jueves, 18 de agosto de 2011

El momento de Miguel Collado

Por Miguel Collado


Miguel Collado

Santo Domingo. (Atanay.Com).- “Yo creo que los políticos dominicanos no hemos entendido el problema de la cultura en nuestro país”. Es la confesión dolorosa de un político honesto, de un hombre al que le duele la cultura de su patria: Danilo Medina Sánchez, candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana. Y yo estaba sentado frente a él cuando lo dijo y vi en su mirada a un ser humano sincero, sensible, que expresaba lo que sentía, convencido de que los políticos deberían prestarle mayor importancia a eso que su maestro, Juan Bosch, definía como:

“la acumulación de todos los conocimientos y de todas las artes que la humanidad ha venido creando en su larga lucha por dominar la naturaleza que lo rodea, de la cual saca su sustento, su techo, lo que la viste y la cura, y en suma todo lo que ha necesitado para mantenerse con vida y en constante evolución” (“La palabra cultura”, en su Textos culturales y literarios. Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1988. Pág. 11).

Ese memorable encuentro ―que bastó para que me decidiera a apoyarle independientemente de la decisión que pudiera haber tomado, en ese momento, el actual Presidente de la República y líder del PLD, Dr. Leonel Fernández Reyna― tuvo lugar en su oficina, en noviembre de 2010. Presentes estaban los escritores y amigos César Zapata, Luis R. Santos, Bismar Galán, Carlos Márquez y algunos jóvenes cineastas cuyos nombres no logré registrar en mi memoria de bibliógrafo.

Recuerdo que mi reacción ante esa atípica confesión en la voz de un político criollo fue la siguiente: “Líder, yo quiero que me permita usted intentar darle alguna explicación a lo que acaba usted de plantear, que me parece sumamente interesante”. Humilde ―con esa humildad que nunca oculta, que siempre le acompaña en su rostro, en sus gestos y en la atención que presta a su interlocutor― me miró fijamente y me dijo: “¡Sí, cómo no!”.

“Para que un político pueda entender el problema de la cultura debería ser mucho más que un político”, comencé diciéndole, mientras él me prestaba toda la atención que sólo una persona educada y reconocedora de la trascendencia del tema es capaz de exhibir. Ese político ―continué― debe ser capaz de comprender que la problemática de la cultura involucra a seres humanos con sensibilidades, intereses, sueños, prejuicios, egos y complejos muy diversos, que varían en función de los ámbitos culturales o artísticos en los que realizan su labor creadora, por lo que algunas diferencias podemos encontrar, por ejemplo, entre la realidad de los artistas visuales y la de los escritores o teatristas. Líder, es que el mundo de la cultura es un mundo complejo y esa complejidad no es posible entenderla desde la tradicional mirada política, que sólo alcanza a ver un voto electoral en cada hacedor o hacedora de cultura; hay que comenzar a cambiar esa manera de ver al trabajador de la cultura y hay que hacerlo a partir de una sensibilidad muy singular, no común en nuestros políticos”, concluí.

Danilo, a partir de ese momento, como sorprendido con mis palabras ―con las que todos los allí presentes se sintieron identificados―, puso a mi disposición los salones de su oficina electoral para trabajar en la concepción de un proyecto cultural que respaldara su precandidatura presidencial.

Fue, ese diálogo con testigos, el inicio de una relación política que habría de convertirse en el primer paso hacia el nacimiento del Frente Cultural con Danilo-Sector Externo, movimiento juramentado por él mismo el viernes 11 de marzo de 2011, es decir, cuatro meses después de aquel significativo encuentro con ese dominicano que constituye una verdadera reserva ético-moral del pueblo dominicano.

A mi memoria asoman sus palabras cuando, entusiasmado, con su diestra levantada, expresó: “Me siento complacido de tomarles el juramento. Este es un grupo que puede jugar un importante papel en el sector cultural y su rol debe ser más en el aspecto cualitativo que cuantitativo”.

