jueves, 6 de septiembre de 2012

In memoriam a Rafael Villalona




Mañana, familiares y amigos del entrañable y nunca suficientemente aplaudido Rafael Villalona, nos reuniremos en el Museo de las Casas Reales (a las 7 de la noche) para recordarlo en tu inmenso talento, en la grandeza de su sapiencia y en su inagotable alegría.
Será una noche de magia y arte, como debía ser. 
Todos los pasionarios debemos pasar por allá. 
Como adelanto a la comunión artística de la que disfrutaremos mañana recordando a este amigo del alma, publico hoy un poema que a su memoria escribiera el poeta y publicista Raúl Bartolomé, otro de los grandes amigos de Rafael, compañero de muchas de sus quimeras.



Memorias del tiempo que pasa

Por Raúl Bartolomé

A Rafael Villalona, in memoriam.

Todo con el tiempo pasa,
la mirada fugaz, el segundo intransigente,
las máscaras del teatro que van ocultando
efímeras alegrías, largas tristezas.
La vida es un ensayo, la obra que nunca se termina
y la palabra que queda flotando hasta que polvo sobre polvo
sepultan la mano extendida que esperaba la otra mano solidaria.

Todo pasa, los telones van cerrando las puertas del teatro
y a los cuerpos que ayer gesticulaban
y a las voces que ayer arengaban
el tiempo les va quitando la expresión, las sílabas esenciales.

Pasa la ideología primera, la segunda y la utópica tercera,
árboles que van muriendo porque otros más altos,
pero con menos frutos, le roban la luz y las quimeras.

El correr de los años también pasa
y llega el momento en que nos estacionamos en la última hora
cuando el calendario es un adorno de escritorio
y el reloj no mide semanas sino distancias recorridas,
y guarda en su armónico engranaje recuerdos imborrables ,
tesoros de la memoria que nadie hereda
y que se van con nosotros cuando el tiempo pasa
y nos lleva en su tren indetenible.


jueves, 9 de agosto de 2012

Editorial y poema


El periodico digil Acento.com ha dedicado su editorial del día de hoy a mi entrañable amigo, hace unos días fenecido, Rafael Villalona. La Pasión Culttural reproduce dicho editorial para consumo de sus especiales y distinguidos lectores. También incluimos en esta entrega el poema-homenaje que escribiera Mónica Volonteri igualmente dedicado a Villalona. Definitivamente ese será un difunto al que nunca llevaremos hasta el olvido.


Noticias detalle



EDITORIAL

Un editorial a Rafael Villalona

El gran activista cultural que fue Rafael Villalona

Rafael Villalona fue fundador y director de instituciones relevantes, como el Movimiento Cultural Universitario, el Grupo Nuevo Teatro, el Centro Cultural de Santiago, la Dirección Nacional de Bellas Artes.



El gran activista cultural que fue Rafael Villalona
Rafael Villalona, creador y promotor culturalArchivo/Acento.com.do

Rafael Villalona fue un activista cultural y promotor del teatro dominicano. Aparte de autor y director, fue un gran promotor teatral en los pueblos y campos más apartados de la República Dominicana.
Su muerte, la pasada semana, enluta al país y en particular al ámbito de la cultura. Su familia estuvo estrechamente vinculada a sus proyectos, comenzando por su esposa Delta Soto y siguiendo con su hijo Rabel, que fue director de cine y que realizó ingentes esfuerzos en consonancia con lo aprendido junto a su padre.
Rafael Villalona fue fundador y director de instituciones relevantes, como el Movimiento Cultural Universitario, el Grupo Nuevo Teatro, el Centro Cultural de Santiago, la Dirección Nacional de Bellas Artes.
Nuestro reconocimiento a Rafael Villalona y el pésame y consuelo a todos sus deudos.







































De Mónica Volenteri:

Hasta la victoria, Villalona

Este sea quizá
el último intento épico
que me permita
porque además de mi papá y mi suegro
ya no conozco más héroes.

