miércoles, 15 de septiembre de 2010

La nota de Chiqui


Nota: Luego de la carta que publicamos de Teo Terrero comentando nuestra entrega sobre la falta de profundidad en el teatro criollo, Sheresada (Chiqui) Vicioso prestigia este cultural blog con la breve, aunque certera, nota que nos envió. Siempre hemos dicho que cuando los dioses y las diosas se interesan por nuestras cosas no tenemos otro camino que agradecerles. Publicamos, inmediatamente después de la nota de Chiqui, un trabajo sobre ella que escribiera el sólido intelectual Miguel de Mena. Y como una ñapa el poema "Desvelo"; de Chiqui, por supuesto.
Luego, y continuando con nuestra idea de contar al menos la historia gráfica del teatro criollo, publicamos las imágenes que nos ha enviado Mario Lebrón y la última remitida desde New York por Carlos Espinal.
Mañana, a propósito de una expresión de Chiqui Vicioso en su nota, publicaremos varios poemas de Miguél Ángel, para el suscrito el más grande artista de la humanidad, que aún siendo renacentista tenía una agría enemistad y tirantez con algunos artistas del renacimiento, sobre todo con Leonardo Da Vinci.


y hace falta alegrarse cuando alguien se inicia en las tablas, y si viene de otras disciplinas o géneros artísticos mejor.  La gente que querría hacer teatro tiene terror de la reacción del gethoe, porque la tendencia es agredirles no abrirles los brazos...definitivamente no somos renacentistas.


Luego están la deshonestidad y las falsas competencias, "que si el montaje es mas importante que el texto o viceversa", y las pretensiones escriturales en gente que no puede escribir una carta sin faltas ortográficas.  Estupideces que echan a perder proyectos que pudieron haber revolucionado el genero.  Definitivamente no somos renacentistas.

Chiqui Vicioso
 

CHIQUI VICIOSO Y SUS EXTRAÑOS ULULARES
 
Miguel D. Mena



Si todo se hormiguea allá abajo, con las luces de Santo Domingo apagándose y los cinturones aquí apretados, algún poema tiene que ver. Tiene que producirse el consuelo de las imágenes, la fluidez de alguna palabra estableciendo las líneas aureáticas, las sombras que nos dan la sensación de densidades en el alma.
Chiqui Vicioso tiene que aparecer por esa puerta. Tiene que ver su poesía, su teatro, su presencia. Tiene que estar algo ahí redefiniéndonos, sacándonos chispas, moviéndonos por esos terrenos clandestinos de la amistad blindada.
 
Titulada en ciencias sociales, pedagoga de profesión, poeta, diplomática de la creatividad local, sus logros ponen a la deriva todos aquellos clavos con los que la dominicanidad oficial se sustenta. Nacida en Santiago a finales de los 40 dentro de una familia donde la Poesía Sorprendida se respiraba por parte de la madre, ella también una gran poeta, su vida se constituiría en ululares extrañísimos.
 
El Nueva York de los setenta sería la primera estación de un mundo que se ha estado cruzando palmo a palmo de este lado del hemisferio. Guinea-Bissau, Brasil, Nicaragua, Cuba, Bolivia, son algunos de los planos donde se han formado esas coordenadas. La mujer ha sido uno de sus pilares. Gracias a ella nos adentramos en el mundo de Julia de Burgos, y de paso, se produjeron importantísimas revelaciones de uno de los amantes de la autora puertorriqueña, Juan Isidro Jiménes Grullón. Luego vendrían traducciones de Sylvia Plath, pensamientos sobre los problemas de género desde los años 80.
Al mismo tiempo que la promoción de estas autoras y sus temas se producía, también había una gran labor de aglutinamiento de artistas en un trabajo multidisplinario. Produciría entonces una serie de trabajos con los creadores plásticos más reveladores del momento, Tony Capellán, Belkys Ramírez y Jorge Pineda. Redescubrimos el libro como objeto de arte, el valor de las texturas, los colores, las formas. El libro no sólo era para ser leído, sino para verse, agudizando ese gusto cuasi-infantil que de repente perdimos alguna vez.
 
Sensible para todo lo que significara creación, ahí estaban las teorías al lado de la lírica, la consejería en proyectos educativos nacionales y extranjeros, y su irrestricta solidaridad con proyectos revolucionarios. Sin tener que ponerse alguna bandera en el pecho, Chiqui fue una de nuestras Juanas de Arco. Ahí estaba la conciencia del compromiso, la materialización de una voluntad y las ganas de pluralizarse en todo lo que conllevara una mejor condición humana.

Un buen día la poesía llegó a sus últimas costas. Nuestra autora había publicado "Un extraño ulular traía el viento". La conciencia de lo mágico caribeño había logrado una de sus apuestas fundamentales. Tomás Hernández Franco y su "Yelidá" ya no estaban solos en el parnaso dominicano. Más de cincuenta años tuvimos que esperar para tener un texto poético que nos enlazara a los aires de Aimé Cesaire, Derek Walcott y Cos Causse.
 
Después de ahí las flotas tomaron otros cursos. No contenta con el ensayo y la poesía, las nuevas aguas serían las del teatro y el ballet. Luego de un primer proyecto a partir de textos de Emily Dickinson, Chiqui Vicioso escribiría "Whiskey Sour", quizás la obra de teatro de más éxito en el último decenio del siglo XX. Si con "Un extraño ulular..." accedíamos a nuevos ámbitos de lo caribeño en nuestra insularidad, con esta obra se estaba pensando en álgunos ámbitos de la modernidad. El acto de pasar a nuevas edades, el sentido de la finitud de la existencia, se presentaban de una manera hilarante, cómica a veces, lírica siempre.
 
La mujer fue una y fueron muchas. Parecía que a "la mujer" había que irle descubriendo sus niveles para llegar a su estadio más desexuado, a su condición de ser, ser así, simplemente.
Entonces llegamos a sus variaciones sobre Salomé Ureña, nuestra poeta por excelencia, el arrebato por eso que está por ahí aunque cierto sentido común trate siempre de ocultarlo.
Todos tenemos un poquito de Salomé. Está la vida sin oropoles, las tensiones extremas del ser, esas flechas que siempre salen y que al verse tan lejos disipan todo sentido de la corporalidad.
Chiqui Vicioso ha logrado poner marcas sustanciales en esas direcciones por donde nos hemos movido. Sus cartografías son difíciles de conceptuar en una fórmula. La sensación de su obra es que las palabras muchas veces no son suficientes. Buena representante de 1968, lo suyo -y lo nuestro- está en el viento, en un mundo donde los girasoles también dan cuenta de un estado espiritual, de una búsqueda que es encuentro.
 
El viento sigue trayendo sus murmullos. Todo Santo Domingo está hormigueando allá abajo. El mar, lo que suponemos es el mar, es como un cielo al revés y sin luna. Ahora puede uno quitarse los cinturones, moverse un poco, confirmar que muchas almas de uno mismo se han quedado flotando en algún lugar, como aquellos personajes de "Perdidos en el espacio".
 
