martes, 9 de julio de 2013

Tony Raful: ¡Formidable conferencia de Giovanny Cruz!


"Por el misterio de la rosa, que prodiga el color y que no lo ve..." dice un verso de Borges en su "Otro poema de los dones", que nunca puedo dejar de aplaudir. 
Hoy, el inmejorable poeta Tony Raful me ha distinguido con un artículo que ha publicado en el Listín Diario.
Estaba haciendo en mi casa las labores codianas dada mi condición de artista: leer, escribir, reflexionar, publicar, corregir, botar los textos que no sirven, diseñar y cocinar.
Así las cosas, leí tarde, a la 1:30 pm, la entrega de hoy de mi entrañable hermano y gran intelectual Tony Raful. 
Siento ser un tanto raro: a veces pasional, a veces frío. Generalmente me dan un pito las críticas adversas y soy cauto, muy cauto, con las alabanzas (por aquello de que "el hombre acaricia el caballo para montarlo" y porque he comprendio que el único éxito de un escritor, apenas dura el minuto que transcurre una vez terminada su más reciente creación). Pero en esta ocasión, sin embargo, voy a confesar, sólo a los amigos, que Tony logró conmocionarme... mucho. Con algo del natural rubor que la circunstancia determina, os dejo la entrega de Raful en el Listín Diario, la cual siento un tanto inmerecida.

¡Formidable conferencia de Giovanny Cruz!

http://www.listin.com.do/puntos-de-vista/2013/7/8/283762/Formidable-conferencia-de-Giovanny-Cruz

Tony Raful

Giovanny Cruz es un artista, un trashumante de capa y espada, por su mente cruzan veloces todos los artificios de la imaginación creadora. Amante del buen teatro, de la buena música, de la gran poesía, cultor de todas las utopías, siempre ofrece  su hombro solidario para llevarlas a buen destino o alcanzar en algún recodo del camino, la ígnea flor violácea de todos los oprimidos.

Discurseador, polemista, humorista, bailador de bachata y son; ríe a carcajadas y suele reírse  de sí mismo, enamorado pertinaz de una belleza saltarina o de una cortesana primorosa. Tiene amanecidas contadas frente al mar, haciendo que el alba llegue en los ojos y en la piel de una mujer. Es oráculo y hechicero, tiene las pócimas de los aquelarres, pavimenta los sueños, convoca veladas, apela a los duendes, cruza los brazos, hace gestos extraños como poseído por algún aura mágica, y despide a los demonios. Es cocinero de estirpe. Hay que dejarle las noches culinarias para los platos más exquisitos, las combinaciones más sorprendentes.



Es actor de calidad, uno de los más  importantes dramaturgos de nuestra historia teatral. Es cuentista, narrador, escritor, difusor cultural, tiene la página digital cultural más completa de la nación. Lee con fruición a Borges y ama a Camus. El poema de los dones lo recita ensimismado. Para enamorarse, no deja de llevar en su mochila de seductor los versos de amor de Paul Eluard.
Hace algunos años abordábamos la figura augusta del patricio. No lo convencía del todo el Padre de la Patria. Cuestionaba algunas ausencias en momentos decisivos. No lograba aquilatar la reciedumbre  de gladiador de Duarte. Se le debilitaba la imagen procera cuando más requería de su entorno viril. Se le alejaba en el exilio cuando más lo necesitaba desandando cordilleras o ensenadas. Eran  discusiones interminables. No podía morir tranquilamente. Debió inmolarse en el Cercado. O ser fusilado  por el déspota Santana. O caer en un caballo blanco cruzando las líneas del enemigo, arma en ristre como Martí en Dos Ríos. Los héroes no pueden envejecer, decía Giovanny. Hay una estela dimensional en  la historia y en las estrellas que signa su tragedia y su gloria.
Giovanny acaba de escribir y pronunciar una  conferencia magistral, decidió investigar y conocer de primera mano la historia del teatro dominicano en el ciclo de la independencia nacional, en las luchas nacionales por la cristalización de una Patria soberana. Y se encontró de frente con Duarte y se percató que a Duarte corresponde, el primer uso dado al teatro en nuestro continente, como un arma política y revolucionaria. Y observó que luego de fundar La Trinitaria en 1838, creó la Sociedad Filantrópica, cuyo fin real fue adoctrinar y propagar las ideas nacionalistas. Giovanny reseña la labor de Duarte, como apuntador y mentor de las realizaciones teatrales de “La Dramática”. Integró a los trinitarios a la representación de la obras para crear conciencia patriótica entre el pueblo.



