domingo, 29 de diciembre de 2013

Testimonio gráfico

Versión española de "El diablo ya no vive aquí" (Giovanny Cruz)

El nunca suficientemente citado Albert Camus, escribió que... "el corazón también tiene su memoria". Precisamente por allí guardo los recuerdos de, prácticamente, todas mis experiencias teatrales. Paulatinamente he ido contando algunas, según el  corazón las ha ido depositando en la zona del cerebro en la cual ocurre la Memoria.

Cada cierto tiempo mi hija Fiora se aparece una mañana en mi casa y, durante varios días, redecora todos mis espacios. Eso me agrada, porque de tanto ver adornos y muebles me aburro olímpicamente. Pues el caso es que a ella se le ha ocurrido ahora llenar una de mis paredes con fotos de las obras que he dirigido. En algunos casos ("La gaviota" y "Marat-Sade") aunque no conduje las obras, actué en ellas y las incluiré por la importancia que tuvieron, en su momento, esas realizaciones teatrales criollas. La presentación en España de "El diablo ya no vive aquí", tampoco fue producción o dirección del suscrito; pero como se trata de una pieza mía, la incluyo en este recopilación, que no sigue un orden cronológico de presentaciones.

Adelantándome un poco, al mismo tiempo que prometo completar el testimonio gráfico de obras cuyas fotos no tengo en estos instantes ("La maestra Pasambú", "Los justos", "El malentendido", "Los hijos del fénix", mis primeras versiones de "Calígula", "Un héroe más para la mitología", mi versión preferida de "La fábula de los cinco caminantes", mi versión escénica de "Interioridades", "El mendigo o el perro muerto", "El Bebé furioso", "El siguiente", "Las heroínas, "Demonia"; entre otras), les dejo unas cuantas fotos que hasta ahora he obtenido... para que no se olvide...

El Sucesor (Giovanny Cruz)

El Sucesor (Giovanny Cruz)

El Sucesor (Giovanny Cruz)

La pasión según Antígona Pérez (Luis Rafael Sánchez)

El gato negro (Giovanny Cruz)

Duendes y locos de las dunas (Giovanny Cruz)

Duendes y locos de las dunas (Giovanny Cruz)

Amanda (Giovanny Cruz)

Presentación de "Amanda" en París (Giovanny Cruz)

Quíntuples (Luis Rafael Sánchez)

Andrómaca (Iván García)

La virgen de los narcisos (Giovanny Cruz)

Un café frío en la calle El Conde (Giovanny Cruz)

Barrio 7 tumbas (Giovanny Cruz)

Dos viejos pánicos (Virgilio Piñeira)

Orquideas a la luz de la luna (Carlos Fuentes)

Marat-Sade (Peter Weiss)

El perfume del incesto (Giovanny Cruz)

La conferencia (Giovanny Cruz)

Obsesión en el 507 (Giovanny Cruz)

Obsesión en el 507 (Giovanny Cruz)

Los tiranos (Iván García)

Duendes y locos de las dunas (Giovanny Cruz)

Ahora o nunca (versión libre)

Calígula (Albert Camus)

La casa de Bernarda Alba (Federico García Lorca)

Drácula en el Caribe (Giovanny Cruz)

Virginia-Sombra (Giovanny Cruz)

La Gaviota (Anton Chejov)

Versión española de "El diablo ya no vive aquí" (Giovanny Cruz)

Agradezco sobremanera a todos los actores y actrices con quienes he compartido jornadas teatrales.