Uno sabrá, sin embargo, que no importan tanto estas levitaciones. Aquí tengo los poemas de Chiqui Vicioso. Con seguridad que los compartiré con ustedes alguna vez.
Claro que los compartiré.

I. Rojo mar, oleaje de sedas

...en redor de tu retrato
con la mirada impenetrable
y esa distancia del gesto
que intuyo era propia de las Doñas
de tu época.

II. Negra solicitud de la «impureza»

...me interesaste tú, más que tu poesía
porque concebida sin pecado original
me resultabas tan remota de mi
y de todas las mujeres
como jesucristo la primera vez
que se me atragantó la hostia
al darme cuenta de que cargaba en mi boca
su cuerpo y su sangre.

III. Rosa desatada la brisa que envuelva

...a ti no podía ni puedo cargarte
más que en la conciencia
y para eso tenía y ahora tengo
que volver a tus afanes como hija
"ejemplar" de Nicolás Ureña de Mendoza
Poeta, Abogado de buena reputación
Senador, Magistrado. Maestro y Periodista
y de Gregoria Díaz de León
...simplemente tu madre.

IV. Naranja ondulando en la blanca doblez

...de ser "nieta y sobrina ejemplar de una tía nana
que ejerció el magisterio
durante sesenta años y no se casó nunca"
y que se aseguró de que aprendieras a sufrir
o si no a sufrir a sobrellevar
tus sentimientos y a controlar
tu emotividad
esa que desde tu infancia
"te hacía llorar sin motivo aparente"
consumiéndote con mi misma enfermedad
aunque Santo Domingo no fuera Amherst
pueblecito cárcel de Massachussetts
para tu menos afortunada colega
la tímida Emily Dickinson.

V. Cimbreante arcoiris decapitando la palabra...

...los siete poemas que publicó los dió a la luz
como las Bronte, anónimadamente,
porque era impropio para una mujer
preguntar, responderse y volver a preguntar...
"¿Cuántas veces estos pies tan bajos
habrán de destacarse?
- sólo la boca soldada podía decirlo-
trate ¿podría usted remover esta horrorosa cerradura?
trate ¿podría usted levantar las aspas de acero?"

IV. Verde, rojo, violeta, en el suelo todos los azules

...la diferencia es que tú conociste el amor
más tarde y ya cuando lo conociste otros amores
- la Patria y el Magisterio-
te habían inmunizado contra el refugio
en los mundos interiores responsable
de que de Emily sólo se publicaran siete
de sus mil ochocientos poemas.

VII. Amarilla conjura de tules...

...ahora que hablaremos de Patria-Salomé
patria no es sólo Salomé la que cantas
en tus ruinas... ¡Patria desventurada!
Patria eres tú y tus largas horas
tus momentos de angustia triste
Patria era tu hijo Pedro
y tu mar (ido) Francisco
Patria es esta cotidianidad menospreciada
estos mundos cuya gloria está
en lo que se les niega de glorioso.

 Imágenes del ayer del Teatro Dominicano

lunes, 13 de septiembre de 2010

La carta de Teo


Teo Terrero (que en vano intento de disputarme lo de semidiós se hace llamar el semiteo) me ha escrito una interesante carta en la que se refiere a la última entrega de La Pasión Cultural. Las opiniones que emite el amigo Teo nos lucieron tan trascendentes que hemos optado por publicarlas. Él es un actor de larga data. Perteneció al bien recordado y aplaudido grupo Gratey. En ese grupo estaban, en su momento estelar, Miguel Bucarelly, Puchy Ginebra, Yanela Hernández, Mario Lebrón, el propio Teo; entre otros. Gratey realizó montajes verdaderamente espectaculares y logró internacionalizarse. Sus integrantes eran talentosos, estudiosos, serios y comprometidos con el Arte. En estos momento Teófilo Terrero y Mario Lebrón sacan adelante la compañía teatral Proa que presentó buenas credenciales con el El Método Grönholm.
Luego de la carta de Teo publicaremos, en esta misma entrega varias imágenes que Carlos Espinal nos ha enviado.

Con gran acierto haces las críticas. Hasta señalas tus contribuciones. Los consagrado, que como también en otras reseñas has señalado, no todos viven profesionalmente del teatro. Creo que hay que preguntarse ¿qué ha pasado para que esto sea así?

En la carta que le escribió Obama a su hijas dos días antes de asumir la presidencia, hay un párrafo que dice: "Quiero que nuestros niños acudan a escuelas donde desarrollen su potencial, escuelas que sean un reto, los inspiren y generen en ellos una capacidad de maravillarse  del mundo que tienen a su alrededor. Quiero que tengan la oportunidad de ir a la universidad, aunque sus padres no sean ricos. Y quiero que accedan a buenos trabajos, trabajos que paguen bien y os den beneficios como atención médica, trabajos que os dejen tiempo suficiente para estar con vuestros propios hijos y retiraros con dignidad" (Yo ennegrecí las finales)

De ahí, como de la reflexión tuya, puedo elaborar dos premisas. La primera: ¿quién ha de encargarse de que eso sea así? Evidentemente que el propio Obama, ha de propiciar con leyes, decretos, ordenanzas, instrucciones, organismos, estructuras, acciones... y sobre todo vocación para que así sea, lo cual significa sacrificio de lo personal en favor de una causa que en definitiva terminará favoreciendo a otros que tal vez ni siquiera conocerá, aunque también al mentor de la misma. La segunda: ¿quieren ellas asumir esa responsabilidad? Evidente que eso es sólo un consejo del cual ellas pueden o no llevarse y tratar de generar ese cambio que plantea su padre. De asumirlo serán entonces corresponsales de ese cambio y consecuencia de esto compromisarias con los esfuerzos y sacrificios que plantea el reto.

Todas esas personas que has nombrado, y otras que no, han asumido un reto personal, en cierto modo para mejorar ellos, para ellos ser mejores, para tener calidad, para poder valorarse y ser valorados a la hora de que les llamen a trabajar.

En la apertura del festival de teatro, un amigo común, Arturo López, hizo críticas sinceras a la escuela de teatro, en la que planteaba una absoluta y total renovación de la misma, convertirla en un reto para los estudiantes, para que de allí salieran verdaderos profesionales de las tabas; sin embargo, más que como un reto, interpreto que las mismas fueron recibidas como una agresión por los directivos.

Hay que hacer una transfusión ideológica; todavía personas como tú, Iván, Mario Lebrón, Chapuseaux, Carlota, Karina  cuando van con una propuesta profesional a un patrocinador, lo que dicen es vamos ayudar a Giovanny... ¡¡¡¡AYUDAR!!!

No compran o apoyan un trabajo profesional; sin embargo, cualquier megadiva, sin pasar por la escuela —lo cual no es condición para ser bueno o excelente— (Juan Bosch no se graduó en ninguna universidad) o cualquier compañero de la televisión, con tres días o más en el ejercicio, se embarca en una obra y aunque pudiera ser mala recibe el apoyo económico de muchos empresarios.

