domingo, 13 de mayo de 2012

Instrucciones para escribir en El País (España)


Nota: El renombrado y prestigioso intelectual dominicano doctor Manuel García Cartagena, nos ha enviado un brillantísimo artículo del escritor argentino Daniel Plotkiyn (Instrucciones para un intelectual latinoamericano que quiera escribir en El País), aparecido en el periódico digital Otra America, que a los pocos segundos de haberlo leído nos apresuramos a publicar. Como siempre advertimos que las imágenes que incluimos fueron colocadas por nosotros.





Instrucciones para un intelectual latinoamericano que quiera escribir en El País 





Si usted es miembro de esa clase incomprendida de los intelectuales latinoamericanos y desea exponer sus ideas en ese baluarte del progresismo peninsular que es El País, siga estas instrucciones para que su articulo resulte todo un éxito.

1. Todo su análisis debe basarse en los conceptos de caudillismo y populismo. En última instancia, esos conceptos explican la historia de Latinoamérica desde el siglo XIX, sin tener que entrar en complejidades históricas, que aburren a su lector. La historia de nuestros países no ha cambiado desde la época de la independencia.

2. Mencione la pobreza y el hambre, producto del caudillismo y el populismo. Es bueno mostrar un poco de la sensibilidad del pensador comprometido con la realidad social. Pero aclare que la pobreza y el hambre son culpa exclusiva de nuestros pueblos, evitando usar palabras tan desagradables como “colonialismo”, “imperialismo” o “saqueo de recursos naturales”. Menos aún tenga el mal gusto de referirse a la esclavitud o la explotación de comunidades indígenas.

3. No se olvide de hablar de corrupción. Y de aclarar que la corrupción en nuestros países es producto del hambre y la pobreza, que son producto del caudillismo y el populismo. Tenga la delicadeza de no mencionar que son las compañías multinacionales (incluyendo las españolas) las que pagan suculentos sobornos para obtener beneficios impensables en sus países de origen. Explíqueles a sus lectores que la corrupción es siempre culpa de la clase política latinoamericana.

4. Insista con que las instituciones no funcionan, producto de la corrupción que es producto del hambre y la pobreza, que son producto del caudillismo y el populismo. Las instituciones latinoamericanas están en constante crisis y nuestros países tienen democracias limitadas. Use anécdotas insignificantes desde el punto de vista estadístico pero que resuenen en la mente de su lector. Por ejemplo, cuénteles lo difícil que es obtener algún certificado en un ministerio cualquiera. O qué fácil es sobornar a un agente de aduana. Aunque usted no haya hecho jamás ninguna de las dos cosas.
5. Recuérdele a sus lectores que los gobernantes latinoamericanos sólo buscan perpetuarse en el poder –lo que demuestra el caudillismo y el populismo que genera corrupción e instituciones fallidas-. No importa si en España el jefe de estado es un monarca hereditario que gobierna desde hace treinta y siete años y fue nombrado por un dictador que gobernó el país por casi cuarenta años. Ni siquiera mencione que Felipe González gobernó por catorce años con cinco mandatos sucesivos. Eso es muy distinto a un presidente latinoamericano que pretende tener tres mandatos por doce años. En este último caso, estamos frente a un claro intento de perpetuarse en el poder. En España no, porque las instituciones funcionan.
6. No se olvide de condimentar todo esto con alguna referencia a una ponencia suya en algún foro internacional, fuera de los países latinoamericanos llenos de caudillismo y populismo. La presentación de un paper en una universidad norteamericana basta para demostrar que usted es diferente al resto de los pensadores latinoamericanos que sólo escriben en medios locales. Alternativamente, puede mencionar alguna charla de café que tuvo hace cinco años con un escritor español de moda. Si algún libro suyo fue publicado por Alfaguara o Crítica, aclárelo como al pasar en el primer párrafo. Su éxito estará garantizado.
7. Use alguna cita de un latinoamericano de lustre, como Borges, Cortázar o García Márquez. Roberto Bolaño también sirve.
8. Recuerde que Brasil no existe. Salvo para elogiar las políticas “de izquierda inteligente” de Lula.
9. Fidel Castro es malo, malísimo. Aunque, claro, diga que la Revolución Cubana tuvo algunos éxitos menores en el campo de la salud y la educación.

10. Chávez también es malo, malísimo. Y sin éxitos menores.

11. Los gobiernos progresistas latinoamericanos quieren destruir a la prensa independiente, como consecuencia de su genética caudillista y populista. No como la izquierda inteligente de Alan García o el centro moderado de Piñera o Santos.

12. La prensa privada latinoamericana siempre es independiente. Los monopolios u oligopolios mediáticos no existen.

13. América Latina todavía está en transición democrática, a consecuencia del caudillismo y el populismo que todavía imperan. España ya la ha superado, por la madurez de la sociedad española y la inteligencia de su clase dirigente.

14. Para finalizar, aclare que esta situación le genera angustia y desazón, y que su refugio está en el pensamiento crítico de algunos intelectuales como usted que no han sido comprados por el poder corrupto o las ideologías acabadas imperantes en nuestros países.