Esta publicación se irá nutriendo de más gráfricos durante toda mi vida. Por eso no creo justo que alguien me diga que ya es el momento de tirar el... ¡Telón!

martes, 10 de diciembre de 2013

Grima en el ojo gris de Giovanny

Grima en el ojo gris de Giovanny

Por Tony Raful


Listín Diario: http://www.listin.com.do/puntos-de-vista/2013/12/10/302886/Grima-en-el-ojo-gris-de-Giovanny

Al Momento: http://almomento.net/articulo/151686/Grima-en-el-ojo-gris-de-Giovanny

¿Qué puede impulsar a un escritor a desandar en las neblinas, a rasgar con palabras el muro oscuro de los sueños?
¿Qué mueve a  un narrador a desnudar el alma de sus personajes e imbricar su tejido de angustias en la noche infinita del trance, del acabamiento vital? ¿De qué se  abastece su imaginación para insuflar monstruos y corifeos que suplantan el mundo  de los vivos bajo un manto de  augurios  e íconos del sortilegio? ¿De dónde sale esta grima absoluta en el ojo gris de Giovanny, que cubre ritos y memorias hundidas en el mar lastrado de la parca?  Pienso que  hay una línea borrosa, imperceptible que deslinda lo vivido y lo  no vivido, que lo no vivido se puede dar por vivido sin alterar la noción de la realidad con la cual asumimos el rol consciente de la existencia. Y que lo imaginado es una constelación paralela de espejismos que se intercambia con lo sufrido, una prolongación de vigores que sostiene el texto del escribiente, como formulación y alegato. Que lo ocurrido en la mente tiene el mismo valor de lo vivido externamente, porque al vivirlo  internamente y reproducirlo, contiene las mismas vibraciones de todo testimonio, y se adjunta en el inexorable vacío donde el olvido devora lo vivido y lo imaginado. Su parentesco es intrínseco, ninguno de los dos planos subsiste sin la complicidad de la memoria y sin la coordinación, sin la ilación que demanda la imaginación.


Giovanny Cruz nos trae  en su obra “La Parca que espera en el camino” una colección de cuentos impresionantes,

donde revela un dominio profesional de la escritura y una identificación verbal y emocional con sus personajes, que le imprime a cada narración un dramático desenlace. Todos sus cuentos movilizan segmentos morbosos de la cultura de la muerte, pero encarnados en diferentes momentos y experiencias de la vida misma. En todos ellos se nutre de la leyenda, del rumor espaciado en las penumbras, de los muertos que aparecen, del interés inusitado que suscita, de la urdimbre pesarosa del recuerdo de los muertos que oprime la retentiva de los seres vivos.

El cuento “Último relato” es una formidable escritura elaborada a partir del propio
autor, de su amor inconmensurable por su oficio de escritor, con su listado selecto de autores preferidos, llevado a tiempo final, al golpe sigiloso de  la pérdida de facultades, la virtual extinción de la memoria, el fastidio de lo vivido que se agota en el calendario, la búsqueda afanosa de un veneno que no sea vulgar, que esté a la altura de sus trascendentales decisiones, el texto final y su propia definición sugerida para el sepulcro, para que Platón confirme el principio inmortal que se retira de la podredumbre de la muerte  y se aleja sano y salvo en el  último instante de la vida. Ese golpe maestro, el jaque mate, que anuncia el movimiento audaz de su victoria moral en la claudicación de sus fuerzas físicas. El escritor asediado asume su destino con voluntad crítica, al tanto de la muerte y frente a la muerte.

En el cuentoLa aparecida que espera en el camino”, el autor hace acopio de a versión socorrida durante décadas de la

aparición continua de una muerta, que solía estar en la carretera y pedir ayuda a los conductores, para luego desaparecer espectacularmente. La nombrada Alicia Quirico, se hizo familiar y quienes no la vieron nunca la recrearon, la hicieron visible a través de incontables relatos.  Giovanny recoge la leyenda, el personaje, Rodolfo Beltrán,  queda hechizado por el embrujo, igual que otros que afirmaron haber tenido esa experiencia, Beltrán narra  lo vivido por otros y vivido en el tiempo cautivo del texto. Su final trágico es misterio indescifrable que el autor asocia a la Quirico, aquella doncella mulata, llena de vida, que marcharía a España contratada para exhibirse en pasarelas, y que no logró al parecer entender la jugada del azar, del destino absurdo y sus trampas melodiosas de  placer y de sangre. ¿Cuándo dejó de aparecer en la autopista esta muerta que durante tantos años fue un fantasma recurrente en la fantasía de los  conductores?  ¿Se agotó el depósito de energías que desataba su etérea y sutil  soflama de vida? Lo único cierto es que el ojo grimoso del narrador captó de nuevo su imagen, y la hizo perpetua en los anales del cuento, y en la memoria actualizada de nuestro tiempo.
 