Es por eso que entiendo que cuando criticaste lo de la profesionalidad muchos se sintieron ofendidos. Ahora has dicho con su distancia que somos una partía de ignorantes y aculturados, osados consecuentemente, arrogantes, pantalleros, estereotipados, faltos de sentido y divatos.   Sin contar lo de la Generation Body que como sabes,  lo ha creado la industria vacía del modelaje y de la discriminación dominicana. Es preciso tener mucho talento, muy buenas conecciones, y por qué no, un poco de suerte, para poder profesionalizar los teatristas en nuestro país y además darles sentido de permitir el desarrollo de las nuevas generaciones, para que no tengamos siempre las mismas entelequieas en ciertos puestos directivos.

Con sincera estima.

Teo

sábado, 11 de septiembre de 2010

¿Profundidad en el actual Teatro Dominicano?


Dos sencillos acontecimientos motivan la entrega de hoy. 

El primero: Ayer, dos horas antes de iniciar los ensayos de "Obsesión en el 507", me reuní en la Sala de Orquesta del Teatro Nacional con el mexicano Raúl Cid. Este escritor e investigador anda por aquí con un proyecto que se me antoja vital en el momento cultural que vivimos: realizando un estudio bastante ambicioso sobre el Teatro Dominicano.

El segundo: Manuel Herrera, segundo al mando de aquel grupo teatral (T.A.E.) del que les hablé en una cuantas entregas anteriores, acaba de colocar en Facebook más documentos que consignan labores teatrales del grupo en cuestión.

En la reunión con Raúl Cid pasamos revista a nuestro teatro actual, luego de hacer una breve panorámica del fenómeno del teatro dominicano en la historia social, política y cultural del país.

En un momento, después de ponderar las virtudes de nuestro teatro, conversamos de sus carencias. Entre estas,  como señalé en un artículo recién publicado que enojó a ciertas personas, se encuentra la discutida profesionalidad de la mayoría de los artistas teatrales criollos.

Reflexionando sobre el tema planteé un vicio que ya he enfocado varias veces en este blog: la falta de profundidad de la actual generación teatral. Deficiencia que se expresa directamente sobre los escenarios dominicanos. 

La escacez de cultura de una mayoría escandalosa que hace teatro aquí es evidente e innegable. La inmediata consecuencia de esto es lo que estamos viendo en la escena: actuaciones y actitudes pueriles, banales y superficiales. En fin, actuaciones "pantalla", poco comprometidas, amaneramiento de estrella sin los méritos suficientes y construcciones de personajes sin base técnica.

Desde hace unos diez años, sin nadie pedírmelo, decidí convertirme en un especie de consejero y sensor de unos cuantos actores y actrices jóvenes de indudable talento; pero de escasa formación. Cada vez que he podido aconsejo formal o indirectamente (esa es la razón de ser de este blog) a artistas teatrales, que en algunos aspectos han progresado; empero, no han podido superar sus preocupantes lagunas culturales. 

He llegado al extremo hasta de elaborar a algunos un programa de lectura y estudio. Sin embargo, siento que en este punto he fracasado, porque no he logrado cumplir mis objetivos.

Sabemos que la ignorancia es atrevida y la estupidez osada. Ambas insisten, con arrogancia, en seguir en sus trece. Hacen teatro de pantalla y rinden culto al cuerpo material, hacen teatro de estereotipo y sueñan con aumentar el tamaño de algunos atributos, hacen teatro sin sentido y embadurnan las caras con sustancias para inutilmente alucinar con el divato

¿Recuerdan aquel artículo de hace meses titulado The generation body? Lo traigo a colación para que quede claro que he sido persistente en el tema y para que a nadie se le ocurra buscar oscuros arrebatos.

Es cierto que los griegos y los romanos se preocupaban y ocupaban de aspectos físicos, pero nunca descuidaban el alma y el intelecto. El cuidado del cuerpo se hacía, solamente, por conciencia clara de que su continente era el receptáculo del alma. El Arte y la Literatura eran el gran plan de vida de aquellos incomparables sabios de la Antigüedad

El de muchos jóvenes artistas de hoy parece ser continuar con la insipidez que cada día es más frecuente en el Facebook, en el Twitter y en otras pendejadas parecidas. Herramientas que bien usadas podrían convertirse en la expresión cultural de estos tiempos y dejar de ser la más grosera agresión contra el idioma o el lugar donde encontramos payasos... que me hacen reír.

Cuando vemos en escena a Iván García, Delta Soto, Rafael Villalona, Ángel Haché, Manuel Chapuseaux, Nives Santana, Augusto Feria, Carlota Carretero, Mario Lebrón, María Castillo, Carlos Espinal, Karina Noble, Claudio Rivera, Víctor Checo, Yanela Hernández, Manuel Herrera, Niurka Mota, Lidia Ariza; entre otros, se nota inmediatamente el nivel de entrega y sus calidades. Desde luego que eso es posible por sus indubitables talentos y cultura. Ambos son imprescindibles  para lograr la deseada maestría  actoral.

He citado consagrados y no a algunos jóvenes (existen, aunque escasos) cuyo formación nos luce promisoria, porque dejar fuera de la lista a ciertas personas resultará más irritante de lo que ya he previsto será esta entrega. Y temo que exageren la andanada de malquerencias que vendrá. He escrito hoy sabiendo las reacciones que se producirán. Pero  hay asuntos que deben en ser dichos, aunque moleste la soberbia y el ego de unos cuantos. 

Ojalá, y es lo deseado, la ira que en ciertos casos producirá esta entrega, se convierta en un desafío y salgan a buscar informaciones para demostrarme que pueden hacerlo. Ojalá.
Aunque admitimos que ningún tiempo pasado, en términos generales, puede ser mejor; los documentos publicados por Manuel Herrera en Internet, hablan de una actividad teatral meritoria, sabia, culta y buena hace apenas unos años.

Agrupaciones como el T.A.E. pululaban por ahí como la verdolaga. Gayumba, Gratey, la Compañía de Iván García, Nuevo Teatro, etcétera; lograron un momento estelar en la escena dominicana. Por suerte aún esos grupos, y/o sus integrantes, forman parte de la actualidad teatral... para honrarla.

Después de este "jalón" de oreja reproduzco algunos de los documentos que previamente publicara Manuel Herrera, al mismo tiempo que solicito a las agrupaciones y artistas que he citado, enviarme fotos y documentos de su gran labor teatral para publicarlos en la lapasioncultural.blogspot.com, con la finalidad de ejemplarizar con esos datos.

¡Ya! ¡Suelten el truño! ¡Y tú, sécate las lágrimas! Todo esto es por un bien mayor.

(Para ver mejor las fotos pinchen con el mause)






viernes, 10 de septiembre de 2010

Wole Soyinca, Nobel de Literatura.



