martes, 3 de septiembre de 2019

Glosas a “El vestidor”



LISTÍN DIARIO/ Puntos de vista / martes, 03 de septiembre de 2019
Glosas a “El vestidor”


Tony Raful
tony.raful5@yahoo.com
La imagen corrobora los tiempos históricos. No hacemos otra cosa que actuar sobre el escenario en una otredad que reasume los oficios del fingidor. Pero es una sola pieza, un abigarrado universo de palabras y gestos que alcanzan destinos, orfebrería, caleidoscopio y principado de  luminosidad, agregados del universo en puntillas. Asumimos  los textos, su memoria ritual de máscara  y plasticidad, y por doquier aparece invertido el rumor quisquilloso del “otro” que somos nosotros mismos, esa hormiga trepadora de cefalea y ruidos en el alma colectiva. El armazón  es humano, trasiega en plena locura de incesante muerte y terror.
Una compañía británica asume a Shakespeare, que es, como arrogarse todo el caos y la hondura del alma humana, es como cruzar el débil escapulario de todas las formas vivientes del oscuro viandante, que trasiega  en  las criaturas datadas  de la memoria y su alter ego.  
En el  libreto están consignados los avatares, las mímicas  y los ademanes gestuales. La encarnación del Rey Lear se torna   blandura y desmán cuando Bonzo le relata a su asistente, que pierde la memoria y luce  abatido,  minutos antes de la presentación, el Rey Lear se fusiona con Macbeth, textos volátiles  en la maldita retención de los jeroglíficos insondables.
Es entonces cuando la actuación de Giovanni Cruz como Rey Lear se convierte en un amasijo de tablas y sonidos imperceptibles, que sitúan la trama bajo el graznido clandestino de la historia, que llena de bombas el cielo oculto de la metrópolis en llama. Es el momento en que el personaje, el Rey Lear, alcanza en su desquiciada y disminuida encarnación, la más  impresionante actuación teatral de un actor, que  oscila entre el deterioro y la voluntad de resistir el embate de todos los demonios en su copa cerebral.
A partir de ese momento toda la obra parece configurarse alrededor del actor que encarna al Rey Lear. En la debilidad angustiante y manifiesta del libreto, el actor Giovanni Cruz, con los remiendos del personaje, le imprime a su actuación, palabras y gestos, desesperación  y torpezas, la voluntad combatiente de un nuevo escenario donde sobrevive emocionante su desdoblamiento magistral. Todo esto en medio de una función teatral que estaba vendida y la presión del desconcierto colectivo.
“El vestidor”, obra exitosa del teatro del siglo pasado, de Ronald Harwood, rastrea en el  mundillo del elenco teatral en gira en Inglaterra, teniendo como telón de fondo la Segunda Guerra Mundial,  las miserias humanas y las realizaciones más altas del espíritu, cuando encarnadas en los personajes, reproducen con fidelidad escénica, sus virtudes de representación y calidad artística.
Los demás actores estuvieron a la altura del desafío que implicó esta puesta en escena, muy bien dirigida por el gran actor Mario Lebrón, e interpretada por actores de la calidad artística de Exmin Carvajal, su fiel vestidor, estrella central de la sucedánea ansiedad vivida del libreto,  la exquisita Yanela Hernández, la  eficaz Luvil González y la dúctil y exquisita joven actriz Karoline Becker.

viernes, 30 de agosto de 2019

El Vestidor: entre Ricard Salvat, Ronald Harwood y Mario Lebrón

El Vestidor:
entre Ricard Salvat, Ronald Harwood y Mario Lebrón
Por Giovanny Cruz Durán



Ricart Salvat fue un dramaturgo, director teatral, novelista y profesor universitario español. Fue galardonado con la Cruz de San Jorge en el año 1996 y con el Premio Nacional de Teatro de Cataluña en 1999. Dirigió festivales teatrales en varios países.