En este libro de cuentos de Giovanny Cruz, los muertos se vuelven familiares, lejos de tejer el terror, se aproximan a
nosotros con singularidad y perfiles de vida, invierte el reloj de la muerte, porque vuelven a vivir en sus mitos y veleidades ancestrales, burlan el sentido estricto de lo real y nos conducen a escenarios plurales, a ricas vetas imaginativas, donde el manejo del lenguaje, conciso, especifico, puntual, sin rebuscamientos, hace de la lectura una travesía intensa de placeres, intensa y fugaz.

Magnos cuentos que ilustran el  camino ascendente de  la buena literatura que se escribe, cuando quien escribe es un maestro diestro y plural, en toda su aquiescencia de valores escriturales y en sus vivencias de hombre de nuestro tiempo, sin miedo, libre para escribir y crear, desde el espectro de la muerte, las más increíbles historias de erotismo, venganza, alucinación y hasta de agencias secretas de inteligencia, donde su propio nombre cifrado e invertido, en una revelación decantada de misterio y nostalgia.




martes, 3 de diciembre de 2013

¿Por qué un actor llega a "creerse" el personaje?

¿Por qué un actor llega a "creerse" un personaje?

Ahí concurren dos fenómenos. Uno lo determinan los espectadores y otro el proceso psicológico de la construcción del personaje, propiamente dicho.

Fenómeno espectadores:
 
Si midiésemos en grados (antojadizamente) el poder comunicativo de un actor profesional, podríamos suponer que la perfección sería 10. Como esta no existe, asignemos a una actuación proteica... 8. 

Los espectadores no son excelentes comunicando, porque ese no es su rol en una presentación teatral. No obstante, comunican. Entonces, de los grados de emociones recibidas desde el escenario, ellos devolverían, digamos, unos 2. Pero en la platea hay, supongamos, unas 200 personas. Entonces el grado de comunicación que el actor recibe será de 400. Si un actor no tiene suficiente “concentración de la atención” (recuerden que no se dice “actor concentrado”. Este sería, en ese caso, un paquetico de apenas ocho pulgadas. Ja), las emociones transmitidas por los espectadores lo influenciarán y determinarán un comportamiento especial.

Les recuerdo que no debemos confundir exageración actoral con sobreactuación. Son cosas diferentes.

Fenómeno construcción del personaje: 

 
El actor de rigor lleva su personaje (lo haga conscientemente o no) hasta el “umbral del subconsciente”, porque si lo deja (como hacen las llamadas “estrellas”) en el lindero del consciente, su actuación será fría y mecánica.) Así las cosas, el personaje debe ser colocado en ese espacio delicadísimo que hay entre el consciente y el subconsciente ("umbral"). Este proceso se inicia con un planteamiento de… “no convertirnos en el personaje” sino actuar solamente “como si lo fuésemos”.

                —No odio a fulano, no voy a matar a fulana, sólo voy a actuar “como si” lo estuviese haciendo.

¿Entienden?

Ahora, cuando el actor permite, por descuido o por falta de "concentración de la atención", que su personaje entre en los dominios del subconsciente, desplazando al consciente (especie de “Yo” controlador), el personaje formará (con el subconsciente) un nuevo individuo. En ese caso, el actor habrá desaparecido y el personaje se convierte en una entidad real. Es ahí cuando decimos que el actor ha comenzado a “creerse” el personaje.

Una máxima teatral indica que… “cuando un actor comienza a creerse el personaje debe ser despedido”.

