martes, 20 de julio de 2010

Festival Nacional de Teatro



Reseña comprometida de un Festival Nacional de Teatro
                                                                                                                         Por Giovanny Cruz Durán

Especial para la Revista Conjunto de Cuba



Los antecedentes.
En la República Dominicana se celebra uno de los pocos grandes Festivales Internacionales de Teatro que sobreviven en el planeta. Indudablemente un lujo teatral que el país se da cada dos años. Una verdadera fiesta teatral que complacería a la demandante Talía (musa del teatro), a Arión (primero que escribió, compuso, tituló y declamó un ditirambo), al soñador Tespis (el griego que desde una carreta decidió parir un personaje), a Apolo y a Dionisio, de cuyas contradicciones nace la Tragedia.



El Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo es una alucinante fiesta de las tablas que el dramaturgo venezolano Rodolfo Santana bautizó como “el huracán teatral dominicano”, y que mueve cientos de artistas, técnicos, estetas y teóricos de la escena internacional. Además, al que asisten decenas de miles de espectadores.

Empero, resultaba extraño que ese mismo país que realiza un Festival Internacional de tal envergadura, al que se convocan las potencias teatrales del universo, no realizara un Festival Nacional de Teatro. Lo que era un anhelo del sector teatral dominicano.

Pues hace un par de años el Ministerio de Cultura comunicó su intención de reivindicar la preocupación y puso manos a la obra.

Desde luego que hubo muchos escollos, contratiempos y obstáculos en el camino, que ahora, días después de celebrado dicho Festival, hasta parecen risibles.

Sin embargo, tanto el ministro Lantigua como la actriz Karina Noble (actual Directora de Festivales de Teatro), empecinados y obsesionados con el proyecto, colocaron anteojeras cerca de sus ojos, taponaron sus oídos y siguieron adelante con el montaje de un Festival que parecía no poder efectuarse.

Se trazó un perfil. Se escogieron las piezas y las compañías. Se eligieron los propósitos y las metas. Seleccionaron al director Rafael Villalona y al actor Danilo Taveras para dedicarles el verdadero Primer Festival Nacional de Teatro.

Sobre ellos el gran intelectual y ex ministro de Cultura Tony Raful escribió lo siguiente en la crítica que publicó sobre mi montaje en el Festival: Rafael Villalona, una especie de actor fundacional de la implementación de métodos de renovación y cambio en el teatro dominicano, cuya estirpe humana alcanza valores paradigmáticos; y Danilo Taveras, teatrista de larga data, buen ser humano y de una vocación admirable al arte y la actuación.

Abriendo telones.
La puesta en escena de mi pieza “Un café frío en la calle El Conde” fue seleccionada para iniciar las actividades puramente teatrales. Ahí mismo comenzó el tornado cultural que resultó ser el Festival del cual hoy escribo. A pesar de las torrenciales lluvias caídas en la capital dominicana, la gente respondió a la convocatoria que se le hizo. Los espectadores colmaron el auditorio del Palacio de Bellas Artes para ver la nueva propuesta teatral.

Sobre la pieza el poeta y ensayista Raful escribió: “Un café frío en la calle El Conde”, muestra cómo el control de los medios de comunicación masiva, la dictadura mediática en una sociedad cualquiera, es capaz de transformar o cambiar a un ser humano en su contrario, como por un asomo casual que Camus llamaría Absurdo, el personaje se ve envuelto en un drama que lo arrastra a representar todo lo que su propia vida niega; en la obra de Giovanny la burbuja mediática lo es todo, el ser humano, nada.

Pensamos, inicialmente, que mi quizás inmerecida fama era la que provocaba la asistencia masiva a la representación, dado que la publicidad del Festival no era exactamente significativa y que una pronosticada saturación artística debía ocurrir luego de la recién finalizada Feria Internacional del Libro, la cual alejaría a los espectadores de los teatros.

Mitos destrozados.
Pero ahí mismo comenzó el Festival a destrozar los mitos intencionalmente construidos.

Se pensaba, con pesimismo antillano, que un Festival Nacional no despertaría el mismo interés en el público que el despertado por los Festivales Internacionales antes realizados.

Se nos aseguró, como tortura, que los dominicanos no sentían tanto entusiasmo por el teatro como en épocas pasadas.

Se proclamó, como censura, que el Festival tendría dificultades luego de concluir el gran “monstruo” cultural que siempre resulta ser la Feria del Libro.

Se vaticinó, para amilanarnos, que solamente tendríamos espectadores en las salas para los días viernes, sábados y domingos.

También cuestionaron, para asustar, la cantidad y calidades de los grupos que debían conformar el Festival de marras.

