viernes, 6 de septiembre de 2019

Aspectos técnicos del teatro: la escenografía

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Aspectos técnicos del teatro: la escenografía
Por Giovanny Cruz Durán
 
El Sucesor, escenografía de José Miura.

Me propongo abordar los aspectos que conforman el universo técnico del teatro: escenografía, vestuario, iluminación, maquillaje, banda sonora y dirección. Comencemos por la escenografía.

En el teatro lo único imprescindible es el actor. Hasta el autor podría no estar y hay actividad teatral si un o más actores suben a un espacio y nos plantean una trama.

La escenografía, igual que demás aspectos técnicos en el teatro, está ahí únicamente para brindar apoyo a los actuantes. Nunca debe competir con ellos, dado su condición de célula madre del teatro profesional.

La escenografía nace con el mismo teatro. El inicio se remonta a los primeros andares del animal inteligente. Se han encontrado evidencias de que el primitivo, desde una concepción mágica de la existencia, practicaba ritos que tenían que ver con la interpretación. Si alguien enfermaba disfrazaban dos personas; uno con colores lúgubres y otro con colores alegres. Ambos luchaban frente al enfermo con un marco de piedras y símbolos sobre éstas. Si ganaba el individuo que tenía los colores alegres, al enfermo lo cuidaban. Si, en cambio, lo hacía el otro, al enfermo lo tiraban por un despeñadero.

Aunque no existía el necesario propósito estético, allí había personas interpretando a otros, había una historia, maquillaje y escenografía: había teatro.

Sin embargo, corresponderá a los griegos la especialización escenográfica en el teatro occidental.

Periacto                                                              Bastidores
Su escenografía era muy funcional. La basaba en el brillante recurso del Periacto. Se trata de un prisma con tres caras, cada una de ellas tenía una pintura que evocaba ciudades, escenas o paisajes. En cada lado del escenario colocaban un Periacto y hábilmente los movían logrando combinaciones con las cuales conformaban impresionantes escenarios.

De estos nace el Bastidor. Se trata de tela o papel montados sobre armazones construidos con listones de madera. Su primer uso documentado se data en 1620, en un teatro de la ciudad italiana de Parma.

Al pintor y biógrafo italiano, Antonio Caimi, es a quien se le atribuye haber utilizado por primera vez, 1862, el término escenografía al referirse a unos artistas que hacían… pittura scenica e l'architettura teatrale.

Gordon Craig / Constantin Stanislavski
Empero, lo que podríamos llamar escenografía moderna, empieza con el actor, director y escenógrafo inglés Gordon Craig. Sus primeros experimentos formales con su nuevo concepto teatral y escenográfico, ocurren a partir del 1897. Sus primeros escenarios fueron minimalistas y no obtuvieron gran respaldo del público londinense. En 1904 emigra a Alemania. Luego se produce un contacto trascendente para el teatro universal. Me refiero al encuentro entre Craig y el ruso Constantin Stanislavski (el maestro más influyente en el mundo del teatro). Este último queda impactado con el británico. El primer trabajo que hacen juntos es “Hamlet”, en 1912, con el Teatro de Arte de Moscú.

Es en Italia donde Craig madura y desarrolla su nuevo concepto sobre escenografía, vestuario e iluminación.

En nuestro país hemos tenido buenos escenógrafos. Actualmente los más destacados son José Miura, Lina Hoepelman, Fidel López y Salvador Bergés. Aunque en términos generales, particularmente a mí, me luce que nuestra escenografía es demasiado formal. Proliferando en ellas, sobre todo en el teatro comercial, el tradicional concepto del bastidor sólido. ¡Demasiadas paredes planas para mi gusto!

Duendes y locos de las dunas; de Giovanny Cruz.
Las escenografías más creativas son aquellas que compiten menos con los actuantes. La nueva tendencia son aplicaciones escenográficas o fragmentos sueltos sobre escenarios con cámara negra. Igual que menos decoración de interiores y arquitectura clásica. Una buena escenografía, como una buena pintura, no debe ser una copia de la común realidad, sino su transformación en arte. En teatro, el común hiperrealismo es hasta vulgar y nada novedoso. Los artistas no debemos ser fotógrafos.

Apunto que el escenógrafo es quien, después del director, tiene mayor incidencia sobre la iluminación, el maquillaje y el vestuario. Estos tres aspectos, sobre todo el de la iluminación, tienen que partir de la escenografía que estará puesta en el escenario. Un color de una luz puede alterar completamente el efecto que se ha procurado con la escenografía.

Esperando por nuevas propuestas escenográficas interrumpo esta entrega. Esto, porque para desmontar la escenografía de hoy, la regidora de escena ha pedido que tiren el…

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martes, 3 de septiembre de 2019

Glosas a “El vestidor”



LISTÍN DIARIO/ Puntos de vista / martes, 03 de septiembre de 2019
Glosas a “El vestidor”