Siguiendo estos consejos, su artículo será leído con interés por los lectores de El País. Usted logrará confirmarles lo que ya piensan pero no pueden decir abiertamente porque iría en contra de que creen son sus convicciones de izquierda. También obtendrá una suculenta remuneración en euros que no depositará en su país, ya que en cualquier momento se la podrán robar los gobiernos corruptos, producto del hambre y la pobreza, producto del caudillismo y el populismo.





sábado, 12 de mayo de 2012

LA VIDA ES SAGRADA


LA VIDA ES SAGRADA
Por Iván García Guerra.



Mi antiguo maestro y gran amigo Iván García Guerra (Escritor, actor y director teatral) honra La pasión Cultural con esta entrega en la cual responde con elegancia, buenos argumentos y mayor inteligencia el artículo anterior (Yo soy la eutanasia) que escribiera el sociólogo y teatrero Carlos Castro. Dicho artículo ha provocado diferentes reacciones. La de García Guerra es la primera como artículo que nos ha llegado. 
Sobre el artículo de Castro en cuestión, el también escritor y hombre de teatro Manuel Chapuseaux nos remite esta nota: Interesante, como siempre. En Argentina, no tan lejos de aquí, el Senado acaba de aprobar a unanimidad una ley que da el derecho a una muerte digna, así como una que garantiza la identidad de género ¡Cuánto nos falta! En este enlace los detalles. Abrazos,
Celebrando que estos tres notables amigos, y aún mejores intelectuales, se dignen a usar nuestros espacios para manifestar sus concepciones sobre el tema que nos ocupa, invito a leer la destacable argumentación del lúcido Iván García, el viejo más joven que conozco

Cuando leí la presentación de mi querido amigo Giovanni de que si queríamos contradecir “Yo soy la iconoclasia” de Carlos Castro debíamos “hacerlo elaborando conceptos con la misma seriedad e inteligencia”, etcétera… de inmediato sentí la necesidad de hacerlo, porque me resultó muy peligrosa la filosofía en él expresada… El trabajo mío tiene un problema y es que para entenderlo cabalmente hay que leerlo párrafo por párrafo con el otro a un lado; pues simplemente comento lo que él dice en el suyo,  lo cual hice sin anexarlo para economizar espacio.


El Arbol de la Vida
Es cierto que ante la vejez, la muerte y el sexo comúnmente mucha gente, tal vez la mayoría, los evade “usando como máscaras el chiste”. Lo mismo sucede con muchos otros asuntos como el compromiso social, la honradez, la responsabilidad, el desprendimiento y un largo etcétera.   No me atrevería yo a decir que “la cultura ha impregnado mucho miedo a esos temas”; preferiría referirme a que la amplia falta de aceptación de la realidad (lo cual ciertamente es parte de nuestro bagaje cultural) nos impulsa a ser irresponsables y a no aceptar lo que, de otra manera, sería natural como la alternación de la vigilia y el sueño.   Y si bien es cierto que el sexo resulta una realidad tabú por causa de la gazmoñería católica, la vejez y sobre todo la muerte son resultados de la negativa a perder lo que tanto queremos aunque hablemos pestes de ella: la vida.  No está de más recordar que la creencia cristiana ofrece una vida mejor, y de tener “verdadera fe” en ella, entonaría junto a Teresa de Ávila: “Vivo sin vivir en mí / y de tal manera espero (y tan alta vida espero) / que muero porque no muero.”   Los judíos enfrentan el fallecimiento de una manera diferente.   Pienso que no están vedados estos dos últimos tópicos, sino más bien; la gente poco profunda prefiere no mencionarlos para no atraerlos.