Yo mismo sugerí, por temor al fracaso, al ministro José Rafael Lantigua y a Karina Noble, apartar la fecha del Festival de las de otros eventos culturales que el Ministerio de Cultura realiza. Lantigua, como si fuera él y no yo el hechicero, se negó a hacerlo. Los resultados les conceden razones.

La historia, en el tema que ocupa nuestra atención, la escribieron los espectadores durante todo el mes de celebración del Festival (del 7 al 27 de junio). Ellos acudieron a tropel a “darse” su Festival de Teatro. Desafiaron las lluvias que caían a cántaros. Acudieron durante todos los días de la semana a las representaciones. Saltaban de una obra a otra en una misma noche. Disfrutaron y aplaudieron a los consagrados teatrales y a las figuras emergentes. Y, momentáneamente, no reclamaron la presencia de los grupos internacionales. Con ellos siempre estaremos comprometidos. Esto así, porque parte del éxito del presente radica en las anteriores celebraciones de los Festivales Internacionales. En esto no hay discusión posible. Ni la mezquindad podría negarlo.

Las novedades. 
No es tal cosa que una puesta en escena del suscrito obtenga el favor de espectadores y críticas. 
Tampoco que el legendario Teatro Gayumba de Manuel Chapuseaux y Nives Santana (el más internacional grupo de teatro criollo) haya obtenido un resonante éxito con su hermosa, poética y bien plantada “La Celestina”. Versión libre para dos actores del clásico de la literatura española La Celestina, de Fernando de Rojas.

¡Pero no! Esto no sería novedad alguna. Todo lo contrario... es lo esperado y acostumbrado.

La exposición de Mariano Hernández, “Las fotos de la escena”, si era una novedad consagratoria.

El Santo Esclarecido:
Cuando vimos al Teatro Rodante presentando la obra de Carlos Esteban DeiveEl Santo Esclarecido”, dirigido por la gran actriz Carlota Carretero, llevar a escena a tantos jóvenes valores, indiscutibles promesas teatrales dominicanas, nos sentimos recompensados. Los espectadores apreciaron en la cuidada y sencilla representación de la obra de Deive, temáticamente autóctona, a jóvenes actores que ya son realidades escénicas dominicanas de promisorio futuro. En la pieza de Deive el espíritu de Liborio Mateo (legendario mesíasTulio dominicano que enfrentó a las tropas norteamericanas en su primera invasión a la isla) se le aparece a y le comunica que Dios lo envió a encomendarle la misión de redimir la humanidad. Tulio acepta y posteriormente crea un ministerio llamado el Nuevo Amanecer donde recibe a las personas que necesitan curación, con tan buenos resultados que estas empiezan a llamarlo El Santo Esclarecido. El movimiento no es bien visto por las autoridades militares, ni por sectores religiosos y de poder económico que defienden sus intereses particulares.

El 28:
Claudio Rivera reitera su compromiso con la idea y la técnica teatral depurada, sacando buenos frutos del rigor que impone al joven elenco de su “El 28”, un espacio manicomial, donde mamberos y terroristas representan lo que para algunos es nuestra más distintiva condición: una hiperactividad contemplativa. Una obra donde reírse del enfermo mental podría llegar a ser una defensa para no aceptar la propia condición de orates.
A “El 28” el público no tuvo más más opciones que aplaudirlo entusiasmado y gritar: ¡Bravo, Teatro Guloya!



El Método Grönhonl: 
Con esta pieza, del catalán Jordi Galcerán, se estrena como director el actor Mario Lebrón. Y sale bien parado. Es una obra con la estructura del teatro comercial, pero escrita y llevada a escena con inteligencia, disciplina y seriedad; a pesar de la hilaridad que produce. La pieza nos muestra el proceso de selección de personal para un cargo ejecutivo en una empresa multinacional. Los cuatro últimos aspirantes al puesto asisten a su última entrevista, donde se definirá quien accederá al puesto. Al llegar descubren que no hay un entrevistador y que la empresa ha desarrollado un método mediante el cual ellos tienen que irse descartando hasta quedar solamente uno. Buenas actuaciones, sobresaliendo la de Giamilka Román, .

La noche de los asesinos: 

Cuando Nileny Dippton, Yorlla Lina Castillo, Wilson Ureña y el cubano Orestes Amador nos muestran “La noche de los asesinos”, del gran José Triana, en un despliegue de recursos imaginativos, y corporales, con la escultórica escenografía de Cristian Martínez, sentimos que en ellos confirmamos todo el presente del teatro antillano.

