domingo, 14 de noviembre de 2010

Un perfume en la calle El Conde

Un perfume en la calle El Conde

Por Giovanny Cruz


A mis hijos Jean-Paul, Fiora y a Renata.
A mis nietos: Yazmine, Jeramyah, Savannah y Alysha
Para ser sincero (pretendo serlo en cada acto de mi vida) estoy indeciso sobre cómo identificar este relato. Llamarlo "Crónica de un encuentro mítico" podría resultar demasiado rimbombante y pretencioso. Por otra parte, soy tan imperfectamente humano que nadie creería que se trata de una experiencia mística. ¿Acaso lo fue? Signarlo como acontecimiento histórico sería una sobre valoración. Pero si lo presento como un hecho dictado por los duendes de las casualidades lo estaría demeritando. ¡Qué provocador dilema! Bueno, definitivamente no puedo tomar una decisión al respecto. Por lo que dejaré todas las opciones abiertas al lector.

Compraba unos caramelos de menta al paletero que habitualmente vende en la calle El Conde con Meriño, cuando un perfume de mujer atrajo mi atención.

¡He percibido antes ese aroma! —me dije. —¿Dónde y cuándo? 

Traté de hurgar en las tormentosas profundidades de mi ser interior. Marcio Veloz Maggiolo asegura que hay una “memoralidad” del perfume. Por lo tanto el que olía en aquel momento, si lo había captado antes, tenía que estar dentro de mis recuerdos.

No pude encontrar referencias interiores del citado perfume. Al parecer las neuronas que lo archivaron no estaban disponibles en ese momento o, sencillamente, no podía descifrar sus códigos secretos.


Giré cuerpo y cara para ubicar la procedencia del aroma. ¡Vaya asombro! ¡Nadie frente a mis ojos era dueña de esos olores!  Olores resultantes de una combinación de incienso de mirra, lavanda y almizcle.

Miré por todos los alrededores; pero nada.

—¡Santo Dios! ¡Había tenido una aparición olfativa! 


Impulsado quién sabe por cuáles resortes interiores, caminé por la calle El Conde. Al atravesar la Hostos volví a oler el perfume de mirra, lavanda y almizcle. Quien lo llevaba se desplazaba, podría jurarlo, en mi misma dirección.

Sin embargo, el perfume iba y venía como una mariposa. Y mis pensamientos danzaban impulsados por el delicado batir de sus alas.

De repente, paradas en una vidriera de una tienda de El Conde con 19 de Marzo, estaban las poseedoras del mejor aroma que he olido sobre la tierra!

¡Lo juro!

Eran tres extrañas mujeres. Una vestida de verde, una de azul y la otra de blanco. Una era negra, como el mejor legado de mis ancestros. En su cara estaba expresado todo el rito tribal que se inicia en la boca atávica del atabal de los negros antillanos. Había cierta resignación en el gesto y todavía asombro en sus ojos. En la que vestía de blanco podíamos apreciar toda la influencia europea en esta isla. De sus poros brotaban aromas, de sus ojos salían añoranzas y de su boca los ecos de un pasado con cascabeles, redoblantes y cencerros. ¡Olé! En el semblante mestizo de la vestida de azul convivían, armónicamente, tainos, africanos y europeos. El tiempo había dejado ya huellas de algunos besos en la comisura de sus labios. Pero lucía ahora estar en paz consigo misma.

Supe más tarde que  la negra había bailado con el Barón Rojo justo al lado de la hoguera. La mestiza había sido rescatada varias veces del fuego por Tinyó, el indio. Y a la de rasgos definitivamente europeos la había pintado alguna vez Edgar Degas. Probablemente  la indígena Mencía, un tambor y la lluvia habían lavado las antiguas pasiones  de las tres. 


La tranquilidad, ahora convertida en esperanza, se logró, supe después, cuando se cubrieron del frío con el río, bailaron iluminadas y cubiertas por la luna, cantaron con el grillo y el ruiseñor, y fueron una unidad con los pétalos de las bouganvilias.

Ahora estaban ahí, en la calle 19 de Mar... 

—¡No estaban! ¡Se movieron! 