Le vejez es ciertamente un período vital natural e irremediable; pero lo que puede considerarse un ocaso es la vida, no necesariamente la mente.   A esta altura, yo, con setenta y cuatro años cumplidos, disfruto de una percepción más clara y amplia que en todas las etapas anteriores.  Sé que me queda mucho menos tiempo del ya pasado para seguir respirando: desde un día hasta más o menos veintiséis años (tuve varios antepasados que pasaron de los cien, algo a lo que yo no aspiro); pero de no ser por la  responsabilidad económica aún pendiente con mi familia, no me importaría irme  al instante en que pulso el próximo punto. Pero, créeme, acepto sin temblor lo que me venga y hasta puede ser que lo añore, por la simple razón de que estoy cansado, y con razón. Por supuesto no he hecho un culto, ni nada que se le parezca “para prologar la lozanía del cuerpo”, no creo en las promesas publicitarias de que nadie ni nada pueda garantizas la juventud (me vi obligado a trabajar en ese negocio durante demasiado tiempo para poder sobrevivir). Simplemente hago una vida limpia como siempre lo he hecho, con alegría y sin excesos, simplemente porque no me llaman. Aún más, o peor, ahora paso más tiempo sentado frente a una computadora, aunque sé que eso no es saludable.   Sí te puedo garantizar que no soy un estorbo, sirvo como “referencia” y no me he quedado detrás. Me desenvuelvo tan activamente que soy la sana  envidia de muchos (y a veces no tan sana). No hay tal remotidad. En absoluto me interesa lucir como joven: me muestro, al igual que en el pasado, tal y como me siento cómodo y me complace estéticamente. Tengo arrugas y no me importan. Es cierto lo de la industria que pretende ilusionar a los influenciables, como la de los flacos que quieren lucir gordos y viceversa, la de los que intenta disimular u obviar sus defectos, todos los que creen que un “jipetón” los puede colocar en la clase acta y muchos otros casos. El negocio es mentir y logra éxito con los tontos. Por otro lado considero que cada edad tiene su encanto, y para mí siempre fue un aliento llegar a la plenitud de mis mayores.   ¿Qué es eso de “degradación físico-psíquica?”; uno simplemente pasa por los diferentes estadios de la edad, y debe aceptar placenteramente sus características.  Me siento muy feliz de haber vivido, y abusando de  Pablo, “confieso que he vivido”.
Dicen los Budistas; “Cierto es el vivir; cierto es el morir”, son “dos” cosas las “reales” y conviene aceptarlas, simplemente nos toca, disfrutar ampliamente del paréntesis. Y yo lo hago. Nunca le he temido a la muerte; ni siquiera cuando se disfrutaba del momento de aferrarse a ella con fuerza (el que conoce mi acontecer sabe que es así); si algo me ha infundido reparo es, precisamente, la vida ¡No vivirla correctamente!
No estoy de acuerdo, en absoluto, con que el matrimonio es truculento. Esa aseveración no es más que otra evasión de le responsabilidad. Usted se casa cuando quiere y se divorcia cuando no soporta o le interesa más la vecina; eso está autenticado por la práctica cada vez más. Precisamente uno de los grandes problemas sociales de nuestro país es el amancebamiento animal; el hombre que no se siente comprometido con la paternidad, utiliza la mujer como objeto de placer individual y egoísta; no se ocupa de los hijos y se le complica la relación no tiene ningún reparo en asesinar a la ocasional pareja.   Pues sí, una de las funciones del matrimonio, la principal creo yo; es la aceptación del inalienable deber con los hijos; porque no somos perros que se montan en una fugaz pareja y se van, y si no se acepta el compromiso de la manutención y la educación de los que traemos el mundo, la Sociedad se desmorona, como nos está sucediendo a nosotros.  En un alto porcentaje, si no existiera ese contrato o la bendición religiosa no tendríamos familia ni sociedad, ya que ese núcleo es la base sociológica que garantiza el avance de un país. No efectuamos las nupcias para mantener una mujer (ya ella trabaja y participa con los costos en la mayoría de los casos), sino como un estímulo a la fidelidad con los frutos de la unión. La libertad individual no se pierde porque compartes una cama; se utiliza positivamente para garantizar la vida de los que traemos al mundo. Un clímax orgásmico no debe ser la finalidad conclusiva del encuentro de dos sexos.
Sí. Lancemos una mirada a los ciclos de las edades. Los primeros años de la infancia se caracterizan por el aprendizaje de casi la totalidad de los conocimientos que necesita un ser humano para mantenerse con vida. El bebé se siente unido por el agradecimiento, que es un magnífica forma de amar, con la persona que le enseña a sobrevivir, aunque no sepa qué es eso.  esa persona comúnmente es la madre, sólo ella. Es un sistema natural. La sobrevivencia es uno de los aportes genéticos infalibles, y por lo tanto tiene una intensión.  
No se aliena la conciencia de existir por la necesaria dependencia del educador y el educando; en realidad es un activísimo combate para demostrar quién manda, y en eso instantes se fortalece el instinto de superación y prevalencia, otros de los aportes nativos.   El germen de la soledad está ahí disfrazado de “nadie me entiende… no me dejan hacer nada”.  Empeorará y el cansancio tendrá su manifestación en la etapa siguiente.
La adolescencia, donde se manifiesta el desamparo dramáticamente y violentamente, es el intento de afirmación de la propia personalidad, ya aviada con los conocimientos adquiridos y enfrentada a una sociedad, que representan los encargados de su particular educación, que de repente se presentan deficientes, ineficaces, hipócritas y con muchos otros defectos. El pensamiento obvio o subyacente es: hay que destruir esta decadente sociedad.   Esta es una demostración de hastío.  
Confieso que no entiendo eso de “el individuo único tocando la puerta de su propia morada con muy poca posibilidad de que lo dejen entrar” y “el eterno dilema del vecino peleando con ese otro imaginario, que en esencia es uno mismo”.
En la joven madurez se comienzan a saboreas las amarguras de la aparentemente inconmovible realidad. Los normales entienden que no es tan fácil cambiar el mundo, e, imperceptiblemente al principio, comienza la negociación con el ambiente. Hay dos tipos básicos de anormalidades: la del que continúa la lucha, una forma de inconformidad que puede utilizar la violencia para intentar el cambio, y el otro también inconforme y violento pero que subvierte el orden delictivamente como una manera de acomodarse a las circunstancias. El cansancio en los tres casos está ahí, aunque no se manifieste protagónicamente.  Algunos son conscientes, otros inconscientes; pero ya se comienza a trabajar para el futuro.  Me utilizo como ejemplo, porque soy el más cercano que tengo (pero con la mayoría ha sucedido de manera similar): desde ese período comencé a trabajar bastante rudamente para ayudar a mantener a mi pequeña familia.   La lozanía me permitía gastar tiempo en diversiones y en mis placeres artísticos; pero a la par entendía medularmente el precio de la existencia y observaba con tristeza y cierto miedo el deterioro de las energías en mis cercanos, mas sobre todo el heroico tesón con que lo enfrentaban y lo vencían. No había nada de diabólico o paradisíaco en aquella amarga y dulce  “angustia” existencial, aunque si teníamos una cierta tendencia a coquetear con el existencialismo filosófico.