Ooniia o la ruta del sol:
La poesía, la estética, la plástica, el buen decir y la simbólica se engrandecen en el monólogo “Ooniia”, basado en el texto del puertorriqueño Amílcar Cintrón Aguilú. Clara Morel (la actriz) y su esposo (director y artista plástico) Miguel Ramírez nos brindan un banquete de buen gusto teatral. En esta pieza vemos que en terrible y sensual arrebato Ooniia describe la azarosa desventura de su vida junto a otros esclavos, evocando secretos, develando misterios y compartiendo saberes ancestrales, el deleite ardoroso con sus amantes, el infortunio de una inhumana e interminable travesía por el mar, la añoranza de reencontrar a su familia, a su tierra, sus raíces y el supremo deseo de libertad.

Compañía Nacional de Teatro:
Nuestra Compañía Nacional de Teatro merece un comentario especial.
Ciertamente dentro de ella hay actores que vieron pasar ya sus mejores años. Que algunos de sus integrantes no tienen la calidad que el compromiso teatral moderno solicita en estos tiempos, también es cierto. No obstante, hay allí auténticos activos escénicos. Vicente Santos, Orestes Amador, Manuel Raposo, Johnnie Mercedes, Yorya Lina Castillo, Nileny Dippton, Ernesto Báez, Amauris Pérez, Wilson Taveras; entre otros, son artistas solicitados y apreciados en las puestas en escena del Teatro Independiente.

Pero a pesar de ellos la Compañía lucía perdida, confundida y a la deriva. Sus últimas realizaciones teatrales no fueron precisamente alentadoras.

En una discutida y circunstancial decisión se contrató al director cubano Raúl Martín para que dirigiera la puesta en escena que dicha Compañía oficial debía presentar en el Festival Nacional de Teatro. Se barajaron varios títulos de obras. El tiempo apremiaba (un poco más de un mes solamente habría para ensayar). Eligieron la pieza de Anna BurzynskaHombres al borde un ataque de nervios”, llevada por cuatro hombres (Raúl la hace con ocho actores y dos actrices), en tres cuadros, con tres situaciones diferentes. Una nueva Era irrumpe en la sociedad y estos individuos creen manejarla, pero en realidad son como fichas de un juego. Los hombres debaten sobre el “amor”, el “trabajo” y finalmente “juegan a la guerra”. La estrategia de vencedores ante la vida los lleva a un final inesperado.

Raúl Martín comenzó a trabajar con dedicación, aunque con contratiempos (casi todos sus actores estaban comprometidos en otros montajes). Pero del elenco cautivo de la Compañía Nacional de Teatro, Raúl no podría zafarse, como quizás hubiera preferido.

Pues, luego de pellizcarse (imagino) docenas de veces su calva cabeza y deseando tener algo de pelo para poder arrancárselo, mi amigo Raúl salió a flote y sacó un buen producto donde muchos pensamos, dadas las circunstancias, que era casi imposible hacerlo. Buenas actuaciones de casi todos los participantes. Buena, cuidadosa y digna producción, aunque juzgo que el texto, dentro de la literatura teatral universal, es prescindible.

Las Compañías Nacionales de Teatro tienen singulares perfiles. No pueden funcionar como los grupos independientes. Desde luego que no. Raúl Martín así lo entendió y devolvió el entusiasmo y la dignidad perdida de lo que llamamos el “Teatro de Bellas Artes”. Mi reconocimiento y parabienes.

Conclusión y futuro.
El espacio no me permite analizar y resaltar a cada uno de los montajes participantes dentro del Festival. Entre ellos, sin embargo, debo mencionar “KD-4” (Teasto), “La Vaina” (Fundación Cultural Cayena), “Frágil” (Otro Teatro), La danza teatro “Creación de Santo Domingo” (EDANCO), “Cara o Cruz” (Teatro Experimental Vegano), “Amén de Mariposas” (Teatro Utopía), “Todo un hombre” (MANA), “Derechos Henanos” (Rutimane), “Viajeros” (Teatro Papalote), “La princesa Sukimuki” (Teatro Alternativo), “El cumpleaños de Vitalina” (Anacaona Teatro), “El Violín entre las sombras” (Teatro Ícaro), “Para decir sí” (La 37 por las tablas) y “Tours de Force” (Danza Pie).

Vimos avances significativos dentro de este Festival. Está hoy demostrado la calidad actoral y direccional de muchos jóvenes artistas teatrales dominicanos.

Uno de los cuestionamientos que con más insistencia formulo a la escena contemporánea, tiene que ver con los aspectos de producción y técnica. No sería honesto e inteligente negar cierto descuido, y hasta mal gusto, entre algunas de las jóvenes compañías teatrales dominicanas en los aspectos que hemos indicado.

Con Brecht aprendí que “la forma es la expresión más acabada del contenido”. No hay justificaciones, entonces, para descuidar los renglones considerados “formales” e indispensables dentro de la activad teatral. El producto que llega finalmente a los espectadores tiene que tener el rigor requerido para ser visto y aceptado como profesional.