Duarte, apunta Giovanny, tuvo la experiencia en su estadía en Europa de ver la reacción de los espectadores ante las manifestaciones, acciones, parlamentos y argumentos, que importantes teatreros comprometidos con las causas libertarias presentaban en diferentes escenarios. Giovanny aporta como un dato esencial la participación de actores venezolanos contratados por los trinitarios para darle calidad y profesionalidad escénica a las representaciones, José Ferrer y Cecilia Baranis.
Fue así como se representaron piezas teatrales como “Bruto o Roma libre”, del conde Vittorio Alfieri. La trama de esta tragedia clásica, versificada en cinco actos, ocurre en el foro romano, en el cual Bruto inflama cada aclamación: “Libertad o muerte/no os queda otra elección”. Así también  presentaron, “Un día del año 1823 en Cádiz”, donde se difundía  consignas  e ideas que promovían la lucha por la libertad.



La Sociedad Dramática presentó también “La Viuda de Padilla”, de corte libertaria, insuflada en la sublevación en procura de las libertades de Castilla, en el contexto de las Cortes de Cádiz de 1813, inspirada en Doña María, viuda de Padilla, que prefirió la muerte a la sumisión. Giovanny recalca la del criterio, de que, casi todos los procesos independentistas de América, fueron decididos y planificados proyectos masónicos, y por lo tanto, liberales y avanzados. Realza la figura de Duarte, su visión histórica, su aporte social, cultural y humano. Se declara un hombre agradecido por el sacrificio de Duarte, sus trinitarios, sus filantrópicos y sus dramáticos.




Gran aporte de Giovanny a la historia cultural del teatro dominicano y a la lucha por la libertad. Gran reencuentro con Duarte en los linderos de la gloria.

¡Peter El Rojo, Carlos Espinal y Franz Kafka!


 ¡Peter El Rojo, Carlos Espinal y Franz Kafka!



Confesiones a una academia”. Esta pieza, como perfecta obra kafkiana, nos muestra su típico pesimismo irónico. Su originalidad antológica y el inmenso valor literario de sus obras, han otorgado a Franz Kafka un sitial privilegiado, casi mítico, en la Literatura de nuestros tiempos. El crítico y teórico literario estadounidense Harold Bloom, escribió sobre Kafka: 
«Desde una perspectiva puramente literaria, ésta es la época de Kafka, más incluso que la de Freud. Freud, siguiendo furtivamente a Shakespeare, nos ofreció el mapa de nuestra mente; Kafka nos insinuó que no esperáramos utilizarlo para salvarnos, ni siquiera de nosotros mismos».
La historia en cuestión trata de un mono que se convirtió en humano. Fue encontrado en una cacería en la Costa del Oro africana. Dispararon y el único que resultó herido es un gorila al que después nombrarán como Peter el Rojo. Logra sobrevivir y luego despierta en una jaula de un barco. Al verlo, los expedicionarios, tan tranquilo, concluyen que servirá muy bien para el adiestramiento. Pasa algún tiempo realizando acciones intrascendentes antes de darse cuenta de que está atrapado y que no tiene futuro. En ese momento descubre que necesita cambiar de vida y estrategia para sobrevivir. Algo que no iba a lograr siendo un mono de circo. Decide, entonces, convertirse en ser humano.

Tengo referencias de muchas puestas en escena del cuento monologado “Confesiones a una academia” o “Peter El Rojo”; de Kafka (en mis obras completas de Kafka citan al relato como Informe a una academia). Les aseguro, no obstante, que una de las más profundas, y desde luego, mejor llevada a escena, es la de Carlos Espinal, quien en ningún momento cae en la idiotez de tratar de imitar a un gorila. Algo que podría haber hecho fácil su actuación (suelo decir que interpretar prostitutas, locos y monos es algo muy simple para un actor). 