Sigue la adultez, el período que tiende a ser el más rutinario y hasta aburrido (en esa nueva manifestación está otra forma de agotamiento); pero en mi caso, o mejor en el de nuestra generación, compartíamos el cada día con la lucha por los ideales en contra de tiranías golpes de estados, y ejércitos extranjeros, por lo cual se nos hizo más ameno lo que hubiera sido inercia castradora.   La vida se lleno de satisfacción por el cumplimiento del deber y todo tuvo mucho sentido.   ¡Benditas sean aquellas circunstancias!
En la vejez, el cuerpo no falla en su producción química real; “tiene” otra química que corresponde a ese período. Sí. Es natural y orgánico y por lo tanto no constituye una resquebrajadura de la vitalidad; es exactamente lo que corresponde en ese momento. Hay tendencia a menor expendio de energías físicas y mayor uso de la inteligencia adquirida (la inteligencia no es más que el adecuado uso del conocimiento). El sentido de estar vivo no se pierde, se manifiesta orgánicamente de manera natural.   Recordamos que la vejez no es ancianidad.
Es en este siguiente período cuando el cuerpo pasa definitivamente a un  segundo plano, aunque hay que estar claro que no es lo mismo hoy a lo que fue en las generaciones pasadas. Algunos animales y los habitantes del polo norte se retiran a morir solos; la gran mayoría permanece siendo útil, aunque menos, y aportan beneficios espirituales a sus descendientes.  Por supuesto me refiero a los que se mantienen sanos; la enfermedad no es privativa de esta edad, aunque sí con mayor frecuencia, amenaza a todas.
También es una desviación pensar que en esa edad surgen como consuelo las creencias religiosas, ¿ideológicas? , y la búsqueda espiritual. Desde niño una religiosidad propia, producto de la búsqueda intensa y permanente, me condujo a las ideologías que estrené en los últimos años de la adolescencia.   Contrario a lo que dices, ahora, en el tránsito de los dos últimos tiempos, todo aquello se ha asentado, está allí, pero tranquilo, producto de una nueva faceta del  cansancio,
Siempre buscamos bienestar, y es ese el a veces ganchoso motor de la existencia y el “hacer” es una característica que se mantiene a lo largo de toda ella. Nunca he concebido la inacción, ni siquiera en el sueño, el cual aprovecho conscientemente para organizar mi vigilia y resolver los conflictos de la realidad. Me parece monstruoso leer que la ideología es una basura, y te aseguro que por costumbre y experiencia no utilizó más químicos de los que necesita cualquier persona de cualquier edad; siempre he preferido “tratarme” mediante la mente, con notable éxito. Para mí la vida no es en absoluto insoportable; más bien reconfortante.
No necesito refugio que no sea la tranquilidad de mi bien disfrutado trabajo. Ya no puedo saltar o correr las mil millas; pero no necesito hacerlo; la vida no me pasa por delante, estoy introducido en ella y abiertamente, y más bien me parece lenta y diminuta, como siempre.   Estoy muy presente en la realidad social como siempre lo estuve, porque en todo momento analicé y comprendí sus códigos.   Conservo el acceso al mundo y lo considero viejo, mucho más que yo, y bastante carente de imaginación para resolver sus problemas.   Continuó buscándole alternativas y prestándome a trabajar por ellas.   Tengo tantos propósitos, que sé que no me alcanzará el tiempo para realizarlos. Por supuesto, la vida que he vivido no me ha costado una cruz, una cama o una silla.   Créeme que aunque no me pudiera mover (lo cual espero que no me suceda) todavía encontraría las maneras de ser útil.   Si estoy crucificado es por la humanidad que se niega a entender los aspectos positivos de este transcurrir con el cual se nos ha bendecido            
Para economizar espacio y tiempo me salto todas las forzadas suposiciones, no experimentadas por ti, que desgranas con la sola intención de poder llegar a decir pomposamente: “La única salida decorosa es la muerte”. ¡No! No es una salida, ni es indecorosa o lo contrario; simplemente es la última manifestación de la vida, en el instante preciso en que se agota el difícil pero glorioso contenido que recibe y elabora cada ser humano.  
¿Eres por acaso ese dios en que no crees, para decidir cuándo es el final? (cuando leí el título de tu trabajo, “yo soy la eutanasia”, me pareció que se refería a una deidad de las  sombras)   No hay dolor ni humillación ni deshonra para el anciano y para su familia si existe y palpita el amor de por medio. Si hay, por lo menos, agradecimiento.  ¿Cómo puedes calificar de salto tecnológico lo que se superó y suplanto en la Edad de piedra?   ¿Con que razonamiento (no sólo fútil pretexto) crees poder desvirtuar la función de la hipocrática medicina,  cuya labor e intención única es preservar la fortaleza del viviente?
Esparta legalizaba la eutanasia para los niños con defectos congénitos, y no pasó de ser un vencible ejército; Grecia, con su consejo de honorables ancianos, fundó las bases del mundo occidental. Hace unos días vi en YOUTUBE a un adolescente con Síndrome de Down y además ciego, que interpretaba un agilísimo y energético concierto para piano y orquesta de Mozart; aparte del impecable virtuosismo que mostró ampliamente me hubiera bastado ver la sonrisa de satisfacción que en todo momento estaba presente en su rostro para desearle una larga existencia.   Este genio hubiera sido despeñado en Esparta.
Nadie puede negarle la vida a nadie; es un derecho por el que se ha luchado y que ha provocado muchas muertes.   Si aceptamos tan deplorable acción abriríamos las puertas a la más despreciable barbarie.   Los racistas de los Estados Unidos la utilizaron, Stalin lo hizo.   ¿Y qué decir de Hitler?... entre muchos otros.
¿Cómo es eso de que “La medicina sería más útil si ayudara al anciano a morir sin dolor, viajando en una nota de opio para salir de este mundo como entró en él, sin darse cuenta…”?   La vida no está construida para dejarla ir sin ningún sentido, vacía, perdida...   La única razón que se me ocurre (y no sólo a mí, estoy en eso junto a miríadas de otros) es que se viene al mundo para aprender a entender y apreciar y amar la mágica plenitud de la creación.\
Así como he defendido desde el primer día mi individualidad, con la misma decisión y firmeza me niego a aceptar que nadie le ponga fecha al momento de mi muerte, sea por odio o con un disfraz de piedad.
En estos últimos momentos de nuevo se sentirá la soledad; pero ahora es parecida a la que puede sentir el creador en la inmensidad del espacio, si es que se ha actuado bien.  
Pero, por supuesto, para eso hay que creer en algo.  
Este  respondedor es un optimista consciente; quizás esa la principal razón del éxito en mi vida.