En el festín que constituyó este Festival Nacional vi un espectacular avance en estos puntos que usualmente imputo. ¡Alentador!

Creo que los teatreros en la República Dominicana aún tienen que buscar y encontrar más y mejor dramaturgia. Los espacios de reflexión y talleres en futuros Festivales tendrán también que mejorar. Todavía está pendiente, como tarea urgente, determinar un lenguaje teatral cónsono con las realidades sociales y culturales del país. Si no fuese posible un lenguaje Nacional al menos uno Regional. Se trata de alcanzar una impostergable estética caribeña e identificar nuestros verdaderos héroes escénicos.
¿Una quimera? Como incorregible hombre de teatro tengo el deber que creer en ella. ¿Acaso no salimos de una?

Por otro lado, debe procurarse mayor internacionalización del teatro que se hace en la mitad de isla que ocupamos. Los hacedores teatrales dominicanos requieren de la confrontación con otras realidades escénicas. Comprobarse en los espejos foráneos.
No se puede negar, aunque moleste admitirlo, que la condición de isla es una limitante más allá de lo simplemente geográfico.
En la República Dominicana, con la plataforma que constituye el Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo, se tiene un buen recurso para negociar e intercambiar. Por aquello de “si tú me das yo te doy.” Esta actitud debe asumirse como política y estrategia de Estado.

El Teatro Dominicano tiene una singularidad única en el planeta: la Revolución Independentista del país sale de los escenarios. El pueblo dominicano tenía una histórica deuda con los teatreros, que paga en parte con la realización, éxito y gran respaldo al Festival que nos ocupa. En él se ha confirmado que el Teatro Dominicano no es segundo de nadie en cualquier parte del mundo.

Aunque he proclamado que mi verdadera patria es el escenario, que soy, como ya se ha dicho, extranjero en cualquier país hasta que piso un teatro... permítanme hoy el pequeño orgullo de gritar a América y al mundo:

¡Qué viva el Festival Nacional de Teatro Dominicano! ¡Qué viva el Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo! ¡Qué viva el Teatro Dominicano! ¡Qué viva el Teatro Antillano! Es más... ¡Qué viva el Teatro... y telón!




domingo, 18 de julio de 2010

Zeffirelli, polémico y genial



Nota: El buen amigo Carlos Castro nos ha enviado una interesantísima entrevista hecha al director y esteta del cine Franco Zeffirelli, con lo que el que podemos estar de acuerdo o no; pero lo que no hay duda alguna es que se trata de uno de los grandes genios del cine internacional. Leer lo que un artista de este calibre piensa es enriquecedor, aunque no siempre compartamos su línea de pensamiento.


"Berlusconi es el único político que respeto"; "Soy homosexual, pero me opongo al matrimonio gay"; "La manía de ser modernos está matando la ópera". Charla íntima con un maestro del cine.
Por Elisabetta Piqué
revista@lanacion.com.ar


ROMA.- La casa de Franco Zeffirelli es una elegantísima mansión de la Appia Antica, rodeada de un jardín de pinos añejos y limoneros dispuestos simétricamente alrededor de una pileta de agua límpida, perfecta. Esperamos al maestro en el inmenso living, también impecable, de exquisito gusto. Sobre un piano de cola hay fotos autografiadas de Maria Callas, Richard Burton, Elizabeth Taylor... En otro salón aún más imponente, que ostenta una antigua y espectacular estufa de hierro fundido, fotos junto a Bill Clinton, Ronald Reagan, George Bush, Margaret Thatcher, Helmut Kohl y otros personajes del mundo de la política, la cultura y el espectáculo del último siglo.

De zapatillas, jeans, camisa y cárdigan de cashmere celeste, como el color de su ojos, Zeffirelli llega al encuentro con LN R en silla de ruedas. El ilustre cineasta y escenógrafo, nacido en Florencia, como un artista del Renacimiento, tuvo problemas de salud. La espera, que nos dio tiempo de recorrer el jardín y husmear en sus salones, se debió justamente a que un médico había venido a verlo. "No se espere que hable mucho, porque también tengo una lesión en las cuerdas vocales... Aunque me voy a hacer entender, no podré cantar", dice en un hilo de voz lleno de ironía.

El director de Jesús de Nazaret (1977) y Té con Mussolini (1999), entre otras películas, a los 87 años está más lúcido y activo que nunca. Suyas son las puestas en escena de cinco óperas que este verano tiene programadas la prestigiosa temporada lírica de la Arena de Verona, que comenzó el 18 del mes último con Turandot.

Zeffirelli ya casi no concede entrevistas, pero el origen extranjero del pedido cambió las cosas. De la Argentina, el maestro no olvida a su gente, el calor del público, y el Colón, "un teatro maravilloso, de altísimo nivel". Recuerda muy bien su viaje a Buenos Aires en 1981, justo cuando murió el líder egipcio Anwar el-Sadat, para presentar Amor eterno, la película de amor que tuvo como protagonista a Brooke Shields y que es considerada una de las peores de su filmografía. 