Caminé... corrí para encontrarlas, para olerlas, para volar entre sus alas. 

— ¡Lo logré! 

Miraban otra vez las vitrinas de algunas cuadras adelante. Se confundieron luego con la gente. Reían, comían helados, bebían refrescos, probaban algunos dulces y modelaban collares. Es decir: ¡vivían!

Desde luego que no dejaban de perfumar a todos. Porque ya no era yo el único que las seguía. Al comienzo fuimos siete, más o menos. Luego veintiuno. Finalmente setenta y dos. ¡Ellas simplemente se reían... y perfumaban!

No sé si por miedo a la muchedumbre o para enmarcar en el misterio de la ausencia su inexplicable presencia, corrieron. También los setenta y dos, yo...y el perfume.


Desaparecieron las dos mujeres, mas no sus olores. La gente se sintió un tanto confundida, aunque no triste. No podía. No podíamos.

—Bueno, pero nadie se desvanece así por así. ¿O sí? 


Pensé que ellas tenían que estar escondidas en un lugar cercano. Mi mente de director teatral reconstruyó la escena. 

—Para desaparecer tenían que haberlo hecho por un lugar que nadie imaginaría. Hacia arriba—concluí.

En la calle Santomé descubrí un portón abierto de un viejo edificio. Sospeché y entré por él. Subí rápidamente los escalones saltando algunos. El perfume estaba allí.  Jadeando llegué hasta la azotea. Efectivamente las emanadoras del perfume habían estado allí. Pero ya se habían marchado.

Entonces, y siempre siguiendo el olor, anduve por varias calles aledañas a El Conde buscando los receptáculos de la magnífica aroma que hacía ya estragos entre los "conderos".



Desde la calle Salomé Ureña llegué hasta la Hostos. En la esquina me encontré con el escritor Cuchy Elías y le pregunté por el perfume. Me dijo que estaba parado allí solamente disfrutándolo. No le pareció buena idea seguir buscando la fuente de emanación.

—Algunas veces es mejor disfrutar de los misterios y no hurgar en ellos.  De todos modos, si persistes en seguir la búsqueda, vete al Edificio de los Balcones. Si hay un lugar apropiado en El Conde para que se alojen los enigmas es allí. ¿Sabes quién filmó secuencias para una película en ese edificio? Te voy a asombrar...

Dejé a Cuchy con las palabras en la boca y corrí hacia el Edificio de los Balcones de la Hostos con El Conde.


Siguiendo el rastro del inquietante y seductor perfume recorrí con la mirada cada uno de los balcones románicos del famoso edificio. Nada descubrí. Entonces caminé nuevamente por la Hostos hasta llegar a las ruinas Nicolás de Bari. El perfume que salía de las ruinas era muy fuerte y entré en ellas.

—¡Albricias! 

¡Allí estaban las tres mujeres dueñas del aroma alucinante! ¡Qué hermosas eran! Sentadas en el imperfecto suelo de las ruinas, abrazadas, sonreían.



Me miraron y contestaron una pregunta que nunca hice: 

¡Somos hermanas!

Sus voces eran como las notas más quedas del oboe. Sonreí y limpié mi garganta para preguntar sus nombres. Antes de que saliera una palabra de mi boca, la mestiza dijo: Piedad, me llamo Piedad. La negra: Esperanza, me llamo Esperanza. La blanca: Caridad, me llamo Caridad. Y a trío aclamaron: 

—¡Queremos quedarnos!

Hablamos durante una hora de los duendes que aún pululan por El Conde, de los piden, de los que dan, de los que son felices en las esquinas, de los que cantan, de los que sueñan, de las que se entregan, de los consumistas, de los que prometen, de las que esperan, de quienes temen, de las que rezan, de los que engañan, de los indiferentes, de ciertos orates que quedaron atrapados en una idea, de los humildes, de los encumbrados, de los clérigos, de los Reyes Magos, de los Reyes Malos, de los reeleccionistas, de los opuestos, de los infieles, de los fieles, de los diletantes, de los que beben, de los artistas, de los que dudan, de los nacionalistas, de los internacionalistas, de los desasitiados por cierta sentencia, de los que aman, de los que odian, de los racistas, de los antiracistas y hasta de mí. También, naturalmente, sobre la brisa, las ilusiones y la magia que llegan siempre con diciembre. 