Carlos Castro, uno de esos tipos que se constituyen en amigos incondicionales, de los que no te pasan siquiera facturas sentimentales, de la extraña casta que prefieren llamarte y escribirte  para hablar de Arte y Literatura —¡jamás de chismes, rumores o situaciones baladies!—; me  ha enviado el link de una entrevista que Vicente Verdú hizo para El País al dramaturgo nigeriano y Nobel de Literatura Wole Soyinka
Sobre él aportamos que luego de los estudios universitarios preparatorios en 1954 en la universidad del gobierno en Ibadan, continuó en la Universidad de Leeds, donde, más tarde, en 1973, tomó su doctorado. Durante los seis años que pasó en Inglaterra, fue dramaturgo en el Teatro de la Corte Real de Londres En 1960, fue galardonado con una beca Rockefeller y regresó a Nigeria para estudiar drama africano. Al mismo tiempo, fue profesor de teatro y literatura en varias universidades de Ibadan, Lagos, y de Ife, donde, desde 1975, ha sido profesor de literatura comparada.  En 1960, fundó el grupo de teatro "Máscaras de 1960" y en 1964, la "Compañía de Teatro Orisun", en la que ha elaborado sus propias obras y ha participado como actor. Ha sido profesor invitado periódicamente en las universidades de Cambridge, Sheffield y Yale.


Parece el rey de una tribu. Su imagen desprende autoridad y dignidad. También su biografía y su obra. El primer Nobel africano de Literatura defiende el poder de la tierra y ataca la banalización de los valores.
Wole Soyinka nació en Beokuta (Nigeria) en 1934 y recibió el Nobel de Literatura, el primero para un escritor africano, en 1986. No solo le resta toda importancia a esta distinción, sino que, según sus declaraciones, le ha venido importunando sin tregua. Fuerte, apuesto, seguro de sí y curtido por numerosas peripecias que amenazaron su vida, sus palabras pesan como las de un ser humano que ha extremado sus fuerzas de supervivencia.

“conozco a mis hijos, pero no los cuento. da mala suerte contarlos”
“en la cárcel no me permitían leer ni escribir. recurrí a las matemáticas”
“Creo en las rocas y en los mares, pero no en los países” 
Pasó 22 meses incomunicado en una cárcel por su oposición al régimen dictatorial y militar que gobernaba su país. Ser un constante perseguido durante décadas ha construido una parte de su personalidad. La otra parte, además de la política, la componen sus novelas, sus poemas, sus ensayos y, especialmente, sus piezas de teatro, que él destaca como el mejor medio de comunicación.
En la actualidad, Soyinka, convertido en un símbolo de la democracia y de la liberación de las poblaciones oprimidas, viaja por todo el mundo e imparte clase regularmente en Los Ángeles, adonde marchó en 1997, tras ser acusado de traición por el dictador Sani Abacha, para refugiarse junto a algunos miembros de su familia.
Acostumbra a pedir dos dedos de aguardiente cuando empieza una conversación; así lo hizo en esta ocasión en Londres, aunque apenas bebió, solo tocaba de vez en cuando el vaso. Su figura recuerda, en cierto modo, la de un rey tribal, con sus pelos alzados, blancos e hirsutos y su mirada que podría penetrar la oscuridad. No en vano es un cazador casi perfecto.

Usted parece un hombre muy fuerte y un apasionado cazador. 

Sí. Es una forma que tengo de relajarme, de desaparecer.

¿Qué suele cazar? 

Cualquier cosa que sepueda comer. Yo no voy de caza para colgar trofeos. No cazo lobos ni animales así. Cazo animales tradicionales de caza con mi compañero o voy yo solo…

¿Solo?  

Sí. A veces. Pero normalmente, si quiero cazar jabalíes, voy con más gente.

¿En Nigeria? 
En Nigeria, siempre en Nigeria. Bueno, una o dos veces en Estados Unidos, pero no me gusta cazar allí. Está demasiado regulado.

¿Y cómo soporta esta intensa vida nómada que lleva, entre cursos, reuniones y conferencias por todo el mundo?  

Básicamente donde me siento bien es en casa, en mi país. Simplemente porque es aquello a lo que estoy acostumbrado. Allí nací y ese es mi entorno. A veces mi relación con el mundo exterior adopta la forma de una dialéctica entre lo extranjero y mi lugar, eso es verdad, pero como la mayor parte del tiempo lo paso fuera de mi entorno llego a sentir que no estoy ni aquí, ahora en Londres, ni en ningún sitio. Los seres humanos, sobre todo en la época moderna, son seres viajeros. Pero creo que si pudiera elegir, el 90% del tiempo lo pasaría en mi casa.

Pero ahora vive en Los Ángeles.  

Sí. Desde la época en que me exilié en 1997 y que yo llamé, de forma un poco eufemística, un “año sabático político”, es decir, seguir con mi lucha política del interior en el exterior.

Y da clase en la Universidad de Los Ángeles.  
Sí, ahora sí. Es interesante cómo llegué a instalarme en Los Ángeles. Cuando saqué a mi familia de Nigeria, al principio quería dar clases en Harvard, pero hacía demasiado frío para mí, así que mebajé a los trópicos, a la Universidad Emory de Atlanta. Cuando estaba en esa Universidad, el Gobierno nigeriano creó consulados en dos lugares de Estados Unidos: en Atlanta y en Houston. El Gobierno de mi país había identificado lo que consideraba los bastiones de la resistencia contra Sani Abacha y crearon un consulado en Houston y otro donde yo estaba, en Atlanta. Pensé que mi familia estaba en peligro y nos trasladamos al otro extremo de Estados Unidos.

En su experiencia personal, el aspecto político ha debido de ser una carga constante de su vida.

Básicamente, si tuviera que elegir, todo lo que haría sería escribir y enseñar; creo que tengo buen instinto para ser profesor. Me gusta dar clase en la universidad y abrirles la mente a los estudiantes; disfruto dando clase.

¿Cree que su vida en general ha mejorado tras el Nobel de 1986?  

No, no. Si hubiera podido elegir, si llego a saber lo que iba a significar, le habría rogado a la Academia Sueca que me dieran el dinero y le concedieran el premio a otra persona. Está claro que es imposible, pero yo les habría dicho: “Dadme el dinero sin que nadie se entere y que el Premio Nobel de este año se lo lleve otra persona”. Es un problema. Yo conocí a García Márquez en Cuba un año después de ganar el Nobel, a él se lo habían concedido unos años antes. Y me preguntó: “¿Qué tal te va, hermano?”. Y yo le contesté: “Es un infierno. Espero que acabe pronto”. Y me dijo: “No, no se acaba nunca”. Ojalá le hubiera creído en esa época, porque habría tomado ciertas precauciones. Pero pensé: “Está exagerando”. Y no exageraba. Tenía toda la razón.

¿Y ahora, casi 25 años después?  

