domingo, 21 de mayo de 2017

“Luis” y Archie a casa llena en Cannes

“Luis” y Archie a casa llena en Cannes
por Giovanny Cruz Durán.



Empiezo por aclarar que cuando asisto a ver una película, hago un esfuerzo serio por despojarme de mi supuesta condición de experto. El Arte no se hace para los especialistas, sino para el espectador general. Trato de ver  la obra de Arte como un público más. Es después que llego a mi casa cuando procuro reflexionar sobre lo presenciado. Si no hace así… ¿saben qué ocurre? se prejuician las consideraciones.

Me senté en la sala cuatro del Grey. Sentí algo de temor porque sólo había allí, conmigo, cuatro personas. Al poco rato estaba llena. Por supuesto que imaginaba que al final estaría por la mitad. Había ido a ver antes la película chilena “Los perros” y de los pocos espectadores que acudieron al final se había ido la mitad. No porque rechazaran necesariamente el film, sino porque otras urgencias fílmicas ocurren en Cannes. En el caso de “Luis”, productores y comunicadores habían advertido que nada más verían unos veinte minutos de la película. ¡Nadie salió nunca de la sala!

Ellos, igual que yo, quedamos atrapados por la historia, a la que juzgo contada con seriedad y eficiencia, sin que se llegue a la perfección.

Es una historia de un cine realístico. Es fácil caer con ese estilo en el facilísimo. No fue el caso. Me impresionó, entre otros asuntos, el uso de los planos argumentales y emocionales de la película. Resulta original que mientras se desarrolla la particular historia del coronel Rosario (Alfonzo Rodríguez) en la rudeza del cuartel, paralelamente se esté desarrollando la historia casquivana de su hijo Luis. Esas dos historias, a medida que avanza la realización, se van entrecruzando para, finalmente, producir todo el drama que nos están contando. Un amigo crítico me había comentado antes de yo ver “Luis”, que a él le parecía que se perdía algo de tiempo en esto. No es cierto. Lo que procuran es, precisamente, legitimar la historia; hacerla creíble. Y lo logran. Si no la llevasen de esta manera, se vería como un asunto traído por los pelos. Quizás el espectador simple la aceptaría; pero uno exigente entendería que le han artísticamente estafado. La historia se desarrolla en su “tempo”.

Cuando los dos particulares argumentos logran juntarse (en la muy bien y hasta delicada escena de la casi orgía), los guionistas están dando pistas maestras. Es allí, en ese encuentro, donde el deterioro vivencial de ambos personajes y sus particulares historias, nos avisan del drama final, cuya escena concluyente es de una belleza plástica, aunque cruda, extraordinaria y artística.
Hay que reconocer que el Cine dominicano ha resuelto un terrible mal que lo aquejaba: el aspecto técnico. “Luis” tiene muy buena fotografía, buen sonido, muy buena música, adecuado vestuario, buena dirección de arte, buenas locaciones; que la convierten en una aplaudible producción. Eso ocurrió con quienes la fuimos a ver en Cannes.


La actuación de Alfonso Rodríguez es buena, convincente, creíble y  emotiva. Pienso, no obstante, que no debió utilizar un lenguaje tan “tirao”, dado que su personaje es un militar académico, capaz de escribir hasta un nuevo sistema para la Policía. Hace algunos años encontrar un militar que hablase correctamente era muy difícil. Ahora es casi imposible encontrar un oficial superior que no lo haga. 
Esta ruptura léxica, en boga en nuestro cine actual, si se justifica en los tres jovencitos que constituyen el eje conductual de la película.

El personaje de Luis está bien llevado. Lo compro. Axel Mancilla, sin todavía ser un actor perfecto, me lució orgánico. Igual me pareció el personaje de Ibrahim (Sergio Echenique). Empero, Alejandro Rodríguez tendrá que ver pasar algún tiempo para despojarse de su evidente amateurismo.

La madre de Luis (Nancy Santelises), sin ser espectacular cumple el rol. Quizás su punto débil es la dramática última escena. No la logró.

Claudio Rivera está magnífico en su periodista tendenciado. Raymond Pozo, Miguel Céspedes y Cheddy García no resultaron la mejor selección para sus respectivos personajes. Son buenos actores. Y se nota. Pero la misma película nos grita cuál es la intensidad actoral que ella demanda. En este caso no la escucharon.

Manuel Aguiló cumple el cometido. El siempre talentoso Cuquín Victoria, en rol dramático, esta de maravillas. Ante él me inclino reverente. La actriz que hace el muy buen personaje de la Teniente (Dalisa Alegría) está de que los productores la demanden por ridiculizar su personaje. Ni se le asoma. Eddy Herrera está, sin trascender al estrellato, bien.

 Esta es la opinión crítica de un artista y escritor. Como tal, no tengo compromiso con ninguna empresa ni tendencia. Tampoco estoy obligado a denunciar defectos inexistentes que la condición de crítico parece obligar a encontrar.

Bertold Brecht decía que el Arte tenía que ser, primero, entretenido. “Luis” lo es. Pero, también es aleccionadora. Su realidad  social la hace trascedente. Esos son los elementos que constituye el Arte.


¡Corten! ¡Se imprime!

1 comentario:

henriette wiese dijo...

Cuando la vi en el Festival de Cine Global pensé que todos los padres debían verla. Al igual que Juniol y La Familia Reina, llevan un importante mensaje. No es un requisito obligatorio en el Cine, pero pero si lo tiene, mejor. Y de éstas estamos faltos. Y mejor aún si la calidad técnica es buena. El cine dominicano está madurando y este es un ejemplo.