lunes, 11 de julio de 2011

Lo mataron en la otra Guatemala…


Cuando leí hace unos días este artículo, acabado de crear, dos asuntos diferentes pasaron por mi cerebro. Primero: No hay nadie mejor para despedir un poeta que otro par. He leído brillantes artículos, ensayos, poemas y reflexiones de mi hermano Tony Raful. Esta entrega de hoy no tiene iguales. Admito que me tocó muy de cerca, en lo más profundo de eso que llamo complejos laberintos interiores.               Segundo: Recordé, también a propósito de Raful, una crítica suya a mi pieza teatral «Obsesión en el 507». En el párrafo final de su reflexión crítica Raful hablaba, con pesar, de lo que desencadenó la obsesión de los dos personajes principales de la pieza en cuestión: la muerte equivocada. En dicha obra las dos mujeres obsesivas asesinan por error, o mala interpretación, a Luis Homero Borges (¿Los ciegos Homero y Borges?).
Visto así, entonces, el crimen era peor aún. Pues ocurre que el de Facundo Cabral parece ser el caso. Más grande es el dolor.
Leamos el brillante artículo de Tony. Les autorizo al concluirlo ponerse de pies y aplaudirlo. Para mi con ser su amigo es un gran lujo el que me doy.


 Lo mataron en la otra Guatemala…
(A José Antonio y Giovanny, amigos de Facundo)
Tony Raful

La clara tribu del alba se llena de sonidos, de polvo luminoso molido  en los ojos de un águila, de una vasija de ágata y ámbar que se derrama en la piel de un leopardo; alondras y doncellas enmudecen cuando el cielo baja a la deriva en un desacierto homicida. Han matado al poeta. Al canta autor que  citaba en versos  sentencias de amor, que prefiguraba la vida  como un ensalmo de latido y plata, que aludía a los grandes de verdad, que esculpieron las utopías, que dijeron que había que dar hasta que doliera, que no eran de aquí ni de allá, a los que hablaban en sueños, a los que escalaban montañas para estar más cerca del misterio, a los que escribían partituras para que la belleza se repartiera entre todos, en óperas y conciertos.
Bajo el techo de Casa de Teatro en Santo Domingo una pareja de amantes aprieta sus manos enlazadas cuando José Antonio canta sin entender apenas una desventura, un oleaje gris, un amigo que se va. En Buenos Aires y en Montevideo, muchachas como lámparas de hermosura, que se pasean alegremente,  sienten los vidrios rotos y el estallido de una larga herida, es Facundo Cabral quien muere con su jerga de bosque y juglar. Borges, ya ido, ya próximo, que cantó, “Por el misterio de la rosa/ que prodiga color y no lo ve”, ahora recibe en una jaula de noche y lluvia a Facundo que lo admiraba, ahora juntos  fascinan el brillar purpúreo de un cometa. Ahora  se desgasta el tiempo cautivo y Facundo, sultán de la lengua, atiza el brasero del universo, su espejo infinito de vidas y mundos. 
Hay una Guatemala, donde la niña se murió de amor, como  dijo el gran José Martí; una Guatemala de los  presidentes Arévalo y Arbenz;  del Premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias; una Guatemala de Otto René Castillo, el de “Vámonos Patria a caminar” por hondonadas y  abismos de miseria; la Guatemala de la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú; la de Ricardo Arjona; la que cedió generosa  sus pistas de aviación y sus fusiles para que saliera la expedición armada del 19 de junio de 1949, de Luperón,  a combatir a Trujillo; Guatemala, la del Quetzal, el ave intrépida que muere si la apresan; Guatemala, exótica y  bella, la de los volcanes,  húmeda y de vegetación exuberante.  Facundo Cabral murió asesinado en la otra Guatemala, en la de los verdugos y los sicarios, en la lóbrega estancia de los opresores, de los mafiosos, de los maras, de los desalmados.

domingo, 10 de julio de 2011

Testamento ético de Facundo.

Alguien me recordó ayer una de esas grandes expresiones de Facundo Cabral. Habló alguna vez de que debíamos desconfiar de la muerte de los genios  ya que por ser tales la saben disimular muy bien. Ojalá sea el caso; pero no...
Tony Raful publicará el martes en el Listín Diario y en esta La Pasión Cultural un artículo sobre Facundo excepcional. No se lo pierdan.
Mientras, les regalos dos poemas en los cuales Facundo parecía  haber escrito una especie de testamento ético. Aquí están. Son geniales: "El día que yo me vaya" y "Cuando vengas a buscarme".



El día que yo me vaya
Por Facundo Cabral


Cuando el Universo me abandone 
y el viento desgaste mis manos, 
y abrevie bien mis pasos, 
cuando el sol esté ausente del cielo 
y no me alcance el día. 
Cuando el mundo no me proteja del vacío, 
cuando el todo se aleje y se confunda en la nada, 
cuando en la noche se refleje mi antigua duda 
y ya no vea en ella mis ojos, 
entonces, cambiaré mi torpe cuerpo 
por las alas con las que entraré 
en la mañana del despertar eterno, 
más allá de los sucesos momentáneos. 
Extasiado por las sutiles y vagas nubes 
donde se repetirá la tenue luz que es la vida, 
a quien sabré de misterio entero 
para poder escribir, por fin, el poema.