Pasado un tiempo después de que me concedieran el Premio Nobel, me fijé una fecha para jubilarme. Ni se imagina lo pronto que era. Pensaba en jubilarme, dejar de dar clase, apartarme de la vida política, de todo, y sencillamente dedicarme tan solo a escribir. Todo el mundo tiene una visión de sí mismo, de lo que quiere hacer. Yo tengo la mía, así que me puedo jubilar. Eso pienso.

Pero no se jubila.  

García Márquez envió una nota a sus amigos y colegas con unas cuantas lecciones que había aprendido a lo largo de su vida en la que decía que se apartaba de la vida pública porque tenía cáncer, como sabe. Y ha acatado esa decisión al pie de la letra. Permítame, por tanto, que le diga algo que he aprendido de él aunque no esté de acuerdo con todo lo que decía en su carta: en los últimos meses he visto que cuando estás débil y expuesto al ataque de un cáncer, ya sea un cáncer fisiológico o político, ocupado en actividades que destruyen lo que realmente quieres hacer, es una cuestión moral y de voluntad decir: “Me retiro”. No hace falta esperar a sufrir un cáncer. Dices: “Hoy me retiro”. Y desapareces hasta que la gente se olvida de ti. Eso es lo que he aprendido de García Márquez. Y creo que trataré de imitarle.

¿Así que no recomienda a la gente que intente conseguir el Nobel? 

No. No se lo recomiendo a nadie.

Y su mujer, ¿qué opina de sus constantes viajes y ausencias? 

Creo que debería haber un premio más para las mujeres de los que ganan el Premio Nobel. La Academia Sueca debería concederles un premio similar a la condecoración con la que se distingue a los heridos de guerra. Pero, bueno, mi mujer lo sobrelleva maravillosamente.

Usted es un hombre físicamente fuerte, ¿no? 

No crea, también tengo mis achaques. No me considero un hombre fuerte. Sencillamente, tengo suerte. Algunas personas tienen suerte por una razón o por otra. Yo no he tenido ninguna enfermedad grave. A veces me caigo cuando voy de caza, pero eso es casi todo.

Pero también es fuerte para viajar y escribir al mismo tiempo.

No creo que escribir sea fácil para nadie, lo que pasa es que aprendes a adaptarte al ritmo de escribir. Antes me enredaba muchísimo y eso hacía que estuviera casi siempre agitado. Mi idea, después, fue esconderme en mi estudio y escribir allí. Hace años no podía imaginar ninguna otra forma de escribir que no fuera recluido en mi estudio, pero luego llegó un momento en el que me convertí en un fugitivo permanente. Tuve que empezar a escribir allí donde estuviera…

En aviones, en taxis…  

En aviones sobre todo. Te aíslas del mundo. Puedo escribir en la sala de espera del aeropuerto, en el hotel, en cualquier parte. Y durante ese tiempo me siento totalmente apartado del resto del mundo.

Tiene buena capacidad de concentración. 

Sí, es lo que he comprobado. He tenido mucha suerte en esto.

¿También le ayudó cuando estuvo preso? 

Estuve 27 meses en la cárcel y otros 22 incomunicado. Lo más difícil de soportar fue que no me permitían ni leer ni escribir. Hacerle eso a un ser humano es atroz, sobre todo si es alguien que ama el mundo de los libros. En ese aislamiento tuve que dejar de lado cierta creatividad en favor de otros ejercicios mentales.

¿Cuáles?  

Lo primero es medir tu entorno físico, porque necesitas cosas físicas para escribir. A veces, cuando me acuerdo de esa época, me parece ridículo que una novela pudiera salir de una circunstancia así, pero yo soy bastante surrealista. Al principio escribía poemas muy breves que pudiera memorizar. Otras veces raspaba con una piedra las paredes para escribir.

¿No tenían papel ni lápiz? 

 Nada de nada. Está prohibido. Pero luego me dije: ¿Qué más puedo hacer para ejercitar el cerebro? Y pensé: matemáticas. En el colegio las odiaba. En cuanto pasaba de curso tiraba el libro de matemáticas por la ventana. Para mí eran una verdadera tortura. Pero en la cárcel pensé: Voy a retomar esa asignatura que tanto odiaba. Y no fue una tortura, sino que me resultó fascinante. Me di cuenta de algunos aspectos estéticos de las matemáticas que tanto me frustraban en el colegio.
¿Por ejemplo? 

La forma que tienen las ecuaciones y la relación de esas formas matemáticas, que traducen el triángulo, el rectángulo, el rombo, el círculo, etcétera, a meros principios matemáticos. Me pareció fascinante. Así que recuperé lo que me gustaba de las matemáticas, llegué a recordar todas las fórmulas, y me puse un montón de ejercicios, la ley de las permutaciones y combinaciones, ecuaciones algebraicas. Las ecuaciones de segundo grado no las podía hacer sin un libro, pero por lo menos llegué a dominar las algebraicas… Me llevó días recordarlas, así que el tiempo se me pasaba volando. Por ejemplo, me despertaba por la mañana e intentaba acordarme de la ley de las permutaciones, es decir, cuántas combinaciones puedes hacer con seis elementos distintos. Al trabajar sin ayuda, me llevaba días, y era siempre un proceso de ensayo y error. Dibujaba rayas en la pared, en el suelo… Todo ello me ayudaba a tener la mente ocupada. Más tarde conseguí hacer una pluma y tinta a base de café, y seguí experimentando con el papel higiénico y con el papel de los cigarrillos que nos daban. Al final construí un pequeño escondrijo donde ocultaba el rollo de papel higiénico; también hice un agujero en el suelo. Todo tipo de subterfugios que se me ocurrían y desarrollaba a través de un proceso muy lento.

Usted tituló el libro en el que cuenta su experiencia en la cárcel ‘El hombre muerto’. ¿Qué puede decir de eso?

Se refería a un acontecimiento real, porque el libro era una diatriba contra las dictaduras militares. Y el ejército de esa época mató a un asistente mío. Tuvo una herida muy grave y le tuvieron que amputar la pierna. El libro habla sobre todas las veces que pregunté por ese joven, hasta que un día llegó un telegrama que decía tan solo: “El hombre murió”. Y pensé que también a mí me pasaba algo parecido.

¿Se sintió morir?  

Sí. Sentía que el país había muerto, que había capitulado ante la dictadura. Yo a veces he comparado la situación de Nigeria bajo la dictadura militar con la experiencia española con Franco. La gente capituló, empezó a poner excusas, empezó a racionalizar aquello contra lo que había luchado y fue entonces cuando el hombre murió dentro de todos nosotros.

Nigeria ha sido una tragedia permanente en su vida.  

