martes, 16 de agosto de 2011

Dos posiciones culturales

Dos posiciones culturales:
Mi dilecto amigo Carlos Francisco Elías ha escrito un comentario crítico sobre las posiciones y proyecciones culturales en la campaña electoral que realizan en este momento los respectivos comandos de campaña de los candidatos Hipólito Mejía y Danilo Medina. Los planteamientos de Elías están formulados con rigor y caballerosidad. Algo que debe reconocerse, se esté o no de acuerdo con ellos. Eso entendió Tony Raful, presidente del Comando Cultural del PRD, como se traduce de la elegante respuesta que da a su también amigo Carlos Francisco Elías.
Leyendo el contenido de ambos artículos, uno puede prever que, al menos en los aspectos culturales, la campaña será rica en debates de categoría y sapiencia. Sabemos que el escritor Pedro Bergés, un hombre culto, decente y presidente La Alianza Cultural del PLD, anda por esta misma onda. Y, por supuesto, en La Pasión Cultural abriremos espacio para cuando el amigo Bergés desee plantear sus posiciones culturales.
Entendemos que estamos frente a un momento trascendental de la cultura. Nos jugamos el futuro en este aspecto. ¡Qué bueno que ambos comandos de campana están liderados por gente de reconocida trayectoria cultural y de una aplaudible buena educación!

Sin más dilaciones leamos los dos artículos de marras.

PAPELES DEL TRÓPICO
como ayuda memoria.



FRENTES CULTURALES Y ELECCIONES 2012 : 
¿MAS DE LO MISMO ?



Por: Carlos Francisco Elías


La vieja historia de  que a la clase política dominicana, no le interesa la cultura, no  es tan vieja, en todo caso sigue vigente como un evangelio desgarrado. A una década de cultura perdida (que curiosamente incluye a los dos partidos contendores y sus gobiernos), se observan los aprestos acríticos frente al mismo tema, como si el tiempo y el cansancio de lo mismo, hasta la saciedad, no ejerciera su acción en el tiempo.

El proselitismo en la cultura incluye parcialidad con las ideas con el pasado y con el presente, en la medida en que  el que no está en el poder, tampoco toca ni con el pétalo de una rosa (lo adecuado) al que está.

El tema de si ha existido oposición cultural, sería el tópico adecuado para otro artículo, pero vale recordarlo
 
De modo que la situación está servida y uno entonces se pregunta con sentido crítico y pensamiento libre: ¿Cada 4 años para qué se hacen los frentes culturales y las agrupaciones culturales que apoyan a candidatos?...

En el caso del PRD, a estas alturas, una de las tareas esenciales sería revisar el esquema de acción de la pasada administración, claro ello sería un reto para el amigo Tony Raful, porque el mismo que preside ahora el frente, al mismo tiempo fue el incumbente cultural de la pasada administración. Creo que tiene la oportunidad para hacer ese debate con la mejor de las transparencias, porque es necesario o de lo contrario, sería más de lo mismo.

En el caso del PLD, ya se sabe que la ortodoxia en materia del pensamiento y la genuflexión no da para mucho, los intelectuales tienen que apoyar la gestión de gobierno sin chistar ni mirar atrás como Lot, porque se convierten en una estatua de sal. Allí no se concibe una acción del pensamiento diferente, lo que el intelectual piensa si es diferente, debe callarlo, si osa decirlo públicamente, ha traicionado su militancia y al partido, cualquier similitud con Gorki y la proclamación del realismo socialista en el 1932, no será pura coincidencia. En ese estado de paranoia de las ideas, lo que queda es apoyar lo que venga como línea de vigencia.

Este esquema de ambos partidos, en uno más abierto, relativamente, en otro más cerrado, es lo que se viene gestando desde la aparición del Consejo Presidencial de Cultura, nombre que solo su composición indicaba la ley de los contrarios en materia de libertad de acción y visión cultural independiente. Esquema que hizo posible también, vale recordarlo como asignatura pendiente, que la ley 41-00, que es la ley de cultura, naciera en un estado democrático como si hubiera sido discutida y promulgada en un Estado del campo socialista, aberración que los gestores de la ley, ubicados en un campo partidario u otro en este momento, no han asumido como materia a repensar y debatir.
En aquel momento de promulgación se decía que lo importante era tener la ley y a quienes pensábamos que era importante el debate, se nos decía que nuestro "pesimismo " era innecesario, sigo pesando que la ley es birria...
 
Una de las tareas de estos grupos que desean hacer campaña electoral con la cultura, por ejemplo sería debatir la ley 41-00, que en estos momentos su fragancia es más  vetusta que  post moderna : porque los criterios de ciudadanía cultural, derecho al habla y al conocimiento, con la misma legitimidad que el derecho a elegir y ser elegido, entendido como lo plantea la Unesco desde 1997, no están allí reflejados.

Se supone que gente del pensamiento y las ideas, no organice grupos como se hace  cuando se organiza un juego de pelota en un barrio, donde solo los colores ayudarán para ver a los contrarios, creo que se trata de algo más comprometido con los debates pendientes que tiene la cultura en nuestro país, debates que obviamente deben ser sectoriales.

Porque no es un secreto :  que  con ideas de autoritarismo áulico, que 8 años con la lengua, en alegre sea la parte enterrada, el panorama actual no resiste evaluación, porque además allí no fue tratado por Pedro Bergés en " Lucía " ( local donde los culturales Danilistas se reunieron.) Por cierto, sería una lástima que una persona lúcida y sensata, hubiere proferido los chistes racistas en aquel evento que debió ser para sumar...

De todos modos, si Berges aspira por  el Danilismo a ser Ministro de cultura, lo que debe explicar de modo público, , es cómo desmontar esa burocracia de amiguitos preferenciales de feudo altivo y arrobado, para reproyectar una visión de futuro confiable. Las campañas electorales son para eso, aún cuando el sector cultura electoralmente no vaya a determinar unas elecciones nacionales.

En el caso de Tony Raful, que ya fue Secretario de Cultura y que ahora preside el Frente Cultural del PRD, la experiencia es diferente :  debe realizar una evaluación de su gestión, porque no envía buen mensaje ni al  electorado ni al sector cultural, si ahora bajo su liderazgo, el mismo da su gestión pasada como " buena y válida", aspirando de nuevo al cargo de modo colateral a su actual gestión partidaria de jefe grupo cultural.

En otras palabras, no es la primera vez que escribo sobre el tema, tengo años haciendo el planteamiento : que el debate de las ideas sobre la cultura, debe normar la competencia entre los partidos, que no basta formar los grupos de colores diferente y hacer un maldita guerra de papel repleta de nombres y firmas, que eso es más de lo mismo y de siempre, harto visto : y en medio la algarabía gallera de la campaña, como siempre, los temas serios de la cultura quedan en el peor de los olvidos...