Varias veces he sostenido encuentros similares con Danilo y siempre ha sido lo mismo: ha expresado su honda preocupación no tan sólo por la educación sino, además, por la cultura. “En un gobierno de Juan Bosch la cultura ocuparía un lugar preponderante”, le oí decir en diálogo sostenido, a solas conmigo y con el escritor Luis R. Santos, en el mes de febrero del año que discurre. Lo decía y lo sentía, como una exclamación brotada desde lo más profundo de su ser. Yo lo percibí así, a menos de un metro de distancia de él.

Danilo Medina, como lo fue el profesor Juan Bosch, es un abanderado de la educación y de la cultura y ―porque tiene luces y sensibilidad para entenderlo así― sabe que no hay forma de lograr que una sociedad avance y se engrandezca sino está sostenida sobre esos dos pilares fundamentales del desarrollo humano que son precisamente: la EDUCACION y la CULTURA.

En un conversatorio sobre políticas culturales, titulado “Cultura y política cultural” y realizado en diciembre de 2010 en la Sociedad Cultural Alianza Cibaeña, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, Danilo “destacó los proyectos culturales que se pondrían en marcha en el gobierno dirigido por él, y resaltó el papel de la cultura en el desarrollo de los pueblos” (Ver: “Danilo Medina presenta política cultural en Santiago”, en http://eljacaguero.com/danilo-medina-presenta-politica-cultural-en-santiago/).

En su propuesta programática sobre política cultural, en el año 2000, Danilo Medina ya había dejado bien clara su visión sobre la cultura: “La cultura es la base de la nacionalidad…Sin cultura es imposible vencer la pobreza material ni alcanzar la riqueza espiritual”.

* Coordinador Nacional del Frente Cultural con Danilo-Sector Externo

miércoles, 17 de agosto de 2011

Ahora Pedro, luego Collado.

Ahora Pedro, luego Collado

Pedro Vergés
Ayer mismo publiqué los artículos cursados,  en direfentes medios de comunicación, entre mis amigos Carlos Francisco Elías y Tony Raful. Las reacciones, todas positivas, ocurrieron inmediatamente. Por lo que ya está ocurriendo podemos vislumbrar que los actores culturales involucrados en los frentes de campaña de Hipólito y Danilo darán un agradable espectáculo de decencia, tolerancia e inteligencia. En ese sentido adelanto que los principales responsables de esos equipos culturales se reunirán un día de estos para fraternizar e intercambiar experiencias y futuros proyectos. ¡Bravo! ¡Bravo! Bravo!
Los políticos de profesión están obligados, luego de esto, a aprender un poco de la sustancia y la rara sangre que transita dentro de los espacios interiores de los "culturólogos" nacionales.
Pero en lo que llegan esos encuentros en La Pasión Cultural estamos comprometidos a publicar dos colaboraciones que nos llegan del sector de la Alianza Cultural con Danilo. Una de estas nos fue enviada por el independiente Onorio Montás y la firma el sólido intelectual y gran amigo Pedro Bergés (o ¿Vergés?). Se trata de una respuesta a la también amiga Margarita Cordero. La otra nos fue remitida por el brillante intelectual y pedagogo  Miguel Collado. Esta última, la cual publicaremos mañana, explica perfectamente la intención real de su autor al unirse al equipo cultural de Danilo Medina.
Se nos dirá que estamos tocando asuntos políticos en La Pasión Cultural. Y es preocupantemente cierto. Pero no nos hemos apartado ni una pulgada de la Cultura. Lo hacemos porque nos sentimos muy contentos con el buen espectáculo  que estamos ofreciendo los hacedores de Cultura, circustancialmente "enganchados" a políticos. Además, insisto en decir, nos estamos jugando el futuro cultural del país. Pero luce que ese futuro está en manos buenas y seguras.