No puedo decir lo contrario, por desgracia. Me encantaría. He intentado olvidarme. Estuve varias veces en el exilio y me dije: Se acabó, tengo que dedicarme a mis libros. Ahora bien, en cuanto llegaba alguna amarga noticia desde allí se colaba entre mis defensas y me daba cuenta de que no me había olvidado en absoluto de Nigeria. Dicho esto, permítame que le explique una cosa. Yo no soy patriota, no creo en ese constructo llamado “país”. La palabra “patriotismo”, en mi opinión, tiene muchas connotaciones. A veces se utiliza de forma oportunista, como una excusa para imponer una definición muy cuadriculada de la humanidad y de uno mismo. Para mí, eso es lo que significa la palabra “país”. Pero le tengo aprecio a la humanidad, la humanidad con la que crecí, la humanidad con la que me identifico, la que forjó mi personalidad. Le tengo aprecio a los mares, a las rocas… Pero esa cosa que se llama “país”… Escribí un artículo una vez en el que dije: “Que se mueran los países”. Cuando hablo de Nigeria como país, no hablo de ese constructo artificial que incluso se nos impuso sin nuestro consentimiento cuando el Imperio británico dividió el continente. Y cuando la gente va a la guerra, como nosotros lo hicimos, para preservar las fronteras nacionales, la circunstancia es de lo más estúpida, porque matas y mueres por el constructo ideado por otra persona.

¿Usted tiene todavía familia allí?  

Mi familia está desperdigada por todo el mundo. Incluso uno de mis nietos trabajó para u n Gobierno al que odiaba, el Gobierno del último régimen. Es lo que pasa; yo elegí mi profesión, él eligió la suya. Somos independientes y yo les animo a que sigan su propio camino.

Usted viaja por todas partes, ha visto la crisis en diferentes países, los efectos de la globalización, todas esas cosas que nos han cambiado la vida. ¿Cuál es su opinión de este nuevo mundo?  

Pienso que la globalización es inevitable. Uno tiene que aceptar que la globalización ha formado parte del mundo desde que se empezó a viajar. La expansión de las religiones es una forma de globalización y el comercio ha transferido la cultura, las costumbres y las convenciones de un sitio a otro. Esto tiene a veces como resultado una colisión, y otras veces, una simbiosis. El cristianismo intentó globalizar el mundo. El islam, también. Y, en la actualidad, algunos aspectos del islam siguen queriendo globalizar el mundo. La cultura en sí, en términos generales, se está globalizando. El problema empieza cuando la globalización se vuelve peligrosa, cuando la salud económica de una zona se consigue a expensas de un lugar más débil en el que los bienes se exportan de tal forma que hace que otros países se conviertan en marionetas. Y así nos encontramos con esas empresas manufactureras en Filipinas que fabrican allí una sudadera que luego se envía a Europa, donde se vende muy cara, mientras que los trabajadores están cobrando el sueldo mínimo. Ese es el aspecto de la globalización que me parece negativo y degradante. Pero en cuanto a la circulación de bienes, si funciona no necesariamente con una igualdad absoluta, sino simplemente con respeto a los seres humanos que los fabrican y a su cultura, si ayuda a fomentar esa cultura, la globalización debe considerarse positivamente. Así que no es la globalización per se, sino la recolonización de otras partes del mundo a través de medios económicos, lo que es negativo. Es negativa la banalización de los valores, la creación del consumismo como menor denominador común. Mucha gente reacciona ante expresiones como “globalización” como si el diablo estuviera a punto de entrar en la conversación, pero yo veo la globalización como la consecuencia inevitable de que se hayan acortado las distancias. ¿Cómo puede no haber globalización si puedes estar sentado en un rinconcito de un minarete en Irán y comunicarte con el resto del mundo? Este hecho, a pesar de las tristes restricciones que aíslan a sociedades, ya ha englobado el mundo y, en cierto sentido, los países retrógrados y regímenes malvados como el de Irán reciben los efectos liberadores de la globalización.

¿Piensa que esta coyuntura no es solo una crisis económica, sino también de valores?  

Es una crisis de valores también, sobre todo aquellos que se pueden comunicar a través de la tecnología. Creo que algunas organizaciones, como la Unesco, lo reconocieron en un momento dado. La Unesco y otras organizaciones intentaron crear lo que ellos denominaban un “nuevo orden de comunicación”. Pero no he oído hablar mucho de eso últimamente. Y es una pena que una respuesta así acabe en agua de borrajas.

Ha sido un placer la charla. Le deseo mucha suerte en la vida.  

Muchas gracias. Pero ¿mi vida? Acepto mi vida, pero si tuviera alternativa, es muy posible que eligiera otra. Aunque sí, creo que he tenido suerte. Esta segunda vuelta de mis siete vidas, porque, como sabrá, se supone que un gato tiene siete vidas y yo he utilizado ya la primera vuelta, podría decirse que no está mal.

¿Se siente, pues, satisfecho?  

No sé si estoy satisfecho. La verdad es que no pienso en eso. Pero poder tomar decisiones es el aspecto más satisfactorio de una persona, y la mayor parte de mi vida he podido tomar mis propias decisiones, acertadas o equivocadas, eso da igual. Creo que la gente tiene que tomar decisiones, y eso es lo que nos distingue como seres humanos.

¿Usted no tiene ningún sentimiento de culpabilidad que le torture?  

¿Tortura mental? No, no la tengo. Intento vivir sin arrepentimientos. Si cometo algún fallo, si tomo una decisión equivocada, tengo que vivir con eso, estoy preparado para aceptar las consecuencias.

¿Qué tal la relación con sus hijos? 

 Con mis hijos la relación es muy buena. Es difícil, pero al final… Uno está dando clase en Estados Unidos, dos están en Inglaterra, uno está trabajando en algunaparte, otro está en Ghana. Se ganan la vida con profesiones muy distintas.

Usted se ha casado dos veces.  

No, me he casado tres veces. No salieron bien las cosas

Cuéntemelo.  

No me gusta mucho hablar de mi vida privada.

¿Dos de sus hijos son del primer matrimonio?

No los cuento. En nuestra cultura creemos que da mala suerte contar a los hijos, así que lo único que digo siempre es que los dioses han sido excepcional y misteriosamente amables conmigo en cuanto a los hijos. No los cuento, pero los conozco a todos. A veces, las tradiciones vienen muy bien.

Parece usted un hombre al que le ha resultado fácil seducir a las mujeres. 

 No sé. Eso lo tienen que decir las mujeres.

¿Pero cuál es su impresión? 

 No tengo ni idea. He de decir que con algunas mujeres tengo muy buena relación, y con otras, muy mala. Eso es todo lo que puedo decir. Estoy de acuerdo en que las mujeres son muy importantes en la vida. Estimulan la vida.

Y son una buena fuente de inspiración. 