Porque eso es la vida, 
un constante tejer y destejer 
de vagas sombras, 
sin más sentido que la belleza. 

 
La vieja luna de oriente 
y las campanas de Lorca, 
la llamarada de Whitman 
y la belga de Mallorca. 
El sol, el amado sol 
que enciende toda la vida, 
esa fiesta permanente 
por la que mi alma camina. 
El espíritu extasiado 
y la gloria de los días, 
la salud de Dinamarca 
y el encanto de Turquía. 
Una idea que armoniza 
con tantas otras ideas, 
dos hermanos en Tandil 
un abuelo en Galilea. 
Una madre que me espera 
y un padre que no conozco, 
Nueva York cuando la nieve 
y México cuando Orosco. 
Una milonga sureña 
un par de botas tejanas, 
una esperanza infinita 
y una flor en la ventana. 
Una canción inconclusa 
y un jorongo mexicano, 
amores en todo el mundo 
y nada preso en la mano. 
Un amigo en el desierto 
y un maestro en la montaña, 
la libertad más hermosa 
y la idea más extraña. 
Esas cosas dejaré 
el día que yo me vaya, 
querida perdóname 
si a ti no te dejo nada. 
Una cerveza en Holanda 
un pintor en Salamanca, 
una hoguera junto al nido, 
un poema en Casablanca. 
Una pregunta en el aire 
y una respuesta en el alma, 
las noches en el mar Rojo, 
y los veranos de España. 
La voluntad y el delirio, 
una vieja gorda griega 
un turbante del Neguet, 
dos máscaras, una quena. 
Esas cosas dejaré 
el día que yo me vaya, 
querida perdóname 
si a ti no te dejo nada. 
La lluvia sobre Marruecos, 
en el bolso, pan y queso, 
y la Biblia liberando 
a mis sueños y a mis huesos. 
La locura satisfecha 
y la conciencia tranquila, 
los temores que perdí 
en París o Alejandría. 
Amo y señor de mí mismo 
sin bandera y sin espada, 
al viento devolveré 
las maravillas prestadas. 
Las alegrías de ser 
y hacer lo que uno ama, 
querida perdóname, 
si a ti no te dejo nada.




Cuando vengas a buscarme 

Cuando vengas a buscarme 
estaré como ahora mismo, 
contento bajo este sol 
sin chaleco y sin anillo, 
sencillo. 
Cuando vengas a buscarme 
habré de estar bien despierto, 
en el medio del camino 
de las lluvias y de los vientos, 
atento. 
Voy a tener las manos 
de mil colores, 
de buscarla y buscarla 
entre las flores. 
Estallarán las uvas 
el mar, la tierra, 
porque será verano 
cuando ella vuelva. 
El cielo y las estrellas 
estarán cerca, 
tan cerca como el fuego 
la luz, la puerta. 
Cuando venga la amada 
que nunca he visto, 
como para la copla 
estaré listo. 
Cuando vengas a buscarme 
habrá un silencio profundo 
y sabré, por fin sabré 
cuál es el verbo del mundo. 
Cuando vengas a buscarme 
llorarán los que no entiendan 
pero será la gran fiesta 
para aquellos que comprendan. 
Yo voy a estar descalzo 
como se debe, 
y las manos amigas 
traerán claveles. 
Se quedará inconcluso 
el ancho verso, 
el día que me vaya 
con la que espero. 
Tendrá vestido negro 
y será abuela, 
y dejará en mi pueblo 
profunda pena. 
Cuando venga la muerte 
será sin llanto, 
igual que con la vida 
me iré cantando. 

sábado, 9 de julio de 2011

¡Es verdad, Giamilka, me mataron a Facundo!

¡Es verdad, 
Giamilka, 
me mataron 
a Facundo!

¡Y con él mataron acordes y muchas, muchas  poesías!

Cuando la hermosa Giamilka Román, sobreangustiada, me llamó —¡maldito el minuto en que lo hizo!— para decirme que Facundo había sido asesinado, no pude inmediatamente asimilarlo.

Demasiada poesía compartida, a su lado o a la distancia, para aceptar que de repente fue alevosamente aniquilado.

Porque tienes dos ojos para ver todo
desde el sol infinito al pequeño lodo.
porque diste dos pasos que yo no he dado
y no dudas de aquello que tanto amo.

Con él cultivé por mucho tiempo una amistad y muchos cariños. No importa donde estuviese, siempre encontraba un tiempo para llamarlo y algunas veces para encontrarnos en cualquiera de nuestras bohemias. La última vez que nos la dimos lo hicimos en el asadero argentino de nuestro común amigo Nestor. Esa noche me acompañaban, como refuerzos, los actores Juan Núñez y Hector Olivier. Comimos algunas carnes  y ensaladas. Por supuesto que el vino argentino corrió con abundancia. Luego Facundo se montó en mi sencilla camioneta gris de una sola cabina y nos dirigimos a su hotel. Confieso que no llegamos enseguida. En el trayecto sufrimos un percance. No fue una goma que se desinfló. No. No fue el combustible que se acabó. No. No fue el radiador del vehículo que se averió. No. No se trancó el motor por falta de aceite. No. No nos paramos a orinar en la carretera como hacemos correctamente los bohemios. No lo hicimos. Nos paramos por unas horas a comprar dos botellas más de vino y porque Facundo quiso esa noche dedicarme algunas canciones que cantó con su eterna compañera: la guitarra. Vestía con pantalones y abrigo de mezclilla y en una de las canciones que cantó de eso hablaba: de la ropa que cargaba. También, imagino que lo estaba improvisando, habló en una canción de la amistad con este hombre, hacedor eterno de teatro. Finalmente lo llevé al hotel, aunque al día siguiente temprano retomamos la poesía. 

