jueves, 1 de diciembre de 2016

El rostro de Shakespeare y la causa real de su muerte

El rostro de Shakespeare
y la causa real de su muerte
Por Giovanny Cruz Durán.

Las informaciones que, día a día, me van llegando sobre William Shakespeare, imposibilitan que de por concluido mis estudios sobre el llamado Poeta de Avon. Su vida y muerte están signadas por grandes misterios.

Desde la misma época en la cual vivió, hasta ahora, ha habido serios cuestionamientos a él como el real dramaturgo que escribiera las 36 obras suyas que se conservan en la actualidad.

Nunca, hasta ahora, se ha podido afirmar sin duda alguna, cuál era su verdadero rostro. Igual ha ocurrido con la causa real de su muerte, ocurrida el 23 de abril (3 de mayo en nuestro calendario gregoriano) de 1616.

Pero recientemente se han hecho estudios, partiendo de una máscara mortuoria del Bardo, que ayudan mucho a disipar la bruma de algunos de los misterios que han perseguido, durante cientos de años, al dramaturgo y poeta inglés.

Hacer máscaras en yeso, u otros materiales, de personalidades vivas era costumbre arraigada hasta hace unos pocos años. Misma costumbre existía de hacer ese tipo de máscara sobre los cadáveres de famosos.

La de Shakespeare se habría realizado justo al momento de su muerte (¿o días después a su cráneo hurtado?). Los estudios indican que la suya ciertamente corresponde al 1616, lo que le da cierta autenticidad.

Esta máscara mortuoria fue descubierta en Alemania en 1842, en un centro de venta de desechos u objetos usados. ¿Pueden imaginarlo? Algunos habían manifestado durante años ciertas inquietantes dudas sobre su autenticidad.

Igual ha sucedido con el llamado Retrato Cobbe. Dicha pintura, comprobablemente realizada seis años antes de la muerte de Shakespeare, ha pertenecido durante siglos a la familia Cobbe. Quien la habría recibido del conde Henry Wriothesley, el gran mecenas de William Shakespeare. En 1980 dicho cuadro le toca como herencia a Alec Cobbe.

Un retrato similar, antiguamente exhibido en la Biblioteca Flager Shakespeare de Washington,  había sido dado como autentico hasta que, hace setenta años, se demostró que era una copia modificada de algún original.

Alec Cobbe al lado del retrato de Shakespeare
Pero, en el 2006, en una exhibición shakesperiana, Alec Cobbe descubre que en su casa él tenía un retrato similar a las copias de retratos de Shakespeare que estaban exponiendo. Presenta el original suyo. Le hacen cientos de estudios. Todos determinan que fue hecho, al menos, en la misma época  en la cual vivió el autor de «Hamlet». Desde entonces se da prácticamente como un hecho, que ese es el auténtico, y único, retrato de William Shakespeare.

En una investigación que se ha catalogado de policial, dado los métodos de comprobaciones empleados, han logrado sobreponer las imágenes en 3D de la máscara mortuoria de Shakespeare con el Retrato Cobbe. El resultado es de una asombrosa coincidencia en los rasgos. Los científicos han concluido que se trata de la misma persona. Igual han hecho con el busto del Poeta de Avon que se encuentra en su tumba (el cual en su momento fue alabado por la viuda de Shakespeare). Resultados similares de coincidencia ha habido a los del Retrato Cobbe.

Mediante estos procedimientos y sus comprobaciones, se ha logrado hacer una imagen tridimensional bastante creíble del Bardo. La oportunidad fue inmediatamente aprovechada por otros científicos para estudiar concienzudamente otros aspectos del autor de «Romeo y Julieta».

La causa de la muerte de este inmenso escritor había sido achacada a circunstancias para nada geniales. Resulta, según la vieja versión; Shakespeare, junto a sus colegas Ben Johnson y Michel Drayton, celebrando un nuevo proyecto literario, se había dado una borrachera tan grande cuya resaca lo postró en cama con muy alta fiebre y finalmente murió. 

Siempre causó extrañeza, sin embargo, que su muerte ocurriera una semana después de hacer su testamento. Precisamente, los rasgos de su firma en el testamento de marras lucen imprecisos. Como si hubiesen sido trazados por una persona temblorosa.

Rostro tridimensional de William Shakespeare
Analizando en 3D el rostro de Shakespeare, científicos alemanes han descubierto que (evidencia en el ojo izquierdo  y en un lóbulo de su frente) habría muerto de cáncer.

La supuesta prohibición (tal y como aparece en una placa frente a su sepultura) de que nunca abran su tumba, dificulta algunas comprobaciones definitivas.