En la charla, que se prolongó por más de una hora, Zeffirelli no tuvo ningún problema en hablar, sin pelos en la lengua, de todo. De su vida absolutamente excepcional, digna de una ópera o de un film de Hollywood. Y de lo fundamental que para él siempre ha sido y es el amor. De su condición de homosexual y católico a la vez. De lo mal que se ponen en escena hoy las óperas: su gran pasión. "Lo que sucede me duele profundamente. Los responsables están llevando el teatro al mundo de la farsa. Uno va al teatro a reírse. ¡Es un escándalo! La manía de muchos directores de ser modernos está matando a la ópera", acusa. "Estamos en una situación que, de continuar, llevará inequívocamente a la muerte del teatro lírico. De hecho, el público sólo tiene un arma para defenderse: silbar y gritar su descontento. Pero ni siquiera eso basta, porque muchos críticos desprecian ese comportamiento diciendo que el público es ignorante, que no comprende, que no entiende... Hasta el punto de que, cuanto menos éxito tiene una de estas óperas, más orgullosos están de ella. Yo no estoy en contra del desarrollo y del progreso. Pero lo que digo es que, a falta de una nueva y extraordinaria orientación cultural, es mejor hacer las óperas como fueron concebidas. En eso soy absolutamente estricto y estoy dispuesto a defender con uñas y dientes el derecho de los autores a que sus óperas se interpreten como fueron concebidas", asegura enfático.

Obsesionado por la estética, en diciembre último Zeffirelli causó polémica al vetar en Roma a la soprano Daniela Dessí por sobrepeso. "Esta cantante tendría que haber adelgazado 40 kilos para poder hacer La Traviata y no lo hizo. Maria Callas sí lo había hecho. Era una mujer obesa y, en plena carrera, se empeñó en adelgazar y bajó 32 kilos. Es un acto de suprema ignorancia pretender imponer al público una voz, ya sea mejor o peor, acompañada de un físico inaceptable", afirma.

-Pero Pavarotti era gordo...

Con Pavarotti he trabajado muchas veces. Era tan bueno que hacía que te olvidaras de su apariencia y oyeras solamente su voz. Pero si tuviera ante mí dos tenores jóvenes para el papel de Alfredo en La Traviata , y uno fuera gordo y el otro flaco, elegiría al flaco y al gordo le diría que vuelva el año próximo después de someterse a una dieta. Los cantantes de ópera deben cuidar su aspecto, como hace por ejemplo Plácido Domingo, un artista excepcional. El tiene sólo una espina clavada: el no haber cantado jamás con la Callas. Alguna vez me ha dicho que daría su mano derecha por haber actuado junto con ella.

-Se le iluminan los ojos cuando habla de Maria Callas.

-Tuve una relación privilegiada con Callas. Eramos muy unidos. Yo he contribuido mucho al fenómeno Callas, empujándola a trabajar con los mejores, y ella me ayudó a lanzarme.

-En sus memorias usted dice que es la única mujer a la que ha amado...

-Eramos demasiado amigos para hacer ciertas cosas, pero estoy seguro de que si hubiéramos tenido una relación habría sido la única para mí y yo el único para ella. No quiero parecer orgulloso o soberbio, pero cuando se alcanzan ciertos niveles de expresión artística se deja de ser un humano. Tampoco quiero compararme con la Callas, pero cuando tienes mucho éxito en tu profesión te conviertas en otra cosa, en un personaje.

-Sin embargo, en muchos casos, concretamente en el de Callas, el éxito pareciera ser un obstáculo para la felicidad.

-La Callas no fue feliz, pero no fue la única. Es difícil ser feliz como ser humano cuando uno se convierte en símbolo de la fantasía popular.

-Pero usted lo ha conseguido, ¿no?

-Es distinto. El hombre nace para mandar. La mujer nace para sentir, para vivir el mundo de los sentimientos, de las ideas... Cuanto más sublime es la mujer, más sensible es. La vida de la Callas se arruinó por culpa de su éxito como artista. Era una mujer muy noble, que se casó con un hombre porque la había ayudado. Había llegado de América en 1947, era gorda, pero muy linda, y este hombre de negocios veronés la lanzó. Y cuando el mundo se puso en contra de ella, cuando las otras cantantes trataron de impedir que cantara, él la impuso. Así fue como la Callas, por gratitud, se casó con quien nunca amó. El corazón y la voz eran órganos para ella tan cercanos que uno no podía vivir sin el otro. Al mismo tiempo, yo admiraba a la mujer y adoraba a la artista. Maria tenía muy pocos amigos, poquísimos. Nuestra relación se nutría de continuas referencias tanto al mundo de la cultura como al de los sentimientos. A mí me encanta hablar de ella porque para mí no está muerta: cada día escucho algo suyo. Por suerte, nos quedan sus discos, y a través de ellos, de su voz, sigue estando con nosotros.