Porque nunca preguntas y no divides 
Porque a pesar que sabes muy bien el verbo
me muestras el camino con el silencio.
Porque amas a cualquiera de los colores,
porque son sólo una todas las flores.
Porque ¡eres la medida del hombre a semejanza,
el espejo perfecto de la esperanza!
¡creo en Tí!
   


Cuando Facundo estuvo exiliado en México pasó por un momento de sequía intelectual. Se enfermó, y como Camus en su mismo estado, dejó de escribir por un tiempo. Luego regresó a la vida y cambió. Bueno el cambio en él, perfecto hijo de Heráclito, era una constante.

Por supuesto que una mañana despertó estando en México porque un amigo dominicano, ese era yo, lo estaba llamando. Sólo quería decirle que millones de sus amigos deseábamos que se levantara y volviera a caminar en escenarios. 

Lo hizo. No tengo que contar la historia. Él se encargó de hacerlo en todos sus versos.


Porque vive lo eterno en tu presente
y el más ancho horizonte brilla en tu frente.
¡Porque tienes dos manos que están clavadas
en el justo centro de la balanza!


Es un hecho, Gia: ¡lo mataron vilmente en Guatemala! Aseguran que ese país es quizás el más violento de toda la América. Los crímenes históricos y cotidianos allí se suceden con alarmante frecuencia

Nosotros, con el tono de voz, desde  acá los censuramos. Por este castigaré para siempre a Guatemala. Nunca le perdonaré este crimen que todos allí han cometido. Por lo tanto... allá nunca volveré. Y prohibo a cualquier pasionario que lo haga. Alguien tiene que pagar por ese crimen y dos o tres sicarios no me son suficientes para vengar al único Facundo de la tierra.

¡Porque en el mismo monte crucificaron
tu salud infinita y mis pecados!
¡Porque tienes el mismo Padre que tengo!
¡Y eres de Galilea como  mis sueños!                             
¡Creo en Tí!

No soy cristiano. Ni, siquiera, soy creyente. Tampoco soy ateo. Lo que siempre he sido... es un dudante. Por lo tanto no me pidan que perdone, como hacía aquel caminante de Nazaret de cuya existencia si que no tengo alguna duda.

Respecto a mi, Guatemala se ha buscado su destino. Como no tengo el poder de un dios atómico, lo único que puedo hacer es para siempre maldecirlo.

Me hija Fiora me ha enviado este poema de Facundo, es realmente una recopilación de versos que él mismo hiciera, que me sirve perfectamente para seguirlo llorando.



De tanto vagar por ahí no se por donde empecé, pero de cualquier manera vengo de donde viene usted, de la tierra que en silencio con el agua y con el fuego provoca toda la vida, sus alegrías, sus miedos. Entonces vengo del fruto centro mismo del incendio a contarle lo que he aprendido de la nuez, la flor, el siervo y aquello que no me acuerdo.
Le gustaba a mi caballo la tierra que abandone, lo deje con sus amores. Paisano, me fui de a pie.
Yo no camino derecho, siempre camino torcido, el que camina derecho conoce un solo camino. Tengo solo una cabeza un sombrero basta y sobra, pa' que me sirven dos camas si yo duermo en una sola.
Yo soy el gallo que canta anunciando el nuevo día.
Yo soy el viento del Sur que nunca llego a Bahía.
La ciudad no me convence y la paso de costado.
La escalera de cemento solamente hace esclavos.
La mentira no me gusta y por eso nunca miento.
Simplemente cuando canto sueño y al soñar invento.
Si yo digo lo que digo no es porque me sobre ciencia.
Yo no soy el que se mueve es el mundo que da vueltas.
He visto las maravillas que son posibles de ver, es decir todas las cosas, las imposibles también.
Vi a las diosas que soplaban pa´ que el mundo diera vueltas.
Y vi que pa´ ir al cielo son infinitas las puertas.
Desde el gusano a la hoja anduve la vieja planta y supe donde la mar olvida el sol y lo canta.
Espejo fui del espejo pa´ que comprenda la nada.
Y conocí las miserias en la bandeja de plata.
Alguna vez por adentro me camino lo de afuera, mi Dios yo fui el universo y no supe lo que era.
Fui grande y después pequeño pa´ ver que no hay diferencia y me fui lejos del pago pa´ conocer la querencia.
Hice una mesa y un pan que son la mejor canción pa´ enamorar a la Juana, la Juana Legizamón.
Si Señor.
Yo no soy lo que parezco sino lo que mi alma sueña.
Y si me caigo en los pozos es por mirar las estrellas.
Yo sueño panes enteros en un mundo de migajas.
Respiro fuerte y no muero porque no me da la gana.
Yo soy de los que caminan, yo no soy de los que marchan.
Nunca voy con los que lloran y siempre con los que cantan.
Soy el esclavo mas libre, esclavo de lo que amo.
La libertad y la belleza saben bien de quien les hablo.
No pierda tiempo paisano esperando por el tren, que pa´ andar la vida solo se necesitan los pies.
Caminante, caminante no confundas tu destino, que una cosa es la tierra y otra cosa es el camino.
Porque el tiempo le sobraba pa´ lo poco que sabia, el hombre invento la guerra por no conocer la vida.
El saber es necesario como el árbol pa´ la sombra, en manos del que no sabe la manzana es una bomba.
Del cañón hay que zafarse porque nunca dice nada, la violencia trae violencia pero nunca la esperanza.
No hay historia de segundos pero menos de terceros.
La cuenta comienza en uno y termina con el 0.
Yo no soy quien te aconseja, dale las gracias al tiempo.
Que del tiempo viene todo, todito lo que te cuento.
 