Tony Raful
tony.raful5@yahoo.com
La imagen corrobora los tiempos históricos. No hacemos otra cosa que actuar sobre el escenario en una otredad que reasume los oficios del fingidor. Pero es una sola pieza, un abigarrado universo de palabras y gestos que alcanzan destinos, orfebrería, caleidoscopio y principado de  luminosidad, agregados del universo en puntillas. Asumimos  los textos, su memoria ritual de máscara  y plasticidad, y por doquier aparece invertido el rumor quisquilloso del “otro” que somos nosotros mismos, esa hormiga trepadora de cefalea y ruidos en el alma colectiva. El armazón  es humano, trasiega en plena locura de incesante muerte y terror.
Una compañía británica asume a Shakespeare, que es, como arrogarse todo el caos y la hondura del alma humana, es como cruzar el débil escapulario de todas las formas vivientes del oscuro viandante, que trasiega  en  las criaturas datadas  de la memoria y su alter ego.  
En el  libreto están consignados los avatares, las mímicas  y los ademanes gestuales. La encarnación del Rey Lear se torna   blandura y desmán cuando Bonzo le relata a su asistente, que pierde la memoria y luce  abatido,  minutos antes de la presentación, el Rey Lear se fusiona con Macbeth, textos volátiles  en la maldita retención de los jeroglíficos insondables.
Es entonces cuando la actuación de Giovanni Cruz como Rey Lear se convierte en un amasijo de tablas y sonidos imperceptibles, que sitúan la trama bajo el graznido clandestino de la historia, que llena de bombas el cielo oculto de la metrópolis en llama. Es el momento en que el personaje, el Rey Lear, alcanza en su desquiciada y disminuida encarnación, la más  impresionante actuación teatral de un actor, que  oscila entre el deterioro y la voluntad de resistir el embate de todos los demonios en su copa cerebral.
A partir de ese momento toda la obra parece configurarse alrededor del actor que encarna al Rey Lear. En la debilidad angustiante y manifiesta del libreto, el actor Giovanni Cruz, con los remiendos del personaje, le imprime a su actuación, palabras y gestos, desesperación  y torpezas, la voluntad combatiente de un nuevo escenario donde sobrevive emocionante su desdoblamiento magistral. Todo esto en medio de una función teatral que estaba vendida y la presión del desconcierto colectivo.
“El vestidor”, obra exitosa del teatro del siglo pasado, de Ronald Harwood, rastrea en el  mundillo del elenco teatral en gira en Inglaterra, teniendo como telón de fondo la Segunda Guerra Mundial,  las miserias humanas y las realizaciones más altas del espíritu, cuando encarnadas en los personajes, reproducen con fidelidad escénica, sus virtudes de representación y calidad artística.
Los demás actores estuvieron a la altura del desafío que implicó esta puesta en escena, muy bien dirigida por el gran actor Mario Lebrón, e interpretada por actores de la calidad artística de Exmin Carvajal, su fiel vestidor, estrella central de la sucedánea ansiedad vivida del libreto,  la exquisita Yanela Hernández, la  eficaz Luvil González y la dúctil y exquisita joven actriz Karoline Becker.

viernes, 30 de agosto de 2019

El Vestidor: entre Ricard Salvat, Ronald Harwood y Mario Lebrón

El Vestidor:
entre Ricard Salvat, Ronald Harwood y Mario Lebrón
Por Giovanny Cruz Durán



Ricart Salvat fue un dramaturgo, director teatral, novelista y profesor universitario español. Fue galardonado con la Cruz de San Jorge en el año 1996 y con el Premio Nacional de Teatro de Cataluña en 1999. Dirigió festivales teatrales en varios países.

Por petición del escritor y amigo puertorriqueño Luis Rafael Sánchez (autor de “Quíntuples”) acepté complacido recibirlo en Santo Domingo hace ya muchos años. La bailarina y gestora cultural Mildred de la Mota y yo le brindamos calurosas atenciones durante una semana. Entre los lugares que lo llevamos, en él causó un tremendo impacto la visita a Nigua. Allí disfrutó de la ritualidad teatral de la Religiosidad Popular de aquí.

Salvat era un investigador poseedor de cultura enciclopédica. Uno de los aspectos que destacaba, era la ritualidad casi mítica que había encontrado en el teatro caribeño. Decía que era única y se le asemejaba al teatro de los primeros tiempos. Salvat aseguró que la entrega de los actores caribeños en escenarios era absoluta. Llegó a proclamar que probablemente el futuro universal del teatro estaba en esta zona.

Los que estudiamos el fenómeno teatral sabemos la importancia que tienen el sello estético, el lenguaje escénico particular y el héroe teatral; al menos de la región.

Nuestro teatro es rico en imágenes, colores y ritmo. Cuando los primeros conquistadores descubrieron a los indígenas que ya poblaban el Caribe, trajeron un idioma, una preocupación, un estilo y otra historia; es decir: una cultura. Esta terminó mezclándose con la de las islas.

La cultura indígena finalmente resultó ser más fuerte que los mismos habitantes de la región del Caribe.

Cuando los negros africanos fueron obligados a venir aquí, trajeron también una cultura que se fue entrelazando con las existentes. El resultado final fue una rica, diferente y especial cultura en nuestro territorio. En el teatro de aquí, sobresale ese sincretismo cultural que nos damos.

Giovanny Cruz y Karoline Becker en El Vestidor
La trama de la obra “El Vestidor” deviene en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial. He dicho que dentro de esta obra Shakespeare es omnipresente. Con delicado escalpelo actoral he descubierto que sí hay un paralelismo entre elementos trascedentes de las tramas del Rey Lear y de El Vestidor.

Empero, la versión de Mario Lebrón (director) colocan la estética y cultura nacional dentro del escenario. Sin tener que traicionar las ideas centrales de Ronald Harwood (autor) los actores de la obra nos deslizamos en el escenario en un ritmo único e irrepetible. Hemos incorporado en las escenas la ritualidad de la cual comentaba Salvat. Y con ello estamos regresando a la conceptualidad del origen teatral.

Es cierto que toda puesta en escena es una lectura singular de una obra, sobre todo cuando ni conocemos al autor, a pesar de haberlo estudiado minuciosamente. Lebrón ha dado, escénicamente, su “lectura” a El Vestidor. En ella está su visión cultural, social y filosófica. En esta realización está nuestra impronta… y la tuya.

¡Telón!