Entre las decenas de fotos que saltan a la vista, hay una en la que está abrazando al premier Silvio Berlusconi. Del Cavaliere, que considera "un amigo extraordinario", Zeffirelli, que se define políticamente de derecha, prefiere no hablar. "Conozco a Berlusconi desde que era joven, y es un tipo formidable. El único político que respeto. Yo mismo he sido senador por su partido, pero considero que la política es enemiga del arte", dice. 


Lleno de anécdotas, cuenta además que recibió por la mañana un llamado de Ricky Schroeder, aquel niño protagonista de El campeón , otra de sus películas, que hoy es un hombre de 40 años, casado y con hijos, con quien sigue en contacto. Está convencido de que la amistad, si tiene raíces sanas y profundas, no muere nunca. Aunque lo más importante es el amor: "Es todo para mí. En todo tiene que haber amor, respeto. El amor es el gran motor en todos los niveles. No hay arte si no hay amor. El David de Miguel Angel es fruto del amor. Todo es amor; cualquier cosa que hago es amor. Y cuando no hay nada bueno es porque la persona es incapaz de amar", sentencia, con esa sabiduría que sólo alcanzan quienes han vivido a fondo.

"Creo que el amor es todo -insiste-, también, porque yo nací de un gesto de amor desesperado: mi padre y mi madre tenían una relación secreta, prohibida, en Florencia. Los dos estaban casados con otras personas, pero igual quisieron tener este hijo extramatrimonial para que quedara este momento de su amor." El escándalo, de hecho, rodeó su nacimiento. Su adorada madre, Alaide Garosi, modista, casada con un abogado siempre enfermo y madre de otros tres hijos, había tenido una apasionada historia con Ottorino Corsi, comerciante de géneros y "donjuán", como llama Zeffirelli a su padre. La mujer quedó embarazada de él, pero se negó a abortar. Justo en ese momento, su marido murió, por lo que se vio encabezando el funeral de su esposo llevando en el vientre el hijo de otro. "Fue un escándalo terrible", evoca el cineasta, que, pese a que todo el mundo sabía quiénes eran sus padres, fue registrado como NN. Un NN que pasó a llamarse Zeffirelli gracias a la pasión por Mozart que tenía su madre. De hecho, se inspiró en los zeffiretti gentili, citados en un aria de la ópera Idomeneo, para elegir el nombre de ese hijo bastardo, que llamó Zeffiretti. Luego, el funcionario del registro civil se equivocó al transcribir el apellido y lo transformó en el Zeffirelli con el que se lo conocería mundialmente.

En una pared del salón -por el que se pasean libremente, subiéndose incluso a los elegantes sillones, sus seis perros (confiesa que tuvo, en total, 51 mascotas)-, hay un marco con una bendición apostólica de Benedicto XVI. Católico tradicionalista, el gran régisseur prefiere no hablar del escándalo por pedofilia en el seno del clero que sacude a la Iglesia Católica. "Tengo una gran visión de la Iglesia porque el mensaje cristiano no habría llegado hasta nosotros sin ella. Pero, claro, como todas las grandes instituciones, también se ha manchado con graves errores. No nos toca a nosotros juzgar." Aunque admite, tal como hizo en su última autobiografía, que de niño sufrió abusos de parte de un sacerdote: "Tenía 10 años y es un recuerdo dramático de este joven cura que se había encariñado conmigo y tuvo esta crisis... Estaba por suicidarse. Yo no me daba cuenta. Sólo muchos años después, durante la guerra, lo vi de nuevo. En ese momento había otra ley en la sociedad. Esta persona creía profundamente en su misión, pero llevaba encima 60 kilos de carne", dice.

Abiertamente homosexual, Zeffirelli es un crítico acérrimo del matrimonio gay. "Siempre me opuse porque creo que se trata de un hecho privado. Que lo hagan, que se casen, porque existen medios legales para hacer un pacto de comunidad de todo, un matrimonio. Pero no entiendo por qué tiene que convertirse en una provocación; es estúpido. Detesto toda la oficialidad gay. Soy homosexual, no lo escondo, pero siempre tuve una vida muy feliz porque nunca quise que nadie entrara en mi pequeño jardín. Si uno quiere hacer pasar por su pequeño jardín a una persona que ama, va a lo de su abogado. Pero lo que hacés en la cama, son cosas tuyas", afirma. "Estoy totalmente en contra del exhibicionismo, me parece una cosa horrenda, y las marchas del orgullo gay me entristecen, me duelen", sentencia, consciente de que se hizo muchos enemigos por decir públicamente todo esto.