No tan de Prisa, Señora 
Pedro Vergés
Desde el infierno tan temido a que, de súbito, se me envía por mi “desfasamiento” y mi “desinformación” en asuntos de los que algo debo de saber después de tantos años de insistir en lo mismo, me veo en la necesidad de referirme a un artículo en que la periodista Margarita Cordero comenta la reseña de una, más que entrevista, conversación sostenida un día del mes de julio con mis buenos amigos Onorio Montás,  Frank Núñez y la joven Susie Craballo en el programa radial “Dejando Huellas”.
Aquella tarde Onorio inició el diálogo preguntándome acerca de los bajos niveles educativos de la población dominicana y yo le contesté que el problema me resultaba torturante. Es decir, que no usé este adjetivo, aunque podía haberlo hecho, para referirme, como se desprende de la reseña, a la despersonalización de lo nacional, una frase que a la señora Cordero no le gusta, pero que a mí sí, porque de alguna manera me ayuda a comprender el complejo proceso por el que atraviesa en estos momentos la llamada identidad dominicana, aun cuando también admito que el asunto reclama más atención que la que puede dársele en un fugaz espacio radiofónico.
De ahí el diálogo derivó hacia otras áreas y, siempre partiendo de la comparación implícita en la pregunta de Onorio (sorprendido, como todo el que tenga dos dedos de frente, por la enorme diferencia existente entre la sociedad dominicana actual y la que conocimos en nuestra juventud y hasta en el inicio de nuestra adultez), y señalé algunas características de ese cambio. Cité entre ellas, en efecto, la aparente facilidad con que, de ser una sociedad apegada casi atávicamente a su nacionalidad,  la nuestra ha ido convirtiendo en algo natural la adquisición de otra, o de otras, y dije, y digo, que, a mi modo ver, esa actitud refleja una relativización de lo nacional.
A mí no se me escapa que la identidad es un fenómeno dinámico. No tengo que acordarme de Heráclito para eso. Pero también sé que cuando, por hache o erre, una sociedad sufre en un corto período de tiempo sacudimientos intensos (como el de la emigración abrupta y masiva de nuestra población y la irrupción de cientos de miles de haitianos y demás extranjeros en el territorio nacional, entre otros) se producen alteraciones que influyen, a su vez, en la percepción de lo propio, del ser en sí, si se quiere, e inician un proceso de reconsideración de lo esencial muy parecido al que estamos viviendo en estos momentos.
Eso nada tiene que ver con el hecho de adquirir, por conveniencia, interés o necesidad, una nueva nacionalidad ni me lleva a mí a condenarlo. Antes, por el contrario. Como embajador de mi país conozco el problema a fondo. Sé de sus implicaciones legales y personales y no he dudado nunca, precisamente por fidelidad a nuestra constitución, en recomendarles a los dominicanos que me han hecho el favor de pedirme consejo, que se adapten a lo que es, al fin y al cabo, una realidad del mundo de hoy, adoptando, por su propio bien, la nacionalidad del país que los acoge. Dudar de que un embajador dominicano, cualquiera que sea, esté debidamente informado al respecto, como lo hace la señora Cordero, es una finta esquinera de campaña política que puede tener gracia para los acólitos ahítos de fanatismo, pero que carece de solvencia intelectual.
Lo que pasa es que, al margen de lo estrictamente administrativo, la adquisición de una segunda o tercera nacionalidad implica un innegable desdoblamiento emocional que afecta y pone en jaque lo que sólo décadas antes se consideraba un absoluto. Ese es el punto y yo lo señalaba, y lo señalo, como una “marca” del proceso en que estamos inmersos porque me parece que lo es. Yo no tengo que preguntarle a ningún indigente, como me sugiere la señora Cordero, qué es para él ser dominicano. Probablemente, condicionado por la precariedad de su existencia, me conteste con un exabrupto. Pero no solo los indigentes lo harían. Basta abrir las páginas de nuestros periódicos y oír hablar a la gente  (especialmente cuando están en la oposición) para caer en cuenta de que el concepto que tenemos de nosotros mismos, que es otra de las afirmaciones que hago y sostengo, resulta realmente lamentable. Mejorar esa visión desoladora es una tarea a la que un buen programa de política cultural podría y debería contribuir de forma decidida. Así lo creo, así lo digo. Yo también, como Savater y como, por él, la señora Cordero (qué cosa) siento que en lugar de raíces tengo pies. Pero eso somos Savater, la señora Cordero y yo. El fenómeno, lamentablemente, trasciende esos regocijos o epifanías personales.
En cuanto a si Danilo Medina considera una aberración cultural que los dominicanos se nacionalicen como estadounidenses, me atrevo a responderle que no. Pero ocurre que yo tampoco. Deducir de la reseña de una conversación que duró casi una hora o, lo que es lo mismo, de un par de frases, que alguien, en este caso yo, “es incapaz de entender el fenómeno sociocultural de la diáspora y su influencia en la realidad cultural dominicana y, en sentido inverso, el efecto de la inserción del país en la economía del mundo”, nada menos, me parece de una soberbia intelectual indigna de una confesa seguidora de Savater. Ha de saber la señora Cordero que, al margen de un modesto conocimiento, tengo, como dicen los filósofos, la vivencia del asunto, pues no por nada casi todos mis familiares residen en Estados Unidos desde hace décadas y son, en su gran mayoría, ciudadanos de aquel país. Qué me va, pues, a contar al respecto la señora Cordero.
A la señora Cordero le preocupa, por último, que alguien como yo (“alguien así”, dice ella, con soberano desprecio, puede que hasta con odio) llegue a regir la cultura del país. Pero que no tema. Aunque ella no me crea, como no me lo creen otros, no ando detrás del puesto. Mi apoyo a Danilo Medina no viene de ahí y Danilo lo sabe. Otros con más merecimientos y más talante político pueden desempeñarlo con mucha más habilidad y desenvoltura que yo. Una cosa sí le digo a la señora Cordero. Si a ella le da “pavor” tal posibilidad, como también afirma, mucho más me lo da a mí imaginar que nuestro Ministerio de Cultura pueda caer en manos de alguien que divide de antemano el complejo universo cultural dominicano entre los desfasados, como yo, y los poseedores de la verdad, como ella.
 