Una pena que tenga que solicitar el ineludible... ¡Telón!




viernes, 12 de noviembre de 2010

Soy adicto...



Soy adicto...

Me confieso adicto a la Alegría.
    Y al poema.
    Y a la palabra construida.
    Y a la palabra articulada.
           En fin: a la Palabra.

Aprendí con los griegos
a disfrutar la belleza atrapada en el cuerpo,
a escuchar la otra música que nació en el ditirambo
que un tal Arión, una mañana, comenzó a titular.
Aprendí con ellos a creer en utopías
y a descifrar códigos secretos en los ríos de Heráclito.

Aprendí en Roma
    —cuando era un romano—
a dejar que la idea naciera,
creciera
y deambulara por ahí.

Permití a las romanas bailarme desnudas
en las noches lúdicas,
licenciosas,
perniciosas.

Aprendí el Arte de Amar con el poeta Ovidio.
Cantarle al amor me lo enseñó el propio Paul Eluard.
Sin embargo,
a amar lo aprendí antes con Gibran,
que celebra siempre la cantidad de vocablos
que tenían los árabes para decir... Amor.
La Retórica la conocí por Séneca.
La rebeldía me viene de un muchacho nacido en Nazaret,
a quien indicaron una cruz como destino.
Miguel Ángel en una taberna quiso pintar mi cara.
Me negué porque estaba despeinado.

Las primeras danzas las bailé en el Congo
poseído, quizás, por una de sus diosas.
Pero el Verbo me llegó hace poco.
Hube de esperar que naciera Borges
que lo descubrió una vez en la lengua de los ciegos.
La copas primeras de vino
me las brindó Dante en sus cálidos infiernos.

El gusto por la casa
lo adquirí en el Orinoco
antes de llegar a las montañas del Sur.
La ternura es un legado de los eternos taínos.
Mis primeras canciones fueron areytos.
Y Yucahú Bagua Maorocoti el primero de mis dioses.
El asombro ocurrió en el sagrado mayohuacán,
en el redoblante español,
en la maraca taína,
en la guitarra andaluza,
en la marimba africana,
en el acordeón alemán
y en los cómplices espejos que devuelven
las furtivas miradas del Otro.

He tenido miedo de viajar a Venecia;
luego de su serena belleza no habría nada para disfrutar.
Tengo pendiente llegar hasta Marruecos,
a procurar una mano milagrosa en un solar de Casa Blanca
y con ella deshojar siete de sus rosas.

Whitman me convenció
que una hoja de hierba no es menos que una jornada laboral de las estrellas.”
Como adicto a la alegría
"Yo me celebro y yo mismo me canto,
y todo cuanto es mío también es tuyo,
porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te
pertenezca."

Hay quienes nacen con la música por dentro,
hay quienes nacen con la maldad adentro,
hay quienes nacen con la envidia dentro,
hay quienes nacen con la poesía adentro,
hay quienes nacen con el deseo adentro.
Soy un incurable que nació con la Alegría
en intrincados laberintos interiores.
La Alegría desbordada,
la bullanguera,
la festiva,
la cimbreante,
la saltarina,
la permanente,
la exorcisadora de tristuras,
la espantadora de demonios,
la que celebra las mañanas
y despide a la luna con dulces ademanes.

Una Alegría así es enfermiza
    —lo reconozco—,
contagiosa,
peligrosa,
y definitivamente adictiva.
    Aléjense de mi...
    no tengo cura.

jueves, 11 de noviembre de 2010

La vida o ¿el otro extremo de la muerte?




El sólido intelectual, historiador y educador Miguel Collado nos honra al enviarnos un artículo-reflexión sobre la vida y la muerte, a propósito del doloroso fallecimiento del poeta y artista Rubén Echavarría. Se trata de un trabajo profundo propio de la cultura y sapiencia de este autor y buen amigo dominicano. La pasión cultural abre hoy sus espacios para uno de los grandes.