miércoles, 9 de mayo de 2012

Yo soy la eutanasia


Yo soy la eutanasia
Por Carlos Castro. 

Nota: Este es un artículo valiente del sociólogo, artista y escritor Carlos Castro. Podremos estar de acuerdo o no con sus planteamientos; pero si queremos contradecirlo debemos hacerlo elaborando conceptos con la seriedad e inteligencia que lo ha hecho Castro. Creo que esta reflexión es muy importante. Es un tema aún tabú en nuestra sociedad. Agradecemos a Carlos Castro por atreverse a plantear estos asuntos.
Hay un momento de la vida donde la “conciencia” existencial nos coloca entre la espada y la pared: la vejez. La vejez, la muerte y el sexo, temas tabúes, se evaden usando como máscara el chiste. La cultura ha impregnado mucho miedo respecto a estos temas. A profundidad, estos temas están vedados en el debate público. Son temas tabúes. La orientación educativa no trasciende los límites judeo-cristianos.
La vejez no se acepta como un ciclo del cuerpo y la mente que llegó a su ocaso. Al contrario, hay un culto para prolongar la lozanía del cuerpo. Una industria que fabrica y vende juventud.
Desde que la humanidad entró en esa velocidad que llamamos modernización, el viejo es un estorbo, no sirve ni como referente, se quedó detrás. Son tiempos remotos aquellos donde el anciano era visto como el sabio de la comunidad. Hay un look de ser joven aunque la piel no resista más arrugas. Hay una industria que rara vez integra al viejo como parte de una realidad. Hasta lo que se publicita para ancianos se cobija y se vende en una atmósfera juvenil. El repudio es tan grande que ni el mismo viejo quiere ver sus propios síntomas en lo que se publicita para él.
 
Por una degradación físico-psíquica, en la vejez se disminuyen los encantos de la personalidad juvenil y se amplifican los defectos. Porque en el día a día hay más queja que placer o bienestar…