En su avanzada octava década, Zeffirelli, que adoptó dos hijos y tuvo uno natural sobre el cual nunca supo nada, dice que "hay que ser tolerante y amar al prójimo como a uno mismo. "Jesús es lo máximo del amor. Y el amor es como una energía eléctrica que pasa de un polo a otro, imprescindible para vivir."


Zeffirelli elemental

Franco Zeffirelli nació en Florencia el 12 de febrero de 1923. Dirigió películas representativas del cine italiano de la última mitad del siglo XX, desde Romeo y Julieta (1968), Hermano Sol, hermana Luna (1972) y Jesús de Nazareth (1977) hasta las más recientes Jane Eyre (1996), Té con Mussolini (1999) y Callas Forever (2002). Paralelamente, desarrolló una importante carrera como escenógrafo y régisseur de ópera en las principales salas líricas del mundo. Estuvo nominado dos veces al Oscar y obtuvo más de una veintena de reconocimientos.

La ópera, una gran pasión

Con dos obras de Puccini ( Turandot y Madame Butterfly ) y una nueva puesta de la célebre Aída , de Verdi, transcurrió hasta aquí una nueva edición de la temporada lírica de verano en la Arena de Verona, el teatro abierto más importante del mundo. Con celebrado trabajo de régie de Franco Zeffirelli, serán en total cinco los títulos que hasta el 29 de agosto contarán con puesta y dirección de escena del maestro florentino. Carmen , de Bizet, e Il Trovatore , otro drama de Verdi, completan el ajustado calendario sobre el cual el realizador trabajó arduo, sujeto a la tradición. No obstante, Zeffirelli sorprendió ya desde su primera incursión en este festival con su versión de Turandot : primero dejó al público boquiabierto con una enorme pagoda, enmarcada en dorados y plateados furiosos, en el segundo acto; y finalmente logró aquello que el MET neoyorquino y la Scala de Milán no le habían permitido antes: basándose en escritos del autor antes de morir, eliminó los seis minutos del dueto amoroso entre la princesa y Calaf. Más puro, imposible.

martes, 13 de julio de 2010

Presos por gritar... en el sexo

 Acabo de leer en Internet que una pareja israelí en Holón, luego de las quejas de los vecinos, fue detenida por gritar demasiado fuerte durante un acto sexual. Insólito, ¿no?
 