 

La vida o ¿el otro extremo dela muerte?
Por: Miguel Collado
 

Inmemoriam al amigo Rubén Echavarría


La que grita y  se escandaliza es la vida;
la muerte es toda silencio”.
Rafael Abreu Mejia.

La vida es la suma de infinitos fragmentos vitales unidos por unhilo invisible que nos mantiene atados -y a veces vagando- en este vastouniverso que habitamos. Cada acto del hombre está conectado con otro anterior oposterior, aunque no lo perciba, aunque pretenda ignorarlo.
Con frecuencia es absurda la vida y tan irónica que auno le parece que los malos, y no los buenos, son premiados con la suerte. Esaabsurdidez y esa ironía se evidencian en el discurrir cotidiano del hombre:cuando está en guerra ansía la paz; cuando está en paz, busca irracionalmente laguerra.
¡Y es que el hombre es tan absurdo! Tanto que se afanapara obtener cosas en la vida que de ninguna manera se llevará a la tumba ynunca sabrá, después de muerto ya, qué destino tomarán.
Ahora bien, tal como señala el ensayista FedericoHenríquez Gratereaux, Lo que define la vida del hombre es una especie dededicación de su cuerpo y de su alma a un quehacer con sentido o finalidad.
Indudablemente, lo que perseguimos, lo que deseamos enla vida es lo que le da sentido a la misma, pero no debemos olvidar queintentando descubrir lo que realmente deseamos en la vida podemos correr elriesgo de desperdiciarla. Esa búsqueda infnita nos da vida y también nos llevaa la muerte.
El hombre –ese ser extraño que a diario atenta contrasu propia naturaleza- vive la vida desafiándola a cada instante, en unapermanente y nerviosa búsqueda que no siempre puede explicarse. Nuestra vidaes un camino que busca, tras la fugaz, lo eterno, escribe el olvidadohumanista dominicano Antonio Fernández Spencer.
Estableciendo la relación entre el hombre, la vida yla muerte, Erina, una escritora poco conocida, ha sentenciado: La vida no esmás que un punto donde el hombre espera el amor, la gloria y la fortuna; la queacude a la cita es la muerte. Con un dolor comienza la vida y con un dolortermina. Vivirla también suele ser doloroso, aunque poseamos sueños realizablesy amores correspondidos, pues la fortuna no siempre está a nuestro lado.
Se dice que el hombre vale por loque es, no por su fortuna ni por lo que aparenta; pero eso es lo que se dice –olo que debería ser- porque, paradójicamente, en la práctica la cosa esdistinta. Este hecho en sí carece de importancia, ya que lo revelante esentender el porqué pocas veces sabemos aprovechar las oportunidades que nos dala vida misma.
Para concluir esta breve reflexión sobre la vida, citemos una fraseaforística formidable de ese extraordinario escritor hispanoamericano llamadoJuan Bosch Gaviño:
 Al hombre le danuna única oportunidad con la vida, que es una sóla: una oportunidad de hacercosas en provecho de los demás, de hacer cosas que valgan la pena aunque seanpequeñas.

Una reflexión. Tres motivos para celebrar

Hoy tengo varios motivos para celebrar y uno para reflexionar.

Reflexiono sobre el insondable misterio de la Vida y su gran inevitable opuesto que es la Muerte. Esto a propósito de la partida definitiva ayer del actor, poeta, dramaturgo, director teatral y patriota Rubén Echavarría
Jorge Luis Borges escribió que "todos los animales son inmortales porque ignoran la muerte". Solamente los seres humanos tenemos conciencia de ella y por eso somo mortales. 
¿Lo somos realmente los hacedores de teatro, los poetas, los escritores y demás artistas? Pienso que definivamente ese grupo que cito nunca muere. Rubén hoy, para hacerse eterno y una unidad con el capullo, se ha convertido en duende. 
Seguramente lo seguiremos viendo en las esquinas de la calle El Conde, sentado en las butacas de nuestros teatros, o subiendo a los escenarios donde se ensayan obras.
No obstante, este trozo de existencia que llamamos Vida, siempre resulta breve, por la cantidad de asuntos inconclusos que dejamos.
Siempre me ha parecido que hay una paradoja creada por conceptos de dos dioses, socios y antagónicos: Apolo y Dionisios. ¿La Vida... la Muerte?
De todos modos un duende trasmutado llamado Octavio Paz, me acaba de hacer llegar un poema que me parece excelente para despedir a un poeta:  
Fui un viejo juglar, y conté historias.
Mi nombre os es indiferente.
Sólo dejo constancia de mi oficio
porque fue oficio quien dictó mis versos
no la pequeña vida que viví
ni su dolor ni su insignificancia:
ella murió conmigo y aquí yace,
desnuda como yo, bajo esta piedra.