La muerte, lo único “real”. El único vestido que en algún momento de la vida modelará la inexistencia. Sin embargo su escenario casi siempre es trágico. No existe un contacto relajado, honesto, tranquilo y profundo respecto al tema.
El escenario de la sexualidad es más truculento, desde que encuentra fundamento en ese pacto que se denomina matrimonio, su función se limita a la procreación o el control, se establece de manera implícita una patología de la posesión. La esencia de los feminicidios y el maltrato femenino guarda relación con esos ritos donde el hombre y la mujer desde que se vinculan como pareja algo se pierde de la libertad individual.
Ahora tiremos una mirada a los ciclos. En la plenitud de la infancia, la vida es vida sin intensión alguna. El infante se siente tan unido a ese otro que provee, “percibe” su existencia como un sistema natural, inherente a la maternidad.
En la infancia, la conciencia de existir es alienada porque es dependiente. No hay ni debe haber eso que llamamos conflicto existencial, no existe la conciencia social de individuo. No hay contacto con la soledad y con el cansancio existencial como fundamento del ser.
La conciencia existencial a la que me refiero, es el individuo único tocando la puerta de su propia morada con muy poca posibilidad de que lo dejen entrar. Es el eterno dilema del vecino peleando con ese otro imaginario, que en esencia es uno mismo. Es esa dualidad que somos todos tratando de ser una sola cosa integrada a la totalidad.
En la juventud, el estado de conciencia que llamamos existencia, es aún más complejo, es un paraíso diabólico abundante en hormonas. Es un lugar ambiguo y dependiente, también autónomo. El tiempo no es medida de algo que termina, no es cansancio que se siente en la existencia sino energía que adquiere vitalidad en la consumación. El tiempo es la única fortuna, es la lozanía del cuerpo. Joven es gastar tiempo sin la más mínima conciencia de que el tiempo algún día te gastará a ti.
En ese periodo de la vida, la conciencia de existir es muy cercana al placer por el placer. Se es, dejando de ser en las hormonas. Ser existencial en la juventud es un estado químico real.
En la vejez, el cuerpo falla en su producción química real, se pierde vitalidad y el sentido de estar vivo. Es un asunto natural, orgánico. En la naturaleza, los animales cuando llegan a ese estado se retiran para morir solos.
En la base natural del individuo, la carencia de producción química, en esencia es dolor. En la vejez, esa carencia de sustancia se suple en la farmacia o con creencias: religiosas, ideológicas, búsqueda espiritual.
Esta vida es imposible soportarla sin el mito “del creer” o “del hacer” que en esencia es la mente buscando bienestar. Es como si todo esto solamente se pudiese soportar drogando la existencia con químicos o basura ideológica.
En la vejez, la vida nos deja pocas opciones de refugios, el cuerpo y la mente van perdiendo sus funciones vitales. Terminamos siendo una cosa donde la vida nos pasa por delante a la velocidad de la luz. Todo se siente rápido y grande. Esa alteración de percepción nos va alejando de la realidad social. Nos quedamos sin acceso, como espectadores pasivos de un espectáculo que no comprendemos porque desconocemos sus códigos. El mundo que es joven en su velocidad, nos aleja y nosotros nos alejamos de él. Seguimos en él sin ningún propósito, a no ser el tabú de prolongar la existencia como si la vida de un ser humano tuviese sentido tirado en una cama todo el día. Es como si el haber vivido una vida plena tiene como precio el sacrificio de estar crucificado eternamente en una cama o postrado en una silla.
En la vejez no hay refugio. No hay proveedor eterno ni tiempo químico que gastar ni disfrutar. Tú eres frente a un espejo imposible de evadir con trucos o con juguetes.
En la vejez se busca placer con la única intensión de aliviar el dolor del cuerpo, precario en sus funciones, quejoso en su existencia.
Como un boxeador que no deja de pegarte en la cara, la vejez te confronta de manera brutal a la existencia. La única salida decorosa es la muerte.
Así como la humanidad ha dado un salto tecnológico, es hora de un salto de su ser. Un hacer que produzca cambio en la cultura humana. A estas alturas estar vivo no puede ni debe ser un estado de dolor deshonroso para ti y la familia. Una inversión de tiempo y de dinero apostando a una vida sin regreso, que ya cumplió su ciclo.
Aceptar la eutanasia o muerte asistida sería un gran logro para la humanidad, cambiaría la actitud respecto al tabú de la muerte y el negocio de la medicina que prolonga la vida de una momia a través de tubos.
La medicina sería más útil si ayudara al anciano a morir sin dolor, viajando en una nota de opio para salir de este mundo como entró en él, sin darse cuenta…

cC
El autor es un decepcionado consciente.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Las películas del odio

Las películas del odio
Por Manuel Rodríguez Rivero 24 ABR 2012 , para el País de España

Nuestro queridísimo amigo, sociólogo, catedrático, escritor, director teatral y Agente Descubierto y No Pagado de esta La Pasión Cultura, Carlos Castro, nos ha enviado un artículo aparecido en el periódico español El País ("Las películas del odio"); sobre un  acontecimiento artístico, según plantea el artículo, que está ocurriendo en España: país donde  la gente se atreve a decir cosas, no siempre complacientes, en el ambiente cultural y artístico.