En este caso el asunto es que el único personaje de la obra se ha entrenado para dejar la selva, por lo tanto una de sus luchas en el escenario es tratar de no ser un salvaje. Sin embargo, tal condición aflorará... inevitablemente.
 
Esa otra "lucha" da un tremendo grado de dificultad a la interpretación de Carlos Espinal, del cual sale airoso. 


A mí me recuerdan, Kafka y Carlos, la lucha de la Raza Humana por querer alejarse de sus naturales instintos animales. Ese es el camino que, a mi humilde parecer, explora el magnífico Carlos Espinal en este montaje. Además, el actor-director de esta intensa versión, explora y aporta con brillantez el tema del Inmigrante. 



Aquí Kafka y Carlos parecen contarnos la crónica de nuestros devenires en este planeta al que tendemos, reiteradamente, en llamar... nuestro. Somos inmigrantes en el asfalto y en los rascacielos. Nuestro hogar natural es la selva. ¡Ahí están todos nuestros instintos, ecos y orígenes! 

Así las cosas, Peter El Rojo eres tú... y yo también, intentando ambos nunca “regresar”, o dejar escapar, ni aún transitando por nuestros laberintos interiores, al animal que nos habita.

En este tenor, el aporte visual que hace esta escenificación es de antología, en un escenario que está condicionado a una conferencia dictada en una importante academia mundial.

Esta es otra dificultad que hace aún más complejo e interesante esta propuesta escénica. Por supuesto que Espinal aquí se monta en Kafka para contarnos su particular Historia. Esto, porque Carlos es un inmigrante, cuyas añoranzas, cultura y amores se encuentran, exactamente, en el corazón de nuestra mitad de Isla, a la que, como su Peter El Rojo, ha tenido que dejar; pero cuyo instinto atávico lo obliga a volver... de vez en cuando.

Resulta, pues, que “Confesiones a una academia” o “Peter El Rojo” es lo que indica el título: una conferencia; pero al mismo tiempo es una pieza de Teatro. Un actor del nivel del Carlos Espinal bien podría haber puesto miles de recursos, inventos y payasadas a la teatralización. Empero, eso hubiese sido como traicionar a la imposición que nos plantea el texto. Solemos decir en el Teatro que un actor es un esclavo en libertad, un individuo que puede moverse "libremente" sobre las tablas de un escenario; pero que nunca puede romper aquellas cadenas que les atan: texto, las líneas internas y externas del personaje, la caracterización física y psicológica que el autor plantea, su cultura y las condiciones dadas.



Carlos, aunque obviamente no es un simple lector teatral de Kafka sino su socio, opta por el trabajo serio... y triunfa. Uno ve en el escenario de Espinal esa otra “lucha” del actor por desplazar en el espacio a su personaje y constantemente regresar a la esencia teatral de la propuesta. Como ese Sísifo que nos explica tan bien a todos los hacedores de Teatro del mundo, que tiene que llevar la piedra hasta la cima y una vez allí ésta se devuelve y Sísifo tendrá, entonces, que regresar a buscarla y subirla una y otra vez... irremediablemente. 

Eso es lo que Carlos Espinal hace en escena con su actuación en la obra que ocupa mi atención, con inteligente vestuario kafkiano, con muy buena iluminación, adecuada escenografía y una magnífica banda sonora; recientemente presentada en la Sala Ravelo del Teatro nacional y que pronto, según me he informado, volverá a escena. ¡Muy bien! 

Salí de la sala sumamente complacido. Hubiera preferido que nunca hubiesen tirado el... ¡Telón!


lunes, 8 de julio de 2013

El dramaturgo perdido: F. J. Foxá

 El dramaturgo perdido: F. J. Foxá


Cuando generalmente hablo del dramaturgo  Francisco Javier Foxá (nacido en 1816) en mi conglomerado teatral, la mayoría de éste pone cara de asombro. Aunque ciertamente es dominicano, su vida literaria habría ocurrido, principalmente, en Cuba. 