Finamente : 

A propósito de la Campaña Electoral del 2012 y la  Cultura:

¿ Le interesa a la clase política el drama de la división de clases en el consumo y uso de la cultura?...
 
¿Hay derecho a tener una ley de cultura, aún no revisada, obsoleta redactada con el tufo del viejo estalinismo de los países del llamado socialismo real?...

¿En esa politiquería de costra y acción a la cieguita, hay conciencia de que la promoción de la cultura, no como Pan y Circo, es un medidor de la calidad de vida de la población ?...

Miles de preguntas como estas se podrían hacer, en pleno 2011, lo que no es posible es que un sector de las ideas y el pensamiento actué como un regimiento sicorrigido, sin destino posible, con disciplina de rigor, sin convertir la apuesta por la cultura en una fiesta de las ideas y un debate franco. (CFE)


Carta abierta a Carlos Fco. Elías
Tony Raful

La piedra filosofal del debate es el interés, no como gravitación fiduciaria sino como medida de la acción, como voluntad política. En su eje transversal  la cultura oscila como concepto y  praxis de fenómenos humanos que recrean y pautan las creencias y formas de vida de los pueblos. De frente a un proceso electoral que supone el empleo de ingentes esfuerzos, destrabar energías para la materialización de objetivos, la cultura  debe ser empuñada como parte del pliego de ofertas que los partidos y candidatos presenten a la nación. Probablemente sea ahora, el marco propicio para desentrañar vicios y limitaciones del proceso cultural, promovido por el Estado. El criterio de Octavio Paz resumiendo en la imagen del “Ogro Filantrópico”, el peligro de la absorción y castración de la creatividad, de la creación incesante  en libertad y bajo líneas pluralistas de trabajo, no tiene hoy toda la dimensión que su advertencia  sugirió frente al Estado, controles que Orwell testó al futuro del “gran hermano”. Las vigilancias son compartidas por los sectores públicos y privados, el mercado opera con poderes inimaginables en las formulaciones de Adam Smith, inspecciones de alta tecnología predicen los comportamientos y condicionan nuevas patologías bajo moldes post modernos. El Estado ha perdido magnificencia, desde que el neoliberalismo pretendió despojarlo de toda iniciativa de poder y convertirlo en sello gomigrafo de  las transacciones burocráticas. Pero subsiste, tambaleado por la ola democrática que alcanza los  países árabes y  echa por tierra los planteamientos de Samuel Huntington sobre el  “choque de civilizaciones”, alterando los cimientos inamovibles del islamismo y convocando por twitter el derecho a la rebelión,  minando costumbres y nichos culturales. La vieja Europa desde los “indignados” españoles hasta  los suburbios incendiados de Londres, va diseñada en un formato no previsto, donde coliden  los más complejos dramas y problemas migratorios y necesidades vitales de existencia, negados por  el contrapunteo del Estado de bienestar y por las diversas formas neoliberales de dominación.
En ese marco, los agentes culturales están compelidos a definir con precisión sus propuestas culturales en un contexto  de independencia relativa, que sin prescindir del Estado puedan operar en una visión de ciudadanía susceptible de integrar acciones, que sustente la validación de  identidades y múltiples formas de creación de valores  en libertad. Las observaciones del reconocido crítico de arte e intelectual, Carlos Francisco Elías, sobre los frentes culturales de los partidos de cara a las elecciones venideras, tienen un sentido previsor, cuya agudeza asumimos como base, para erigir posibles respuestas, que sirvan para pactar unidad alrededor de un programa mínimo cultural.
El pobre sector cultural dominicano no puede escindirse más allá de su propia lógica de supervivencia. Sufre lastimeramente el desdén histórico de una subestimación que lo circunscribe a focos recreativos y a pasatiempos. Pero ese desnivel conceptual sobre el fenómeno cultural, no debe condicionar ni predeterminar una propuesta de futuro. En la capacidad de modificación de lo usual radica el poder  trasmutante de la conciencia articulada. Nosotros, los que laboramos bajo los lineamientos del Frente Cultural Prof. Amable Botello, del Partido Revolucionario Dominicano, estamos contestes en las siguientes observaciones de Carlos Fco. Elías: 1ero- Probablemente no haya interés especial de los partidos políticos en el tema cultural, lo cual no significa que no se suscite compromiso en puntos específicos, que auspicien el cumplimiento de tareas pendientes que coadyuven al desarrollo  cultural. En ese sentido, se nos ha otorgado la libertad de conformar objetivos y darle sentido a una nueva gestión de compromiso plural, surgido de las discusiones y debates actuales.
Debo consignar que el candidato presidencial del PRD, Ing. Hipólito Mejía, ha sido taxativo en el endosamiento de los requerimientos  y urgencias culturales en un posible mandato suyo de poder, por el cual suscribimos las nuevas esperanzas. 2do. No pretendemos  validar gestiones pasadas. Tenemos el criterio de que una nueva gestión cultural tiene que negar cualitativamente las dos gestiones, tanto la que encabezamos, como la actual, para dar paso a formas nuevas y actuales de cambios y transformación del modelo cultural. Ninguna administración puede juzgarse en términos absolutos de calificación, por lo que entendemos, que  hubo logros importantes dentro de la precariedad de la primera gestión apenas sustentada por un presupuesto mínimo, aprestos de una vocación de profundidad y estructuración de ideas. La necesidad de rechazar la política cultural predominante de eventos,  no significa anular sus realizaciones sino encauzar sus acciones, sustraerle su pomposidad inútil y reproducir formas activas y funcionales de estímulo cultural sin interferir ni mediatizar su esencia libertaria. 3ero- Revisaremos la Ley 41-00 que creó la Secretaría de Estado de Cultura, actualizándola, sometiéndola a exhaustiva y rigurosa consulta democrática, una y otra vez, aunque tengamos que peregrinar al Congreso Nacional,  hasta llevarla a convertirse en un real instrumento  de sustentación referencial de las manifestaciones de la cultura en sus distintas áreas.

