I (3)
Grato y feliz, a tus feroces males
contender y vencer me fue otorgado;
ahora triste, a menudo, el pecho baño
contra mi voluntad, y sé ya cuanto vales.
Y si los dañinos y pretéritos dardos
no causaron grave quebranto al corazón,
puedes ahora tu mismo a golpes vengarte
con estos ojos bellos, asestándolos mortales.
Cual de muchos lazos y de muchas redes
un leve pajarillo por maligna suerte
años escapa para luego morir mas malamente,
igual conmigo Amor, cual veis, señoras,
un tiempo, se me ocurre, me ha guardado,
por darme en esta edad mas cruel muerte.
Escrito poco después de 1504. Es soneto dirigido al Amor. Ese Amor le ataca en la edad madura. El poema se conserva en un folio donde hay también dibujos de caballos, y un esbozo de batalla entre caballeros e infantes.
II (4)
¡Cuánto se goza, alegre y bien tejida
sobre cabello de oro, de flores, la guirnalda,
unas a otras empujándose adelante
por besar las primeras su cabeza!
Contento todo el día está el vestido
que el pecho agrieta y que aún se alarga,
y lo que de oro hilado se pregona
cuello y mejillas de tocar no cesa.
Pero más alegre la cinta que se goza,
con dorada punta, de tal modo hecha,
que aprieta y toca el pecho al que enlaza.
Y el cinturón sencillo que se anuda
parece que se diga: Aquí ceñiré siempre.
¡Qué no será lo que mis brazos hagan!
III (5)
Se me ha hecho ya buche en la fatiga,
como a los gatos hace el agua en Lombardia,
o en cualquier otra región en que esto ocurra,
que a fuerza el vientre se junta a la barbilla.
Siento la barba al cielo y en el dorso
la memoria, y tengo el pecho de una arpía,
y el pincel sobre el rostro, goteando,
me lo va convirtiendo en pavimento rico.
Los riñones me han entrado hasta la panza,
y hago del culo en contrapeso grupa,
y en vano sin los ojos pasos muevo.
Por delante se me estira la corteza
y por plegarse atrás ahí se me arruga,
extiéndome como un arco de Siria.
Más falaz y extraño
el juicio brota que la mente lleva,
pues tira mal la cerbatana rota.
Mi pintura muerta
defiende en adelante, Juan, y el honor mío,
pues no estoy en mi sitio ni pintor me digo.
SONETO 5: [YA ME HA NACIDO UNBUCHE EN ESTA FATIGA]
Yame ha nacido un buche en esta fatiga,
comoel agua hace a los gatos en Lombardía
o encualquier otro lugar que exista
dondea la fuerza vientre y mentón se arriman.
Labarba al cielo, y la memoria siento
sobrela joroba, y tengo el pecho de arpía,
y elpincel sobre el rostro todavía
loconvierte, goteando, en rico pavimento.
Ylos lomos me han entrado en la panza,
y hagodel culo contrapeso de la grupa,
y sinlos ojos doy pasos en vano.
Pordelante se me alarga la corteza,
y paraplegarse atrás se amontona,
y metiendo como un arco de Soria.
Por eso falaz y extraño
surgeel juicio que la mente aporta,
puesmal se trae por cerbatana torcida.
Mi pintura muerta
defiendeya, Juan, y mi honor,
que noes este buen lugar, ni yo pintor.
Giovanni de Pistoia fue un literato, amigo un tiempo muy apasionado de
Miguel Ángel, a quien dedicó sonetos casi amorosos. Luego surgierondesavenencias en la amistad.
Giovanni llegó a ser canciller de la florentina
Academia degli Umidi y demás de sonetos y rimas, escribió una comedia,
La Giogia. En la época de suamistad con
Miguel Ángel, Giovanni era joven.
IV (6)
Señor, si es verdad algún proverbio antiguo,
es el que dice que quien puede mas no quiere.
Has creído en fábulas y palabras vanas
y premiado a quien es de la verdad enemigo.
Yo soy y fui tu buen siervo antiguo
y a ti dado como al sol los rayos,
mas de mi tiempo ni te compadeces ni te cuidas,
y menos te plazco, cuanto más me afano.
Yo esperé ascender hacia tu alteza,
y tu equilibrio justo y potente espada
mi ayuda fuesen, y no la voz del eco.
Mas el propio cielo desdeña situar cualquier
virtud en el mundo, queriendo que vayamos
a coger el fruto del árbol que esta seco.
V (10)
Aquí se hacen yelmos y espadas de los cálices
y la sangre de Cristo se vende a manos llenas,
y cruces y espinas son lanzas y rodelas,
y hasta la paciencia de Cristo se acaba.
Mas Él no debiera volver a estas regiones,
si hasta las estrellas llegase su sangre,
ahora que en Roma le venden la piel
y a toda bondad clausuran las sendas.
Si tuviese yo deseos de perder tesoro,
pues que aquí ya he perdido mi trabajo,
puede el del manto hacer lo que Medusa en Moro;
mas si al alto cielo la pobreza agrada
¿qué hacer para retornar a nuestro estado,
si otra señal a la otra apaga?