Dicho artículo lo escribe Manuel Rodríguez Rivero (Escritor, editor, crítico y ensayista. Ha trabajado, entre otras, en las editoriales Alfaguara, Espasa Calpe y Punto de Lectura, y como columnista ha colaborado en más de treinta publicaciones. En la actualidad publica dos columnas semanales en el diario El País, «Ídolos de la Cueva» y «Sillón de orejas» (en el suplemento literario Babelia). Ha recibido el Premio del Gremio de Editores de Madrid y el Atlàntida del Gremi d´Editors de Catalunya. También es director literario de la editorial Viamonte.) Por todo el interés de que esta acuciosa entrega está revestida, la publicamos hoy con la pasión y estilo acostumbrados por nosotros. Advirtiendo que los gráficos que utilizamos no vinieron del origen del artículo, invitamos a nuestros lectores a leer esta entrega.
Durante tres días consecutivos la pantalla del Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes de Madrid se ha llenado de odio. Con el valiente apoyo del Centro Sefarad Israel, y bajo el marbete "trilogía antisemita del cine nazi", en ella se han proyectado, con presentaciones y mesas redondas de por medio, El judío eterno (Der ewige Jude, 1940), de Fritz Hippler, Los Rothschild (Die Rothschilds Aktien auf Waterloo, 1940-1941) y El judío Suss (Jud Süss, 1940), de Veit Harlan, tres películas realizadas por los nazis en el periodo de máximo adoctrinamiento antisemita de la población alemana, entre la infame Kristallnacht de noviembre de 1938 y la decisión de implementar la llamada “solución final”, a finales de 1941.

Hasta ese momento, la industria cinematográfica nacionalsocialista, controlada por Joseph Goebbels, había reservado la mayor parte de la propaganda a los noticieros cinematográficos y a las películas documentales, entre las que El triunfo de la voluntad (1934), de Leni Riefenstahl, es, sin lugar a dudas, la obra maestra. En el temprano, pero ya clásico libro De Caligari a Hitler (1947), Siegfried Kracauer dedica un estupendo capítulo a esta modalidad del cine del nacionalsocialismo.

Tras la invasión de Polonia y el estallido de la guerra, el Ministerio de Propaganda puso en marcha un ambicioso programa cinematográfico con el fin de intensificar la presión ideológica sobre los ciudadanos alemanes, insuflar entusiasmo bélico a los soldados, levantar la moral de la retaguardia y —algo especialmente significativo— galvanizar a la población en torno al proyecto de exterminio de los judíos implícito en el ideario hitleriano desde Mein Kampf (1925-1926). Las tres películas arriba mencionadas, muy diferentes en su calidad e impacto, corresponden precisamente a esa etapa.

Tras la invasión de Polonia y el estallido de la guerra, el Ministerio de Propaganda puso en marcha un ambicioso programa cinematográfico

La más interesante desde el punto de vista cinematográfico e ideológico es El judío Suss, quizás porque en ella los tópicos y estereotipos del antisemitismo vienen vehiculados en un producto de calidad, un guion bien armado y una dirección de actores adecuada. Lejos de la burda imaginería (con sus fundidos encadenados en los que se yuxtaponen ratas y judíos) del falso documental El judío eterno, o de las incoherencias y absurdos narrativos de Los Rothschild, la película de Veit Harlan exhibe un notable dominio de la técnica y de la puesta en escena (en la que se refleja la influencia del montaje soviético y de la iluminación del expresionismo alemán), además de un impecable control de las estrategias narrativas. Quizás por ello el filme —profundamente antisemita— fuera alabado por buena parte de la crítica internacional (incluyendo al joven Michelangelo Antonioni) cuando fue proyectado en riguroso estreno en el Festival de Venecia
 de 1940, cuyo primer premio, sin embargo, no consiguió, al contrario de lo que se ha afirmado estos días. Con una recaudación que triplicaba con creces su presupuesto, fue vista por más de 20 millones de alemanes, un auténtico récord para su época.

Por lo demás, las intenciones de la película, cuyo argumento se inspira (corrompiéndolo y tergiversándolo) en el de la novela histórica homónima (1925) del escritor judío Lion Feuchtwanger, no dejan lugar a dudas. Los judíos son presentados como taimados corruptores de la “germanidad”, como un colectivo parásito y radicalmente extraño al que hay que contener en sus guetos para impedir que se aproveche de la debilidad de los elementos arios más venales y se mezcle con la población sana, corrompiendo a la sociedad mediante su dinero (en las películas nazis los judíos casi siempre son hipercapitalistas o lumpenproletariado), y sus intrigas políticas o sexuales. En este sentido, el punto culminante de El judío Suss, "y una de las secuencias más abyectas de la historia del cine alemán", según afirmaba Aaron Rodríguez en su presentación de la película, es la violación de la virginal muchacha aria sobre una ostentosa cama en la que se
 distingue la estrella de David. Cine terrible que incita al odio, pero cuyo conocimiento es imprescindible para comprender cómo y con qué apoyo social pudo llegarse al Holocausto.

sábado, 28 de abril de 2012

Un Premio Nacional de Teatro en la Feria del Libro

Un Premio Nacional de Teatro en la Feria del Libro

Carlota Carretero y Giovanny Cruz en "Dos viejos pánicos"
Nota: 
Para la puesta en circulación de los Premios Nacionales de Literatura, a la cual la gripe nos impidió asistir, el poeta Basilio Belliard, director de los Premios, se refirió al suscrito con palabras elogiosas las cuales reproducimos ahora.


Mañana (lunes 30 de abril a las 10 de la mañana.) la Feria del Libro y el Ministerio de Cultura inauguran una calle dentro de la Plaza de Cultura que lleva nuestro nombre y nos dedican el día completo (El Día de Giovanny Cruz). Dos hechos que agradeceremos mientras vida tengamos. Las ponderaciones de estilo las realizará el dramaturgo y amigo Radhamés Polanco.