Carlos Francisco Elías, intelectual no sumiso, independiente, amigo mío, ha sugerido ideas, muchas de las cuales compartimos. En ese horizonte crítico radica el porvenir de un proceso  cultural, que requiere la creación de conciencia libre y  el privilegio de las coincidencias, en la lucha por adecentar este país en los tramos  coyunturales de la lucha política.     
    

sábado, 13 de agosto de 2011

Una modernidad sesgada


Una modernidad sesgada
Carlos Andújar

La modernidad una vez mencionada, nos remonta indudablemente a la fase inicial de la sociedad burguesa como paradigma conductor del proyecto social. Basado en la ciencia y la tecnología como instrumentos y la inteligencia como arma orientadora, la modernidad se propuso superar las deficiencias del antiguo modelo medieval y alcanzar logros ostensibles en el plano material, social y económico, como parte de sus propósitos iniciales ligados a la llamada Revolución Industrial de finales del siglo XVII.



Transcurridos tres siglos y comenzando el cuarto siglo, la utopía burguesa se tambalea en el logro de sus objetivos primarios y las carencias de todo tipo, limitaciones materiales, atrasos tecnológicos y científicos, marginalidad social y económica arropa las dos terceras partes del mundo, cuestionando el impacto que ha tenido el modelo sobre el conjunto de la población mundial, no necesariamente sobre las comunidades beneficiadas de tales fines, en este caso los llamados países industrializados.


El sesgo viene por el hecho poco analizado de que en sus orígenes el paradigma encerró profundas contradicciones propias al sistema o modelo político de dominación, el capitalista y este cáncer de origen habría de ser en cualquier momento, su propia negación.


Con ello no negamos los alcances y logros ni de la ciencia, como tampoco de la tecnología, pero es indudable que las desigualdades están a nuestra vista. No se trata de aceptar que modernidad como paradigma implicaba el desarrollo y progreso de algunos en detrimento de otros, no fue de eso que se habló, o de poner la ciencia y la tecnología al servicio del poder y del capital. Una utopía cuando se formula supone un proyecto colectivo, un sueño generacional que envuelve en igualdad de posibilidades, a todos sin distinción aunque entendemos las asimetrías y oportunidades que la historia encuentra a determinados grupos en relación a otros.


Precisamente es ese el nudo gordiano que cuestiona los resultados hoy de la modernidad si partimos del enunciado que como paradigma la modernidad se trazó, objetivos de alcances que una vez puesta en marcha atacaría como blanco, no en una región del mundo, ni en un país, sino en todos los rincones del planeta. ¿Qué tenemos? un mundo profundamente desigual, sectores y grupos que se han aprovechado del paradigma en detrimento de grandes contingentes poblacionales y un modelo de desarrollo injusto e inhumano.


La transferencia de tecnología a los países pobres es un mito, los organismos internacionales de regulación de la vida económica, laboral, migratorio y otros son un fiasco que responden al final a los intereses de los grupos y países poderosos, los préstamos para el ¨desarrollo¨, son verdaderos enredos que muchas veces no contribuyen mas que a enriquecer la clase política intermediaria, con pleno conocimiento de los jerarcas y tecnócratas de estos organismos, cómplices muchas veces de esta perversidad.


Pero mas grave resulta saber que son poderosos grupos económicos que juegan y disponen de la economía mundial como si fuera la suya propia, priorizando temas, sectores y áreas de la economía en un punto del mundo determinado, como las tasas de interés para facilitar los préstamos, atando las políticas de desarrollo de los países pobres a los focos de atención y acumulación capitalista de estos grandes capitales trasnacionales.


Es la modernidad hoy un fiasco porque la clase política la secuestró, convirtiéndola en parte del discurso demagógico de control de los pueblos y sedante para atenuar la incapacidad de llevar a sus sociedades por senderos transparentes, efectivos y beneficiosos de un desarrollo y progreso, no solo con rostro resultados evidentes, sino con equidad y democráticamente distributivo.


En ese carro se ha montado la teoría política de todas las ideologías encontrándose el mundo actual en una profunda encrucijada que por el momento presenta pocas opciones de salidas. Muchos se escudan en esta ausencia de alternativas para dar riendas sueltas a sus apetencias y embriaguez por el poder y la riqueza sembrando aun mayor desesperanza en los pueblos, atomizados por una especie de anomia social que estalla con furia cuando la tuerca es insensiblemente apretada por quienes conducen los procesos sociales y sus pueblos, véase los recientes acontecimientos acaecidos en el mundo árabe, Europa y otras partes del mundo.


Modernidad, cada vez que la oigo en cualquier esfera de la actividad social, me produce una ojeriza.  Es mucho lo que ha instrumentalizado el postulado, es mucho el abuso que se ha hecho de sus implicaciones. No obstante, y que valga la aclaración, ni me opongo a los cambios, muchos menos al progreso, ni tampoco al avance de la ciencia y la tecnología o los desafíos del porvenir, por el contrario, eso cumple una función en la compleja mentalidad humana de avanzar y dejar atrás su estado animal, de esa manera las inequidades son la resultantes de los contrastes sociales y su secuela de contradicciones. De algo debe servir el pensamiento crítico a la humanidad. No podemos dejar pasar las cosas sin cuestionar por qué suceden y a quién beneficia.


Una teoría social tiene la lapidaria censura de que no es un ejercicio para alimentar el ego intelectual de quienes la conciben, sino que su apropiación colectiva la transforma en revolucionaria y social, dejando atrás el o los promotores para serlo de un colectivo. Esa fuerza termodinámica hace que su enunciado irradie a mucha gente, creando una sinergia positiva siempre poniendo acento en el bienestar social, obviamente que existen teorías igualmente, que ponen acento en grupos sociales reducidos, para justificar las inequidades sociales con argumentos.


La cultura en este mundo de abstracciones racionales es un contrapeso, un contrapunto entre lo tendencialmente material y lo espiritual o sublimemente e interior de la naturaleza humana, por lo que el trabajo cultural, el esfuerzo intelectual, será siempre una necesidad en el importante equilibrio del ser.


Hablar pues de modernidad en sociedades ataviadas aun a necesidades primarias de finales del siglo XIX, es una burla a la inteligencia de los pueblos. Es cierto que el inmediatismo en que nos ata la vida cotidiana, imposibilita la sumersión en debates teóricos, sin embargo, es evidente que no es el camino para alcanzar el desarrollo y el progreso por el que nos conducen nuestros grupos dominantes. Aliados, grupos económicos, clase política y poder factico, trillamos un sendero resbaladizo en que hasta los propios esfuerzos de construir ensayos democráticos socialmente validados, se ponen en peligro.


Separar modernidad como propósito de bienestar pleno del discurso, es un favor que nos haría la clase política, en el entendido que modernidad es mas que una obra de infraestructura, es sobre todo, una pieza del rompecabezas casi siempre en la dirección de impactar en todos los agentes comprometidos para dinamizar la economía y la vida social de un país.


No es moderna una obra divorciada del conjunto del desarrollo o cuyo costo o retorno de capital, implique un sacrificio social y un contrasentido.