Este poema
es una forma de decir adiós
un adiós
a una rara avis: un ser humano
un héroe
un hombre
que solía mecerse
en el borde de la tarde
con la mirada hundida
en la sabiduría
y
las manos hundidas
en la acción.

Un hombre
Rafael Villalona
que ayer se murió
y con él
nos morimos todos
porque
cuando se muere un hombre
como él
nos morimos todos
porque
recordamos
porque 
nos dejamos llevar
por la dulce melancolía
del pasado
porque
dejamos que la vida triunfe
resistiéndonos al olvido.

Villalona
Ha muerto
y la peor parte de la muerte
le cae encima
 a Delta
a Nelly
a los hijos
a los nietos
a ellos les toca
la ausencia
el vacío
la rabia
el dolor
la espantosa resignación del silencio
donde antes reinaba la voz de Rafael.

Al resto nos toca
espantar el olvido
mantener viva la llama
que le dio sentido a su vida:
luchar por algo
que hasta suena a mala palabra
una ideología
que se materializó en acción
y ese solo intento
convierte a un hombre
en un héroe
porque lo hace humano.

Ayer se murió Villalona
y con nuestra pena
deberíamos mantener vivo
el deseo de hacer un poco
de contrapeso
en estos tiempos
donde nos hemos olvidado
que el como si
solo es posible desde la honestidad.


Como dice Próspero
que le dijo Shakespeare
estamos hechos de la materia
de nuestros sueños
y la materia de los sueños de Villalona
sigue aquí
y seguirá aunque se olvide su lucha
y la historia oficial recuerde su nombre.

Villalona
hasta la victoria del alma.

martes, 7 de agosto de 2012

El alma buena de Rafael Villalona


El alma buena de Rafael Villalona
Tony Raful 
 



Recuerdo ahora cuando juntos leímos, “El alma buena de Sezuan” de Bertolt Brecht. Quedamos encantados, tú leías otra vez el texto de esta obra impresionante, yo, por primera vez. Aquella lectura dio origen a una profunda meditación sobre el alma humana. ¡Cuántas cavilaciones sobre el lomo gris de los seres vivientes! ¿Cómo se puede ser virtuoso en medio de una sociedad corrompida? ¿Dónde se hospeda la virtud prescindiendo de todos los referentes sociales, económicos y morales del poder? La obra dramática del insigne dramaturgo y poeta alemán es inolvidable. Ahora la cito porque has muerto y estoy convencido de que viviste intensamente, en ese sumario de aciertos y errores, sin menoscabar, sin reducir, sin avergonzar la condición limpia de tu vida. Todo tu trabajo, la intensidad del ejercicio artístico, la persistencia en la necesidad de que el teatro dominicano superara sus barreras y limitaciones para trascender con técnicas y especialidades, te hizo formarte en los centros más altos del conocimiento y la cultura. Viviste procurando que el arte sirviera como instrumento de luz y transformación social. El teatro, la móvil escena de todas nuestras expresiones, el manejo consciente de todas las farsas y la crítica incisiva de toda racionalidad y despertar estético.

Contigo pisábamos tierra firme para reiniciar los proyectos. Nunca te vi desfallecido. Recuerdo cuando juntos, fuimos designados para realizar una misión importante, para tu gran anhelo de salvar una de las iniciativas más promisorias del arte y la cultura, iniciada en los años 90. Estábamos tejiendo planes en la Junta Municipal de Cultura. Tantas veces frustrados, yo me apagaba y tú insistía, yo me deprimía y tú me insuflaba una convicción que me estremecía. Conocí tus ideas, tus dudas filosóficas acuciantes, tu búsqueda interior, tu dignidad latente. Y ni hablar del dolor, de la profundidad del quejido cuando lacera el espíritu. No se puede entender, me dijiste en medio de la tragedia. Recordé aquel concepto existencial, la vida no es injusta, es absurda. No podemos entender, pero podemos sentir, podemos labrar amores en el vacío, columnas etéreas donde oficia el amor identidades, lazos de humo y ternura por donde asciende el afecto y la solidaridad.