Asesinan a Facundo en Guatemala


Asesinan a Facundo Cabral en Guatemala

Déjenme llorarlo con algunos de sus versos:

—"Si hay que contar una historia tengo una sola que declarar y es que derroté a la tristeza una mañana junto a la mar."

—"Soy el oeste del tiempo. Libre y sediento como la mar. El que jamás pisa fuerte, hombre de siempre y ningún lugar."
—El bendito día que vengas a buscarme dejarás en mi pueblo profunda huella. Habré de estar bien despierto, tranquilo bajo este bajo este sol,  sin abrigo... sencillo. Igual que con la vida me iré cantando.—"Te quiero a la una, a las dos y a la siempre. Te quiero con todo lo que soy... incluyéndome a mi mismo."
—"Si yo golpeo tu puerta no te vas a confundir, no es para entrar que golpeo, golpeo para salir.˝—"Desde el gusano a la hoja anduve la vieja planta y supe donde la mar olvida el sol y no canta"
—"He pensado mucho en ti; pero no me digas nada. Imagínalo tan sólo como yo lo imaginara." 













El cantautor argentino  fue asesinado a tiros este sábado en la capital de Guatemala, donde había dado dos conciertos la última semana.
“No se cómo pasó y por qué razón, porque Facundo es un hombre reconocido en todo el mundo y creo que nadie tiene un interés” en matarlo, dijo su representante, David Llanos, a periodistas en el sitio del crimen.
Cabral, de 74 años, se presentó en dos ocasiones en Guatemala, el martes y jueves, y se dirigía al amanecer de este sábado desde el hotel hacia al aeropuerto internacional La Aurora de la capital para viajar a Nicaragua cuando su vehículo fue atacado a tiros por desconocidos.
El artista recibió varios impactos de bala y murió en el lugar del ataque, perpetrado el día en que Argentina conmemora su declaración de Independencia.
“Estábamos yendo al aeropuerto para Nicaragua. No sé nada más y no sé que ocurrió, pero es de lamentar y es aterrador”, dijo Llanos.
Otro vehículo, en el que viajaban sus guardaespaldas, recibió unos 25 disparos, pero nadie salió herido, dijo la policía.
El presidente de Guatemala, Álvaro Colom, “está consternado por este hecho cobarde”, dijo el secretario de Comunicación Social de la Presidencia, Ronaldo Robles.
Guatemala tiene una de las mayores tasas de homicidios de América Latina, 18 al día, y la inseguridad es el mayor problema de sus habitantes, que viven a merced de las temidas maras o pandillas y poderosos carteles de drogas.
“Es triste que este hombre que le cantaba al amor, a la paz y a la alegría haya perdido la vida por unos bastardos en Guatemala”, dijo Robles.
Cabral había nacido el 22 de mayo de 1937 en la ciudad argentina de La Plata, 60 km al sur de Buenos Aires, y además de ser cantante era reconocido por sus composiciones y sus producciones musicales.
En el recital del martes, al que asistieron 5.000 personas, Cabral se despidió del público guatemalteco diciendo: “Ya les di las gracias a ustedes (…) y que después sea lo que Dios quiera, porque él sabe lo que hace”.


En La Pasión Cultural estamos consternado. Reproducimos como un póstumo homenaje una entre vista que Facundo diera, hablando sobre la violencia, en 2009.

“La violencia es una estupidez”

Esta es una entrevista que le realizó Prensa Libre a Facundo Cabral durante el 2009. En ella el cantautor expresó que “la vida es un regalo”. Asimismo, habló sobre su amor por este país, en el que fue asesinado hoy. 