Tampoco es modernidad, atender obras grandilocuentes en detrimento de aquellas pertinentes en el ordenamiento y la consolidación de necesidades básicas como salud, educación, servicios, empleo, electricidad y agua potable, símbolos exterminados a finales del siglo XIX en la mayoría de las sociedades tomadas hoy como modelo de desarrollo en el mundo y blancos tradicionales de la modernidad, cuyos procesos en un momento determinado entendieron, que desarrollo y progreso pasaba primero por resolver esas urgentes prioridades de la mayoría social, y entonces continuar la marcha hacia el desarrollo pleno.-

viernes, 12 de agosto de 2011

¡Ahí viene la Carretero! ¡Borren!


En "Quíntuples"
Carlota Carretero ha realizado actuaciones fundamentales y antológicas para el teatro del planeta. Imposible olvidar sus caracterizaciones de "La maestra Pasambú", "Calígula", "La Casa de Bernarda Alba" "Dos viejos pánicos" "Un whisky por el Rey Saúl", " Soberbia", "La pasión de Antígona Pérez", "Orquídeas a la luz de la luna", "Interioridades", "Andrómaca", "Las Heroínas", "Los Tiranos", "Romeo y Julieta", "La víspera del degüello", "Whisky Sour", "Baño de Damas", "Salomé","Cero", "La cabeza del Rey" y, por supuesto, "Quíntuples"; entre muchas otras. 
Cuando uno la ve en la escena se pregunta si verdaderamente es humana. Por aquello de que la perfección nos está negada.
Los hacedores de Teatro conocemos muy bien el término "actuación proteica". Se cuenta que los actores griegos lograban ese tipo de actuación en su tiempo. La característica de ese estilo es que se logra, supuestamente, alcanzar transformaciones tan absolutas que hasta en el cuerpo físico del actor ocurren alteraciones significativas sin que intervenga, necesariamente, el maquillador. 
En "La víspera del degüello"
Cuando este monstruo teatral criollo esta en escena la invocación que hace del personaje nos obliga al asombro, por lo "proteica" que resulta. 
Por circunstancias especiales que no vale la pena citar, la prudencia me obligaba  a ser comedido al hablar de mis apreciaciones sobre Carlota. Pero, al pasar el tiempo, ahora puedo decir lo que pienso de la Carretero sin ninguna aprehensión.
En una ocasión una gran actriz dominicana me dijo, con claro ánimo de fastidiarme, que Carlota era un poco mejor que yo en escena. Yo le contesté: ¿Sólo un poco? Entonces voy ganando, porque a mi me parece que ella es mucho mejor que tú en el escenario. ¿Verdad que vino por lana y salió completamente trasquilada?
"Un whisky por el Rey Saúl"
No deben sentirse mal con esto los buenos creadores escénicos nacionales, sobre todos los jóvenes, que frecuentemente se desesperan y salen, por envidia, a pretender destruir la bien merecida fama de las grandes figuras del Teatro nuestro. Igual que todos fui también joven. Igual que todos sentí envidia por los consagrados. Igual que todos me desesperé porque el triunfo no llegaba con la rapidez que deseaba. Igual que muchos practiqué lo que Tony Raful signó, refiriéndose a la envidia en el campo de la poesía, como El síndrome de Penelope. Igual que muchos sólo cuando maduré artísticamente comprendía que en Teatro la juventud es una enfermedad que se cura solamente con los años.
Carlota, igual que muchos, también fue joven. La maestría actoral que exhibe ahora y los rangos teatrales conquistados, no fueron un regalo de alguien. No consiguió sus galones cuando pestañeó el día. No, amiguitas y amiguitos. Lo logró construyendo paso a paso sus personajes, su personalidad teatral y su carrera. Hubo de leer y estudiar mucho. Porque de una cosa estoy absolutamente convencido: ustedes pueden aparentar, pero si no tienen cultura no es verdad que se convertirán en un actor o actriz que supere el montón.
En "Dos viejos pánicos"
He estado observando admirado la carrera teatral de la Carretero. En una obra todo el mundo puede estar excelente hasta que ella aparece. Luego de hacerlo —¡Borren que la vaina empezó de nuevo!
Les aseguro que ella ha tenido que renunciar a muchos placeres por el placer mayor que es el Teatro. Ha preferido pasar muchas dificultades económicas para no distraer su talento en lo que llamo: labores "prostitutas". Por supuesto que nadie está obligado a esos sacrificios. Aunque soy un dudante incorregible en mi condición de semidiós también  otorgo el "libre albedrío". 
Terence McNally pone en palabras de María Callas, en la excelencia de "Master Class", una frase genial que es la mejor enseñanza que recibira´siempre un artista: "Hace falta más que una bella voz para construir una carrera".
Tres preguntas se me ocurre ahora formular: 
¿Algún actor o actriz ha llegado aquí a las referenciales hazañas de la Carretero?/ ¿Es en "Quíntuples" donde ocurre su momento actoral más elevado?/ ¿Ella misma podría superar esa actuación? 
Creo que sólo el Dios de quien me cuentan podría lograr eso y tendría que esforzarce para hacerlo. 
En "Interioridades"
¿Piensan que estoy exagerando? Podrán comprobar todo esto el 29, 30 y 31 de septiembre, y el 1 y 2 de octubre cuando en la Sala Ravelo del Teatro Nacional, luego que concluya la magnífica "Master Class", Carlota vuelva a caracterizar sus tres personajes en la divertidísma "Quítunples", del genial Luis Rafael Sánchez. Les aseguro que ella, más allá del texto y de mi puesta en escena, monta en las tablas un soberbio espectáculo. Si aquí hubiese justicia, luego de verla, el gobierno debería cerrar todos los teatros estatales y esperar que yo los abra cuando con la Compañía Nacional de Teatro lleve a escena en diciembre "Duendes y locos de la dunas" (Premio Nacional de Teatro). ¡Ay ombe!
 ¡Telón!

jueves, 28 de julio de 2011

En el umbral del subconsciente.


Tal y como ya he informado estoy construyendo un personaje para la excelente obra teatral «Master Class»; de Terrence McNally. Dicha obra, dirigida por Carlos Espinal, es estelarizada por Cecilia García.

Carlos Espinal en «Drácula»
En un momento del demandante ensayo de ayer, Carlos Espinal, instruía al cantante lírico, y ahora también actor, Nelson Veras, sobre la actitud que debe asumir el intérprete teatral con el personaje. Por supuesto que al suscrito no sorprende que Carlos trabaje en los ensayos con absoluto rigor teatral. A todos mis ex discípulos, y luego colegas, he entrenado sobre la base de un teatro realmente académico. (No siempre en una aula teatral se imparten clases con esa categoría).