martes, 16 de agosto de 2011

Dos posiciones culturales

Dos posiciones culturales:
Mi dilecto amigo Carlos Francisco Elías ha escrito un comentario crítico sobre las posiciones y proyecciones culturales en la campaña electoral que realizan en este momento los respectivos comandos de campaña de los candidatos Hipólito Mejía y Danilo Medina. Los planteamientos de Elías están formulados con rigor y caballerosidad. Algo que debe reconocerse, se esté o no de acuerdo con ellos. Eso entendió Tony Raful, presidente del Comando Cultural del PRD, como se traduce de la elegante respuesta que da a su también amigo Carlos Francisco Elías.
Leyendo el contenido de ambos artículos, uno puede prever que, al menos en los aspectos culturales, la campaña será rica en debates de categoría y sapiencia. Sabemos que el escritor Pedro Bergés, un hombre culto, decente y presidente La Alianza Cultural del PLD, anda por esta misma onda. Y, por supuesto, en La Pasión Cultural abriremos espacio para cuando el amigo Bergés desee plantear sus posiciones culturales.
Entendemos que estamos frente a un momento trascendental de la cultura. Nos jugamos el futuro en este aspecto. ¡Qué bueno que ambos comandos de campana están liderados por gente de reconocida trayectoria cultural y de una aplaudible buena educación!

Sin más dilaciones leamos los dos artículos de marras.

PAPELES DEL TRÓPICO
como ayuda memoria.



FRENTES CULTURALES Y ELECCIONES 2012 : 
¿MAS DE LO MISMO ?