Don Pedro de Castilla
Cronológicamente es el primer dramaturgo romántico de América y uno de los primeros de la literatura hispánica. Se sabe que compuso tres obras dramáticas: Don Pedro de Castilla, drama histórico en cuatro actos, en prosa y verso, escrito en 1836, estrenado en La Habana con un gran éxito y publicado en 1838. Igualmente suyo es El templario, drama caballeresco en cuatro actos, estrenado en La Habana en agosto de 1838 y publicado allí en 1839. También escribió Ellos son, juguete cómico en verso y en un acto; seguramente para ser presentado como el imprescindible entremés del Teatro de aquella época.

El crítico y escritor cubano Aurelio Mitjans, en Historia de la literatura cubana, dice que la noche del estreno de
Don Pedro de Castilla fue "célebre en Cuba, como la del estreno de El Trovador, en Madrid, como fecha de un acontecimiento teatral ruidoso nunca visto".

Sobre Foxá, el inmenso Pedro Henríquez Ureña escribió lo que aparece en el siguiente cuadro:


Esta obra de Foxá se presentó en España. Allí no fue muy bien tratada por la crítica. José Ramón Lomba y Pedraja (crítico y primer catedrático de Literatura en la Universidad de Murcia), en su Teatro Romántico, en un capítulo titulado El Rey don Pedro en el teatro, dijo que no conocía a Francisco Javier Foxá, pero que su drama nunca debió presentarse en la Península, sino en Cuba.


Plácido
No obstante, Francisco Javier Foxá fue reconocido y apuntalado por el existoso estreno de su obra de Don Pedro de Castilla cuando el celebrado poeta mulato Gabriel de la Concepción Valdés, más conocido por su pseudónimo de “Plácido”: probablemente el poeta de mayor incidencia popular entre los escritores cubanos del siglo XIX. Plácido Fue un muy singular y señalado versificador espontáneo al que algunos críticos colocan entre los iniciadores del criollismo y también del siboneyismo en la lírica cubana.

SONETO (inédito)

Genio fecundo, en cuya frente brilla
clara estrella de lumbre inspiradora,
inmensa y pura como el Sol que dora
el cielo azul de tu paterna Antilla.

Vate moderno cual moderno Ercilla,
diadema de laureo tu sien decora,
y al eco de tu cítara sonora
torna á vivir Don Pedro de Castilla.

Si arde tu corazón en viva llama
por morar en el templo de Memoria,
si la inmortalidad tu pecho inflama,

pide asuntos sangrientos á la Historia,
y harás tu nombre digno de la fama,
que así se arrancan palmas á la Gloria.


Aquí con lo de Foxá de esta manera he concluido.
Sería feliz si vuestro intelecto quedóse complacido.
Advierto, sin embargo, que no es este el colofón.
¡No lo es! Lo será el siempre inevitable... ¡Telón!

miércoles, 3 de julio de 2013

Tramoya: cuaderno de Teatro


 ¡Tramoya: cuaderno de Teatro!



En la edición 113 de
Tramoya: cuaderno de Teatro el prestigioso cuaderno de Teatro de la Universidad Veracruzana (UV), en México, está dedicado al Teatro Dominicano. Ningún mejor momento para que esto ocurriera. 
 
Aunque me sonroje un poco, agradecer debo la escogencia de mi Duendes y locos de las dunas (Premio Nacional de Teatro), el análisis crítico que hace de esa pieza Carlos Esteban Deive, el concienzudo análisis que hace Beatriz J. Rizk de mi querida Amanda (Premio Casa del Escritor Dominicano) y de la obra que publican y, también, las ponderaciones que hace Ángel Mejía de la siempre añorada Amanda (recientemente incluida en la gran antología Del palenque a la escena publicada por un conjunto de universidades colombinas, lideradas por la Universidad de Colombia).

