viernes, 7 de octubre de 2011

¿La mejor película dominicana?

Giovanny Cruz es Casas en "Del color de la noche"
Hace muchos años, muchos, Agliberto Meléndez hipotecó su casa, su vehículo y por los menos una de sus modestas empresas. Lo hizo para concretizar un viejo proyecto de rodar una película: "Pasaje de ida". La hasta ahora, indudablemente, mejor película criolla.
Muchos fueron los problemas encontrados en el trayecto de filmación. No pocos artistas y técnicos abandoraron el proyecto en el devenir del rodaje. Un día hasta conato de huelga general hubo. Varias veces las circunstancias parecían indicar que el proyecto de Agliberto se vendría a pique.
En una ocasión hasta nos suspendieron el permiso de filmar en un barco anclado en el muelle del Río Ozama. Algo terrible porque casi la mitad de la película se filmaba en ese barco. Pero la tozudez de Meléndez se hizo legendaria en la ocasión. Sobornamos a unos celadores para que nos permitieran rodar en el barco en cuestión. Algo que teníamos que hacer después de las doce de la noche, al menos durante diez días. 
La película se concluyo y se estrenó. Algunos de nuestros críticos (más bien criticones) prácticamente descuartizaron a "Pasaje de ida". Pero tampoco lograron amilanar a Agliberto
Él tomó los rollos de la película y fue a competir con su filme a varios países. Resumiendo: ¡Once premios internacionales obtuvo la película! 
Cada vez que Agliberto venía de uno de sus exitosos viajes nos comentaba sobre el impacto que creaba en los expertos la trama de la película y las actuaciones dominicanas, sobre todo dos de ellas. Con humildad tengo que decir que una de esas, según el realizador cinematográfica dominicano, era la nuestra.
Desde hace más de diez años Agliberto viene  planificando otra película titulada "Del color de la noche." Su trama es sobre la vida de José Francisco Peña Gómez
Meléndez tuvo la gentileza de enviarme el primer guión para que opinara sobre el mismo. Por supuesto que lo hice. Empero, pasaba el tiempo y el dinero para hacer la película no terminaba de completarse. Creo que aún no se ha logrado eso. Sin embargo, el rodaje se está prácticamente concluyendo. Apenas una semana nos queda de filmación.
El suscrito no estaba muy convencido de la conveniencia de una película de este tipo. No somos muy fanático de las películas biográficas. Es que a los personaje históricos es difícil someterlo a la dialéctica imprescindible del Arte. Pues Agliberto lo hizo. Y lo hizo con brillantez. Peña Gómez no es un personaje lineal. Él está sometido hasta a sus propias contradicciones. La película mantiene un suspenso envidiable. El ritmo es estupendo. La calidad de los actuaciones (por supuesto que casi todos los actores son profesionales. Algliberto, contrario a un idiota y mal director de cine que anda por ahí, respeta demasiado su trabajo para encomendarlo a gente que no sea artista). La calidad de las imágenes que ya se han colado es muy grande (el experimentado Peyi Guzmán es el director de fotografía). El maquillaje (sobre todo el de los personajes históricos que aparecen en la película) es consagratorio. El equipo de producción trabaja desde las madrugas hasta altas horas de las noches con ahinco y responsabilidad.
En mi caso interpreto un personaje aparentemente ficticio: Casas. Y digo ficticio porque porque en una gran genialidad del director y guionista, se reunió en este solo personaje cinco de los persecutores  y conspiradores histórico en contra de Peña Gómez. En ese sentido resulto ser el antagonista principal contra el líder negro dominicano.
No puedo entrar en muchos detalles sobre la trama y sobre el mismo elenco porque todavía esa es una zona secreta del rodaje. 
No obstante, Ruben Abud, fotógrafo oficial de la película, nos ha enviado unas cuantas fotografías de algunas de nuestras escenas ya rodadas que compartiremos con ustedes, aunque no hemos solicitado permiso de la producción. Cuando nos llamen a capítulo por haberlo hecho diremos que fue un error que nos obligó a cometer el entusiasmo. 
No tenemos temor alguno de adelantar un criterio: está película parece que será la nueva mejor película dominicana... de todos los tiempos. Tan solo lo que denuncia y cuenta hacen que esta película tenga una factura internacional.