El amor nos salva, nos redime de la pesada coyunda del mal vivir, del existir miserable, de los condicionantes físicos, químicos, síquicos, sociales, que hacen de un ser humano una complejidad insondable, dual, esquizoide, bipolar, decepcionante. El amor es la poesía cuando alza vuelo, cuando levita sobre los párpados, el rostro amado, la idea altísima de vivir en libertad, forjando cada día complicidades, proyectos nuevos. Frente a la lógica implacable de los días, los artistas suscitan maravillas, capacidades creativas, discursos de aurora, de búsqueda permanente, la victoria sobre lo banal, sobre lo obvio, sobre la malaventura rutinaria de vivir. 

Que te has muerto y prometiste no morirte ante el ultimátum decididamente dramático de Giovanny Cruz, que nos llamaste feliz, para decirnos que los últimos análisis revelaron que estabas limpio de células cancerosas, que hicimos planes, volver a las combinas, a los pasadizos ocultos donde dejamos bajo pacto de honor, los tesoros, las piedras preciosas, el lagarto atrapado en el ámbar bajo un soplo coagulado de tiempo y resina, unos versos de Paul Eluard, la barca donde nos embarcamos bajo un florilegio de lectura y gozo, la risa retenida esperándote para reírnos otra vez de todo y de todos, para hablar del teatro, su pujanza y deterioro, para enhebrar la canción bajo la miel y la ternura, para volver a desandar la ciudad pequeña y bajo bohemia, convocar la musas, los amigos, los duendes en los altos campanarios, los viejos y nuevos amores. 

“El alma buena de Suzuan” es tu alma buena, tu nobleza, tu ejemplar comportamiento, tu decencia, tu respeto por los demás, tu vocación de trabajo y tu relación con los artistas cuando te tocó ser Director General de Bellas Artes en una gestión transparente, abierta, efectiva. Tus compañeros y amigos del Teatro, te rindieron un homenaje conmovedor. Uno de tus hijos escribió un hermoso poema que Delta, tu inseparable y valiosa compañera, haciendo acopio de fuerza pero sobre todo de amor inacabable, leyó con dolor y firmeza. Ahora, que incumpliste el acuerdo con Giovanny, te pido querido amigo, entrañable amigo, que no dejes de acudir a la combina, a los sueños secretos, al epígono marino del viento y la risa, a la velada de la poesía y el teatro, que orquestaremos en tu nombre, un día de estos, hasta reunirnos contigo, en la pantomima ciega y blanda del universo y de Dios.

viernes, 3 de agosto de 2012

Una carta inconclusa a Rafael Villalona


Una carta inconclusa a Rafael Villalona
Por Giovanny Cruz Durán.

No serán suficiente unas cuantas lágrimas para despedirte, amigo, cómplice y compinche. No lo serán. No serán suficiente conversaciones de cafetines para ensalzar tu paso por este universo que siempre luce absurdo ante la muerte de los que nunca deben irse... como tú. No habrá nostalgia tan grande para apenas esbozarte. No te haremos “perfecto” en la bohemia recordando tus puestas en escena. No permitiré que el llanto te acompañe en tu último viaje y luego sea la excusa para olvidarte. ¡No lo permitiré!

En cada región de este país dejaste tus palabras, tus enseñanzas y tus principios. En cada escenario, formal o no, dejaste lo mejor de nuestro Arte. En las paredes de todos nuestros teatros, hasta en aquellos a los que nunca fuiste, vivirás como duende teatral... para siempre. 