Uno de los aspectos fundamentales para lograr construir un buen personaje, ocurre en los llamados «ensayos de mesa». El albañil, igual que el actor auténticamente profesional, pondrá empeño cuando cava las rústicas zapatas. Igual que en el proceso de construcción de un edifico, el personaje se derrumbará estrepitosamente si no se cuidan las zanjas y los primeros bloques que allí se pongan.

Con los años que me visten diariamente me he vuelto, creo, más sabio y mucho más exigente. Por esto veo defectos terribles en el producto final elaborado por muchos actores y actrices dominicanos. Aquí muchos de los auto proclamados directores teatrales no son tales. Más bien son habilidosos engañadores de espectadores. Logran, y eso tiene cierto mérito, cubrir con artificios en sus puestas en escena las notables lagunas artísticas que aparecen en obras no dirigidas con el rigor teatral del que siempre hablo.

Carlota Carretero y Giovanny Cruz en «Dos Viejos Pánicos»
Frecuentemente amigos y colegas me preguntan, por curiosidad unos y por marcado interés de aprender otros, cuál sería la meta del actor con el personaje o hasta dónde llevarlo. 

No hay grandes enigmas en esto: el personaje debe colocarse, dentro del cuerpo sicológico del actor, en el «Umbral del Subconsciente». Ahí y en ningún otro lugar.

Si un personaje se queda en el espacio absoluto del «Yo» no habrá caracterización del personaje efectiva. Todo será pantalla y simple artificio. La personalidad expuesta en las tablas será, en ese caso, la del propio actor; que estaría entonces ejecutando lo que llamamos con justificado desprecio, el «estrellato teatral». Realizaciones teatrales así se quedan en los áridos terrenos del «Yo» y nunca lograrán una ponderable calidad artística.

Pero si en cambio, el actor o la actriz, permiten que el personaje entre en el infierno que es el terreno del Subconsciente, dicho personaje desplazará al «Yo Controlador»; es decir: al «consciente del actor», ocupará entonces en la compleja mente del artista el lugar del «Yo», de personaje pasará a ser persona y formará junto al Subconsciente una entidad independiente y totalmente incontrolable e impredecible.

Delta Soto en «Duendes y locos de las dunas»
En ese caso, Carlota Carretero, Delta Soto, Karina Noble, Rafael Villalona, Cecilia García, Iván García, Manuel Herrera, Vicente Santos, Marilú Acosta, Johnnie Mercedes, Fiora Cruz, Yorlla Castillo; entre otros, no aparecerán en la realización escénica presentada a los espectadores. ¡No! A quienes estos verán será a personajes con atributos y todas las condiciones humanas. 

Es a este fenómeno, y no a otro, a lo que verdaderamente se llama «sobre actuación». Lo que el vulgo llama así normalmente es, más que otra cosa, exageración teatral.

La «sobre actuación» ocurre cuando el actor se «cree» el personaje. Aunque debemos luchar para que esto no ocurra, si sucediera la solución es fácil: ¡despedir al actor! y enviarlo en una jaula a los doctores César Mella, Vicente Vargas Lemonier, Segundo Imbert y Guerrero Heredia.

Todo gran actor y toda gran actriz, en algún momento dentro de su carrera teatral, habrá experimentado, al menos unos segundos, el fenómeno que acabo de describir. Hasta ahí es factible manejarlo. Empero, les aseguro que la sensación es angustiante para aquellos que la padecen dentro de un proceso teatral, aún sea brevemente.

Visto esto, el único lugar donde podemos permitir al personaje estar es en el «Umbral del Subconsciente». En ese espacio de nuestra mente no tendrá el personaje la despreciable frialdad de la «estrella» ni caerá al abismo incontrolable del Subconsciente, luego del desplazamiento de la personalidad ya citado.

Ahora ¿Cómo lograr esto?
Johnie Mercedes, Clara Lozano, Raeldo López y Yorlla Castillo.

Mucho lectores pensarán que alcanzar este  estadio es un asunto de gurú, que habría que resucitar a Karl Young y asignarle una silla en los ensayos. No es así.

Si intentamos ordenar a nuestras mentes que permitan nos convirtamos en Hamlet, María Callas, Julieta, Dafne Morrison o Lucrecia Taylor fracasaremos. Esto así porque la rebeldía natural que nos ocupa, como ya proclamó el genio de Dostojevski, evitará la «invasión» en nuestros laberintos interiores de un extraño llamado Prometeo, Orestes, Norko, Andrómaca, Antígonamota o Segismundo. Les aseguro que habría, si este fuera el caso, una resistencia tenaz que impediría nos «convirtamos» en el anhelado personaje.

Entonces ¿Cuál sería el sistema?

La estrategia es la de persuadir a nuestras mentes de permitir la citada «invasión» del personaje. Para lograr tal persuasión debemos comprometernos a no hacerlo, aunque suene paradójico. Esto se logra trabajando con lo que llamamos, los teatreros dotados con un efectivo método, el «Mágico Si».

En lugar de plantearnos «convertirnos» en el personaje, debemos plantearnos trabajar como «Si» lo fuéramos. En lugar de ser Calígula deberíamos tratar de actuar como «Si» nada más lo fuéramos. 

    —Yo no soy un emperador romano. Yo quiero actuar como «Si» lo fuera.
    —Yo no estoy sufriendo por la muerte de Romeo. Yo estoy como «Si» sufriera por la muerte de mi
       amado.
    —Yo no voy a matar a Homero Borges (como lo hizo en una de mis piezas Lucrecia  Borgia). Yo  
       solamente voy a actuar como «Si» lo hiciera.
    —No voy tratar de padecer la hipocondría de la Carlota Morrison de «Quíntuples». No. Voy a    
       actuar como «Si» la padeciera.
    —«Si» yo perdiera a mi hermana, «Si» esta fuera mi amante ¿Cómo yo actuaría?

Les aseguro, amables lectores, que el «Sí Mágico» aliado con el «Yo», actuará como una palanca emocional que nos llevará desde los linderos del Consciente a hasta los planos de Subconsciente, sin caer peligrosamente en sus terribles fauces. Una vez ahí, recurriendo a la «memoria emotiva», identificando las lineas externas e internas, planteando las acciones que alimentan la Linea Ininterrumpida, conociendo el objetivo y depués de planteado el súper objetivo podremos comenzar a invocar las emociones del personaje. El «poseso» se efectuará sin que el «caballo» de esos misterios haya desplazado completamente al «Ego». Por supuesto que sólo mediante estos «conjuros» lograremos actuaciones proteicas. Lo demás es pura paja. 