VII (25)
Cuando al siervo el señor con áspera cadena
sin otra esperanza en cárcel tiene preso,
tanto se habitúa a su mísero estado
que apenas llega a reclamar ser libre.
Aun al tigre o la sierpe el hábito refrena,
y hasta al fiero león en las selvas nacido;
y el nuevo artista cansado del trabajo,
habituándose al sudor amengua su fatiga.
Mas a imagen tal el fuego no se une;
pues si el humor de un leño verde apaga
al frío viejo lo calienta y nutre,
y tanto en verde edad lo torna y estimula,
renueva e inflama, alegra y hace joven,
que con su aliento amor alma y corazón ciñe.
Y si se burla o finge,
quien dice que es vergüenza en la vejez
amar a un ser divino, seguro miente.
El alma que no sueña,
no peca por amar las cosas naturales,
utilizando peso, término y medida.

VIII (34)
La vida de mi amor no está en mi corazón,
pues corazón no tiene el amor con que te amo;
que donde hay cosa mortal, llena de error,
no puede él morar, ni pensamiento indigno.
Al separarse el alma y Dios, Amor
me dio un ojo sano, y a ti luz y esplendor;
dejar de verlo así o puede en esa parte
que muerte en ti, por nuestro mal, mi gran deseo.
Como del fuego el calor dividirse no puede,
tampoco mi juicio de la belleza eterna,
cuando exalta, pues de ella viene, cuanto le asemeja.
Ya que en tus ojos está entero el paraíso,
por retornar ahí donde te amé primero,
ardientemente voy yo bajo tus cejas.
Espíritu bien nacido, en el que se espeja y ve
en tus hermosos miembros caros y honestos
cuanto cielo y natura en nosotros pueden hacer,
cuando a ninguna otra su bella obra ceden:
Espíritu delicioso, en el que se espera y cree
por dentro, cual aparece en el rostro afuera,
amor, piedad, merced, tan raras cosas,
cual nunca con fe tal se unieron en belleza.
Me cautiva el amor, y la beldad me ata;
la piedad, la merced con su mirar suave
quieta esperanza al corazón le otorgan.
¿Qué uso o qué gobierno niega al mundo,
qué crueldad de hoy o cual mas tarde,
que no perdone muerte obra tan hermosa?

X (42)
Dime de grado, Amor, si estos mis ojos
de veras ven a la beldad que aspiro
o si va dentro en mi, y a donde miro,
veo esculpido entonces su rostro.
Tú lo debes saber, pues que con ella vas
a arrancarme la paz y darme enojo;
mas perder no querría un mínimo suspiro,
ni pedir otro fuego de mas breve ardor-
-La belleza que ves en verdad está en ella,
pero crece al subir hasta un lugar mejor,
y por los ojos mortales viene el alma.
Ahí divina se vuelve, honesta y bella,
pues semejante a sí es todo lo inmortal:
Y esta, no aquella, se llega hacia tus ojos.