La introducción que escribiera Beatriz Ritz para este número (con categoría de pequeña antología) es memorable: República Dominicana: imágenes de una dramaturgia en devenir. Constituye una pieza de investigación y reflexión del Teatro Dominicano que debe ser publicada en nuestro país. ¡Que tremendo ensayo, compadre!
"El caso es que el que se asome aunque someramente a su extensa producción teatral, a través de los años, empezando por el mencionado primerizo Entremés, se dará cuenta de que es una dramatugia que ha tratado de reflejar su entorno, aunque en muchas ocasiones lo haya hecho apelando a la metáfora, a las medias palabras, los entendidos sotto voce, los modelos clásicos, y demás recursos, para reflejar lo que sí ha sido una constante: denunciar los abusos del poder, emanando de los centros hegemóncos (en plural) pues ni siquiera se trata en este caso de los propios, sino de varias fuerzas invasoras a las que ha sido dometido el país caribeño de manera reiterativa a lo largo de su historia."
Aunque he leído decenas de veces el ensayo de Ángel Mejía, Del Partenón al Faro a Colón: apuntes para la historia del teatro dominicano, siempre me resulta placentero leer esa intensa radiografía de nuestro quehacer teatral, originalmente fue publicado en una revista especializada en España. Luego aquí igualmente ha sido publicado y es posible ya leerla en Internet. ¡Deben hacerlo!
"Si Pedro Henríquez Ureña hubiera imaginado que la publicación de su ensayo teatral El nacimiento de Dionisos en 1909, provocaría a partir de los años cuarenta una helenización de la cultura dominicana a tal punto que este país perdiera la posibilidad de encontrarse a sí mismo en la literatura,  probablemente hubiese desistido de su capricho intelectual."
Ambas entregas, las de Beatriz y la de Ángel, tienen en estos precisos momentos importancia capital para provocar serias reflexiones sobre nuestra actividades escénicas. ¡Corramos a hacerlas!

Traten de conseguir esté número de Tramoya, publicación que incluye, también, piezas de: Chiqui Vicioso (Evangelina), Caridad Svich (En el tiempo de las mariposas), Iván García (Memorias de abril) y Reynaldo Disla (Capítulo 72).


Estoy contento.

¡Telón!

lunes, 1 de julio de 2013

Actores venezolanos en nuestra Independencia Nacional

 
-->
Actores venezolanos en nuestra Independencia Nacional





Sabemos que Juan Pablo Duarte fundó la Sociedad Dramática para, a través de diferentes puestas en escena, crear la conciencia nacional que precedería a la impostergable lucha en el campo batalla. Entre las obras, comprobadas, que escenificaron para el proyecto patriótico estaban: “Roma libre” (de Víttorio Alfieri), “Un día de octubre del año 53 en Cádiz” (de Eugenio de Ochoa) y “La viuda de Padilla” (de Martínez de la Rosa).



El caso Cecilia Baranis:



Entre los primeros actores que formaron parte de La Dramática se encontraban: Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandrino Pina, Félix María del Monte, Juan Evangelista Jiménez, Luis Betances, Tomás Troncoso, Joaquín Lluberes, Francisco Martínez de León, Remigio del Castillo, Fernando Serra y Silvano Pujols. También jugaron rol de relevancia, aunque no tanto como lo antes citados, los hermanos Manuel y Wenceslao Guerrero, Jacinto de la Concha, José María Pérez, José García Fajardo, Joaquín Gómez y Juan Bautista Alfonseca; entre otros. De los nombres de las actrices de entonces pocos han llegado a nuestros días. Uno de ellos es el de Cecilia Baranis. De esta actriz, solo identificada como "probablemente extranjera" por nuestros cronistas históricos, sabemos que los Dramáticos habríanle dedicado al menos una de sus representaciones.



Misterio desvelado:


En el libro de Leonardo Azparren Giménez, publicado en 1997 y titulado Teatro en Venezuela: ensayos históricos, encontramos una muy precisa referencia a la actriz en cuestión que demuestra, fehacientemente, que se trataba de una reputada actriz venezolana. Cito:



«La importancia del teatro fue también certificada con el trabajo de Cecilia Baranis, actriz conocida como “maestra del arte de la carátula” y quien tuvo una carrera de primera actriz hasta 1855.»