Nos agradaría que amigos, amigas, familiares y colegas nos acompañen en ese día tan especial, que desde ya condiciona unas sensibilidades singulares en el suscrito. 


A propósito de todo esto publicamos hoy fotos de obras o eventos en los cuales hemos estado involucrados durante muchos años. También incluyo algunas fotos familiares.

Presento disculpas anticipadas a aquellos artistas a los cuales he dirigido, o con los que he compartido escenarios, y cuyas fotos, porque se han perdido en los derroteros del tiempo, no aparezcan en esta entrega.  

Palabras de Basilio Belliard:
En Giovanny Cruz tenemos al dramaturgo por antonomasia, cuya constancia de oficio ya nos tiene acostumbrados. En Duendes y locos de las dunas, Cruz nos recrea una acción dramática con un trasfondo histórico. Nos presenta en tonos realistas una historia regional con aciertos simbolistas, logrando un decorado eficaz en sus escenas, personajes y situaciones dramáticas. En este drama nos recrea las pasiones y emociones humanas con sus conflictos existenciales, en medio de una atmósfera psicológica compleja. El autor nos ofrece una tragedia descarnada y alucinante, que expresa la desesperación en que se sumergen los sujetos humanos, en situaciones límites. Con un reparto integrado por Guillermina, Dolores, Tamayo, Nicolasa, Yogo-Yogo, Nicodemo e Iván Villeta, Giovanny Cruz moldea una obra dramática con un entramado ficcional, que seduce al espectador y lo hace parte integrante de la trama.


Carlota y Giovanny en "La víspera del degüello"





                                   Giovanny Cruz en "Andrómaca"


                        Giovanny Cruz y Carlota Carretero en "Andrómaca"


                           Silia Hernández, Ricardo Ramirez e Iván García
                           en "Los Tiranos"


                                                           Carlota Carretero e Iván García en
                                                                    "Interioridades"

                                              Carlota Carretero en "La pasión según Antígona Pérez"

                                    Karina Noble y Carlota carretero en "La pasión según Antígona Pérez"

                                    Carlota Carretero y Giovanny Cruz en "Un Quijote para todo el mundo"

                                                                  Zoila Luna en "Amanda"

                                                              Anniksa Serra en "Amanda"

                          Presentación de "Amanda" en París: Niurka Mota, Víctor Pinales, Juan María Almonte, 
                              Héctor Olivier, Karina Noble, Juan Núñez y Xiomara Rodríguez

                                                       Carlos Espinal en "Drácula en el Caribe"

                                        Giovanny Cruz interpretando a Baby Morrison en "Quíntuples"
           
                                            Giovanny Cruz interpretando a Mandrake en "Quíntuples"

                                        Giovanny Cruz interpretando a Papá Morrison en "Quíntuples"

                                          Giamilka Román y Karina Noble en "El perfume del incesto"

                                                  Pepito Guerra y Giovanny Cruz en "El Sucesor"

                                                           Puesta en escena de "El Sucesor"

                                                          "El Sucesor" en el Teatro Nacional

                                       Hensy Pichardo, Giamilka Román y Augusto Feria en "El Sucesor"

                                                         Delta Soto en "Sobre locos y duendes"

                                           Lidia Ariza y Rafael Villalona en "Sobre locos y duendes"

                                          Rafael Villalona y Giamilka Román en "Sobre locos y duendes"

                                             Giamilka Román y Giovanny Cruz en "Barrio 7 tumbas"


                                           Fiora Cruz Carretero y Yorlla Castillo en "Obsesión en el 507"

                                          Mario Lebrón y  Fiora Cruz Carretero en "Obsesión en el 507"

                                           Fiora Cruz Carretero y Yorlla Castillo en "Obsesión en el 507"

                                Mario Lebrón, Fiora Cruz Carretero y Yorlla Castillo en "Obsesión en el 507"

                                          Fiora Cruz Carretero y Yorlla Castillo en "Obsesión en el 507"

                                            Carlos Espinal y Giovanny Cruz en "Orquesta de señoritas"

                                        Nilleny Dipton y Yorlla Castillo en "Duendes y locos de las dunas"

                                      Yorlla Castillo y Wilson Ureña en "Duendes y locos de las dunas"

                                             Actores y actrices de "Duendes y locos de las dunas"

                                               Giovanny Cruz en la película "Del color de la noche"

                                      Giovanny Cruz e Iván García en la película "Del color de la noche"

                                              Giovanny Cruz en la película "Del color de la noche"

                                 Ganadores y demás ganadores de los Premios Nacionales de Literatura-2010

                          Giovanny Cruz, Ruth Herrera y Tony Raful puesta en circulación "Los Cuentos del Otro"

                                                          Giovanny Cruz y su hijo mayor Jean-Paul Giovanny

                                                     Giovanny Cruz con sus hijas Fiora y Renata

                                                    Giovanny Cruz en su bar favorito: Boga-Boga"