Empero, escáneres realizados a la tumba, han revelado que el cráneo del allí enterrado no se encuentra. Fue hurtado. Esto abre, a pesar de lo macabro, una posibilidad. Quien lo haya sustraído lo habría hecho, presumiblemente, para conservarlo. Entonces, cabe esperar que de la misma forma que han aparecido la máscara mortuoria y el Retrato Cobbe, un día aparezca el cráneo y tendremos entonces la magnífica oportunidad de completar estudios.

Mientras, este dramaturgo dominicano celebra todos estos nuevos descubrimientos y espera por futuras indagaciones para contarles inmediatamente a ustedes las novedades.

Los datos que he reunido hoy, y que me he apresurado en escribirlos aquí, me emocionan mucho. Empero, voy a tener que volver a solicitar, un tanto inquieto, el siempre inevitable... ¡Telón!

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jueves, 24 de noviembre de 2016

El viaje del Hombre... y su universo

El viaje del Hombre... y su universo
Por Giovanny Cruz Durán.

 
Galaxias

 El Hubble (telescopio que orbita en el exterior de la atmósfera en una trayectoria alrededor de la Tierra) ha logrado extraordinarias imágenes de millones de galaxias, en las que aparecen miles de millones de estrellas con innumerables sistemas planetarios.

Las galaxias se forman de materias ordinarias que se juntan y cohesionan dentro de la llamada Materia Oscura que las rodea. Ésta es una materia, invisible al ojo humano, que rodea a cada una de las galaxias y es, dicha Materia Oscura, la responsable de que las diferentes galaxias se mantenga unidas dentro de sí mismas. Hay casos en los cuales dos galaxias se estrellan una con otra y terminan canibalizándose. ¡Asombroso!

—¿Los he mareado?

Nacimiento de una galaxia
Una estrella se forma con una explosión en un punto sin largo ni diámetro y más pequeño que la cabeza de un alfiler; pero con tanta intensidad dentro que logra el estallido vital que ha formado los distintos elementos del universo... y al universo mismo. A ese punto es lo que se llama Singularidad Gravitacional (o espaciotemporal, que desde una punto de vista físico se define como una zona de espacio-tiempo donde no se puede establecer alguna magnitud física relacionada con los campos gravitatorios, tales como la curvatura u otras particularidades). 

—¿Sacuden sus cabezas?

De allí venimos. Ahí nos formamos. En la Singularidad, o curvatura del espacio, nació realmente el cosmos.

Los científicos actuales se desviven tratando comprender y conceptualizar la llamada Expansión del Universo... y su propósito. Pero, todo este movimiento universal, este transcurrir de la gravedad cero  hasta la  Materia Oscura, luego a miles de millones de estrellas que se agrupan en millones de galaxias; se originó en un punto específico. En lo que he llamado la Singularidad de las singularidades o Curvatura Absoluta del Espacio. Un punto aún más pequeño que el de las singularidades mencionadas. Pero, también, más intenso que el espectro gravitacional de ésta. Tan potente, que fue capaz (en un proceso que duró millones de años) de explotar dentro de si mismo y conformar todo el universo. ¡Todo el hermoso y coordenado universo!

—¿Me siguen?

Resalto que en todo esto hay un orden matemático. Si esa matemática hubiese fallado, no se habría formado el universo. Si esa “explosión” (recuerden que el término Big Bang sólo es un chiste que hizo alguna vez un científico) no hubiese sido perfectamente coordinada, las partículas cósmicas (galaxias) resultantes, hubiesen colapsado hace millones de años. Si esa matemática falla ahora, si no es capaz de organizar hasta las necesarias canibalizaciones galácticas, llegaría el Caos definitivo y determinante.

Si faltara el plantum en los océanos, los peces pequeños no podrían alimentarse. Si éstos no prosperan, los grandes animales marinos morirían de hambre. Si la tierra no ardiera en su centro, se destruiría nuestro planeta. Si ardiera demasiado, si no existieran los inviernos exteriores... sucumbiríamos. Pues ese mismo proceso de vida ocurre en el macro universo.

Todos, el universo y particularmente nosotros, vivimos pendulando de algo que conocemos muy bien los seres humanos y que debemos tener el cuidado de no ponerlo en peligro: el equilibrio.

Inicio del universo
 A ese equilibrio cohesionante, inimaginablemente pequeño, del espacio del cual venimos, y probablemente hacia donde vamos; para que el siempre limitado pensamiento del Hombre pudiese entender, le hemos asignado el nombre de Dios. El cual, estoy absolutamente convencido, sólo se puede manifestar; no pensar o sentir. Lo hace no sin sobresaltos cósmicos, porque él-ello, junto a su universo, también es parte de esta transición... de esta expansión. Porque él-ello, y su universo, también está evolucionando procurando el perfecto equilibrio final. Eso deberá ocurrir cuando las millones de galaxias sigan siento inmensas, pero tan densas que sin perder sus intensidades quepan dentro de la suya.