¡Acción!

Casas y un Monseñor amigo en una escena de la base de San Isidro.

Balaguer y Casas en el despacho personal del primero.

Casas explicando una estrategia conspirativa.

Casas sobornando a un amigo de Peña Gómez.

Casas contratando a un experto en espionaje.

Agliberto impartiendo instrucciones en San Isidro.

Casas con un técnico en informática sobornado.


martes, 4 de octubre de 2011

Por supuesto que no asistiría a...


Una artista, que antes solía creer en los más elevados y consagrantes rigores del buen Arte, me solicitó no ir a ver una producción teatral en la que intervendría porque ésta no resultaría de mi agrado.

Por supuesto que la petición en cuestión era superflua. Procuro no asistir a obras en las cuales los artistas que van a escena no asumen, por sobre sus intereses y egos, un serio compromiso con el Arte verdadero.

"Master Class"
No asisto a ver realizaciones escénicas, de factura estrictamente comercial, que renuncian a las esencias que nos obligan a permanecer haciendo Teatro. No asisto a ver ese teatro de factura donde sus mentores condicionan la duración de la obra a la reacción hilarante de sus posibles espectadores. No. No lo hago.

No puedo ir a ver una obra donde la vulgaridad no se utiliza, al menos, como recurso provocar, sino para engatusar con el mal gusto al público teatral. Esto de por sí es ya un grave insulto al Teatro y a los espectadores dominicanos; por aquello de que los están tildando de idiotas, lerdos y estúpidos.

Todavía resuenan en mis oídos  los merecidos aplausos a la hermosa realización teatral de “Master Class”. Todavía escucho las palabras radicales de María Callas cuando expresa que en un escenario  no debe tener cabida  lo mediocre y lo prosaico. El premio que le dio nuestro público a esa obra es un reconocimiento al Arte expuesto en ella como ritual.

La Carretero como Dafne
El primer personaje de la divina Carlota Carretero en  “Quíntuples” está lleno de coquetería. Sin embargo, ella logra transmitir al publico todo el erotismo de su creación teatral sin mostrar más nada que sus rodillas. No tuvo que decir una palabra descompuesta, ni mover sus caderas encima de algún objeto, como haría cualquier puta, para que los espectadores la aplaudieran a rabiar y se divirtieran con sus geniales  ocurrencias. Ninguno de los personajes de esa obra procura la risa de los espectadores mediante payasadas.

Cuando María Castillo y Ángel Haché nos regalaron su “Banco de parque” no requirieron de lo barato para lograr la masiva asistencia del público.

La Gaviota
Cuando Rafael Villalona hace su gran exhibición de buen Arte con la “Guerrita de Rosendo nos comprometió a todos a procurar lo más elevado dentro del Teatro nuestro de cada día. Cuando junto a la creme de la creme en ese momento actué en La Gaviota esto fue confirmado.

Cuando La Carretero, Karina Noble y Kenny Grullón subieron a escena para conmover con sus respectivas caracterizaciones en “Orquídeas a la luz de luna” estaban pensando en el Arte más que en un efímero y cuestionado éxito de taquillas. Empero, fuimos premiados con un mes completo a sala llena.

Milagros Martínez, con un cuerpo siempre escultural, asombró a los espectadores dominicanos con el más delicado desnudo que se recuerda aquí (La virgen de los narcisos). No necesitó para hacerlo  bailar soportando su cuerpo en algún tubo o en un palo.

Cuando Germana Quintana y Lidia Ariza nos recompensaron con “Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos”, se cuidaron muchísimo de nunca caer en la grosera trampa del mal gusto.

He visto a un Manuel Chapuseaux y una Nive Santana radicalizados en procura de una estética escénica.
He presenciado obras de Claudio Rivera y Viena González donde la calidad es la que atrajo al público.
Cuando Iván García presentó su mil veces magnífica “Interioridades” se mantuvo inmaculado, impecable y profundamente estético. Elvira Taveras da variadas lecciones de Arte con su “Señorita Margarita”.