POR REDACCIÓN BUENA ESPECTÁCULOS
“La vida es un regalo”
Por Alfredo Vicente
Con motivo de despedirse de los escenarios y ofrecer un último recital en los países que lo vieron crecer como artista, el músico argentino Facundo Cabral se presentará en el país. El reconocido cantautor de 71 años, quien se reencontrará con su público de Guatemala el 24 de abril en la sala Efraín Recinos del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, conversó vía telefónica con Prensa Libre acerca de su trayectoria, el papel de la música en la paz, y su próximo paso en la vida.
¿Qué es lo que más recuerda de este país?
Tengo amistad con Guatemala desde hace muchos años. Hace alrededor de tres décadas que fui a cantar allí por primera vez. Recuerdo que visité Chichicastenango, Quetzaltenango y Antigua. Tengo mucho aprecio por ese país, del cual he aprendido mucho, como es el caso de la literatura. Guatemala siempre ha sido un lugar luminoso para mí, y estoy muy feliz de ir.
¿A qué se debe esta nueva gira?
Es una despedida porque físicamente estoy ya muy débil, por la edad, y este año voy a despedirme de unos cuantos países muy queridos. El show será un repaso, una cuenta final... Es más, será un testamento de mi experiencia que le dejo a los jóvenes que empiezan a vivir.
¿Y qué contiene ese testamento?
Que la vida es un regalo inapreciable, que nacemos para vivir, y que solamente se puede vivir en amor.
¿Qué ha aprendido después de viajar por tantos países?
Los países como Perú, Guatemala, México y Ecuador, donde ha habido culturas precolombinas, e India sobre todo, han sido una gran escuela para mí. Europa también me ha enseñado mucho, artísticamente e intelectualmente, sobre todo Francia, Italia, España y Portugal, de donde provenían mis parientes. Estoy muy agradecido con el mundo. Desde el 1 de enero de 1960 he caminado 165 países. No soy muy competitivo, pero es todo un récord.
¿Fue precisamente la música lo que lo motivó a conocer tantos lugares?
Empezó por el cristianismo. La provocación que tuve para caminar el mundo fue la gran noticia que trajo Jesús: Que solo uno es el Padre. La noticia me excitó y ahí supe que si uno solo es el padre, la humanidad es una sola familia...Somos un solo país, lo que no entiendo es cómo hay tanta gente que no lo comprende.
¿Cuál es su mensaje para el público de Guatemala, donde se vive hoy con mucha inseguridad?
La violencia se ha globalizado. La violencia... que es una estupidez. El papa Juan Pablo II decía que había que globalizar la solidaridad. Somos hermanos, vivimos mucho mejor cuando nos respetamos... La vida es maravillosa, de lo contrario tenemos un conflicto tremendo. Somos muy ignorantes y la ignorancia es suicida. El sabio no mata, convive. Ni somos ni de izquierdas ni de derechas, el universo incluye izquierda, derecha, arriba y abajo (se ríe).
¿Hay esperanza por medio de la música?
Si no tuviéramos esperanza en el fondo del corazón no nos levantaríamos cada mañana.
¿Seguirá fuera de los escenarios artísticamente?
Ya no creo que vuelva a viajar, y por primera vez me quiero quedar quieto. Sospecho que me voy a quedar en comunicación con mucha gente en el mundo porque ahora me van a ayudar a estar en contacto con los jóvenes por medio de Internet. Artísticamente lo veo difícil, porque apenas camino y veo poco. Mi esqueleto ya no quiere seguir. Estoy muy agradecido con Dios y tengo la necesidad de compartir para darle las gracias.
¿Y cómo va a compartir con la gente ahora?
Por medio de experiencias de vida, porque la experiencia personal es lo que más llega a la gente. Porque a mí no me contaron que la vida es una fiesta, lo comprobé. No me contaron que el mundo es muy rico, yo lo caminé. La Madre Teresa, quien fue una gran amiga, decía que yo no era artista, que yo era testigo porque daba testimonio de vida, y tenía razón. Y así lo veo porque hice de mi vida una obra de arte, y esa obra no está en los libros ni en la música. Mi obra de arte es vivir, y realmente pertenece a Dios, quien me llevó de la mano.



viernes, 8 de julio de 2011

El Gabo, Fuentes, Styron y Clinton.

Nota al margen: Hace algunos años leí en el periódico Hoy este artículo ( creo que el mismo día si mal no recuerdo publiqué otro mío) que mi amigo y cineasta Juan Basanta me acaba de enviar sólo para volver a disfrutarlo.
Conversaba con Basanta sobre el tópico y ambos estuvimos de acuerdo de que el valor sociocultural de este artículo de García Marquez estaba vivo y debía La Pasión Cultural re-publicarlo a su estilo. Lo hacemos con vivo placer.
¡Qué bien suelen escribir los genios de la Literatura.
El amante inconcluso
Gabriel García Márquez 


El Gabo y Clintom
Lo primero que llama la atención de William Jefferson Clinton es su estatura. Lo segundo es un poder de seducción que infunde desde el primer saludo una confianza de viejo conocido. Lo tercero es el fulgor de su inteligencia, que permite hablarle de cualquier asunto, por espinoso que sea, siempre que se le sepa plantear. Sin embargo, alguien que no lo quiere me previno: "Lo peligroso de esas virtudes es que Clinton las usa para que crean que nada le interesa tanto como lo que uno le dice". Lo conocí en una cena que el escritor William Styron ofreció en su casa veraniega de Martha's Vineyard en agosto de 1995. Clinton había dicho en la primera campaña presidencial que su libro favorito era Cien años de Soledad. 