Por petición del escritor y amigo puertorriqueño Luis Rafael Sánchez (autor de “Quíntuples”) acepté complacido recibirlo en Santo Domingo hace ya muchos años. La bailarina y gestora cultural Mildred de la Mota y yo le brindamos calurosas atenciones durante una semana. Entre los lugares que lo llevamos, en él causó un tremendo impacto la visita a Nigua. Allí disfrutó de la ritualidad teatral de la Religiosidad Popular de aquí.

Salvat era un investigador poseedor de cultura enciclopédica. Uno de los aspectos que destacaba, era la ritualidad casi mítica que había encontrado en el teatro caribeño. Decía que era única y se le asemejaba al teatro de los primeros tiempos. Salvat aseguró que la entrega de los actores caribeños en escenarios era absoluta. Llegó a proclamar que probablemente el futuro universal del teatro estaba en esta zona.

Los que estudiamos el fenómeno teatral sabemos la importancia que tienen el sello estético, el lenguaje escénico particular y el héroe teatral; al menos de la región.

Nuestro teatro es rico en imágenes, colores y ritmo. Cuando los primeros conquistadores descubrieron a los indígenas que ya poblaban el Caribe, trajeron un idioma, una preocupación, un estilo y otra historia; es decir: una cultura. Esta terminó mezclándose con la de las islas.

La cultura indígena finalmente resultó ser más fuerte que los mismos habitantes de la región del Caribe.

Cuando los negros africanos fueron obligados a venir aquí, trajeron también una cultura que se fue entrelazando con las existentes. El resultado final fue una rica, diferente y especial cultura en nuestro territorio. En el teatro de aquí, sobresale ese sincretismo cultural que nos damos.

Giovanny Cruz y Karoline Becker en El Vestidor
La trama de la obra “El Vestidor” deviene en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial. He dicho que dentro de esta obra Shakespeare es omnipresente. Con delicado escalpelo actoral he descubierto que sí hay un paralelismo entre elementos trascedentes de las tramas del Rey Lear y de El Vestidor.

Empero, la versión de Mario Lebrón (director) colocan la estética y cultura nacional dentro del escenario. Sin tener que traicionar las ideas centrales de Ronald Harwood (autor) los actores de la obra nos deslizamos en el escenario en un ritmo único e irrepetible. Hemos incorporado en las escenas la ritualidad de la cual comentaba Salvat. Y con ello estamos regresando a la conceptualidad del origen teatral.

Es cierto que toda puesta en escena es una lectura singular de una obra, sobre todo cuando ni conocemos al autor, a pesar de haberlo estudiado minuciosamente. Lebrón ha dado, escénicamente, su “lectura” a El Vestidor. En ella está su visión cultural, social y filosófica. En esta realización está nuestra impronta… y la tuya.

¡Telón!

domingo, 18 de agosto de 2019

En la cuenta regresiva


En la cuenta regresiva
Por Giovanny Cruz Durán

Luvil González, Yanela Hernández, Exmin Carvajal Giovanny Cruz y Karoline Becker
Mañana, efectivamente, comenzamos a mirar el reloj escénico de la obra El Vestidor. Esto, porque a partir de mañana... ¡la Sala Ravelo es nuestra!

Suelo llegar muy temprano para ir acomodando vestuario, utilería, maquillaje y a mi. ¿Por qué no permitir que algún asistente lo haga?
Cuando era un jovenzuelo escuché decir a un paracaidista, que jamás permitía a alguien preparar su paracaídas porque en esos preparativos arriesgaba su vida.

Aprendí la lección. Cada pieza de vestuario que uso, cada elemento de utilería y todo lo que necesito para maquillarme sobre el escenario me es imprescindible. Y la única garantía que tengo de que esos elementos “vitales” estén disponibles y en lugar correcto, es si yo mismo me cercioro de eso. En ese proceso, el paracaidista que habita en mis laberintos interiores, arriesga la vida.