He hecho sonar atabales en mis obras. He logrado que Dante Cucurullo lleve a mis escenas címbalos y cencerros. He puesto en el Teatro Nacional las caretas de diablos como detonantes infernales. Le pedí a Camus que me prestara su “Calígula” y crucé con ella épocas culturales. Puse una prostituta a interrumpir una Conferencia. Logré que un Gato Negro se vengara. Resucité siete muertos en un barrio para que contaran sus historias. Con ayuda de Luis Rafael Sánchez, Carlota, Monina, Karina, Pepito Guerra, Lina Hoepelman  y treinta actores más le enseñé a un público, en el desaparecido “Nuevo Teatro”, la gran pasión que conmovía a Antígona Pérez. 



Susurrado por Iván García he hablado en los escenarios de Tiranos, de Soberbia y de Andrómaca. Con Albert Camus asistiéndome hice Los Justos y El Malentendido. Recientemente logré que Fiora Cruz, Yorlla Castillo y Mario Lebrón explayaran sus infinitos talentos teatrales en la escena. Estaban, eso sí, obsesionados con el cine y con la muerte.

He hecho todo esto sin siquiera tener una ligera tentación de prostituir mi gusto.

Luego de éste breve resumen de realizaciones teatrales de colegas entrañables y mías, por supuesto que no asisto, ni asistiré, a ver la negación del Arte que tanto amo.

¡Telón!

lunes, 3 de octubre de 2011

Unos chistes necesrios

Los hombres son como los aviones 

Mi amigo periodista y productor Onorio Montás me ha remitido unos chistes que me han hecho reír a mándibula batiente. Los comparto con ustedes.
Sólo vuelos rápidos, de corto alcance y duración.
De los 20 a los 30:
Caza Militar.
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Siempre listos, 7 días por semana. Ataca cualquier objetivo. Capaz de ejecutar varias misiones, aunque estén separadas por cortos intervalos de tiempo.

De los 30 a los 40:
Aeronave Comercial de Vuelos Internacionales.
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Opera en horario regular. Destinos de alto nivel. Vuelos largos, con pocas sorpresas.La clientela llega con gran expectativa; al final, sale cansada, pero satisfecha.

De los 40 a los 50:
Aeronave Comercial de Vuelos Regionales.
Mantiene horarios regulares. Destinos bastante conocidos y de rutina.
Los vuelos no siempre salen en el horario previsto, lo que requiere cambios y adaptaciones que irritan a la clientela.


De los 50 a los 60:
Aeronave de Carga.

 Preparación intensa y mucho trabajo antes del despegue. Una vez en el aire, maniobra lentamente y proporciona menos confort durante el viaje.
La clientela está compuesta principalmente por bolsos y bultos diversos.


De los 60 a los 70:
Ala Delta.
Asa Delta
Exige excelentes condiciones externas para levantar vuelo. Da un trabajo enorme el despegue y, después, evita maniobras bruscas para no caer antes de hora.
Después del aterrizaje, desmonta y guarda el equipamiento.



De los 70 a los 80:
Planeador.
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Sólo vuela eventualmente  y con auxilio. Repertorio de maniobras extremamente limitado. Una vez en tierra, precisa ayuda hasta para volver al hangar.

Después de los 80:
Modelo Antiguo.
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  Sólo adorno.

Los "Quíntuples" de José Rafael Sosa

Un teatro verdadero: Quíntuples

Por Rafael Sosa

La Pasión Cultural se siente muy complacida de reproducir la excelente crítica formulada por el gran periodista, origamista y escritor José Rafael Sosa sobre la puesta en escena de "Quíntuples"; por aquello que la misma obra teatral plantea de que... el teatro es, por más que lo embelequen, una maroma audaz y un feroz riesgo.
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Giovanny Cruz como Mandrake el Mago

“No queremos ahondar más en la magia,

porque le dañamos la magia [...]

Una mentira que es como una
maroma entre ustedes, el público y nosotros, los actores.