—¿Entonces, es ése el verdadero propósito del universo? ¿Hemos nacido sólo para hacer un viaje que nos prepararía para la bastedad inextricable de la Muerte (como diría Camus) y comenzar otra vida justo en el origen?

Efectivamente, nuestro Dios-universo ha estado viajando dentro de una singular  intensidad, que requiere de ese curvado viaje para curar sus imperfecciones (¿o “heridas”?), para lograr el último e imprescindible equilibrio. Para en él, ser infinitamente tranquilo y feliz.

Mientras, él-yo y él-tú... crecemos... nos perdemos... nos reencontramos... nos expandimos... e intentamos regresar del Caos a la Luz.

¿Han escuchado la expresión de que somos hijos de la muerte? La decimos algunas veces y no sabemos que, literalmente, venimos ciertamente de ella. Cuando una estrella explota... muere. De su núcleo salen entonces los elementos que han formado todo lo que conocemos del universo. Nuestro sol es un residuo, de tercera generación, de otras estrellas. Igual que nuestro planeta. Pero —¡asombroso!— también nosotros somos... polvo de estrellas muertas. Entonces... polvo somos y en polvo, finalmente, nos convertiremos.

Creo haber explicado (¿o comprendido?) el ciclo: como entes del universo, empezamos un viaje procurando el vellocino de la perfección para regresar después justo al punto de partida.

—¿Podría gritar... Eureka?

Paradoja de tiempo
Un asunto me inquieta: si este proceso acaso ha ocurrido en una burbuja de curvatura del espacio-tiempo, todo esto ha sido sólo una paradoja y cuando regresemos podríamos enterarnos de que en el espacio-tiempo esto no ha ocurrido en miles de billones de años como hemos supuesto; sino en menos de una micra de segundo.

—¿Acaso yo-tú apenas hemos sido una quimera?

Guardo silencio durante un rato para luego, entre dulzuras, solicitar que esta vez corra despacio el... ¡Telón!

sábado, 12 de noviembre de 2016

12 de noviembre




12 de noviembre


Te celebro hoy en toda la dicha
de este venturoso mundo mágico
donde el tiempo fue y sigue siendo una quimera.

Te celebro en la palabra perdida
ida cuando se convirtió en profecía
sólo para volver a su origen: la Poesía.

Te celebro en todas las pasiones
que ha mucho describieron Ovidio y Shakespeare
y en sus poemas que debí escribir primero.

Te celebro en el sol y sus lágrimas
porque de ahí viniste
y venimos
te irás
y nos iremos.

Te celebro en esos otros dioses ignorados
u olvidados
que susurran nostálgicos hechizos
en los oráculos antillanos.

Te celebro en cada una de las miradas amadas
que expectantes
jamás renuncian a su condición de espejo.

Te festejo en cada movimiento
de las negras cinturas caribeñas
peligrosas como sus antiguas travesías.

Te festejo en esos vocablos inconclusos
que enseñan el verbo atrapado en los silencios.

Te festejo en las leyendas ancestrales
que esconde la maraca
y el güiro
y la tambora
y la guitarra
y mis danzas.

Te celebro en el vino que llegó en tres carabelas
y en la chicha que bebimos antes.
Lo hago en los labios ofertados
temblorosos aún después de las caricias.

Te festejo en cascabeles y espejos
de los diablos cojuelos
esos dioses que saltan en todos mis espacios.

Te celebro en la renovada eternidad de cada día
que convierte los duendes en certezas y presente
para poder explicar las labores de Sísifo.

Te celebro en los dos cuernos de la luna
que se esconde detrás de la montaña
para evitar otros resplandores
y admirarse en los suyos
cuando la historia se la devuelve el río.

Te festejo en la paloma y el gusano
en el pico del águila y en las plumas del perico
en el amor veloz del picaflor
en las hojas del viejo otoño
que son el primer aviso del invierno.

Te celebro en la correspondencia del cosmos y la arena
en la Singularidad que nos ha determinado
en la vida y en su única hija declarada:
el edén vencido de los hombres.

Te celebro en Bizancio
en aquel 12 de noviembre
que brindaron por la boda de Zoe
en el de sor Inés
en el de Rodín
en todos los otros
y en los míos.

Te celebro en cada una de mis huidas
en las amadas que partieron
en todas las historias que escaparon
y en las que prometieron regresar y no han cumplido.

Te celebro en este nuevo otoño
en sus hojas amargas, difusas y tranquilas
en el sueño y la esperanza
en el amor aún pretendido.

Te celebro Ahora
que es el tránsito


y único tiempo definido.