Motivo número 1: 
En este plano de la existencia en que me encuentro transitoriamente, celebro el cumpleaños 25 de mi amada hija Renata Cruz Carretero. Lo celebro y lo canto con Whitman, Brecht, Lorca, Ovidio, Valery, Neruda, Raful y Machado
¿Acaso nos entreveríamos a celebrar sin los poetas? No, porque serían un sacrilegio.
Renata siempre me otorga grandes motivos y momentos para la alegría. Ella, en si misma, es un aporte que la Vida me ha dado. Una recompensa de los dioses. Una muestra que estos, algunas veces  y cuando están inspirados, tienden sus manos hacedoras hacia nosotros los semis inmortales. 
Tengo siempre presente que en nuestros hijos nos hacemos perennes para el Tiempo. Nos continuamos. Nos mejoramos. Nos superamos. ¿Confundiré a los amigos con tanta humildad?

Motivo número 2:
Hoy continuamos con las presentaciones de "Obsesión en el 507". Para los hacedores de teatro siempre es un motivo de celebración poder cumplir con el compromiso del Mito y del Rito teatral. Sísifo nos ha convencido de llevar la piedra hasta la cima, después dejarla rodar y ir nuevamente a buscarla por los siglos de los siglos. 
¿Una ardua, eterna e imposible tarea? No lo sé. No siempre logro descifrar a todos los Misterios y a los Enigmas. Pero les aseguro que no puedo evitar llevar la piedra que me entregó Sísifo. No deseo evitarlo. Y hasta disfruto en demasía la tarea de llevarla.
Hoy la obra, en una modalidad que hemos creado será a mitad de precio (jueves populares). Siento al hacer esto que devuelvo un poco lo que el país ha aportado a la formación de este artista. La idea no es, necesariamente, original nuestra. No. No lo es. Hace un mes recibí una llamada de Sófocles, el dramaturgo (¿o demiurgo?). Me recomendó reducir los precios aunque solamente sea un día a la semana para que los Otros puedan ir a ver las obras. ¿Se extrañan que los muertos se comuniquen conmigo? Realmente a los dramaturgos siempre nos ocurren hechos semejantes. ¿O quienes suponían nos cuentan las historias que escribimos?
Con esta obra tengo una ulterior razón para celebrar aún más: mi hija Fiora, una hermosa realidad teatral, es una de las protagonista de la realización escénica. Y Renata la diseñadora de vestuario. 
¿Ven como sí hice los necesario para volverme eterno?
Motivo número 3:
Mañana cumplo años. Un día después de Renata y el mismo día que lo haría mi padre si aún anduviese entre nosotros.
¡Sí, soy escorpión! Militante, mítico, en ejercicio, con ponzoñas afiladas y cola levantada. Pertenezco a una temible cofradía de escorpiones que encabeza Grey de Raful. Algunas veces nos desacreditan por ahí (por el asunto ese de las ponzoñas); empero les aseguro que casi siempre son inofensivas. ¡Metan la mano aquí que la colita del escorpión quizás no está aquí!
Este cumpleaños 57 que se acerca presuroso tiene mucho de especial.  Estoy a 3.5 libras de la meta que nos habíamos trazado para rebajar las grasas de mi cuerpo. En el sistema de salud que he seguido he logrado rebajar, en apenas setenta días, 45.5 libras. La vacuna anti envejecimiento que me inyectan ha renovado todas mis células. Hace dos meses la vacuna esta me hacía sentir como un campeón, hoy me siento como un Titán.  La amada pasó por la casa una noche resiente y lo confirmó al mismo tiempo que lo celebraba. (ja). 
¿No sienten un poco de envidia al saber que he logrado la ansiada Panacea?
No sé, realmente, si debo ya declararme un semidiós casi inmortal. No. No sé. Pero si puedo asegurar que hay Giovanny para rato. 
No para rato en asuntos insustanciales. No. Eso no. Para ratos de creación artística y literaria. Para seguir promoviendo la cultura en este blog. Para seguir privilegiándome con la amistad de Tony Raful, Fabra, Onorio, Vidal, Núñez, Lebrón, Lantigua, Mena, Manuel Herrera, Carlos Espinal; entre tantos otros.
Sacaré ratos para amar y compartir con mis hijos Jean-Paul, Fiora y Renata. Sacaré ratos para celebrar con los nietos. Sacaré algunos ratos para tratar de descifrar algunas incógnitas del pasado y para proyectar algunas reflexiones hacia el porvenir.
¡No sigas jalándome la manga izquierda de mi camisa negra que a ti también te diré algo! 
¡Si! ¡Sacaré ratos para amarte, desde luego! No podría ser de otra manera.