Que en arte todo es premeditación y alevosía(El Actor y La Actriz, Escena final de la obra Quíntuples)

Poca gente se ha dado cuenta de la importancia que subyace en la reposición de Quíntuples, pieza del dramaturgo boricua Luis Rafael Sánchez, autor de La Guaracha del Macho Camacho,1976 y La importancia de llamarse Daniel Santos, quien logra el signo de un lenguaje universal del absurdo diciendo las verdades necesarias y urgentes.

Se impone festejar el encuentro caribeño de la creatividad puertorriqueña en las letras con la capacidad histriónica desbordante para el caso de Cruz y Carretero.
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Carlota Carretero como Carlota Morrison

Quíntuples ha tenido en la constancia de Giovanny Cruz y Carlota Carretero, a sus más fieles expositores con una trayectoria que incluye 25 anos de montajes en los escenarios nacionales.

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Carlota Carretero como Dafne Morrison
Pero Quíntuples tiene un valor estético que no tiene nada que ver ni con su relación numérica de montajes, ni los años en vuelta a ser respuesta. Pudo haber sido la vez primera que se escenificara, y Quíntuples, en la versión de estas dos personalidades, iba a provocar el mismo efecto emotivo, aquel que tiene dado de una transformación del espacio escénico en el cual el público pasa a ser personaje numero siete, junto a Carlota, Dafne , Mandrake Baby , Bianca y Papá Morrison.

Estamos hablando de locura dilectante, de verdades rotundas dichas con la gracia del humor, el cuidado de la construcción escénica de seis personajes distintos, con sus tips y sus inflexiones particulares, de la forma en la cual el maquillaje y vestuario se comportan como elementos bisagras para dejarnos ver las formas infinitamente creadoras del talento.

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Giovanny Cruz como Baby Morrison
La pieza es un homenaje al teatro desde si mismo, desde su potencial de reencuentro humano con situaciones y vidas que aportan, junto a la hilarante risa, el enfoque que nos hace mirar hacia dentro, revisar los entuertos familiares que cada quien tiene y que pocos se atreven a exhibir.

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Un público agradecido compensa con aplausos, la actuación de ambos artistas.

El montaje es una excusa para hablar del desnivel y la inconexión con matiz de familiaridad.
Teatro exquisito, pleno, total, hecho por encima de la ausencia de patrocinadores, realizado por encima de todos los garfios del no-hacer arte a propósito de un escenario que se festeja en el hecho artístico.

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Carlota Carretero como Bianca Morrison
Ojalá vuelvan pronto estos Quíntuples exorcizados de su propia locura inocente y, al propio tiempo, definitorio de locuras racionales.

Y que regresen con el respaldo que merece la majestad del arte respetado por sus dos oficiantes.
 

sábado, 1 de octubre de 2011

Los "Quíntuples" de Miguel Collado

¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo!
 
!Qué familia más pintoresca, tan singular, esta de los quíntuples Morrison, con un padre “semental” a pesar de ir girando por ahí en silla de ruedas
 
Brillantes estas dos estrellas nuestras del teatro: Carlota Carretero y Giovanny Cruz. 
 
Ellos dos son los seis personajes de esta hilarante comedia escrita en 1985 por el dramaturgo puertorriqueño Luis Rafael Sánchez, el novelista de La guaracha del Macho Camacho (1976)
 
Los Morrison nunca están juntos porque monologan, pero la manera magistral en que Carlota y Giovanny se meten en la piel de Dafne, Bianca, Carlota (ella, no la persona), Baby, Mandrake y Papá (él), nos da la impresión de que realmente estamos asistiendo, como público y como convidados, a un verdadero consejo de familia. Salir del proscenio e interactuar con el público, resulta genial. 
 
¿Y las actuaciones? Como diría nuestro amigo Armando Almánzar Rodríguez en 1976, en aquella ocasión en que comentaba la extraordinaria actuación de Gian María Volonté en Actas de Marusia, de Miguel Lottin: se salen de la pantalla, especialmente cuando interpretan a Dafne (ella, no la persona, sino Carlota Carretero) y a Mandrake (Giovanny Cruz), pues la capacidad de ambos para hundirse en esos personajes ha de ser destacada. 
 
