorca, el Edipo de Sófocles o en la Niña-médium de mi obra “Amanda”; estarás vanamente intentando desplazarte del acto teatral. Pero, ocurre, que es el tú-actuante quien lleva a escena los personajes. 

No te comprometas jamás a odiar, amar, despreciar, matar o abofetear en escena. ¡No! Tu compromiso es ejecutar una acción... “Como Si” estuviera en realidad haciéndolo. 

No te conviertas en Lady Macbeth. Actúa “Como Sí” tú lo fueras. Y “Si” lo fueras... ¿por qué lavas tantas veces tus manos? “Si” fueras Marat... ¿qué sentirías al pasarte todo el día en una bañera con agua? “Si” fueras la Magdalena... ¿qué sentirías al saberte amada por uno y celada por otros? ”Si” fuera la vieja Nicolasa de “Duendes y locos de las dunas”... ¿qué sentirías al saber que entre todos cometieron el mismo crimen?

Mediante este procedimiento, tu “Yo” juega un rol importante en la creación. Siempre serás tú el vehículo. Es a partir de ti que llegan las Acciones al escenario.

Así, el personaje es una verdad que resulta de una pulsión entre otras verdades: la del autor, la de cualquiera que sea la historia (ficción o realidad) y la tuya.

Otro detalle: Cuando jóvenes nos sentimos actores de fuerza avasallante; pero frecuentemente nos desbocamos. Saber que esto ocurre te ayudará a administrar mejor tu fuerza teatral. Además, en todo Arte la madurez estética es imprescindible. Cuando llega, comenzará tu auto coronación.

Casi estoy autorizándote salir a escena. Pero debo señalarte antes dónde llevar las emociones del personaje. Es a un “lugar” que existe en tus profundos laberintos interiores. Se trata de un espacio entre dos supuestas antagonías: el Consciente y el Inconsciente. Se llama Umbral del Subconsciente. ¡Es ahí donde se actúa!

Ampliaré en la próxima entrega. Es que ahora, lo puedes imaginar, nos toca el… ¡Telón!