Por: Carlos Francisco Elías


La vieja historia de  que a la clase política dominicana, no le interesa la cultura, no  es tan vieja, en todo caso sigue vigente como un evangelio desgarrado. A una década de cultura perdida (que curiosamente incluye a los dos partidos contendores y sus gobiernos), se observan los aprestos acríticos frente al mismo tema, como si el tiempo y el cansancio de lo mismo, hasta la saciedad, no ejerciera su acción en el tiempo.

El proselitismo en la cultura incluye parcialidad con las ideas con el pasado y con el presente, en la medida en que  el que no está en el poder, tampoco toca ni con el pétalo de una rosa (lo adecuado) al que está.

El tema de si ha existido oposición cultural, sería el tópico adecuado para otro artículo, pero vale recordarlo
 
De modo que la situación está servida y uno entonces se pregunta con sentido crítico y pensamiento libre: ¿Cada 4 años para qué se hacen los frentes culturales y las agrupaciones culturales que apoyan a candidatos?...

En el caso del PRD, a estas alturas, una de las tareas esenciales sería revisar el esquema de acción de la pasada administración, claro ello sería un reto para el amigo Tony Raful, porque el mismo que preside ahora el frente, al mismo tiempo fue el incumbente cultural de la pasada administración. Creo que tiene la oportunidad para hacer ese debate con la mejor de las transparencias, porque es necesario o de lo contrario, sería más de lo mismo.

En el caso del PLD, ya se sabe que la ortodoxia en materia del pensamiento y la genuflexión no da para mucho, los intelectuales tienen que apoyar la gestión de gobierno sin chistar ni mirar atrás como Lot, porque se convierten en una estatua de sal. Allí no se concibe una acción del pensamiento diferente, lo que el intelectual piensa si es diferente, debe callarlo, si osa decirlo públicamente, ha traicionado su militancia y al partido, cualquier similitud con Gorki y la proclamación del realismo socialista en el 1932, no será pura coincidencia. En ese estado de paranoia de las ideas, lo que queda es apoyar lo que venga como línea de vigencia.

Este esquema de ambos partidos, en uno más abierto, relativamente, en otro más cerrado, es lo que se viene gestando desde la aparición del Consejo Presidencial de Cultura, nombre que solo su composición indicaba la ley de los contrarios en materia de libertad de acción y visión cultural independiente. Esquema que hizo posible también, vale recordarlo como asignatura pendiente, que la ley 41-00, que es la ley de cultura, naciera en un estado democrático como si hubiera sido discutida y promulgada en un Estado del campo socialista, aberración que los gestores de la ley, ubicados en un campo partidario u otro en este momento, no han asumido como materia a repensar y debatir.
En aquel momento de promulgación se decía que lo importante era tener la ley y a quienes pensábamos que era importante el debate, se nos decía que nuestro "pesimismo " era innecesario, sigo pesando que la ley es birria...
 
Una de las tareas de estos grupos que desean hacer campaña electoral con la cultura, por ejemplo sería debatir la ley 41-00, que en estos momentos su fragancia es más  vetusta que  post moderna : porque los criterios de ciudadanía cultural, derecho al habla y al conocimiento, con la misma legitimidad que el derecho a elegir y ser elegido, entendido como lo plantea la Unesco desde 1997, no están allí reflejados.

Se supone que gente del pensamiento y las ideas, no organice grupos como se hace  cuando se organiza un juego de pelota en un barrio, donde solo los colores ayudarán para ver a los contrarios, creo que se trata de algo más comprometido con los debates pendientes que tiene la cultura en nuestro país, debates que obviamente deben ser sectoriales.

Porque no es un secreto :  que  con ideas de autoritarismo áulico, que 8 años con la lengua, en alegre sea la parte enterrada, el panorama actual no resiste evaluación, porque además allí no fue tratado por Pedro Bergés en " Lucía " ( local donde los culturales Danilistas se reunieron.) Por cierto, sería una lástima que una persona lúcida y sensata, hubiere proferido los chistes racistas en aquel evento que debió ser para sumar...