Una pareja fue detenida en Israel por desacato a la autoridad después de protagonizar estruendosos gemidos durante el acto sexual, que sobresaltaron a los vecinos hasta tal punto de que alertaron a la Policía, informa hoy el servicio de noticias Ynet.
El suceso ocurrió la semana pasada en la localidad israelí de Holón, al sur de Tel Aviv, a altas horas de la madrugada, cuando los vecinos de un inmueble comenzaron a escuchar exagerados alaridos que no cesaban y llamaron a las fuerzas del orden.
Cuatro agentes se personaron en la vivienda y solicitaron a la pareja que se identificara, a lo que ambos se negaron y respondieron con altanería, según la versión policial.
La mujer denunció que los policías mostraron una "actitud agresiva" que la conmocionó y obligó a "responder de forma cínica", y a preguntar a una agente si ella gemía en el acto sexual.
Parece ser que a los policías no les gustó esa actitud y la pareja fue sancionada con una multa equivalente a casi cien dólares en el lugar de los hechos.
La pareja permaneció arrestada hasta el mediodía del día siguiente, en que fue puesta en libertad.
"Cuando pregunté a los oficiales si ellos no hacían ruido cuando mantenían relaciones sexuales, debí herir profundamente sus sentimientos", declaró la mujer al servicio "Ynet".
"Ninguno de nosotros tiene antecedentes penales. No me puedo creer que en un momento y por nada, la Policía de Israel pueda entrar en la vivienda de un ciudadano privado y convertirlo en un delincuente. Puedo llegar a perder mi trabajo (un cargo relacionado con la seguridad) por esto", apostilló.
Los policías de Holón se defendieron alegando que la pareja les "insultó y gritó" cuando acudieron al apartamento a requerimiento de los vecinos.
 Lo peor del caso y según un estudio que acaba de publicar la Universidad de Lancashire Central la mayoría de las mujeres gimen en el sexo sólo para que su pareja se sienta bien.
 9 de cada 10 mujeres que gritan, chillan y jadean durante el acto sexual lo hacen sólo para reforzar la autoestima de su hombre. Es decir, es un acto de generosidad. ¿Y usted qué creía?
Si usted se ha sentido un ejemplar del Supermachus Erectus cada vez que su pareja ha gritado, jadeado y gemido en la cama, lamentamos decepcionarlo:  en realidad, ella estaba armando todo ese alboroto sólo para que usted se sintiera bien o, en el peor de los casos, para que terminara rápido y la dejara ver su telenovela.
Sí, algo así como la archifamosa escena de Meg Ryan gimiendo en una cafetería para demostrar a un atónito Billy Cristal cómo se puede fingir un orgasmo, sólo que en su propio dormitorio.
El descubrimiento lo acaba de hacer un grupo de investigadores británicos (encabezados por Gayle Brewer y Colin Hendrie) que estaban intrigados por qué las mujeres son más expresivas en la intimidad sexual que los varones.
Para dilucidarlo, invitaron a 71 mujeres entre 18 y 48 a responder a una serie de preguntas respecto de su comportamiento en el momento del orgasmo.
Los resultados fueron sorprendentes:  el 92% de las mujeres “engañó” a fin de apoyar la autoestima de su hombre y hacerle sentir más confianza en su actuación sexual. Un 79% de las mujeres confesó gritar aunque no tuviera orgasmo más del 50% de las veces que tenían sexo. El 66% admitió haber usado gemidos y quejidos sexuales para acelerar la eyaculación de su pareja.
Otras razones dadas para ‘fingir’ los ruiditos íntimos fueron molestias propias de la mujer  durante el coito, el dolor, aburrimiento o  fatiga.
Una de cada cuatro mujeres “usa las vocalizaciones  durante el sexo para manipular a sus hombres y hacerlos sentir bien consigo mismos y darles lo que quieren”, señalan los investigadores.
La investigación diferenció las vocalizaciones en las siguientes categorías: gemido, grito, chillido, gruñido, “comandos de instrucción como las palabras ‘sí’ y ‘más’, para luego ver en qué etapas las utilizaban y si el ruido se correspondía con el orgasmo.
 El estudio también encontró que, al revés de lo que se pensaba, muchas mujeres alcanzan el orgasmo durante los preliminares, aunque  sus gemidos aumentan diez veces más, antes y durante el orgasmo masculino.
En suma, la conclusión principal del estudio, realizado en la Universidad de Lancashire Central (UCLan) y publicado por el diario Metro, es que ellas gimen para influenciar en sus parejas, sea para sacar ventaja o para mejorar la autoestima y la performance del hombre.  Es decir, es un acto de generosidad.
Ahora, sabemos de gritonas y gritones formidables en el ambiente cultural dominicano. Tenemos una amplia y documentada lista de gemidoras y gemidores profesionales. Si hoy mismo no se hacen seguidores de La Pasión Cultural podrían verse en ella cuando un día de estos la publiquemos. Y ya ven lo incoveniente que esto puede resultar: hasta presos pueden caer.

Se me ocurre concluir con una indiscreta pregunta: Luego de estas informaciones ¿qué prefieren los los pasionarios: el silencio... o los estratégicos gritos israelies? ¿Quién se anima a contestar?
¡Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy! (Shisssssssssssssssssssssss.)

lunes, 12 de julio de 2010

Mis carteles de Cine

Nota: El pasado fin de semana llevé a escena (a casa llena), bajo la producción de Rafael Ovalles y con las actuciones de Giamilka Román y Edilí, la pieza del brasileño Domingo de Oliveira "Ahora o Nunca". Es lo que llamamos una obra por encargo; aunque siempre me tomo el trabajo teatral muy en serio. Seguimos con la obra este fin de semana.


Empero, volviendo al tipo de trabajo acostumbrado, en octubre llevaré a escena la pieza "Obsesión en el 507", con Yorlla Castillo, Fiora Cruz y Mario Lebrón. La peligrosa obsesión de los personajes de la obra es con el cine. Escribirla me obligó a investigar profundamente el cine mundial por más de un año. En esas investigaciones encontré una página ("Mis carteles de cine"; propiedad del barcelonés Xavi) donde se publican carteles y fotos de grandes y buenas películas (¡Unas veinte mil!). Les estaré "regalando" muchos de los carteles de Xavi. Empezaré por las películas ganadoras de Oscar. Específicamente hoy publicaré, en rigurosa cronología, las comprendidas entre los años 1928 y 1953 (para nosotros la vida cultural del planeta se divide en antes y después del 53. Nací ese año). Los demás carteles los iremos publicando en futuras entregas. Disfruten estas entrega (Sobre todo los cine-obsesivos Cuchy Elías. Víctor Pinales, Rafael Villalona, Fiora Cruz, Micky Montilla, Carlos Castro, Tony Raful y Félix Germán). Añoren y coleccionen los carteles.  Recuerden que para ver los carteles en tamaño grande solamente tienen que pinchar sobre ellos.

¡Acción!