viernes, 19 de marzo de 2010

Esperando a Mario


Les había avanzado que estaba escriendo un libro de cuentos que he titulado: Cuentos serios... con nostalgia y con sonrisas. Hasta les prometí como regalo publicar uno de ellos. Pero he enviado el libro a Mario Lebrón para que busque y corrija los errores. Empero, el colega teatrero se dilata como un suero (¡Ya hace siete horas que le envié por Internet el manuscrito y aún no lo devuelve corregido!)

Pero llenando los espacios y mi tiempo (Y para que a Giamilka no se le ocurra decir que en esta casa es la única que trabaja.) he inciado los apuntes de apertura de una novela que hace mucho se encuentra en el tintero: La virgen de los narcisos, basada en la historia que llevamos a escena con la obra teatral del mismo nombre. ¡Sí... la del desnudo mas hermoso jamás llevado a un escenario dominicano!

A parte de volver a repasar los hechos que motivaron el tema de la pieza, nombrar sin sueldo a Quisqueya de González-Fabra como consultora y asesora de las mocanidades, he tenido que estudiar como acostumbro las teorías existentes sobre las creaciones literarias. Algunas nuevas he encontrado que ya he convertido en reflexiones. Esperando por Mario las comparto con ustedes.

Lospersonajes que aparecen en mis obras son reales. Los hechos que narro parten deotros que ocurrieron ciertamente. Sin embargo, atendiendo a razoneséticas y para tener mayor libertad en la creación, alteroconvenientemente nombres, hechos y lugares.

Adelanto una pregunta que está por hacer un atrevido: ¿En verdad son reales los personajes y los sucesos de las obras?

Muchose ha escrito sobre el deber del autor de ficción cuando parte desucesos cotidianos para construir sus historias. El debate ha sidointenso sin llegar nunca a un consenso. Probablemente jamás puedalograrse. Pero es innegable que quien tiene deberes de fidelidad conlos hechos es el historiador o el cronista. ¡Si acaso esto es posible! 

Los escritores de ficciónsólo tenemos deberes con la lógica que impone la literaturacreativa.
Además,desde que el suceso, y hasta un objeto concreto, es trasladado a lapalabra indefectiblemente entra el los linderos de lo simbólico, quees donde reside el dominio de esta. Desde que el individuo percibeuna imagen o un suceso inmediatamente comienza a “traducirlo”: loimaginario.

Senos ha dicho siempre lo real que es la matemática, no obstanterequerir explicarse mediante símbolos. Un contrasentido.

Elpsicoanalista Mario Malaurie nos hace un aporte genial en estesentido:
Loanecdótico de una escena es campo de lo imaginario, lo estructurantees campo de lo simbólico. Un disco de madera es un objeto queincorporamos visualmente logrando una representación imaginaria.Pero en esencia, hay allí un círculo, figura simbólica dotada deun centro, un radio, una relación longitud-diámetro, una superficiecalculable. Nadie ve ese centro, pero está allí organizando laforma. En un paisaje natural nadie ve los puntos de fuga, y sinembargo están presentes y ordenan la perspectiva.”
Peroes el siquiatra y filosofo Jacques Lacan quien más profundamentereflexiona sobre los tópicos que planteamos. Para el siquiatraparisino elsigno es a la vez señal y ausencia. Si bien representa alsignificado, marca que el mismo está ausente.

ParaLacan, entonces, lo Real sería justamente aquello que está excluidode la realidad, lo que carece de sentido, la dimensión de lo que noencaja, de lo que no podemos situar. Y nos convencede que lo normalmente llamado realidad es el resultado delentrecruzamiento entre lo simbólico y lo imaginario.
Loreal es aquello que no se puede expresar como lenguaje, lo que no sepuede decir, no se puede representar, porque al re-presentarlo sepierde la esencia de éste, es decir, el objeto mismo. Por ello, loReal está siempre presente pero continuamente mediado mediante loimaginario y lo simbólico.”
Imagineel lector si es tan dificl establecer un objeto como real mediante lapalabra articulada, lo que resulta de la escrita cuando cuenta loshechos. ¿No es nuestro testimonio de estos simplemente unaversión particular, o imaginaria, de los mismos?

Cuando escribimos, lo que hacemos es abrir una onírica ventana para que por ella entren los sucesos, los cuales nunca renuncian a concursar en ese mismo espacio de sus dos extrañas realidades: lo real y lo real-imaginario. Entiendoesto último como lo que ocurre en el universo especial de laLiteratura o del Arte: creación, visión e interpretación.

¡Hasta el próximo telonazo, si acaso Mario Lebrón sigue tardando!

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