Dentro de muy poco tiempo los espectadores dominicanos podrán ir a comprobar lo que asevero. Cecilia García (en «Master Class»), primero, y Carlota Carretero (en «Quíntuples»), días después, se encargarán de realizar actuaciones convincentes y convencidas. Qué bueno que estaré cerca, muy cerca, para testimoniarlo y aprender un poco de ellas.

En estos momentos me siento como «Si» ¡escuchara la bulla!

jueves, 21 de julio de 2011

Cecilia García en la piel de María Callas

Durante todo el mes de septiembre de este mismo año, se estará presentando en el país «Master Class», ganadora del Tony Award en 1996 y que versa sobre un encuentro memorable de la divina María Callas con jóvenes cantantes líricos. La pieza teatral es de Terence McNally. La realización dominicana estará protagonizada por la genial artista nuestra Cecilia García, que a nuestro juicio, y por lo que desde ya se puede apreciar en los ensayos, realizará una actuación de antología, prácticamente única e irrepetible. En esto comprometo mi palabra y mi prestigio.

La responsabilidad de la dirección recayó sobre el gran Carlos Espinal. Escenografía y producción  están a cargo de Fidel López. El diseño de luces es, como tenía que ser, de Lillyanna Díaz

Dante Cucurullo interpreta al pianista acompañante de la Callas. Mientras Dolly Martínez, Nelson Veras y Laura Leclerc son los cantantes del bel canto que intervendrán en la pieza de McNally. El suscrito interpreta al malhumorado tramoyista que asiste a la Callas durante el desarrollo de la trama.
Fuera de lo muy bien formulada que está «Master Class» como unidad dramática, el planteamiento que en la obra se hace es una trascendental lección de vida . En esta obra María Callas se explica a sí misma y al mismo tiempo nos explica a todos los artistas del planeta. La manera en que McNally logra hacer esto es extraordinaria; porque, sin renunciar al compromiso de la divina Callas con su particular historia, no descarta el gran evento que es la pieza, también salpicada de un agudo, inteligente, ingenioso y ácido buen humor. 
Adelanto que los espectadores dominicanos disfrutarán de uno de los manjares escénicos más exquisito de nuestra apasionante historia teatral. Por el simple hecho de estar involucrado en dicho evento nos consideramos ya afortunados. De eso no tengan ninguna duda.
Les dejo con la biografía graficada de la divina María Callas.


María Callas, cuyo verdadero nombre era Cecilia Sophia Anna Maria Kalogeropoulou, nació en la ciudad de Nueva York el 2 de diciembre de 1923 como hija de unos emigrantes griegos. Debido a las dificultades económicas de su familia, volvió a Grecia con su madre en 1937. Se inscribió en el Conservatorio de Atenas estudiando con Elvira da Hidalgo, una renombrada soprano además de una excelente profesora.

María Callas hizo su debut en 1941 con la obra Tosca de Puccini en la Ópera de Atenas, un papel que interpretaría en numerosas ocasiones, y con el cual inició su despedida un cuarto de siglo después. Estuvo cantando en Atenas durante varios años antes de realizar su debut italiano con La Gioconda de Ponchielli en Verona en el año 1947. Esta producción de La Gioconda estuvo dirigida por Tullio Serafin, quien se convirtió en su mentor musical. 


En los primeros días de su carrera, Maria Callas representó una gran variedad del repertorio, incluyendo papeles fuertes como Isolda en la ópera wagneriana Tristan und Isolde, pero enseguida olvidó estos papeles para concentrarse en las óperas italianas, particularmente en el bel canto con obras de Rossini, Bellini, Donizetti y el primer Verdi. 


En 1949, Maria Callas conoció a Giovanni Meneghini con el que se casó. Giovanni Meneghini junto a Tullio Serafin guiaron su carrera. Estuvieron diez años casados. 


Hizo su debut en La Scala de Milán en 1950 con la representación de Aida. Su primera aparición en Nueva York fue en 1956 representando la ópera de Bellini Norma, un papel que se convirtió en su especialidad. 


Maria Callas estuvo siempre muy interesada en revitalizar aquellas óperas que habían sido olvidadas, representando obras olvidadas de Cherubini, Gluck, Haydn y Spontini. Trabajó con algunos de los más importantes directores de escena y orquesta del momento, destacando Luchino Visconti, Leonard Bernstein, Carlo Maria Giulini y Herbert von Karajan. También desarrolló una gran relación musical con gran cantidad de cantantes, principalmente con el tenor Giuseppe di Stefano y el barítono Tito Gobbi, apareciendo con mucha frecuencia en escena y en grabaciones. Maria Callas era extremadamente autocrítica y temperamental por lo que tenía frecuentes altercados con empresarios y directores de los teatros. 


En 1959, Maria Callas conoció al naviero griego Aristóteles Onassis, abandonando a su marido Giovanni Meneghini. Tuvo un breve retiro durante esta relación pero cuando volvió de nuevo a escena, su voz evidenciaba signos de decaimiento. En 1965, realizó su última representación operística con Tosca en el Covent Garden de Londres. En ese momento tenía 41 años. Tres años más tarde, Aristóteles Onassis dejó a Maria Callas por Jacqueline Kennedy.



Durante la última década de su vida, vivió prácticamente recluida en París. Realizó pequeñas apariciones con di Stefano e impartió una serie de clases maestras en el Juilliard School de Nueva York entre los años 1971 y 1972. Murió en París el 16 de Septiembre de 1977. La causa de su muerte nunca estuvo totalmente determinada.




domingo, 17 de julio de 2011

«Duendes y locos de las dunas» y fuenteovejuna


«Duendes y locos de las dunas» y fuenteovejuna
Por Carlos Esteban Deive 
Rafael Villalona y Giamilka Román en «Duendes y locos de las dunas»


Carlos Esteban Deive, antropólogo, investigador, escritor,  ensayista y Premio Nacional de Literatura, es una de las personalidades culturales completa que existe en nuestro país.  Ha obtenido innúmeros premios como narrador, ensayista y dramaturgo, ha sido corrector de estilo en varios medios impresos, catedrático de varias universidades y decano de por lo menos una de estas. Deive ha tenido la gentileza de escribir unos apuntes sobre la pieza teatral nuestra que ganó el Premio Nacional de Teatro del 2010, cuya ceremonia de exaltación ocurrirá mañana en el Teatro Nacional. Permítanme compartir estos impresionantes apuntes, quizás inmerecidos, de tan señero escritor.