Con tu partida uno comprende que la Vida se ensaña solamente con los vivos. Porque... ¿con quién hablaré ahora de nuestras quimeras escénicas? ¿con quién criticaré ahora las incongruencias de nuestros políticos? ¿quién me conminará ahora a sublevarme en contra de lo establecido y a fundar junto a él una nueva República cultural? ¿quién me conminará ahora a reciclar constantemente al Teatro dominicano? ¿quién será ahora el primero en leer mis piezas teatrales y comentarlas? ¿quién será la obligada referencia ahora de la maestría teatral? ¿quién será el entrañable contertulio de nuestras intensas e interminables noches de bohemia cultural? ¡Nadie llenará esos espacios! ¡La gente como tu, Rafael, es sencillamente irremplazable, única e irrepetible.

¿Paz? La burocracia de la muerte me exige usar esa fórmula. Pero no lo haré contigo. Igual que me niego a recurrir a otros recursos de los cuales ambos siempre desconfiamos. 

Sin querer, el egoísmo me ha estado impulsando a ello, he estado formulando un recuento de todo lo que nos aportaste en la forma de vida por nosotros conocida. ¡Fue tanto! Tanto que nunca alcanzará el mundo, y me incluyo en ese grupo, de justipreciar el tamaño de esos aportes.

Es justo que te deje descansar y permita que empieces a preparar los escenarios en el lugar que escogerás como morada. Recuerda que un día de estos iré a visitarte. Avisa que lo haré. Como otras tantas veces comparte tus escenarios con tus amigos y colegas... y tu sapiencia. 

Aún no he hablado con Iván García de esta noticia. Puedes imaginar cómo lo tomará. Tony Raful no ha vuelto a decir una palabra desde que supo que te fuiste. Onorio Montás, que se refería a ti como “Michy”, se ha negado creer en mis palabras. He visto una mirada asesina en Indira Mejía desde que supo del caso. Mario Lebrón soltó una lágrima y tres no usuales palabrotas. Garcia Cartagena solo atinó a construir una pregunta y ni una respuesta. 

El movimiento teatral dominicano está anonadado. Con casi todos nuestros amigos y colegas había celebrado que tus células cancerígenas, prácticamente, estaban desaparecidas. Por eso no comprenden, ahora, por qué la cura te causó letales complicaciones en tus pulmones y en los riñones.

Recuerdo que al regresar de mi último viaje a Puerto Rico conversamos y me dijiste lo bien que te sentías y que planificabas reintegrarte conmigo a nuestras tertulias y bohemia. Me pediste que te diera unos días para curarte de un gripe que te afectaba. Sin embargo, era algo más que eso. Era otro enemigo que se te alojó, como un ángel infernal, en tu cuerpo. Uno que se agazapó en tu organismo como un enemigo irresponsable y traidor. 

Bueno... te fuiste, amigo, y estás camino a trascender. Dime algo, Rafael, ¿es oscuro el camino? ¿hay destellos en la zona por la que transitas?

Acabo de concluir una nueva pieza teatral ¿dónde te la envío para que la leas? ¿Pasarías tú mismo a recogerla? Tengo otros asuntos que contarte. Se trata de cosas absolutamente sentimentales... ocurre... ocurre, amigo mío... hace unos días... ¡Maldición! ¡Te dije siempre: no te mueras nunca!

