jueves, 5 de enero de 2017

La Princesa de Ukok y el pueblo escita

La Princesa de Ukok y el pueblo escita


En varias ocasiones he tocado el tema de los misteriosos escitas. Al parecer he sido designado por sus dioses (¿o acaso por sus muertos sepultados bajo el hielo y siempre mirando al sol?) para no dejar que entre nosotros su legado histórico perezca o se olvide.

Hace unos años se dispuso que la momia de una aristócrata escita, llamada Princesa Ukok, fuera meticulosamente traslada a Altái (Siberia Occidental, en la frontera con China), su lugar de origen, en una trayectoria lenta pero exitosa.

Durante 15 años se debatió la conveniencia o no del traslado a casa desde la ciudad de Novosibirsk.

Al morir, apenas tenía 25 años de edad. Ahora su momia, muy bien conservada, tiene unos tres mil años de antigüedad.

Muchas la llaman Princesa Kydym, venerada actualmente como una guerrera, bruja o chaman Kydim (pueblo antepasado de la actual Altái).

Fue hallada en 1993 en una tumba que fue rellenada con hielo, lo que hizo posible preservar su cuerpo, su manta de pieles, sus ropas de seda blanca finísima, sus joyas de oro, bronce y madera, armas rituales y lo que enterraron a su lado: seis caballos con bridas y sillas de montar, platos de carne de ovejas y caballos. Su hallazgo derrumbó el mito de que para la época en la cual vivió las tribus existentes no sabían procesar todavía metales.

Sus actuales devotos están convencidos de aún no se ha logrado descifrar un tatuaje extraño en su cuerpo, que contiene una información importante para la humanidad, porque todavía no ha llegado el tiempo para leerla. Afirman que interrumpir el sueño sagrado de la Princesa ha sido un crimen. 

Pero deseando que ella continúe su descanso (hasta el día que decida regresar), repasemos quiénes eran los escitas y algunos de sus misterios:

Guerreros escitas
Eran miembros de un pueblo nómada que hablaba una lengua irania y que aparentemente sin razón alguna emigró de Asia Central, ente los siglos VIII y VII antes de nuestra era.

El griego Herodoto dejó constancia de que estos nómadas procedían de las montañas del Altái, en la encrucijada de Rusia, Kazajistán y Mongolia.

Su migración los llevó a chocar con los cimerios (otro pueblo estepario) y a realizar incursiones en Asia Menor (atacaron Ninivé) e incluso Egipto.

Fueron unos extraordinarios guerreros a los que el gran Darío no pudo derrotar. En Satrapa I encontré una crónica sobre este fracaso de Darío del cual reproduzco un fragmento:
“Dudo que exista nada en la Historia Antigua que se le pueda comparar pues, si hago memoria, no se me ocurre otro ejemplo similar en el que una gran potencia sedentaria se lance a la conquista y subyugación de un vasto territorio habitado por naciones nómadas, naciones que contaban además con numerosos y combativos guerreros de a caballo. Como era de prever, el intento del persa fracasó, y poco faltó para no ser él y su ejército exterminados por sus rivales.”

Guerreras escitas
Fueron los medos, otro pueblo que gobernó en Persia, quienes finalmente desplazaron a los escitas hacia el norte, más allá del Cáucaso, a las estepas de la actual Ucrania, desde donde alcanzaron también el Danubio.

A partir del siglo IV antes de Cristo, los escitas fueron desplazados por otros nómadas, los sármatas.

Los escitas se destacaron por su habilidad para la lucha a caballo (con sus flechas emplumadas de terrible precisión), su crueldad en el combate, su uso del cannabis, y, sobre todo, por su maestría para moldear el oro.

Grifo escita
Herodoto nos dice que los grifos (animales mitológicos con cuerpo de león, cabeza y alas de águila) custodiaban el oro enterrado de los escitas, no muy lejos quizás de la tumba de la Princesa de Ukoa, que se adornaba con collares de piedras del Nilo.

Los arqueólogos han encontrado tumbas de estos "centauros de las estepas" desde las costas del Mar Negro y el mar de Azov, hasta el bajo Dniéper; pero donde mayores hallazgos se han producido es en la cuenca del Kubán, entre el Volga y el bajo Don.