Giovanny Cruz es un dramaturgo de tendencia eminentemente realista que, sin embargo, ha sabido eludir la trampa del naturalismo. Lejos de limitarse a copiar fielmente la realidad o distanciarse de la vida, deshumanizándola para convertirla en una simple caricatura, se empeña, y con notable éxito por cierto, en recrearla, en ofrecernos su propia visión de ella, en interpretarla desde el ángulo en que suele situarse como creador, introduciendo en cada obra suya ese elemento subjetivo tan necesario como indispensable a fin de librarla de caer en el mero documento.
Inconforme con las deformaciones que caracterizan al realismo a ultranza, fotográfico, ceñido a la pobre tarea de reproducir el mundo y su gente, Giovanny Cruz prefiere decantarlos recurriendo al simbolismo por síntesis, cuya expresión más acabada se encuentra en la eficacia con que maneja la escena y los personajes que intervienen en ella.
Lo que Giovanny Cruz le interesa sobre todo es un realismo que ponga de manifiesto las pasiones humanas, los conflictos y contradicciones que mueven el discurrir de los hombres, para lo cual recurre a la presentación de un clima que rebasa la esfera de lo físico o telúrico. Se trata, más bien, de un clima sicológico, de una atmósfera preñada de sentimientos, emociones, deseos y frustraciones, esa maraña de intrincadas y complejas intimidades que, a menudo, desembocan en tragedia o evocan el desesperado intento de sobrevivir en medio de un ambiente hostil en el que sólo cabe renunciar a la esperanza.
Lidia Ariza y Rafael Villalona
Desde luego, esa atmósfera que nos entrega Giovanny Cruz no es la del individuo visto per se, sino la del que padece el hecho irremediable de tener que vivir entre sus semejantes. Acosado por una sociedad impiadosa que le niega, debido a la fuerza omnímoda de un poder avasallante y casi siempre en apariencia anónima, sus más elementales derechos. Así sucede en «Duendes y locos de las dunas», este drama colectivo expuesto por su autor en función de un choque de intereses percibido como primer plano o telón de fondo de la acción que en él se desarrolla.
De primera intención, podría pensarse que estamos frente a una obra escrita sin eufemismo ni concesiones de ninguna clase, una obra en la que Giovanny Cruz ha querido ofrecernos el testimonio crudo, descarnado, violentamente amargo, de unos seres atroces, alucinantes, desenfrenados e inmersos en un primitivismo que les permite librarse de sus propios instintos. Un primitivismo concebido de esa guisa, más o menos absoluto, terminaría, entonces, por agobiar al espectador hasta extremos de hacerlo sentirse oprimido.
Sin embargo, a poco que nos vamos adentrando en el drama, advertimos aliviados que sus personajes no son sujetos pasivos o movidos en todo caso por pasiones incontrolables de sus brutales reacciones, sino pobres diablos víctimas de una sociedad que los ha condenado a llevar una existencia inane, al borde de la pura animalidad, sin asomo de redención. Estamos, pues, en presencia de un problema que afecta a  un conjunto de individuos a los que se  le ha escamoteado toda posibilidad de vivir dignamente, de afirmar su condición humana, o lo que es igual, de volver a ser lo que eran antes de producirse la hecatombe que los sumió en la desesperación, lo que explica, y hasta justifica, la respuesta que dan a quien encarna el mal que los agobia.
En este descenso a los infiernos, tal vez más tormentoso que los habitados por los mismos demonios, fácil es adivinar la habilidad mostrada por Giovanny Cruz, propia de todo dramaturgo que se precie de lúcido, para moldear el entramado de su obra e introducir al espectador en ese hervidero de amores, odios y desalientos que constituye el eje de la misma, haciéndolo partícipe de él. Hervidero que también es suyo. ¿Acaso para obligar a uno a bajar al averno no es preciso que nos lleve de la mano quien nos conduce a él?
Tengo para mi que al escribir este texto, Giovanny Cruz ha sufrido una metamorfosis que lo ha convertido en un demonio más de los que pueblan su universo teatral. Sólo así, empujado por «daimon», insatisfecho y disconforme como está, puede, a mi modesto entender, obligar a los espectadores a participar de una catarsis que, en este caso, no tiene por objeto purificar el alma, puesto que se trata de una catarsis por el dolor nacido de la impotencia por todos compartida, a despecho de nuestros deseo, con los agónicos protagonistas de «Duendes y locos de las dunas».
Aún cuando la obra admite varias lecturas o, para decirlo con más propiedad, varias interpretaciones, creo que la idea básica, fundamental, que ha motivado a Giovanny Cruz para escribirla, es para recordarnos una verdad incontrovertible: la de que toda opresión ejercida contra el hombre encuentra su final en la acción liberadora realizada por el hombre que la padece. Es, en efecto, el ofendido y humillado el único capaz de sobreponerse a tal situación, no importa que para ello tenga que violar los principios o las normas éticas impuestas por la moral burguesa, capitalista, que sólo a sus ideólogos beneficia.
En una época como la actual, signada por tan ingente cúmulo de fuertes convulsiones sociales, nada tiene de sorprendente que los dramaturgos reasuman la tradición, iniciada por Lope de Vega en su «Fuenteovejuna» y Cervantes en «Numancia», de un teatro que testimonia, con mayor o menor énfasis, los conflictos de la sociedad a la que pertenece, y Giovanny Cruz es uno de esos dramaturgos. He aquí la razón de ser de «Duendes y locos de las dunas».
Pese a que le autor se vale de unos pocos personajes, siete en total, advertimos de entrada que nos coloca en un drama del ser humano universal, mediante un conflicto total y desencadenante.
En la obra de Lope de Vega,  «Fuenteovejuna», los personajes se rebelan contra la opresión a la que son sometidos por el Comendador de la Orden de Calatrava. Se vengan contra alguien a quien acusan de haberlos sumido en la mayor de las inopias y desesperanza. «Duende y locos de las dunas» nos recuerda, pues, a «Fuenteovejuna», los seis protagonistas de la obra podrían contestar, si le pregunta quien mató el ingeniero Iván Villeta: «¡Todos a una!».
Lidia Ariza, Augusto Feria, Delta Soto, Ángel Haché, Giamilka Román y Rafael Villaona
De destacar es la pintura que Giovanny Cruz traza de sus personajes. Guillermina, la esposa de Nicodemo, es una mujer estéril, y por ende, insatisfecha. Su vida discurre en medio de una monotonía insoportable. Espera ansiosa que el agua vuelva al río a sabiendas de la inutilidad de esa espera. La vieja Nicolasa se engaña a sí misma intentando pescar algo en él río seco. Dolores es la prostituta que ya no ejerce porque la clientela ha desparecido del lugar en busca de mejores horizontes. Nicodemo, un ser anodino, actúa de comparsa de Guillermina. Yogo-Yogo, quien tiempo atrás había cometido un crimen y purgado su delito, vive retirado en el caserío para olvidarse de su pasado. Había matado al hombre que violó a su hija. Ahí, en el caserío, encuentra a Tamayo, quien le revela que el muerto era su padre. Creció odiando a Yogo-Yogo y, cuando supo que este se hallaba en dicho lugar, lo siguió con ánimo de cobrarle el asesinato.
El retorno del agua al río significa para todos ellos el renacer de sus sueños. Coautores y cómplices  de la desaparición del ingeniero Villeta, invocan a los locos y a los duendes que simbolizan el mal, para que convoquen la lluvia que habrá de llenar de nuevo el cause seco y devolverles la esperanza de una vida mejor.
Giovanny Cruz se muestra en esta obra suya como un escritor expresivamente austero que rechaza recurrir a efectos escénicos deslumbrantes y superfluos, pero muy del gusto del público. Apela, por el contrario, a una técnica más eficaz consistente en narrarnos la acción a través de cuadros breves, esquemáticos, mediante los cuales va desarrollando la trama. De esa manera, logra poner a sus personajes al servicio de su intención, de lo que quiere decirnos, o sea, la lucha del hombre contra la sociedad, llámese esta Gobierno o poderes fácticos. En esa lucha nadie es enteramente bueno o perverso, honrado o disoluto, noble o envilecido. Es, en cambio, una mezcla de todas esa virtudes y defectos. Ambivalente, rehúsa ser títere del prójimo que lo avasalla y ejerce su libertad, sino plenamente, al menos condicionada.
«Duendes y locos de las dunas», de Giovanny Cruz es una obra con la que se puede estar de acuerdo o no, pero de ningún modo nos dejará insatisfecho. Esto de por sí, es mérito más que suficiente para agradecérsela a su autor.