Sí, eso sin duda. Y uno las necesita. Igual que pienso que las mujeres necesitan a los hombres. Por eso existen los hombres y las mujeres. Por la razón que sea, a algunas personas nos gusta mucho la soledad, nos podemos pasar días, semanas y a veces meses solos. Pero a pesar de eso, sabemos muy bien que las mujeres son una parte muy importante incluso de nuestra propia soledad.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Construyendo personajes


Tal y como les he contado, estoy desde hace varias semanas trabajando con Yorlla Lina Castillo (“La obsesiva que faltaba y la que en el escenario no es segunda de nadie.”), Fiora Cruz Carretero (“La gran obsesiva y la que en el teatro constituye hoy... la nueva historia.”) Mario Lebrón (“Un actor de peso y un hombre culto: el obsesivo mayor.”), Juan Núñez (Asistente de dirección), César Mella (Siquiatra), Renata Cruz (Diseñadora del vestuario de la obra), Carlos Francisco Elías (Asesor de la cinematografía), Lilyanna Díaz (Diseñadora de luces) y Ezequiel Taveras (Diseñador gráfico)  en la pieza teatral “Obsesión en el 507”; la cual tendrá su estreno mundial el 5 de noviembre en la Sala Ravelo del Teatro Nacional.

Escasos, muy escasos, directores teatrales aquí dedican tiempo a una adecuada construcción de los personajes. Lo que el suscrito entiende es una de las más notables deficiencias que acontece en el teatro dominicano.

¿Cómo podemos interpretar personajes si no conocemos sus personalidades y sentimientos? La experiencia nos cuenta que el instinto no es suficiente. Para la caracterización escénica es imprescindible estudiar, desde el punto de vista sicologista, a los personajes, la historicidad contenida dentro de la pieza, el camino literario que sigue y la sociología de la meta. Esas son herramientas obligadas en un trabajo teatral serio y consciente.

Desde la creación de este blog cultural nos propusimos que, aparte de lo informativo, hubiese en él una gran cuota de didáctica.

Honrando ese objetivo, y aprovechando el exhaustivo proceso de ensayo de “Obsesión en el 507”, les contaré la manera en la cual construimos los personajes.


Para los hacedores de teatro serán datos importantes. Para los diletantes resultarán apasionantes y les servirán para hacerse más perspicaces al asistir a una representación teatral. Para los conocedores de "El método de las emociones" será una añoranza. Para otros los datos ofrecidos serán curiosidades. De todos modos, estaremos descifrando algunas de las marañas y misterios que hay en el teatro organizado y “científico”.

Les adelanto que los artistas y técnicos con los cuales estamos trabajando están fascinados con el proceso que seguimos. El director-dramaturgo está contento (aunque esto no pueden comentarlo ustedes todavía a los actores) del resultado hasta ahora obtenido.

El proceso.
Lo primero que pedimos de los actores es leer la obra en sus respectivas casas. Se aconseja leerla cuantos personajes tenga la pieza; aunque instruimos a cada actor darle por lo menos una lectura a la obra desde la óptica del personaje que va a encarnar. No importa que el personaje tenga mucho o poco texto, el “universo” existe a partir del él. Por eso un actor nunca juzga su personaje, simplemente lo comprende.

Las primeras lecturas. 
Cuando reunimos a los actores hacemos lecturas panorámicas (ensayos de mesa). No debemos —¡Nunca! —comenzar a interpretar los personajes en esas primeras lecturas. ¿Cómo hacerlo con personajes que aún no hemos estudiado? Empero, esto es un vicio generalizado en el teatro dominicano.

Acotaciones y condiciones dadas.

Las acotaciones son todas las indicaciones directas contenidas en el texto literario que ha escrito el dramaturgo. Las condiciones dadas son indicaciones indirectas (contenidas dentro de los parlamentos: “¡Mira, Blanche, estoy sangrando!). Las dos son pistas importantes que nos ofrece el autor. Y no siempre están claramente definidas. Hacerlo es impostergable para el elenco. Desde ellas partiremos para conseguir el texto dramático.

Los hechos importantes.
En cada escena ocurren hechos que resultarán trascendentes para el desarrollo de la historia. Identificarlos cuidadosamente (con la intención de resaltarlos) es vital desde los primeros días de ensayos. Con ellos es que vamos a trabajar. De ahí partirán todas las acciones... Es decir: la teatralidad.

La sicología de los personajes.
Ni puedo entender cómo directores y actores logran obviar esto. Los personajes tienen pasiones, deseos, propósitos, actitudes, enfermedades, ansiedades, obsesiones, preocupaciones, celos, amores y desamores que los categorizan. Nosotros en la puesta en escena que construimos en este momento hemos dedicado largas horas a este estudio. Y sólo es un antecedente necesario; porque ahora ya los artistas están preparados para los varios encuentros que sostendrán con el siquiatra César Mella, el cual conceptualizará sobre los aspectos sicológicos y cuidará la salud mental de las actrices y del actor de la obra. En obras demandantes, como esta, y peligrosamente comprometidas en sus pasiones, es conveniente tener un siquiatra siempre cerca. (La obra “Amanda” no hubiese podido realizarse sin la intervención y cuidado del doctor Vicente Vargas Lemonier, que frecuentemente funcionó como un oráculo).

Las líneas del personaje.
Son dos: Linea Externa y Línea Interna. La primera es lo que el personaje viene “claramente” a hacer en cada escena. La Interna es su intención verdadera. Piensen en aquel doctor Merengue de las tiras cómicas. Él se paraba frente a una vidriera, por ejemplo, al lado de una madre con su pequeño hijo y decía: ¡Buenos días! ¡Qué niño tan encantador. (Línea Externa). Sin embargo, aparecía un difuso y etéreo personaje que salía desde su interior y planteaba: ¡Qué cara de delincuente tiene este niño! (Línea Interna).
Los seres humanos no somos “químicamente” puros. Siempre estamos sometidos a las condicionantes de la Dialéctica. Sobre eso que llamamos personalidad la etimología nos indica que es una careta, una actitud y frecuentemente una pose. Octavio Paz nos demostró que la gran literatura es aquella que nos presenta al ser humano no reconciliado consigo mismo sino con el alma hecha jirones. Los personajes tienen dualidades. Para interpretarlos debemos precisarlas claramente. Si no las tienen renunciemos a esa obra. Tengan en cuenta que deben procurar en el transcurso de la puesta en escena, que la Línea Internaaflore” de cuando en vez. Esto lo hacemos para preparar al espectador para el desenmascaramiento final.

Las cinco preguntas elementales del personaje.
1- ¿Quién soy?
2- ¿Por qué soy o estoy?
3- ¿Dónde estoy?
4- ¿Cuándo estoy?
5- ¿Cómo estoy?
Con las cinco preguntas debemos tener mucho cuidado. Nunca es fácil contestarlas. Patean. Y patean duro. No se trata de inventar datos para luego justificarlos en los ensayos. No. Las respuestas están en la forma de pensar de los personajes, en los hechos importantes de la pieza, en las acotaciones y condiciones dadas. Si estudiamos la obra seriamente los encontraremos. Estos datos funcionarán como códigos, por lo tanto no deben ser muy largos. No se trata de hacer una biografía. Lo que procuramos es que estén dentro del cerebro de los actores y que estos, cuando comienzan a invocar las emociones, los puedan utilizar prácticamente de manera inconsciente.

La Acciones.