Los artesanos escitas dejaron auténticos tesoros de oro, plata y esa aleación de oro-plata conocida como electrum; con una especial obsesión de modelar animales reales como ciervos, caballos y pájaros, o imaginarios, como los fabulosos grifos.

Tumbas gélidas, en la alta Siberia, de miles de sus guerreros (montados en sus caballos con pecheras de oro), mujeres y niños, perfectamente conservados debajo del hielo, constituyen un misterioso secreto.

¿Por qué mueren mirando al sol?

¿Porque ese fue su real origen? ¿Acaso es su destino? ¿O será esperando la orden de regresar?

Encontré unas curiosas expresiones en el libro de Edouard Schure “Los Grandes Iniciados” que podrían... ¿iluminarnos? en el tema que nos ocupa:
“Los Escitas y los Celtas encontraron los Dioses, los espíritus múltiples, en el fondo de sus bosques. Allí oyeron voces, allí tuvieron los primeros escalofríos de lo Invisible, las visiones del más allá. Por esta razón el bosque encantado o terrible ha quedado como algo querido de la raza blanca. Atraída por la música de las hojas y la magia lunar, ella vuelve allí siempre en el curso de las edades, como a su fuente de Juvencia, al templo de la gran madre Herta. Allí duermen sus dioses, sus amores y sus misterios perdidos.”
¿Por qué regresarían?
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El regreso de los escitas
Esa pregunta se ha asentado en mi cabeza con peligrosa obsesión. Después de miles de años de vida nómada, luego de ganar y perder cientos de guerras, luego de desarrollarse sorprendentemente, los enigmáticos escitas decidieron regresar al punto de partida. 

Muchas explicaciones he leído sobre sus motivos; pero confieso que ninguna satisface mi intelecto. 

Empero, antes que mis obsesiones me conduzcan a la locura, voy a solicitar convenientemente el ya familiar... ¡Telón!

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Entre Marcial Lafuente Estefanía y Miguel Decamps

Entre Marcial Lafuente Estefanía y Miguel Decamps
Por Giovanny Cruz Durán.


“A pocas millas de Dodge City, tres jinetes descienden de sus caballos, a los que cubren con unas mantas secando el copioso sudor que pone un brillo metálico en la piel. extenuados, déjanse caer al suelo, recibiendo la caricia de la verde hierba protegida del sol por un grupo...”

No recuerdo exactamente cómo Miguel Decamps y yo comenzamos a hablar del escritor toledano Marcial Lafuente Estefanía y de sus 3000 novelas de kioscos publicadas.

Ambos hospedados en un pequeño Holliday Inn de New York, solíamos escaparnos  y procurar nuestra propia nostálgica bohemia. Íbamos, creo recordar, camino a la plaza Eataly cuando de repente admitimos ambos que habíamos leído una muy buena cantidad de las “novelitas de vaqueros” de M. L. Estefanía.

—Yo conocí y compartí con M. L. Estefanía —dijo Miguel de pronto, sosteniendo una sonrisita maliciosa entre los labios. Por supuesto que en mí asomó el asombro y el interés de rigor.
—Bueno... con uno de los tantos “M. L. Estefanía...” —corrigió Miguel.

Ocurre que Miguel Decamps trabajó es Barcelona para la editora  Seix Barral. Allí conoció un hombrecillo (flaco y con mucho menos de cinco pies de estatura, uno de esos tipos que debemos tildarlos de “enanos falsificados", de crecido pelo lacio que partía a un costado). El individuo, cuyo nombre se ha perdido en los intrincados recovecos de la memoria, trabajaba como cajista de Seix Barral. Un cajista, en los inicios de las imprentas, era un hombre culto que debía preparar (con piezas de plomo) los moldes que luego pasarían a ser impresiones.