Bien merecido tuvo la exquisita actriz el Premio Talía a la Mejor Actriz en 1987 por su magistral actuación en el estreno de Quíntuples en 1986 bajo la dirección del semi Dios del teatro dominicano: Giovanny Cruz. Carlota Carretero…¡Qué mujer que se mantiene hermosa, viva, joven, profesional siempre!
 
¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo!
 
Miguel Collado
 
 

jueves, 29 de septiembre de 2011

Sólo para amigos... y enemigos también.


Sólo para amigos... y enemigos también.


 Luego de esta gramática visual no haremos ningún comentario.

martes, 27 de septiembre de 2011

¡Se montó la Carretero, compai!

Como de costumbre cuando estoy a punto de presentar una realización teatral, llegué temprano al Teatro Nacional. Convoqué a los técnicos para revisar algunos aspectos de mi interés. Efectué algunos ajustes a la silla de ruedas que utilizamos en la obra. Roberto, uno de los iluminadores, recordó que había hecho las luces de "Quíntuples" cuando la presentamos en Nuevo Teatro. Otro me pidió contarle cómo resolvieron a Argentina el asunto de las luces intermitentes. Gina Marte, la encargada de la Sala Ravelo entra a comunicarme que ya el sonidista está llegando. Salgo del Teatro a buscar un letrero que usaremos en la puesta en escena. Mi hija Fiora, la productora actual de "Quíntuples" (también lo fue en el Teatro Liberarte en Baires), me llama para preguntarme sobre la cantidad de programas que deben imprimirse. Regreso al Teatro con un almuerzo que he comprado en el camino. Almuerzo en el camerino.

Repaso tres de mis personajes. Recorto un poco la barba de uno de ellos y coloco los gemelos en la camisa de dos. 

La Carretero me llama por el celular para preguntarme que dónde me encuentro. Ella está en el pasillo de los camerinos y quiere entrar al suyo. Le paso la llave y acordamos ensayar en media hora. Por supuesto que se queja del olor a mocato de la sala y los sonidos que emiten los músicos sinfónicos que están ensayando. También asegura, como toda gran actriz, que tiene un dolor en un pierna y cierta disfonía.

Entramos al escenario. La noto un tanto emocionada. "Quíntuples" es para ella una obra muy especial, aparte de lo que le exige como actriz. Me pregunta si podríamos poner la silla de Bianca en  un lugar diferente. Para variar. No espera mi confirmación para realizar el cambio. Le comento que deberé al día siguiente variar la dirección, entonces, del foco de luz especial. Le enseño las luces intermitentes que utiliza otro de sus personajes (Dafne). Se sonríe y sale a medio maquillarse. Me siento en la sala. Ella entra a interpretar su primera caracterización. El dolor, la disfonía, las tensiones y las aprehensiones han desaparecido. La veo y en un momento pienso: Carajo... ¡Se montó la Carretero!

Eso hizo. Y no se montó en uno sino en cuatro personajes. He visto actuar a Carlota Carretero miles de veces. La he visto realizar los personajes de "Quíntuples" cientos de veces. Y aún no pude evitar mi grato asombro. Aún estoy obligado a decir: Nadie ha llegado hasta ahí... todavía. En verdad no parece humana.

Ojalá que cuando abramos el telón yo logre estar a su altura.

http://www.facebook.com/v/2026213776067


¡Qué hermosa -llena de calidad humana y de justicia en la valoración de la mejor actriz dominicana- es esta breve crónica-reflexión tuya, apreciado GiovannyTiene la Carretero merecidas tus palabras, las que suscribo imbuido por la admiración y el respeto que ella siempre me ha inspirado. Esa admiración y ese respeto también los tienes ganados tú, estimado amigo.  Un abrazo Miguel Collado

martes, 20 de septiembre de 2011

Una opinión interesada de «Master Class»

No hay nada que me interese en esta vida más que el Teatro. Podrían hacerme prisionero y fuera feliz en la mazmorra si me dejasen «teatralizar».