Giovanny Cruz Durán

sábado, 6 de noviembre de 2010

Diario Libre, El Nacional y Listín Diario


Diario Libre:

Desde hoy en escena "Obsesión en el 507"

La producción de Giovanny Cruz sube hasta el 28 de noviembre a la Ravelo
Fiora, Yorlla y Mario, en escena. Fuente Externa
SANTO DOMINGO. "Obsesión en el 507" es una obra de teatro total que sube hoy a escena en la Sala Ravelo del Teatro Nacional y debe permanecer hasta el 28 de noviembre. Para asumirla, su autor Giovanny Cruz necesitaba un elenco especial.

"Yorlla Castillo, Fiora Cruz Carretero y Mario Lebrón resultaron artistas ideales para esta pieza. Son actores comprometidos con el Teatro de Arte que realizo. Y aceptaron el reto", dijo DL.

Fiora Cruz, hija de Giovany y actriz, dice que el trabajo de ensayo fue "minucioso, profundo. Trabajamos con varios métodos de construcción de personajes mezclados, claro, más que nada con Stanislavsky. Cabe resaltar el proceso de investigación sobre las obsesiones que fue un punto clave para la construcción de estos personajes".

"Crecí viendo a mi padre dirigir. Que Giovanny Cruz sea demandante como director, no es para mi una complicación, sino un incentivo. Es lo que espero de la figura del director. Por otro lado, ya hablando de mi padre, una de las cosas que me gustan de él es que se va adaptando a los nuevos tiempos. En todo. Por ejemplo, es una de las personas de su generación que conozco que más información tiene sobre computadoras y nuevas tecnologías. Asimismo en el teatro, sin dejar que se pierda la figura del director en él, va ajustando su estilo de dirección a los nuevos tiempos", argumentó.

Mientras Mario Lebrón se refirió a la obra en la dramaturgia dominicana: "es muy interesante cómo el autor asocia el cine al teatro y el teatro al cine, siendo artes que utilizan dos cosas en común: la actuación y la exposición de la realidad, como se quiera presentar, según el enfoque del autor (dramaturgo-guionista) y / o director, siendo elementos de gran incidencia en nuestro comportamiento".
 