Quizás no sea tan simple el asunto, porque casi a todos los actores nos ha pasado que en algún momento (al menos unos segundos) hemos sentido los personajes que interpretamos más allá del “umbral”, sin haber llegado al desborde psicológico.

El proceso de “invocar” las emociones es complejo, pero encantador.

¿Y el Cine qué?:

 

Bueno… en Cine (dado que por el plan de rodaje nunca se sigue un proceso "lógico y coherente con las acciones externas e internas" y que el actor no tiene contacto directo con los espectadores) es muy difícil que esto ocurra. Sin embargo, alguna que otra vez ha sucedido. Se sabe de muy famosos actores que han tenido que dejar ciertos personajes porque estos comenzaron a afectarles. ¿Qué el caso James Bond… qué?

Por todo esto, entre cientos de otras características, es que existe en todas partes del mundo tanto respeto por un verdadero actor teatral.

Luis Rafael Sánchez, proclama en la querida “Quíntuples”: el teatro es, por más que lo embelequen, una maroma audaz, un feroz riesgo.

Como por hoy he concluido, lo justo es que ya dejen caer el... ¡Telón!

jueves, 28 de noviembre de 2013

Dialogando con... ¿el Nivangio que todos llevamos dentro?

 Dialogando sobre la personalidad con el Nivangio que, supuestamente, todos llevamos dentro.



¿Quién realmente eres? Me preguntó un individuo nada humilde y que asegura ser un semidiós. Respondí: el Nivangio que todos llevan dentro. Me cortó los ojos y me dio la espalda. Es que algunos postulan a un "Otro", pero niegan serlo.

  • Giovanny Cruz ¿El Nivangio que todos llevamos dentro? Y lo dice usted que se enmascara...

  • Nivangio Zurcn ¿No es la personalidad exactamente eso: una careta?

  • Giovanny Cruz ¡Nooooo! Es una actitud. Una manera de ser social. Nos proyectamos hacia un conglomerado que, igual que la Cultura, condiciona el comportamiento.

  • Nivangio Zurcn Me sorprende, señor Cruz que siendo usted actor niegue lo de máscara en la personalidad. Le recuerdo que “persona” era el nombre que daban a las caretas que utilizaban los antiguos actores griegos.

  • Giovanny Cruz ¿Pretende aleccionarme? ¡Petulante! Inicialmente el vocablo esta asociado a las máscaras teatrales. Pero paulatinamente se transfirió a otras esferas sociales. Empero, “persona” eran los ciudadanos, aquellos que jurídicamente tenían derechos.

  • Nivangio Zurcn Sin embargo, eso fue sólo un aprovechamiento coyuntural. La personalidad realmente es un conjunto dinámico de las características físicas de eso que hoy llamamos... personas.

  • Giovanny Cruz Personalidad no es mas que el patrón de pensamientos, sentimientos y conducta que presenta una... persona y que persiste a lo largo de toda su vida, a través de diferentes situaciones. Según Freud, el fundamento de la conducta humana se ha de buscar en varios instintos inconscientes, llamados también impulsos, y distinguió dos de ellos, los instintos conscientes y los instintos inconscientes; llamados también, instintos de la vida e instintos de la muerte. En la teoría freudiana de la personalidad, todos los instintos que intervienen en la supervivencia del individuo y de la especie, entre ellos el hambre, la auto preservación y el sexo...

  • Nivangio Zurcn Por supuesto: ¡el sexo! Usted y Freud nunca pueden renunciar a eso. 
    Mientras dialogo con usted he revisado un texto en mi biblioteca. Copio lo siguiente: “El experto de origen estadounidense Gordon Allport ha definido a la noción de personalidad como aquella alineación dinámica de los sistemas psicofísicos que permite establecer un modo específico de actuar y de pensar”

  • Giovanny Cruz Personalidad es un resultado genético, físico y social de un individuo. La personalidad está compuesta por dos elementos: temperamento y carácter, uno tiene un origen genético y el otro de tipo social, es decir, lo determinará el ambiente en el cual vive el individuo, respectivamente.