Exmin Carvajal, Giovanny Cruz, Mario Lebrón (director) y Yanela Hernández.
¿Tranquilos? ¿Estamos tranquilos a estas alturas los actores? ¡Jamás!

Precisamente, en El Vestidor interpreto a un renombrado actor inglés que en uno de sus parlamentos habla sobre el terror (“que no cesa nunca”) que sentimos los artistas cuando estamos ya cerca de salir a escena. El cantante Marco Antonio Muñiz definió ese miedo, que se nos evidencia en un terrible vacío del estómago, como nuestra manifestación de respeto por los espectadores.

Se dice que los actores somos los perfectos masoquistas. Es que, en todo el devenir de los ensayos oscilamos desde el placer teatral a la angustia. ¡Si! Sentimos miedo de no lograr captar la Sicología del Personajede que las acciones se parezcan más a uno que a él, no terminar de memorizar el texto, que la caracterización no sea la adecuada, que nos traicione la voz, de contagiarnos con una gripe y mil angustias más.

Luvil González, Yanela Hernández, Karoline Becker, Giovanny Cruz y Exmin Carvajal
Pero mañana la preocupación es otra. Desde temprano del lunes los actores de la obra tomamos el complicado camino de las invocaciones. Hablo de las invocaciones de las emociones. Ahí tenemos que funcionar con la precisión de un cirujano cardio-infantil. Meses de trabajo podrían irse a pique si nuestro bisturí emocional se desvía siquiera un milímetro. El “corte”, entonces, tiene que ser muy justo. No podemos fallar. En esa operación interior no utilizo bisturí de metal. Prefiero el corte limpio de la obsidiana. Voy a entrar no al cerebro del personaje, sino en su alma. Tarea muy peligrosa.

Me pararé en el llamado Umbral del Subcontinente. Caminando por una delicada cuerda floja procuraré conciliar entre el personaje y el subconsciente; pero evitando ser desplazado. Si pasara eso, el personaje ocuparía mi lugar y, entonces, él sería un ser independiente y sin control. Eso es lo que realmente se llama Sobreactuación. Cuando un actor comienza a creerse el personaje, en el teatro decimos que hay que despedirlo y llamar con urgencia al siquiatra.

Desde mañana nos comprobaremos en el escenario. En el primer ensayo con escenografía (Fidel López), luces (Lillyanna Díaz), vestuario (Renata Cruz Carretero) y sonidos (Ernesto Báez) generalmente nos sentimos perdidos. Comenzamos a desear que podamos ensayar un mes más y fácilmente le mencionamos la madre a cualquiera. Consejo sano: no se acerquen mucho a los actores luego de ese primer ensayo en escenario.

En los siguientes, las cosas empiezan a funcionar si se ha trabajado correcta y disciplinadamente.

En el Ensayo Pre-General decimos al productor que tenemos malestares intestinales, que hemos perdido la voz, que estamos al borde de un infarto, que nos duele la espalda y docenas de otros males. Por lo tanto... 

          —¡La obra debe posponerse!

Sin embargo, la obra va. En el Ensayo General estamos completamente drogados… 

¡Si! Les he mentido. He jurado que nunca he introducido en mi cuerpo alguna droga peligrosa. ¡Si lo he hecho! En mi interior andan Tolstoi, Camus, Sófocles, Shakespeare, Ovidio, Brecht, Valéry, Borges y el… ¡maldito duende del arte!

Giovanny Cruz / El Vestidor / Teatro Nacional / Desde el 23 de agosto

En ese momento del Ensayo General, procuro echar mano al recurso interior más peligroso: El Toque Asesino del Actor. Es como casi llegar al desborde, es casi caer al abismo del subconsciente, es el extra de todos los extras. Si me descuido, yo mismo tendré que despedirme antes que la regidora, Gina Marte, grite que deben subir el…

¡Telón!