Con este cajista catalán, Miguel no tenía mayor contacto que lo protocolar dentro de un ambiente de trabajo. Por eso a Decamps le sorprendió que una tarde aquel individuo lo invitara a tomar vino y disfrutar de las siempre generosas tapas catalanas. La misteriosa invitación quedó explicada inmediatamente comenzaron a tomar las primeras copas de vino. El individuo dijo que había logrado vender varias historias que serían incorporadas a la producción literaria de Marcial Lafuente Estefanía. Lo que garantizaba un buen dinero de ahí en adelante.

El pequeño cajista nunca había ido a los Estados Unidos de América. Y sin las ventajas entonces de Google, se las ingeniaba para estudiar geografía, historia y costumbres de los escenarios del Oeste norteamericano en los cuales transcurrían las historias.

Un poblado minero, muy pequeño, se elevaba a pocas millas de Placerville, con un salón para divertirse, pero los mineros preferían recorrer unas cuantas millas más y hacerlo con más libertad en El dorado. Los mineros, en general, vivían desconfiados y recelosos siempre de la sorpresa del enemigo que continuamente acechaba. Se sentían más seguros en Placerville que en el propio poblado minero.


¿Quién realmente era M. L. Estefanía?

Nació en Toledo en 1903 y llegó a ser General de Artillería de los Ejércitos Republicanos. Al concluir la guerra cayó varias veces presos. Pero negado a tomar el exilio y sin poder trabajar en España como ingeniero, siguiendo el consejo de Jardiel Poncela, decidió escribir novelas de entretenimiento. La primera  fue publicada en 1943, con el título de “La mascota de la pradera” (Ediciones Maisal: Biblioteca Aventuras), y firmó un contrato con la Editorial Bruguera que le llevaría a producir alrededor de 2,600 novelitas de algo más de cien páginas. 

Para componerlas a veces se inspiró en el teatro clásico español del Siglo de Oro, sustituyendo los personajes del XVII por los arquetipos representativos del Oeste gringo; al que conoció cuando trabajó en Arizona.

Sus “novelitas” se hicieron muy populares como pasatiempo en España,  Hispanoamérica e incluso en Estados Unidos; donde la universidad de Texas las grabó para que los ciegos de origen hispano pudieran escucharlas. 

Estefanía, que realmente fue un hombre culto, cuidaba mucho la verosimilitud histórica, geográfica y botánica del Oeste norteamericano; para lograrlo recurría a tres libros en particular: una obra muy completa de historia de Estados Unidos, un atlas muy antiguo de este país, donde aparecían los pueblos de la época de la conquista del Oeste, y una guía telefónica estadounidense en la que encontraba los nombres de sus personajes, algunos representado luego en el cine por Clint Eastwood y otros.

El jinete consultó el dinero que le quedaba, antes de entrar en el pueblo. No llegaba a ocho dólares. Oprimió con sus rodillas al bruto que montaba, y éste siguió su camino sin prisa. Hacía más de dos meses que no encontraba el menor rastro que la persona que buscaba y que escapó de su lado sin decirle nada, cuando se había encariñado con él.

Las novelas se escribían y publicaban una por semana, algunas veces con seudónimos como Tony Spring y Arizona; entre otros. Alcanzaron reediciones continuas de 30,000 ejemplares.

 Desde 1958, sus dos hijos Francisco y Federico, comenzaron a colaborar con su padre en la escritura de sus novelas, llegando a escribirlas indistintamente bajo el nombre genérico del padre. Ahora su nieto Federico ha continuado su legado. Tan prolífica es la pluma familiar que, hasta la fecha —y aún bajo el sello editorial de Bruguera mexicana—, su obra de género western continúa en circulación a lo largo de América Latina y los Estados Unidos.


Habiendo publicado también varias novelas rosas con seudónimos de mujer, ya bastante mayor, el veterano escritor intentó publicar sin éxito una novela seria: "El maleficio de Toledo".


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—¡Cúbranse debajo de la mesa o escóndanse detrás del mostrador de la taberna! ¡Estamos en medio de un tremendo tiroteo a lo Marcial Lafuente! ¡Tan peligroso es esto, que voy a tener que pedir tiren inmediatamente el... Telón!