  • Nivangio Zurcn Imagino que sabe que es muy complejo definir este asunto. Hoy se plantea esto como un conjunto de característica que se mantienen en el tiempo. Así las cosas estamos hablando de una pose, obligada o no. Es decir: regresamos al criterio y origen griegos.

  • Giovanny Cruz Sin embargo, en la edad media pensaron que era algo sobrenatural. 
    Pero también revisando en mi biblioteca, he encontrado algunos datos interesantes sobre ciertos trastornos de personalidad. 
    Trastorno de personalidad paranoide:
     Las personas con personalidad paranoide proyectan su propio conflicto y hostilidad hacia los otros. En general son frías y distantes. Encuentran intenciones hostiles y malévolas detrás de actos triviales, inocentes o incluso positivos y reaccionan con suspicacia a los cambios.

    Trastorno de personalidad esquizoide
    Las personas con trastorno de personalidad esquizoide son introvertidas, ausentes y solitarias. Parecen frías y distantes.

    Trastorno de personalidad esquizotípica:
    Las personas con una personalidad esquizotípica, igual que aquellas con trastorno de personalidad esquizoide, se encuentran emocional y socialmente aisladas.

    Trastorno de personalidad histriónica:
     Las personas con personalidad histriónica o histérica buscan llamar la atención y se comportan de modo teatral. Su modo de ser tiene como resultado el establecer relaciones personales con facilidad pero de modo superficial.

    Trastorno de personalidad narcisista:
    Las personas de personalidad narcisista tienen un sentido de superioridad y una creencia exagerada en su propia importancia.

    Trastorno de personalidad antisocial: 
    Las personas con personalidad antisocial, la mayor parte de las cuales son hombres, muestran insensibilidad por los derechos y sentimientos ajenos, tendencia al alcoholismo, a la toxicomanía, a las desviaciones sexuales, a la promiscuidad y a ser encarceladas.

    Trastorno de personalidad límite:
    Las personas con una personalidad límite, mayormente mujeres, son inestables en la percepción de su propia imagen, en su humor, en su comportamiento y en sus relaciones personales (a menudo tormentosas e intensas).La personalidad límite se hace evidente al principio de la edad adulta pero disminuye con la edad.

     Trastorno de personalidad evitadora:
    La gente con una personalidad evitadora es muy sensible al rechazo y teme comenzar relaciones o alguna cosa nueva por la posibilidad de rechazo o de decepción.

    Trastorno de personalidad dependiente: 

    Las personas con una personalidad dependiente transfieren las decisiones importantes y las responsabilidades a los demás y permiten que las necesidades de aquellos de quienes dependen se antepongan a sus necesidades propias.
     
    Trastorno de personalidad obsesivo compulsiva
    ...


  • Nivangio Zurcn Disculpe que lo interrumpa, pero leyéndolo me preguntaba cuál de estos trastornos le pega más a usted. Como no pude decidirme por uno, declaro que los padece todos.

  • Giovanny Cruz Si esta conversación se desvía así, prefiero suspenderla... ¡Telón!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

"Los parias del Caribe" y sus doce errores capitales


“Los parias del Caribe” y sus doce errores capitales


Una nota necesaria: Mi amigo El Gran Jabalí ha dado, intelectualmente, seguimiento a la "cuestión haitiana". Lo ha hecho analizando los socorridos "asuntos" sin deslizarse por la pendiente de un falso o desfazado nacionalismo, ni condimentando con odio sus opiniones. Por supuesto que escribe desde la posición de un dominicano que ama entrañablemente a nuestro país. Les dejo (sin su autorización) la última entrega de El Gran Jabalí, que sólo se distribuye entre un círculo de amigos que tienen categoría de elegidos.
 