De todos modos, si Berges aspira por  el Danilismo a ser Ministro de cultura, lo que debe explicar de modo público, , es cómo desmontar esa burocracia de amiguitos preferenciales de feudo altivo y arrobado, para reproyectar una visión de futuro confiable. Las campañas electorales son para eso, aún cuando el sector cultura electoralmente no vaya a determinar unas elecciones nacionales.

En el caso de Tony Raful, que ya fue Secretario de Cultura y que ahora preside el Frente Cultural del PRD, la experiencia es diferente :  debe realizar una evaluación de su gestión, porque no envía buen mensaje ni al  electorado ni al sector cultural, si ahora bajo su liderazgo, el mismo da su gestión pasada como " buena y válida", aspirando de nuevo al cargo de modo colateral a su actual gestión partidaria de jefe grupo cultural.

En otras palabras, no es la primera vez que escribo sobre el tema, tengo años haciendo el planteamiento : que el debate de las ideas sobre la cultura, debe normar la competencia entre los partidos, que no basta formar los grupos de colores diferente y hacer un maldita guerra de papel repleta de nombres y firmas, que eso es más de lo mismo y de siempre, harto visto : y en medio la algarabía gallera de la campaña, como siempre, los temas serios de la cultura quedan en el peor de los olvidos...

Finamente : 

A propósito de la Campaña Electoral del 2012 y la  Cultura:

¿ Le interesa a la clase política el drama de la división de clases en el consumo y uso de la cultura?...
 
¿Hay derecho a tener una ley de cultura, aún no revisada, obsoleta redactada con el tufo del viejo estalinismo de los países del llamado socialismo real?...

¿En esa politiquería de costra y acción a la cieguita, hay conciencia de que la promoción de la cultura, no como Pan y Circo, es un medidor de la calidad de vida de la población ?...

Miles de preguntas como estas se podrían hacer, en pleno 2011, lo que no es posible es que un sector de las ideas y el pensamiento actué como un regimiento sicorrigido, sin destino posible, con disciplina de rigor, sin convertir la apuesta por la cultura en una fiesta de las ideas y un debate franco. (CFE)