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Origen e intrigas de la ensalada rusa

Ensalada Olivier (Салат Оливье): 

la legendaria ensaladilla rusa



Ahora no sabemos cuál era el real aderezo que tenía dicha ensalada. Por supuesto que no era mayonesa. Preparar la ensalada por su creador, era en su época algo más que un secreto imperial. Repasemos algunos datos que he recopilado sobre este suculento plato.
lucien olivier
Lucien Olivier
En 1860  Lucien Olivier Guillerminav, chef de desconocido origen (¿francés?¿belga?¿suizo?) que poseía el restaurante l’Hermitage en Moscú, crea la que será la madre de todas las ensaladillas rusas que vinieron después: la Ensalada Olivier. Tal es el éxito inmediato de la ensalada, que el restaurante donde trabajaba se convierte en el restaurante de moda de la época donde todas las personalidades quieren comer y dejarse ver. La ensalada llegó a tener tanta fama que el propio zar Alejandro II fue al Hermitage a probarla.
El chef Lucien, un gran y caprichoso estratega, rodea a la creación de su ensalada de un halo de misterio, no dejando que nadie entre en su cocina mientras prepara la secretísima salsa, que es la base de la ensalada.
Interior de L'hermitage
En este restaurante de Moscú celebró su boda Chaikovski y eran clientes habituales Tolstói y Dostoyevski.
Los ingredientes originales de la receta eran muy caros. La ensalada Olivier no dejaba de ser un plato extravagante concebido para atraer a la decadente clase alta rusa. La ensalada podía llevar hasta 100 ingredientes diferentes. Entre ellos había langosta, faisán, urogallo, venado, caviar o lengua de ternera. Después se le añadían alcaparras, huevo duro, pepinillos, patatas, etc. Todo ello cortado en trozos muy pequeños y aliñados con el gran secreto de la ensalada: su salsa. El aliño que muy vagamente recuerda a la mahonesa actual, con muchas hierbas aromáticas y probablemente mostaza, que unía todos los elementos de la ensalada y la hacía deliciosa.
LO QUE ACABÓ DE HACERLA LEGENDARIA: 
Como ya hemos visto, el chef Olivier elaboraba su receta en una habitación privada para que nadie le robara su secreto. Olivier se encerraba y cuando salía ya tenía preparada la ensalada. Pero un día, en medio de la preparación de una de las ensaladas, tuvo que salir de la habitación, dicen que por la alegría de la llegada de unos parientes y dejó la puerta abierta. Esto fue aprovechado por uno de sus ayudantes de cocina, Ivan Ivanov, que entró en esta habitación y pudo, rápidamente, ver la ensalada a medio hacer, así como algunos de los ingredientes de la salsa. El secreto estaba ante sus ojos. Aunque no pudo saber en qué proporciones había que usar esos ingredientes, sí pudo hacerse una idea aproximada.

Después de eso, Iván Ivanov dejó su trabajo y se fue con su receta a un restaurante de la competencia: el Moskva. Allí comenzaron a ofertar una ensalada sospechosamente similar a la de Olivier, a la que llamaron ensalada Stolichny (ensalada capital). Esta ensalada aún se consume hoy en día y también recibe el nombre de ensalada moscovita. Se trata de una imitación de la original ensalada Olivier, aunque con ingredientes más simples. En Rusia, igual que aquí, la ensalada Olivier es un plato indispensable en Año Nuevo y en muchos otros momentos. También existe una versión en forma de sopa fría muy típica en verano, llamada okroshka. Esta sopa lleva los mismos ingredientes que la ensalada Olivier, a lo que se añade una bebida típica de Rusia llamada kvas, lo que le da un sabor diferente.
Hay gente que se pone inventar y le introduce elementos que desnaturalizan lo que todavía conservamos de esta ensalada. En mi caso jamás la prostituyo. Eso sí; faisán, venado otros y ingredientes de este tipo, no le incluyo. Pero el pollo asado es de rigor... 
Me interrumpo, como una auto censura,  porque uno amigo vendrán dentro de un rato a cenar y prefiero preparar, y probar con tiempo y en secreto, la dichosa ensalada... con trocitos de pollos... y...