Evitaré en lo posible el enfoque jurídico para no caer fuera de mi campo, pese a lo que el primer error que aflora en Los parias del Caribe es la contradicción obvia a la imposibilidad de apátridas consagrada en el texto constitucional haitiano. Del mismo modo, la inverosimilitud que intenta la imposible igualación de propósitos de las leyes raciales de Núremberg concebidas para extirpar la raza judía, con los de un reglamento jurídico de una nación mulata por demás reivindicada por sus históricos combates contra toda pretensión aria de predominio, inscribe el segundo error que asoma en el mismo.

Intriga pensar además, que por el hecho de reglamentar la condición de extranjería y de nacionalidad como lo hacen todos los países civilizados del planeta, sólo los dominicanos adquiriríamos la indeseada condición de parias; porque con la misma vara, casi todo el mundo debería serlo también por idéntica razón. De modo que la disección extravagante, produce aquí el tercer error en Los parias del Caribe. Y surge de inmediato el cuarto, porque denunciar la disidencia de criterios en el seno de un tribunal colegiado, lejos de resaltar un factor negativo, elogia su democrática madurez institucional.

De igual modo, la supuesta naturaleza hereditaria del delito, intentada también desde la exageración de una imposible igualación de efectos con los de la Inquisición católica de la Edad Media, deriva de confundir el proceso regulador con el propósito que lo determina.  Porque la sentencia no tipificó nuevos delitos ni nuevas penas, sino que recreó pertinencias constitucionales y legales preexistentes, propicias a la readecuación del ordenamiento migratorio.  De modo que la incapacidad de distinguir entre esas categorías, genera el quinto error en Los parias del Caribe.

Por su parte, la hipocresía que por circunstancias económicas habría imperado en la cuestión haitiana, no suplanta el deber ético del Estado de erradicarla aún mediante la tardanza de una acción responsable. Porque si rehenes fuéramos del temor de hipocresía, debería toda la anarquía planetaria permanecer incólume. De modo que no hay desmérito en hacerlo, sino todo lo contrario, por lo que la coerción argumentativa implícita, inscribe en este plano el sexto error en Los parias del Caribe.

En el tratamiento de la masacre del 37, surgen dos errores consecutivos. El primero, al negar la verdad histórica atribuyendo aquellos injustificados asesinatos a “masas” enardecidas de dominicanos nacionalistas, puesto que el apropiado uso de la lengua castellana invalida en tal caso la connotación de “masas”,  dando de ese modo lugar al séptimo error en Los parias del Caribe.  Y el siguiente, por la pretensión también imposible, de traspasar equivalentes valores morales y cívicos de aquel lamentable episodio, al campo jurídico que tan sólo procura ordenar el marco migratorio. De manera que el octavo error en Los parias del Caribe, se origina en su improcedente criterio de valoración ética.

Asimismo, la esperanza cifrada en las presiones internas e internacionales para librar al Caribe de una imaginaria injustica bárbara y flagrante del Estado dominicano por el hecho de regular la condición de extranjería en su territorio, refleja una evidente superficialidad en el conocimiento verdadero de la problemática abordada, sin que aquella esperanza muy personal pueda en consecuencia sintonizar con el anhelo colectivo de los dominicanos de hallar remedios certeros a las secuelas del drama en cuyo centro viven. De suerte que la insuficiencia analítica, da lugar aquí al noveno error en Los parias del Caribe.

La confusión en torno al período histórico que abarca la auditoría al Registro Civil, respecto al principio de retroactividad de las leyes, deriva de ignorar que no obstante, todo delito precede a su condena. El sistema norteamericano de justicia, por ejemplo, resuelve casos 20 y 30 años después, que al procesarlos e intentar corregir sus causas originarias sin entrar en consideraciones de tiempo, no lo hace en desacato al principio de retroactividad, sino evitando la sistematización de la impunidad amparada justamente en el tiempo. Por tanto, la falta de discernimiento distintivo de esas temporalidades, genera el décimo error en Los Parias del Caribe.