Carta abierta a Carlos Fco. Elías
Tony Raful

La piedra filosofal del debate es el interés, no como gravitación fiduciaria sino como medida de la acción, como voluntad política. En su eje transversal  la cultura oscila como concepto y  praxis de fenómenos humanos que recrean y pautan las creencias y formas de vida de los pueblos. De frente a un proceso electoral que supone el empleo de ingentes esfuerzos, destrabar energías para la materialización de objetivos, la cultura  debe ser empuñada como parte del pliego de ofertas que los partidos y candidatos presenten a la nación. Probablemente sea ahora, el marco propicio para desentrañar vicios y limitaciones del proceso cultural, promovido por el Estado. El criterio de Octavio Paz resumiendo en la imagen del “Ogro Filantrópico”, el peligro de la absorción y castración de la creatividad, de la creación incesante  en libertad y bajo líneas pluralistas de trabajo, no tiene hoy toda la dimensión que su advertencia  sugirió frente al Estado, controles que Orwell testó al futuro del “gran hermano”. Las vigilancias son compartidas por los sectores públicos y privados, el mercado opera con poderes inimaginables en las formulaciones de Adam Smith, inspecciones de alta tecnología predicen los comportamientos y condicionan nuevas patologías bajo moldes post modernos. El Estado ha perdido magnificencia, desde que el neoliberalismo pretendió despojarlo de toda iniciativa de poder y convertirlo en sello gomigrafo de  las transacciones burocráticas. Pero subsiste, tambaleado por la ola democrática que alcanza los  países árabes y  echa por tierra los planteamientos de Samuel Huntington sobre el  “choque de civilizaciones”, alterando los cimientos inamovibles del islamismo y convocando por twitter el derecho a la rebelión,  minando costumbres y nichos culturales. La vieja Europa desde los “indignados” españoles hasta  los suburbios incendiados de Londres, va diseñada en un formato no previsto, donde coliden  los más complejos dramas y problemas migratorios y necesidades vitales de existencia, negados por  el contrapunteo del Estado de bienestar y por las diversas formas neoliberales de dominación.
En ese marco, los agentes culturales están compelidos a definir con precisión sus propuestas culturales en un contexto  de independencia relativa, que sin prescindir del Estado puedan operar en una visión de ciudadanía susceptible de integrar acciones, que sustente la validación de  identidades y múltiples formas de creación de valores  en libertad. Las observaciones del reconocido crítico de arte e intelectual, Carlos Francisco Elías, sobre los frentes culturales de los partidos de cara a las elecciones venideras, tienen un sentido previsor, cuya agudeza asumimos como base, para erigir posibles respuestas, que sirvan para pactar unidad alrededor de un programa mínimo cultural.
El pobre sector cultural dominicano no puede escindirse más allá de su propia lógica de supervivencia. Sufre lastimeramente el desdén histórico de una subestimación que lo circunscribe a focos recreativos y a pasatiempos. Pero ese desnivel conceptual sobre el fenómeno cultural, no debe condicionar ni predeterminar una propuesta de futuro. En la capacidad de modificación de lo usual radica el poder  trasmutante de la conciencia articulada. Nosotros, los que laboramos bajo los lineamientos del Frente Cultural Prof. Amable Botello, del Partido Revolucionario Dominicano, estamos contestes en las siguientes observaciones de Carlos Fco. Elías: 1ero- Probablemente no haya interés especial de los partidos políticos en el tema cultural, lo cual no significa que no se suscite compromiso en puntos específicos, que auspicien el cumplimiento de tareas pendientes que coadyuven al desarrollo  cultural. En ese sentido, se nos ha otorgado la libertad de conformar objetivos y darle sentido a una nueva gestión de compromiso plural, surgido de las discusiones y debates actuales.
Debo consignar que el candidato presidencial del PRD, Ing. Hipólito Mejía, ha sido taxativo en el endosamiento de los requerimientos  y urgencias culturales en un posible mandato suyo de poder, por el cual suscribimos las nuevas esperanzas. 2do. No pretendemos  validar gestiones pasadas. Tenemos el criterio de que una nueva gestión cultural tiene que negar cualitativamente las dos gestiones, tanto la que encabezamos, como la actual, para dar paso a formas nuevas y actuales de cambios y transformación del modelo cultural. Ninguna administración puede juzgarse en términos absolutos de calificación, por lo que entendemos, que  hubo logros importantes dentro de la precariedad de la primera gestión apenas sustentada por un presupuesto mínimo, aprestos de una vocación de profundidad y estructuración de ideas. La necesidad de rechazar la política cultural predominante de eventos,  no significa anular sus realizaciones sino encauzar sus acciones, sustraerle su pomposidad inútil y reproducir formas activas y funcionales de estímulo cultural sin interferir ni mediatizar su esencia libertaria. 3ero- Revisaremos la Ley 41-00 que creó la Secretaría de Estado de Cultura, actualizándola, sometiéndola a exhaustiva y rigurosa consulta democrática, una y otra vez, aunque tengamos que peregrinar al Congreso Nacional,  hasta llevarla a convertirse en un real instrumento  de sustentación referencial de las manifestaciones de la cultura en sus distintas áreas.

Carlos Francisco Elías, intelectual no sumiso, independiente, amigo mío, ha sugerido ideas, muchas de las cuales compartimos. En ese horizonte crítico radica el porvenir de un proceso  cultural, que requiere la creación de conciencia libre y  el privilegio de las coincidencias, en la lucha por adecentar este país en los tramos  coyunturales de la lucha política.