Bill Clinton y su gato
Yo dije y se publicó en su momento que aquella frase me parecía una simple carnada para el electorado latino. Él no lo pasó por alto: lo primero que me dijo después de saludarme en Martha's Vineyard fue que su declaración había sido sincera. Carlos Fuentes y yo tenemos razones para pensar que aquella noche vivimos un buen capítulo de nuestras memorias. Clinton nos desarmó desde el principio con el interés, el respeto y el sentido del humor con que trató cada una de nuestras palabras como si fueran oro en polvo. Su talante correspondía a su aspecto. Tenía el cabello cortado como un cepillo, la piel curtida y la salud casi insolente de un marinero en tierra, y llevaba una sudadera pueril con un crucigrama estampado en el pecho. Era, a sus cuarenta y nueve años, un sobreviviente glorioso de la generación del 68, que había fumado marihuana, cantaba de memoria a los Beatles y protestaba en las calles contra la guerra de Vietnam.

Carlos Fuentes
La cena empezó a las ocho y terminó a la media- noche, con unos catorce invitados a la mesa, pero la conversación se redujo poco a poco a una suerte de torneo literario entre el Presidente y los tres escritores. El primer tema fue la inminente reunión de la Cumbre de las Américas. Clinton quería que fuera en Miami, como lo fue en realidad. Carlos Fuentes pensaba que Nueva Orleáns o Los Ángeles tenían más créditos históricos, y él y yo los defendimos a fondo, hasta que se vio claro que el Presidente no cambiaría de idea porque contaba con Miami para la reelección. "Olvídese de los votos, señor Presidente", le dijo Carlos Fuentes. "Pierda la Florida y gánese la historia". La frase marcó el tono. Cuando hablamos del narcotráfico el Presidente oyó mi opinión con oídos benévolos: "Los treinta millones de drogadictos de los Estados Unidos demuestran que las mafias norteamericanas son mucho más poderosas que las de Colombia y mucho más corruptas sus autoridades". 

Fidel Castro y García Marquez
Cuando le hablé de las relaciones con Cuba pareció aun más receptivo: "Si Fidel y usted pudieran sentarse a discutir cara a cara no quedaría ningún problema pendiente". Cuando hicimos un repaso espectral de América Latina supimos que su interés era mucho mayor de lo que suponíamos pero le faltaban datos esenciales. Cuando la charla amenazó con volverse demasiado formal le preguntamos por su película favorita y contestó que era High Noon, de Fred Zinnemann, a quien había condecorado días antes en Londres. Cuando le preguntamos qué estaba leyendo lanzó un suspiro de alivio y mencionó un libro sobre las guerras económicas del futuro, cuyo título y autor no reconocí. "Mejor lea el Quijote", le dije. "Ahí está todo". La verdad es que ese libro único no se lee tanto como se dice, pero muy pocos admiten que no lo han leído. Clinton demostró con dos o tres frases que lo conocía muy bien. Entusiasmado, nos preguntó por nuestros libros preferidos. Styron le contestó que el suyo era Huckleberry Finn de Mark Twain. Yo hubiera escogido Edipo Rey de Sófocles, que es mi libro de cabecera desde los veinte años, pero preferí El Conde de Montecristo, sólo por razones técnicas que me costó mucho explicar. Clinton dijo que el suyo eran las Meditaciones de Marco Aurelio, y Carlos Fuentes no vaciló por Absalón Absalón, sin duda alguna la novela estelar de William Faulkner, aunque otros preferimos Luz de agosto por gustos personales. Clinton, como homenaje a Faulkner, se puso entonces de pie y con largas zancadas alrededor de la mesa recitó de memoria el monólogo de Benji, que son las páginas más asombrosas pero también las más herméticas de El Sonido y la Furia. Faulkner nos llevó a preguntarnos una vez más sobre las afinidades entre los escritores del Caribe y la pléyade de grandes novelistas del Sur de los Estados Unidos. Nos parecieron más que lógicas, si tomábamos en cuenta que el Caribe no es en realidad un área geográfica, circunscrita al mar, sino un espacio histórico y cultural mucho más vasto, que abarca desde el norte del Brasil hasta la cuenca del Mississipi. Mark Twain, William Faulkner, John Steinbeck, y tantos otros, serían entonces tan caribes por derecho propio como Jorge Amado y Derek WalcottClinton -nacido y formado en la sureña Arkansas- celebró la ocurrencia y proclamó con alegría su propia filiación caribe. 

Clinton y Hilary
Entonces iban a ser las doce de la noche, y tuvo que interrumpir la charla para contestar una llamada urgente de Gerry Adams, a quien autorizó desde aquel momento para recaudar fondos y hacer campaña en los Estados Unidos a favor de la paz en Irlanda del Norte. Este debió de ser el final histórico para una noche inolvidable, pero Carlos Fuentes lo llevó más lejos cuando le preguntó al Presidente a quiénes consideraba sus enemigos. La respuesta fue inmediata y brutal: "Mi único enemigo es el fundamentalismo religioso de derecha". Dicho esto concluyó la cena. Las otras veces que lo vi, en privado o en público, me dejó la misma impresión que la primera: Bill Clinton era todo lo contrario de la idea que los latinoamericanos tenemos sobre los presidentes de los Estados Unidos. 