De igual modo, proclamar la idea de una adversidad para los haitianos semejante a la suerte corrida por los judíos diezmados bajo el asedio de las Leyes de Núremberg en los campos nazis de concentración, infunde la falaz percepción de idénticos motivos raciales para un exterminio masivo en nuestro país de la diáspora vecina de más de un millón de seres humanos, muchos de los cuales progresan en sus escuelas y universidades,  participan en sus principales sectores económicos y son todos atendidos en sus centros hospitalarios. La evidente intencionalidad de un paralogismo verdadero que ahí subyace, engendra el undécimo error en Los parias del Caribe.

Hago aquí ahora una digresión necesaria para sustentar el duodécimo error presente en Los parias del Caribe. En abril de 1844, el señor Saint Denis, cónsul francés en nuestro país, solicitó al presidente de entonces que el Estado dominicano asumiera una cuota proporcional de la deuda de 150 millones de francos, contraída por Haití con Francia a cambio del reconocimiento de su independencia. La petición fue por supuesto denegada, dejando en claro el presidente Santana que al Estado dominicano no le era vinculante tan bochornoso chantaje. Se sabe que todavía en 1848 tanto Francia como Haití se negaban por el rechazo a reconocer nuestra soberanía como Estado independiente. De modo que éramos víctimas de la doble coerción que como alternativa nos planteaba la amenaza de una nueva ocupación haitiana sin oposición de Francia.

Es sabido también, que tan oneroso compromiso tuvo su origen en la fuerza intimidatoria de un contingente de 14 buques de guerra fondeados en aguas de Puerto Príncipe, dispuestos a invadir el territorio haitiano si Boyer no consentía la impudicia francesa, saldada con el esfuerzo subsiguiente de 122 años de trabajo del pueblo haitiano y que en ocasiones llegó a consumir hasta el 80% de sus recursos anuales; un pasivo, por cuyo peso Haití intentó sin lograrlo, financiar mediante recargos impositivos extraordinarios a los dominicanos en tiempos de la ocupación a nuestro territorio.

Ante la gravedad actual del drama haitiano, me pregunto si sería justo que se olvidare aquel abuso cometido por Francia; y si la comunidad internacional que tan preocupada está por Haití, sobre todo sus aliados caribeños, está dispuesta a olvidar también, que si su gente recibiera hoy los 22 mil millones de dólares que representaría la erogación que por tal barbaridad realizara, otra sería su historia y su suerte. Me pregunto además, si la crueldad e inhumanidad de los belgas contra los congoleños, fue mayor en El sueño del celta, que las penurias por narrarse quizás en El insomnio del haitiano por tal iniquidad.

Y aquí regreso al tema central, tras haberse evidenciado que frente a la inmoral compulsión francesa contra la indefensión haitiana, la selectiva imputación de crueldad e inhumanidad lanzada sobre los jueces del alto tribunal, revela su duodécimo error capital. Y que la avalancha de acusaciones y condenas que pretenden hacer de nuestro país el responsable del ancestral drama humano causado por Francia, nos convierte además, en el chivo expiatorio verdadero innominado en Los parias del Caribe, intento de forzosa parcialidad por las subjetividades de su inacabada argumentación.

Lo que no pongo en duda, es el cariño profesado hacia nuestro país por el afamado creador de Los parias del Caribe, y me alegra que también lo sienta por nuestros empobrecidos vecinos haitianos. Por tal razón, apostaría que toda Latinoamérica se enorgullecería, si en concordancia con tales sentimientos, el autor pusiera todo el prestigio mundial del que goza, al servicio de una cruzada internacional que logre revertir la crueldad e inhumanidad de habérsele succionado al pueblo haitiano la savia de su desarrollo. Para que Francia se la retorne y pueda salir de su deplorable estado de miseria. Para que nuestro insigne Premio Nobel merezca también el de la Paz.

Hasta la próxima entrega. Recibe un cordial saludo de El Gran Jabalí.
Santo Domingo, 27 de noviembre de 2013