El caso José Ferrer:


Mariano Lebrón Saviñón, en su libro Heroísmo e identidad menciona a otros dos actores quienes habrían sido beneficiados, igual que la Baranis, con dos respectivas funciones. Se trata de José Ferrer y Antonia Valdez.



En el libro Ojeada histórico-crítica a la literatura colombiana, en el capítulo XX titulado EL Coliseo: Primeras representaciones teatrales, encontré una primera e importante referencia sobre José Ferrer:



«En abril de 1841 tratose de organizar una compañía, dirigida por el actor José Ferrer, contando con el actor Gallardo, que había trabajado el año anterior; su esposa, un señor Pardo, y los artistas Cecilia Baranis, primera dama, y el joven José Basa Cáceres.»



La segunda referencia que encontré sobre el actor José Ferrer, es también de Leonardo Azparren Giménez, el investigador venezolano antes citado. En una ponencia dictada en Universidad de Buenos Aires, en agosto de 2007, durante en el XVI Congreso Internacional de Teatro Iberoamericano y Argentino, Azparren comenta que el cronista del periódico El Liberal, exactamente el 25 de julio de 1837, en un artículo en el cual cuestiona al teatro venezolano de entonces. En un párrafo de dicha entrega se refiere a José Ferrer y a Cecilia Baranis en los siguientes términos:



«Por último, atribuye a José Ferrer y Cecilia Baranis el inicio de la actividad teatral, gracias a lo cual el público comenzó a interesarse por el teatro «cuando vio actores que procuraban imitar los personajes que representaban, y que realmente los caracterizaban con alguna propiedad».



En 1854 la Baranis estuvo muy activa haciendo teatro en Venezuela como actriz de planta de la Compañía Dramática Española de Aurelio Alcázar.  Entre el 2 de abril y el 18 de junio del referido año, en el Teatro Apolo, ella actúa en el drama “Macías o el doncel de don Enrique el doliente”, también en “Catalina de Médicis”, “El delincuente honrado” y en algunas comedias de menor importancia. Estas últimas noticias de la Baranis las he encontrado revisando las crónicas del crítico de la época Mariano de Briseño.



Relevancia de ambos artistas:


Doy una gran relevancia a esos dos actores, porque pienso que la deuda histórica con ellos es mucho mayor de lo que hasta ahora hemos supuesto. Permítanme explicarme: José Ferrer y la Baranis eran, efectivamente, profesionales reconocidos del Teatro. Fueron contratados porque cultural y estratégicamente convenía para la causa de los antiguos Trinitarios. Dotar su actividad escénica de gran calidad era imperativo, so pena de que los haitianos invasores encontrasen motivos para suspender las realizaciones teatrales de los duartianos. Por mi condición de hombre de Teatro, estoy convencido de que el rol jugado por los dos artistas venezolanos que nos ocupan, fue más connotado que la de sólo actores de las primeras obras representadas. Dadas sus experiencias teatrales cabe suponer que fueron, primero, los entrenadores finales de los Dramáticos y, segundo, probablemente quienes dirigieron esas obras. Duarte demostró tanto respeto por aquella actividad que, entendiendo sus limitaciones actorales, prefirió ser el apuntador de las escenificaciones. Así las cosas, no iba él a asumir un rol tan delicado para el proyecto como el de director artístico. Estoy convencido, repito, de que esa responsabilidad recayó en José Ferrer y Cecilia Baranis. Sobre todo en el primero que tenía ya antecedentes de liderazgo teatral. Quizás estos artistas venezolanos son los verdaderos precursores del Teatro profesional en la República Dominicana. Sobre ellos, y en eso estoy comprometido, debemos seguir profundizando investigaciones hasta documentar estas lógicas y atinadas presunciones. 

El caso Antonia Valdez: 

Aunque ningún dato confiable he encontrado sobre ella, presumo que también era una actriz importada. Avalo mi presunción en que era usual para la época que se hiciera una función, o más, para beneficio de determinadas figuras teatrales con la finalidad de pagar sus respectivos salarios o para cubrir sus gastos de viajes. Como es seguro que los actores criollos, que debían hasta costear sus propios vestuarios, no cobrasen por sus interpretaciones, es lógico suponer que sólo recibían remuneraciones los actores profesionales contratados en el exterior. 