sábado, 16 de julio de 2011

Una luz que se apaga

                        Una luz que se apaga

In memoriam a Don Ricardo Alegría Gallardo (14 de abril 1921-7 de julio 2011)
Carlos Andújar. La Pasión Cultural.


Don Ricardo Alegría. Pintura de John Enie.
Puerto Rico es una fisonomía cultural de la obra intelectual, cultural y académica de Don Ricardo Alegría quien protagonizó los  últimos 60 años de gestión cultural fructífera y con resultados concretos: El Instituto de Cultura Puertorriqueña, los más importantes museos de la ciudad, la restauración del Viejo San Juan, el Museo de las Américas y su más ejemplarizador proyecto, el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, además de sus vínculos con la Universidad de Puerto Rico, los estudios arqueológicos-antropológicos y la gestión cultural en su más eficiente expresión.

Don Ricardo Alegría, lo defino como una de las últimas figuras vivas del antillanismo histórico que representaron personalidades como Gregorio Luperón, Antonio Maceo, Máximo Gómez, José Martí, Emeterio Betances y otros soñadores decimonónico que lucharon por construir una sola patria caribeña. Como soñador, pensó en un Caribe unido por el lenguaje cultural al margen de sus diferencias, que no negaba y de sus diferenciaciones sociopolíticas pero admitiendo un pasado común y con procesos semejantes tanto en lo antropológico como en lo histórico.

De personalidad suave, pausada, agradable, conversador, inteligente y ameno interlocutor, Don Ricardo Alegría poseía el don de escuchar, platicar y sugerir como una costumbre de Maestro que no abandonó nunca su oficio y que por el contrario, siempre vimos en él un espíritu exploratorio a través del intercambio, transmitiendo a partir de la formación, la tenacidad de sus convicciones.

El Viejo San Juan. Utopía hecha realidad de Don Ricardo Alegría
El historial cultural institucional puertorriqueño, se detiene en muchas ocasiones en un Nombre y una figura hoy icono cultural indiscutible de un pueblo que supo seguirlo en sus posturas verticales a favor del español puertorriqueño, a favor de la preservación de las fiestas tradicionales de su pueblo, como protector de la artesanía, expresión ésta de una estética popular que cada vez más se abre camino e integra a creadores, familias y comunidades enteras que reconocieron en él, su mayor protector.

Los artistas e intelectuales de Puerto Rico, el Caribe y muchas otras partes del mundo, se encontraban en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan, como si fuera una estancia de tránsito que servía para intercambiar enfoques, debatir teorías, compartir puntos de vistas, conocerse o simplemente encontrarse con amigos y colegas del oficio.

Sus vínculos con nuestro país fueron más allá de unas relaciones académicas o intelectuales, sus dos hijos, uno de ellos residió en el país muchos años ya fallecido, José Francisco Alegría Pons, y el mayor de su prole, José Alegría Pons, abogado, tuvieron en el primer caso y tienen como pareja a dominicanas, siendo Soraya Aracena, la compañera del fenecido José Francisco, una dedicada investigadora de temas culturales de nuestro país y de otras islas del Caribe.

Doña Mela su eterna compañera, le seguía en sus utopías sirviéndole como musa inspiradora pues lo que la conocemos sabemos de sus dotes en el arte y la pintura, sensibilidad continuada por José Francisco Alegría su hijo antropólogo que también le interesaba el arte, como parte de un discurso explicativo de la cultura, influencia que ejerció su madre en dicha formación y que por igual se hizo presente en la extensa obra de Don Ricardo Alegría quien mantuvo una armoniosa relación con el mundo de los artistas puertorriqueños.

Don Ricardo Alegría hacía sus anécdotas del país que visitaba desde sus años mozos, donde editaba libros, se hacia chacabanas con un sastre dominicano y le fascinaba el dulce de pasta de naranja considerado por él como una degustación gourmet.

Sencillo, humilde en su trato, considerado con sus amigos, profundo en sus reflexiones y acucioso en sus investigaciones, Don Ricardo Alegría Gallardo, produjo más de 50 obras y fue responsable de edición por encima de un centenar incluyendo mas de 8 libros que trabajaba en paralelo incluyendo su última obra que son legajos de documentos puertorriqueños del siglo XVI en cinco volúmenes, cuando la muerte le sorprendió el pasado 7 de julio por afección cardiaca y otras complicaciones de salud a sus 90 años, constituyendo su acervo documental de libros, objetos culturales, artesanales, fotos, pinturas, grabaciones, videos y otras fuentes,  un verdadero patrimonio cultural de Puerto Rico y el Caribe. Descanse en paz Don Ricardo Alegría.-

Panteón familiar donde descansan los restos de Don Ricardo Alegría en el Cementerio del Viejo San Juan.