Clinton el músico
Ahora bien: ¿sería justo que este raro ejemplar de la especie humana tuviera que malversar su destino histórico sólo porque no encontró un rincón seguro donde hacer el amor? Pues ese es el caso: el hombre con más poder sobre la tierra no ha logrado consumar sus ardores secretos por el estorbo invisible de un servicio de seguridad que sirve mejor para impedir que para proteger. No hay cortinas en las ventanas de la Oficina Oval ni un cerrojo de caridad en el baño reservado a las obras mayores del Presidente. El florero que se ve a sus espaldas en las fotografías de su escritorio ha sido denunciado por la prensa como un escondite de micrófonos para consagrar en documentos de Estado los misterios de las audiencias. Más triste, sin embargo, es que el Presidente sólo quiso hacer algo que el común de los hombres ha hecho a escondidas de sus mujeres desde el principio del mundo, y la estolidez puritana no sólo impidió que lo hiciera sino que le negó hasta el derecho de negarlo.

Mónica y Bill sin el cigarro
La literatura de ficción la inventó Jonás cuando convenció a su mujer de que había vuelto a casa con tres días de retraso porque se lo había tragado una ballena. Amparado en esa argucia atávica, Clinton negó ante la justicia que hubiera tenido alguna relación sexual con Mónica Lewinsky, y lo negó con la cabeza en alto, como todo infiel que se respete. A fin de cuentas, su drama personal es un asunto doméstico entre él y Hillary, y ésta lo ha respaldado ante el mundo con una dignidad homérica. Perfecto: una cosa es mentir para engañar y otra bien distinta es ocultar verdades para preservar esa instancia mítica del ser humano que es su vida privada. Con todo derecho: nadie está obligado a declarar contra sí mismo. De haber persistido en la negativa inicial, a Clinton lo habrían procesado de todos modos -pues de eso se trataba- pero es mucho más digno ser perjuro en defensa del fuero interno que ser absuelto contra el amor. 

La picardía del Gabo
Por desgracia, con la misma determinación con que negó la culpa la admitió más tarde, y siguió admitiéndola por todos los medios impresos, visuales y hablados hasta la humillación. Error mortal de un amante inconcluso cuya vida secreta no pasará a la historia por haber hecho mal el amor sino por haberlo vuelto todavía menos eterno de lo que suele ser. Llegó hasta el escarnio de someterse al sexo oral mientras hablaba por teléfono con un senador. Se suplantó a sí mismo con un cigarro frígido. Apeló a toda clase de artificios elusivos para burlar a natura, pero cuanto más lo intentaba más motivos contra él encontraban sus inquisidores, pues el puritanismo es un vicio insaciable que se alimenta de su propia mierda. Ha sido una vasta y siniestra confabulación de fanáticos para la destrucción personal de un adversario político cuya grandeza no podían soportar. Y el método fue la utilización criminal de la justicia por un fiscal fundamentalista llamado Kenneth Starr, cuyos interrogatorios encarnizados y salaces parecían excitarlos hasta el orgasmo.

Los Clinton y los Pastrana en la Casa Blanca
El Bill Clinton que encontramos hace cuatro meses en la cena de gala que ofreció al presidente Andrés Pastrana en la Casa Blanca, era un hombre distinto. Ya no era el universitario desprejuiciado de Martha's Vineyard, sino un convicto enflaquecido e incierto, que no lograba disimular con una sonrisa profesional el mismo cansancio orgánico que destruye a los aviones: la fatiga del metal. Días antes, en una cena de periodistas con la señora Katharine Graham, la dama de oro del Washington Post, alguien había dicho que a juzgar por el juicio de Clinton los Estados Unidos seguían siendo el país de Nathaniel Hawthorne. Aquella noche en la Casa Blanca lo entendí en carne viva. Se referían al gran novelista norteamericano del siglo anterior, que denunció en su obra los horrores del fundamentalismo en la Nueva Inglaterra, donde quemaron vivas a las brujas de Salem. Su novela capital, La Letra Escarlata, es el drama de Hester Pryme, una joven casada que tuvo un hijo secreto de un hombre que no era el suyo. 

Tony Morrison, Nobel de Literatura.
Un Kenneth Starr de la época le impuso el castigo de llevar de por vida una camisa de penitente con la letra A del código puritano con el color y el olor de la sangre. Un agente del orden la seguía a todas partes con un tambor batiente para que los transeúntes se apartaran a su paso. El desenlace, por cierto, podría quitarle el sueño al fiscal Starr, pues el padre clandestino de la hija de Pryme resultó ser el ministro del culto que la martirizó hasta la muerte. La técnica y la moral del procedimiento fueron en esencia las mismas. Cuando los enemigos de Clinton no encontraron méritos para juzgarlo por lo que querían, lo acosaron con interrogatorios minados hasta que lo pillaron por aquí y por allá en trampas secundarias. Entonces lo forzaron a acusarse en público a sí mismo, y a arrepentirse incluso de lo que no había hecho, en vivo y en directo, a través de una tecnología de la información universal que no es más que la versión trimilenaria de los tambores persecutorios de Hester Pryme. Por las preguntas del fiscal, capciosas y concupiscentes, hasta los niños de pecho se enteraron de las mentiras que sus padres les contaban para que no supieran cómo los habían hecho. Vencido por la fatiga del metal, Clinton llegó hasta la locura imperdonable de castigar a sangre y fuego a un enemigo inventado a cinco mil trescientas noventa y siete millas náuticas de la Casa Blanca, sólo para desviar la atención de su desgracia personal. Tony Morrison, premio Nobel de Literatura y gran escritora de este siglo agonizante, lo resumió con una plumada genial: "Lo trataron como a un presidente negro".