viernes, 20 de julio de 2012

Sobre el uso de la tilde en español

Sobre el uso de la tilde en español

Hace unos días escribimos, en Facebook, sobre las antiguas tildes del adverbio Solo y los demostrativos Este, Esta, Ese; etcétera. También citamos, en otro espacio, el uso de otras tildes (ejemplo: guion) que ha sido suspendido en nuestro digno idioma.
Esto provocó un gran número de comentarios, mensajes y llamadas. Hasta una que otra protesta en contra de los titulares de la Real Academia de la Lengua (RAE) nos fueron manifestadas. Algunas de las protestas llegaron citando las madres de los académicos de marras.
El suscrito entiende que los estudiosos de nuestra RAE están corrigiendo, con acierto, distorsiones que se mantuvieron vigentes en nuestras reglas gramaticales por más tiempo de lo prudente. Además, hacen un decidido aporte para la agilización y actualización de nuestro complicado Lenguaje. 
Ciertamente el Español es el gran idioma de la Literatura; empero, presenta dificultades y complejidades, como son la conjugación de algunos verbos y el caso de las tildes; entre otras.
Respaldamos estas acciones de la RAE y otras que vendrán, porque creemos entender tanto sus razones como sus propósitos.
¡No debemos resistirnos a los cambios por el simple hecho de mantener vigente nuestra antigua formación! ¡Por supuesto que no!
Reproducimos un fragmento del asunto que nos ocupa que, creemos, explica muy bien el caso y sus motivaciones. En dicho fragmento aún se deja entrever como opcional el uso de las tildes (que es tanto femenina como masculino) que nos ocupan; no obstante, en este momento ya no lo es.

Eliminación de la tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad
  La palabra solo, tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por tratarse de palabras llanas terminadas en vocal o en -s, bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n o s.

  Aun así, las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= ‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso y aquellos acompaña al sustantivo libros).

  Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones. Por eso, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, no tildar nunca estas palabras.

  Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación.

Repetimos que: 
¡No debemos resistirnos a los cambios por el simple hecho de mantener vigente nuestra antigua formación! ¡Por supuesto que no!


sábado, 14 de julio de 2012

La oralidad en los cuentos de Giovanny Cruz


13 Julio 2012, 10:14 PM
La oralidad  en los cuentos de Giovanny Cruz
Escrito por: JOSÉ ENRIQUE GARCÍA



Nota: José Enrique García Poeta (narrador y ensayista) es considerado una de las voces poéticas fundamentales de la lírica dominicana contemporánea. Realizó un doctorado en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. En 2000 obtuvo el Premio Nacional de Poesía y en 2001 el Premio Nacional de Novela. En ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil por la obra  Un pueblo llamado pan y otros cuentos infantiles. En este mismo año, Alfaguara publicó su novela  Una vez un hombre, que constituye la primera novela dominicana publicada en el país por esta editorial. Actualmente es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua.
Les presento (confieso que un tanto sonrojado) este trabajo que José Enrique García ha publicado en el matutino Hoy sobre mi libro de cuentos.