Lo que hacen los personajes en escena son acciones. Movimientos, sentimientos, miradas, actitudes, etcétera. Todas las acciones tienen que ir directamente hacia la Línea Argumental, o Línea Ininterrumpida, o Línea General. Si asistimos a un evento teatral y notamos que hay asuntos confusos en la historia, es casi seguro que esto se deba a que las Líneas de Acción no están alimentando a la Línea General. No seríamos, en ese caso, nosotros quienes no estamos entendiendo. Es la obra que tiene defectos. Las acciones, determinadas y específicas, tienen que ser lógicas, coherentes y reales. Nunca olvidemos que el actor tiene que ganarse el derecho hasta de sentarse en una silla. Y no lo podríamos hacer si no lo justificamos. Lo hacemos porque estamos cansados, deseamos leer, nos duelen los pies, vamos a ver televisión, etcétera.

La Línea General (Línea Argumental o Línea Ininterrumpida).
Es, en término simple, lo que cuenta la obra, la historia de los personajes, el argumento de la pieza. Ella debe ser muy precisa. En ella está contenido todo el trabajo anterior y el que aún falta por hacer. Es lo que llegará a los espectadores. Es en ella donde estarán los cinco niveles de la presentación: El del público simple que va a entretenerse, el medio que perseguirá entretenerse y algún tipo de enseñanza, el que va a desafiar la capacidad del artista, el diletante que espera encontrar verdades humanas trascendentes y el intelectual que va en procura de ver y descifrar “los misterios de Eleusis”.
La Línea General comenzará como una pequeña bolita de nieve. Luego se irá incendiando hasta terminar como una gigantesca bola de fuego. Si logramos el procedimiento conquistaremos a los espectadores con la historia contada.

En Francia conocí el método de trabajo del director ruso Alexis Vassili que plantea dos vertientes en el estudio y trabajo de una pieza teatral, con las cuales obtendríamos mismos resultados: Estudiar y trabajar desde lo que él llama el Impulso Inicial de la Línea General o, en su defecto, al Impulso Final. Ambos nos darán la tónica a seguir. En el inicio de la obra están todos los avisos necesarios que nos conducirán a un resultado. En el Impulso Final podemos descubrir todo el devenir de la pieza. ¿Interesante, no? Sería como un método de capicúa.

La caracterización.
También hay dos: La física y la sicológica. La primera es la que determina el vestuario, el maquillaje, los ademanes, el movimiento del personaje, etcétera. La sicológica nos habla de las actitudes que asume el personaje, su comportamiento.
Aquí introduzco dos elementos novedosos dentro de la llamada “Técnica de las Emociones” que parte, desde luego, de Stanislavsky: El Gestus Social y el Gestus Fundamental. Resulta que los personajes no sólo importan cómo son, sino, también, cómo se proyectan hacia el conglomerado (Gestus Social). Pero también tienen comportamientos que son determinantes por aquello que provocan (Gestus Fundamental). En este punto (aporte brechtiano) solicito a mis actores dibujar el personaje en la manera que ellos piensan estos proyectan su caracterización, como los vizualiza el artista escénico.

El “Si” Mágico.
Es tarea inútil tratar de convencer a nuestro subconsciente de que desplacemos al “Yo” y en su lugar coloquemos al personaje. Irrealizable  es este proceso. Pero si no nos comprometemos, interiormente, a ser Lucrecia  Taylor, Blanche Borgia o Jorge Homero Borges, el subconsciente se prestará  a ayudar. Como no me exijo dejar de ser “Yo” sino a actuar como si yo fuera el "Otro", la rebeldía natural que me habita es desplazada por un sentido de entendimiento. Cuando me planteo la posibilidad del “Sí Mágico” (o “como si..” yo fuera tal personaje) partimos del “Yo” hacia la realización del “Otro”. Aseguro que esto funciona muy bien  ya el "Si Mágico" actuará como palanca emocional y no es tan complicado como luce.

La memoria emotiva.
Para la creación de esta herramienta teatral se partió de la Catarsis, que procura revivir los episodios traumáticos en un punto del pasado para curar el mal actual. Con la memoria emotiva buscamos puntos emocionales de nuestros pasados para incorporarlo, dimensionándolo, al momento teatral actual. No ofreceremos muchos detalles teóricos sobre este tópico por lo peligroso que es a nivel sicológico. Con esto no se puede inventar sin la ayuda de un verdadero maestro. Prefiero ser consultado directamente por los interesados sobre este singular proceso. También podrían hacer lo mismo a Rafael Villalona y a Iván García, directores que manejan muy bien esta delicada herramienta teatral.

Los puntos de vistas.
De la técnica zurciana, misteriosos códigos que hemos creado para hacer teatro, trabajamos con tres posiciones, o puntos de vistas, fundamentales (Triángulo Escénico):
1- PP (Posición del Protagonista): A partir de la posición que este tenga sobre la historia se inicia el conflicto.
2- PA (Posición del Antagonista): Es quien hará oposición al protagonista. Sus contradicciones construyen el núcleo del conflicto escénico. Ellos son quienes determinan la dialéctica teatral.
3- POE (Posición del Obrero Escénico). Es el punto de vista de el equipo que conforman los actores y técnicos que intervienen en la realización. La obra debe iniciarse con la posición de este equipo en segundo plano. Al final estará en primer plano, por aquello de que toda puesta en escena es una interpretación particular de sus realizadores.

Como un detalle quiero citar dos curiosidades. Para casi todo el mundo la protagonista de “La casa de Bernarda Alba” (La mejor obra de Lorca) es, precisamente, Bernarda. Nosotros planteamos que el verdadero protagonista es Pepe el Romano, personaje que aunque se siente nunca aparece en escena. Pero el objetivo de  la pieza, y su desenlace, ocurrirá por él. Pepe el Romano es la otra libertad que se persigue.
Lo mismo ocurre con la pieza de Albert CamusEL Malentendido”. En ella el personaje del Mozo (descubriremos que es Dios) solamente dice al  final: ¡No! Sin embargo, ahí mismo nos damos cuenta de que él, con esa negación, se constituyó en el Súper Objetivo.

¡Objetivo y Súper Objetivo! ¿Qué es esto?
El Objetivo es hacia el lugar al cual se  dirige la Linea General. Lo que se persigue con la representación de la obra teatral. Es a lo que los lerdos llaman “fondo” de la pieza.
El Súper Objetivo es el trasfondo. Es el propósito mayor, la mayor trascendencia, la exploración filosófica de la pieza.

La interpretación.
Sólo después de cumplir con todos estos requisitos, con estos predicamentos, permito a mis actores comenzar a interpretar. Desde luego que sentados en sus sillas hasta que dominen el texto. Nunca dejo que los actores ensayen de pies con sus libretos en las manos. Eso es, también, prostituir el trabajo teatral.

No pocos actores me preguntan: ¿Qué hacer cuándo los directores no siguen este proceso técnico? Por encima de ellos, actores y actrices, deben construir sus personajes con el rigor  requerido. Hay otra posición que puede asumirse, pero la ética teatral me impide decirla.

¡Telón!