Es nuestro deber rescatar la memoria histórica de estos artistas y colocarlos en el sitial cultural y político que conquistaron. ¡Tenemos que hacerlo! De no, hay un grito que será siempre incompleto entre nosotros: ¡Telón!




jueves, 27 de junio de 2013

Agria discusión entre Giovanny y Nivangio



Acabo de cambiar la portada de me página en FB. Hice un comentario sobre ella y un tal Nivangio Zurc intentó insultarme. Por supuesto que le contesté inmediatamente. ¡Soy mocano y a nadie temo! Además, insultos y amenazas no suelo tolerar tampoco a nadie. He aquí aquel asunto:


Giovanny Cruz:
Algunos de los mis 72 personajes. 1: "Andrómaca" (de Iván García), 2: "Quíntuples" (de Luis Rafael Sánchez), 3: "Marat-Sade" (de Peter Weiss) y 4: "De color de la noche" (Agliberto Meléndez)

Nivangio Zurc:
¿Acaso soy yo uno de esos 72?

Giovanny Cruz:
Mire, Nivangio, usted no tiene esa categoría. Usted sólo tiene condición de espejo.

Nivangio Zurc:
Si así es, imagino entonces, que aparezco agazapado por las noches como imagen inesperada y, quizás, no deseada, dado el hecho de que los años se te vienen encima.

Giovanny Cruz:
Habla, no sin un amargo dejo de ironía, de mis años. ¿Acaso es usted eterno y se ha quedado congelado en el inescrutable glacial del tiempo?

Nivangio Zurc:
No, señor. ¿Cómo podría yo que según usted apenas existo al revés detrás de sus espejos? Así visto no soy, entonces, del semiodiodato que usted en su jactancia ha proclamado.

Giovanny Cruz:
¿Jactancia dice usted? ¿Me acusa de eso, caro "señor" de sólo imágenes? Ja. Si pretendió insultarme con ese término que inventa de "semidiodato", no lo ha logrado. Más aún: al final me ha formulado un reconocimiento. Desde luego que no voy a agradecérselo porque los méritos conquistados, y que otros te descubren, no se agradecen.

Nivangio Zurc:
¡Cuídate, supuesto amigo. Y nunca olvide aquellas palabras que solía decir un esclavo griego al triunfador romano para evitar que este se envaneciera con su éxito: "¡Cuídate de no caer!". Y esta otra: "¡Eres humano!". Perdón, voy a borrar esta última alocución porque acabo de recordar que eres "divino". Ja.

Giovanny Cruz:
¡Vuelve usted, Nivangio, a intentar burlarse de mí! Estoy asombrado. Corre usted, entonces, mucho peligro. Porque como "divino", puedo hacer un acto milagrero y desaparecerlo ahora mismo. Suficiente me sería con apagar el bombillo de mi cuarto y usted dejaría de existir, al menos por esta noche.

Nivangio Zurc:
Risa me produce usted. No olvide que Lorca proclamó en su "Bernarda Alba", que por darle la espalda al mar no dejaremos de escuchar sus olas. Además, usted sabe lo que le ocurrió a Pirandello: se puso a atentar contra su creación y salieron seis personajes a buscarlo con muy malas intenciones.

Giovanny Cruz:
¿Ahora me amenaza? ¡La Criatura se revela contra Yucahú! Si quisiera, rayos de mis dedos saldrían para fulminarlo. Pero, como todo dios, estoy obligado a ser magnánimo. So pena de desacreditar los Cielos con mi ira. Para eso, precisamente, he creado al diablo. De otros Creadores he aprendido que él es (el diablo) un señor que está ahí para hacer las cosas de dudosa reputación que la Divinidad no puede refrendar. Así las cosas, ese es su papel en esta vida, Nivangio. Y ahora... ¡Cállese! Volveremos a conversar... y a insultarnos. Pero ahora tengo que tirarle el imperativo... ¡Telón!