Con el título “Los cuentos del Otro”, Alfaguara  publica  en 2011  un conjunto de narraciones de Giovanny Cruz Durán. El título nos remite de inmediato a la literatura fantástica, lo que se reafirma en el primer texto, que opera como prólogo, rasgo que retoma en la nota epilogar, y nada más. Pues ocurre que este Otro opera como apertura o anuncio de uno de los  atributos más acentuado del libro: la oralidad. Condición, a nuestro entender, y que la tradición confirma, en indispensable tanto del contar como del narrar. “-Coleguita, siéntese en su mecedora, tome sus dos sorbos de vino, guarde silencio, no interrumpa y escuche hasta el final una buena historia o leyenda, según se prefiera”
Ese Otro es el otro, no el Tzvetan Todorov, sino el del origen; el de  la tradición que arranca con el contar de los caminantes que se pasan historias para aligerar pasos y disimular distancias (Chaucer, “Cuentos de Canterbury” de Geoffrey Chaucer, escrita en el sigloXIV) y para constatar la actitud narrativa que se desparrama de forma similar en distintas latitudes del mundo (“La morfología del cuento” de Vladimir Propp, 1928) Y ese otro, también se justifica al procurar la fundación, en este caso, mediante un tejido expresivo, de ese otro, que es una comarca, un espacio, una ciudad: Nagua. Ciudad levantada sobre uno de los elementos naturales que posee mayor energía primigenia: el agua: “Cuando uno es jovencito en Nagua es común que fabriquemos cayucos con troncos de matas de plátanos, amarrados con tiras sacadas de los mismos troncos, para pasar por ellas por los muchos riachuelos y cañadas que cruzan la ciudad.
En embarcaciones de este tipo navegué y pesqué cientos de veces en los 10 años que viví en el lugar. Algunas veces, tentando el peligro, desde las aguas de los ríos nos introducíamos en el mar”.
Y este rasgo distintivo, la oralidad, tiene su primer asiento en el punto de vista narrativo: la primera persona. El yo, en cierta manera, confesional, el narrador lo presencia en cada una de las piezas. De modo que estamos frente a un acto de conciencia narrativa por parte de Cruz: “Confieso que en mi caso existía un poco intencionalidad; tratando de escuchar a los mayores, porque sus cuentos me parecían fascinantes, había aprendido a volverme invisible. Precisamente una noche de verano, temprano aún, escuché a mi padre y a un trío de sus amigos, Armando Lazala, un tal Cotico y un simpático presumido que se hacía llamar El Búcaro, hablar sobre un suceso apasionante y muy escabroso.”
Y sobre esa oralidad explicitada se tejen los cuentos. Es notorio, además, que las historias son legadas, pasada de una voz a otra, y lo que hace el autor, partiendo de su misma memoria, es empujarlas, pasárselas al otro – de ahí que lector se adentra rápidamente en ellas y las vuelve suyas.
Y aquí encontramos una razón de mucho vigor en el libro: retoma una enseñanza de la tradición universal: todo relato, no importa la condición o el carácter del asunto que sirve de soporte, asumir el ángulo de la oralidad garantiza la fluidez, en primera instancia, del texto y la construcción integra del mismo. Y es lo que se verifica en cuentos en los que la mitología de un pueblo, la muy lejana y la que se va construyendo con el hacer en ese específico ámbito, de hombres, mujeres, niños, ancianos, y de los mismos elementos naturales: agua, tierra, árboles, animales…  
Pero algo más, esta oralidad en estos textos, no opera sólo como procedimiento narrativo, sino que se hace substancia del narrar mismo: "Varios años más tarde, cuando esos formidables archivos que llamamos neuronas reagruparon todas las informaciones para precisar el recuerdo, sí capté la esencia de la historia, aunque me pregunté esa vez si efectivamente era creíble y confiable el relato del viejo España o si se trataba simplemente de un tema que introdujo en mi cerebro como regalo literario, pues meses antes de contármela me preguntó que iba a ser yo cuando creciera”. 
Y esa substancia se muestra en forma de cuentos, leyendas, tradiciones, narraciones, por las que andan el mundo concreto de una ciudad y el imaginario de un niño, ya adolescente, luego adulto, reunidos en un momento de la vida para contarse sus propias historias, las de uno, las del otro y de las de los otros, en ese Otro que es Geovany en memoria y ficción. Y el libro recoge pormenores epocales que contextualizan las historias e imprimen ese soporte de lo acontecido en esa etapa de la vida juvenil, hay un ámbito unificador y un tiempo. Hechos y matices que quedan impreso en nosotros y con el transcurrir en lugar de borrarse adquieren relieves, fuerzas en la memoria, y nostalgia en el cuerpo entero. Historias, para no demorar el juicio, agradables a la lectura, donde el  humor también encuentra asiento, con valores expresivos tocables.
Y no se trata de un Macondo- como suele acudirse cuando se está ante una obra  narrativa cuyo espacio se circunscribe a un ámbito de esta naturaleza - sino de una recuperación  de un espacio dominicano articulado a sus más ancestrales raíces, y se trata, igualmente, de la recreación ficcional de una ciudad singular: Nagua, ciudad que su misma morfología arahuaca la conduce a uno de sus elementos constitutivo: el agua. La Nagua de leyendas y tradiciones, la Nagua de las décadas de los cincuenta vista en retrospectiva por los ojos de un niño que se multiplica en sí mismo y, más que nada, la Nagua que funda el pulso narrativo de Giovanny Cruz.