Estado en Leningrado, conocí una ancianita que aseguraba a sus familiares haber sido barrendera en la cocina de Olivier. También ella, aparentemente, llegó a ver al maestro haciendo su controvertida salsa. Pero, esta viejita me dijo que no recordaba ya aquel asunto. Sin embargo, su sobrino (la persona que me puso en contacto con la anciana) me juró que ella la preparaba en la casa algunas veces. Me dio una versión aproximada del complejo aderezo. No obstante, me hizo prometerle que cada vez que me inclinara a revelar los secretos, respirara profundo y pidiera que cerraran el... ¡занавес!

sábado, 17 de diciembre de 2016

Preocupaciones

Preocupaciones

Por Giovanny Cruz Durán.



 Acabo de ver un documental sobre el auge y caída de un vulgar criminal y terrible asesino mejicano apodado «El Chapo». Es un documental extraordinario, bien realizado y mejor sustentado.

Es posible que algunos celebren el ingenio de este confeso asesino para traficar drogas y escaparse, con complicidades compradas o chantajeadas, de algunas cárceles mejicanas.

Realmente nunca lo hizo. Se escapaba de unas paredes; pero jamás dejó de ser un simple prisionero de la nefasta historia que había construido. Vivir, no importa los millones de dólares que tengas, sin siquiera poder ir con tus familiares o la mujer amas a un restaurante, a un acto público, a la escuela de tus hijos, a un centro comercial o a un cine; es llevar una vida muy miserable.

¡Todos caen!

Finalmente esa es la gran lección que vale para muchos jóvenes de nuestra América hispanoparlante. Jóvenes, o inescrupulosos comerciantes, que pueden ver en estos asesinos terribles, paradigmas o esperanzas de mejor vida.

Pero, también he estado viendo, por otro lado, en la transmisiones de los partidos de nuestra pelota invernal, unos anuncios muy preocupantes; cuyos auspiciadores y creativos estarían, imagino, celebrando como una genialidad. Se trata de unos  niños que, finalmente, promueven al béisbol como su objetivo fundamental... y preocupantemente único. ¡La única salida! ¡El super objetivo!

¡Esa es una publicidad engañosa! ¡Muy engañosa! Tanto como el falso “sueño americano”. Lo que se persigue con ella es distraer a nuestros niños de objetivos verdaderos y realistas de superación.

He estado revisando estadísticas deportivas. Ustedes se asombrarían al saber cuántos aspirantes a deportistas aficionados llegan realmente a convertirse en profesionales. Pero el asombro sería mayor si se enterasen cuántos de los firmados, o protegidos como profesionales, llegan realmente al estrellado y a convertirse en ricos golpeando con un pedazo de madera a una pequeña pelota o lanzando otras más grandes a un canasto elevado del piso.

No podemos dejar que a nuestra juventud la distraigan con engañosas y muy mal intencionadas publicidades o promesas, que casi nunca se cumplen. Incentivemos el verdadero estudio. Él es la verdadera y más segura posibilidad de progresar. Claro, que así como real, él exige de un gran y efectivo esfuerzo.

Yo podría decirles qué y quiénes están detrás de estas distracciones terribles, como las que estoy citando. Yo podría decirles por qué se está haciendo esto. Les aseguro que estos son planes diabólicos, pero no ingenua o casualmente trazados. ¡Nooooo!

Hay un macabro propósito detrás de todo esto. Hay grupos de muy alta élite que están...

Hay asociaciones internacionales que no desean...

Hay gente muy poderosa creando esto porque entiende que deben desaparecer ya de la tierra personas que...

Hay grupos que propician hasta guerras para...

Hay gente que se ha colocado por encima del bien y del mal, que muchos pensantes conocemos muy bien (y a los que la mayoría teme), que hasta están decidiendo, a través de pandemias o enfermedades planificadas, cuáles grupos humanos deben poblar el planeta... y su futuro.

Hay... hay un terrible plan maestro, no ignorado por todos, de unos super “iluminátis”, en el cual, probablemente, ni tú ni yo estamos incluidos.

Empero, tendré que detallar mucho más sobre estos asuntos en otro momento, porque ahora tengo algo de sueño y debo pedir ya... el siempre oportuno...


¡Telón!