Cuando llego a un país soy extranjero hasta que piso un escenario.

El Teatro es mi gran patria. Resulto ser más teatrero que dominicano.

Todos los actores, directores, dramaturgos  y técnicos teatrales del mundo son mis verdaderos conciudadanos.


Por supuesto, entonces, que esta crónica crítica de «Master Class» está parcializada.

El autor:




He dicho hasta la saciedad que el primer acto teatral es puramente escritural. Desde las palabras escritas del dramaturgo vamos a partir para construir el evento escénico. Por eso hago mía la máxima que nos plantea que ningún texto es un pretexto. ¡Imposible! El texto es la gran justificación. Lo que nos convoca. El de McNally, en este caso, es completo. Nada le falta ni le sobra. Es creativo y elegante. Moderno y atrevido. Sin concesiones. Cada personaje, cada canción, cada música, cada palabra, cada acción dramática, cada uno de sus graciosisímos chistes; ha sido colocado en la pieza para que desde sus propias individualidades se encuentren en el punto escénico donde puedan convertirse en una unidad. Y como un regalo adicional Terrence McNally nos permite la gran lección artística que él y «su» María Callas nos ofrecen en la obra. ¡Tamaño aporte para el presente y la posteridad del Arte en el país!

El director:

El primer acto responsable de un director consiste en la selección de la pieza que planifca poner en escena.  El segundo es la elección de su elenco y el tercero es crear las coordenadas sobre las cuales construirá esa avenida en la cual transitarán los personajes, sus acciones, las líneas internas y externas,  la trama, el objetivo, el súperobjetivo y los símbolos identificados en la pieza teatral.
Es esto un director teatral profesional no puede equivocarse. No tiene derecho. Carlos Espinal cumplió con todo estos preceptos como cualquier habitante del Olimpo. Acertadísima cada dirección que hizo a los actores. Brillante en su dirección de luces y escenografía. Exigente hasta los últimos segundos con el vestuario. Del mito llegó al rito y de éste al hito teatral. Delicado en los detalles. Intransigente en la defensa de las sabias palabras escritas por el dramaturgo. Muy justo cuando cuando tuvo que hacer la transición del texto escrito al representado. Su dirección de «Master Class» es antológica. Nadie podría hacerlo mejor de ahí.

Luces y Escenografía:

Vestir bien no es necesariamente vestir caro. Es vestir apropiada y oportunamente. Lillyanna Diaz sabe que no necesita montar un show para mostrar su maestría diseñando luces teatrales. Sabe que todo lo que se pone sobre el escenario está ahí para servir a los intérpretes. Las luces de la pieza que ocupa mi atención fueron las extraordinariamente precisadas.
Fidel López, y ya lo pronostiqué en una entrega anterior, logra una de las mejores escenografías que se han visto en la Sala Ravelo. Es una escenografía realista, y confieso que éstas no son generalmente las que más aplaudo, pero Fidel logró una atmósfera perfecta, delicada, justa y elegante. Logra que la gente sienta que está dentro de un hermoso salón de clases, digno de una clase maestra de la Callas. Los tonos que logra darle a las paredes ayudan a proyectar la soberbia actuación de Cecilia García y las de los otros mortales del montaje. Los que amamos el Arte debemos estar agradecidos por esta escenografía de Fidel López, porque con su ayuda se cumplió el rito teatral

Sofía de Palma:


Antonia Chabebe y Carolina Camacho interpretan a Sofía de Palma. Espinal sabía que dentro del canto ambas estarían como pez en el agua. En los aspectos actorales era donde habría dificultades. Y las hubo. No puedo negarlo. Durante el proceso de construcción del personaje Carlos tuvo que emplearse a fondo con estas dos jóvenes líricas. Pero los esfuerzas de ellas dos y del director fueron recompensados por las actuaciones convencidas de las jóvenes cantantes. Me parece que Antonia Chabebe todavía necesita desarrollar más su madurez estética. La Camacho estaba en el punto exacto requerido.