 
 El Nacional

5 Noviembre 2010, 12:13 PM
“Obsesión en 507” sube hoy a la Ravelo
Es dirigida por Giovanny Cruz
Escrito por: Miguelina Terrero (miguelinaterrero@hotmail.com)
Escena del montaje.
Cuando el experimentado director y actor teatral Giovanny Cruz habla de teatro total, en su montaje “Obsesión en 507”, hace referencia a que en este el actor es sometido a una disciplina exigente. Tiene que usar la voz como un instrumento de múltiples usos y su cuerpo tiene que ser capaz de desdoblarse en cientos de expresiones.
“Sus ademanes terminan siendo códigos. En este tipo de teatro se demanda que el actor realice actuaciones realmente proteicas; es decir, transformaciones absolutas.
Un pequeño descuido puede ser fatal”, manifiesta Cruz, quien estrena el montaje esta noche en la sala Ravelo del Teatro Nacional.
Dice que el texto es parte de sus propias obsesiones, en el juega con la psiquis de sus tres actores, pero el proceso de ensayos, para él, a pesar del esfuerzo, ha sido divertido.
"Obsesión. 507" No puede llegar a escena sino a través de actuaciones perfectas. Para lograrlo ha tenido que ser más riguroso que nunca con los artistas y técnicos que utilizó. Tan solo el vestuario, la escenografía y las luces de la obra son sumamente difíciles.
Estrenan esta noche hasta el 28 de este mes con las actuaciones de Yorlla Castillo, Fiora Cruz y Mario Lebrón.
Un recorrido por Giovanny
Giovanny Cruz (Premio Nacional de Teatro, Premio Casa del Escritor, Premio Nacional de Dramaturgia, Premio Casandra Mejor Director, Mejor Productor Teatral y electo Mejor Director del Siglo XX) .
Este artista teatral criollo, como escribió José Rafael Lantigua,  “ha dado un giro supremo al teatro dominicano” con realizaciones como: “Amanda”, “La Virgen de los Narcisos”, “Calígula”, “Quíntuples”, “Andrómaca”.
Más de sus obras
 Giovanny Cruz ha realizado, entre otras obras: “La Conferencia”, “La Casa de Bernarda Alba”, “El Bebé Furioso”, “El Sucesor”, “Los Hijos del Fénix”, “Barrio 7 Tumbas” y “La Conferencia”.

 Listín Diario:
Entretenimiento 5 Noviembre 2010, 11:38 AM
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SOBRE LAS TABLAS
Cinéfilas de teatro
“OBSESIÓN EN EL 507”, DE GIOVANNY CRUZ, PROTAGONIZADA POR YORLLA CASTILLO, FIORA CRUZ Y MARIO LEBRÓN, SE ESTRENA HOY Y ESTARÁ HASTA EL 28 DE NOVIEMBRE



Pachico Tejada
Santo Domingo
A partir de esta noche y hasta el próximo 28 de noviembre, estará en escena “Obsesión en el 507”, la nueva creación del director Giovanny Cruz.
Interpretada por Fiora Cruz, Yorlla Castillo y Mario Lebrón, la pieza narra la historia de Lucrecia Taylor (Castillo) y Blanche Borgia (Cruz); son dos jóvenes mujeres que viven juntas y quienes además de compartir techo, tienen una afi ción enfermiza a los personajes cinematográfi cos.
De esta manera irán construyendo sus respectivas vidas en base a las tramas y personajes de las películas que ven. A estas dos chicas se une Jorge Homero Borges (Lebrón) un vecino que las espía.
La escenografía de Ezequiel Taveras hace del apartamento que conviven los dos personajes en un estudio de cine, mientras que el vestuario, de Renata Cruz, recrea trajes usados por famosas divas del cine internacional.
Giovanny Cruz (Premio Nacional de Teatro, Premio Casa del Escritor, Premio Nacional de Dramaturgia, Premio Casandra Mejor Director, Mejor Productor Teatral y electo Mejor Director del Siglo XX), ha dirigido, entre otras, “Amanda”, “La virgen de los narcisos”, “Calígula”, “Quíntuples”, “Andrómaca”, “El sucesor”, “Los hijos del Fénix”, “Barrio siete tumbas”.
FICHA TÉCNICA
DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA
Giovanny Cruz.
REPARTO:
Fiora Cruz, Yorlla Castillo y Mario Lebrón.
ASISTENTE DIRECCIÓN:
Juan Núñez.
ASESORÍA SIQUIÁTRICA:
Dr. César Mella
ASESORÍA EN CINE:
José Francisco Elías
ASESORÍA GENERAL:
Giamilka Román
DISEÑADORA DE ILUMINACIÓN:
Lillyanna Díaz
DISEÑO DE VESTUARIO:
Renata Cruz
ESCENOGRAFÍA:
Ezequiel Taveras.
FOTOGRAFÍAS:
Mariano Hernández
SALA:
Sala Ravelo del Teatro Nacional.
HORARIO:
Viernes y sábados, 8:30 p. m., domingos, 6:30 p. m.


De Alfonso Quiñones