miércoles, 6 de julio de 2011

La elegante Pintura de Paniagua

La pintura de mi amigo Octavio Paniagua es elegante, delicada, de trazos suaves aunque firmes. Su técnica es depurada. Sus creaciones plásticas han logrado tal perfección que se podría hablar de ellas como gramáticas visuales. En las paredes de mi casa tengo tres de sus aguadas que son el asombro de quienes me visitan y el deleite de mi espíritu, que algunas veces requiere por horas contemplarlas. 
He querido compartir el trascendente arte de este notable pintor dominicano y no ser tan egoísta como para dejarlo simplemente en mis paredes.






martes, 5 de julio de 2011

Una cultura urbana que se anida


Una cultura urbana que se anida
La Pasión Cultural
Carlos Andujar

Nota al margen: Ayer teníamos montado este trabajo de mi admirado y respetado amigo y brillante intelectual Carlos Andújar. Empero, cuando estábamos listos para dar la orden a uno de mis dedos que pinchara en el botón de publicar, nos llegó un artículo sobre el condotado investigador de la autoría del no menos brillante historiador cubano José Abreu Cardet. Le dimos paso, primero, a las muy justas poderaciones que hacía hacía Abreu Cardet sobre el sociólogo y antropólogo cultural Carlos Andújar. Hoy publicamos el artículo de Carlos, que es una muestra palpable de toda su cultura y su sapiencia.
Las transformaciones sociales que vive la sociedad dominicana en todos los aspectos de la dimensión social y cultural es notable en las modalidades y estilos de vida que acompaña a la ciudad de Santo Domingo y la ciudad de Santiago, que siguen siendo las de mayor impacto social y cultural del país.

No solo los graffittes son un símbolo urbano presentes en la ciudad de Santo Domingo y Santiago, sino también los desplazamientos en las convocatorias y encuentros sociales que cada fin de semana y hasta los días comunes de la semana, es posible observar en los Centros y Plazas Comerciales cada vez mas concurridas y visitas por distintos públicos, dominantemente jóvenes.

La música y formas de diversión expresan otras experiencias, otras visiones y otros gustos. Lógicamente que hay en todo esto también una impronta social y de clase evidente y que refleja precisamente estos procesos de exclusión pero igualmente cercanos a esta nueva cultura urbana que domina la sociedad actual.

Posiblemente convocados por el celular, estos jóvenes han ido ganando espacio social y la ciudad se va definiendo a partir de sus intereses comunes y generacionales.

La ciudad lleva un ritmo metamórfico que a veces asusta, en su paisaje urbanística, arquitectónico, y de socialización. No es preocupante sin embargo, que este avasallante e improbable detenimiento de cambios, no sugiere en nosotros temores. Cada generación es hija de sus utopías y expectativas y le impregna a la sociedad, sus estilos, grupos y mundo cultural, su manera de asimilación del referente histórico, social, cultural de su contemporaneidad, a veces lo que se divorcian, son las viejas generaciones en la forma en que estos son, no solo interpretados sino, y sobre todo, explicados.

La visión de que estos jóvenes no tenían sueño, se opuso en la ocasión de la demostrabilidad militante y desde la ciudad de Santo Domingo y Santiago, se levantó un movimiento social urbano, de reafirmación de una pertenencia alrededor de los que muchos han llamado la ola amarilla (Coalición Digna, 4 % a la educación, rechazo a la cementera en los Haitises, y otros movimientos jóvenes como Toy Jarto, La Multitud, etc.), capaz de frenar la razón de Estado.

Desde las ciudades se experimentan alteraciones del patrón de vida y al mismo tiempo nos indica un dominio eminentemente urbano de las ciudades, que nos obliga a pensarla como laboratorio de los desafíos del porvenir.

Concentrando la mitad de la población del país, Santo Domingo y Santiago, son espacios de vida que marchan a pesar de las amenazas sociales, de los traspiés de la política, del atraso social de una vida urbana moderna, de espacios públicos limitados y riesgos. Ciudades cargadas de un surrealismo caribeno pero profusamente reafirmada en su historicidad romántica y de su tradicionalidad mimética.

La ciudad de Santo Domingo, mas que Santiago, se compromete cada día a ser vida en su propia densidad, en su mismicidad poética desplazada por una cotidianidad e inmediatismo tercermundistas, que oculta sus secretos y nos convoca a descubrir sus encantos y vivirla, a contrapunto de la modernidad, en una postmodernidad cosmopolita y atemporal.-