Tony Candolino:

Para Pedro Pablo Reyes y Nelson Veras tengo solamente ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo a ambos! Fresco, indolente, creído y engreído era el personaje que entre ambos realizaron. Ellos lograron transmitir a los espectadores esas características de Tony Candolino. Y aportaron esa necesaria y refrescante interpretación que Carlos y McNally para ellos diseñaron. Las voces de estos dos tenores son espléndidas. Buenas también fueron sus caracterizaciones. Particularmente este director teatral y dramaturgo vio un poco más de fuerza escénica a Pedro Pablo. La conexión de ambos tenores con los espectadores fue muy grande y mejores aún los resultados.

Dolly García:

La he visto cantando y actuando. Hasta la había dirigido en una ocasión. Pero lo que hizo esta García en el escenario esta vez fue memorable y majestuoso. Consagratorio. El estilo bufo que logró fue agradecido por los espectadores que colmaron todo los días las representaciones de «Master Class». La disciplina y entrega de Dolly dan sus frutos cuando ella corona su participación con la maestría exhibida, tanto en la actuación como en el canto. Logra un transición interesante y difícil. Resulta que le imprime a su canto un exacto punto cómico. Empero, cuando se enfrenta a la Diva el dramatismo de Dolly está bordado.

Many, el pianista:

Dante Cucurullo es un monje del Arte. Un consagrado. Un maestro. Un celebrado. Se sabía que sería perfecta la ejecución que realizaría de la música de acompañamiento que la pieza necesitaba. Así fue. Igual que los aportes diariamente dado a los cantantes. Y hasta la misma asesoría conceptual que llevó a la producción. La incógnita con Dante estaba en la actuación. Los códigos secretos del arte teatral son complejos y patean. He visto cientos de artistas de otras disciplina fracasar cuando interpretan un personaje. En este caso Cucurullo sale airoso. Este hombre de Teatro se inclina reverente ante el Dante-actor. Fue construyendo su personaje paso a paso. Logra una actuación que sobresale por la calidad y por no caer en la tentación de «robarse el show”. Su Many es discreto, tímido. No obstante, Dante lo colma de detalles, acciones y emociones que hacen a su personaje perfectamente creíble.

María Cecilia Callas García:

Así mismito. Faltando días para estrenar no era posible descubrir diferencias entre Cecilia y su personaje. Quienes vieron la obra pueden jurar que vieron en ella todo el tiempo a María Callas. Cecilia se colocó, una semana antes de estrenar, justo en el peligroso umbral del subconsciente del que tanto hablo. ¡Allí mismo se sitúo! Entonces, como enloquecida y febril, después de trabajar la memoria emcional, comenzó a invocar con pasión su personaje. Magia absoluta. Eso había en la genial interpretación de la García. Durante todo el proceso respetó con devoción a la Callas, a McNally y a Carlos Espinal. Pero cuando logró colocarse en el umbral del cual les hablo, rompió con todos ellos. Se desprendió de la técnica de actuación para que saliera toda la emoción contenida durante meses y la honesta verdad de su personaje. En Teatro esto es lo correcto. Una buena actriz tiene que llegar a un punto en el cual ya el personaje no está frente a él. Un punto en el cual el texto desaparece y las palabras son las de ella. Y así fue. Hay un punto terrible en el cual Cecilia reniega de Cecilia y de la Callas. En ese punto se desplaza el consciente, aunque no lo enviamos a vivir demasiado lejos, dejamos que el subconsciente forme con el levemente distanciado Yo, un nuevo individuo. De locura ¿verdad? Pues Cecilia García logra eso cada noche. Se desgarraba, se destruía así misma en cada entrega. La lloraba, la padecía, la angustiaba. Sin embargo, en esas condiciones, se iba a su apartamento sólo a renovar las emociones consumidas; porque como Prometeo tenía que regresar al día siguiente a volver a subir la piedra por la cuesta. Y así... indefectiblemente.

A pocas actuaciones le doy la categoría de proteica. Ustedes lo saben. La de Cecilia en «Master Class» es una de esas.

De mi participación en la obra... no tengo nada que decir.

¡Telón!


Giovanny Cruz Durán